Ni siquiera la muerte podrá separarnos ...

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miércoles, 27 de abril de 2011

Dios hecho diablo

La rajada de Guardiola en su rueda de prensa tiene tantos matices como lecturas. Para unos (entre los que me incluyo) significa que por fin el de Santpedor se ha quitado la careta de niño bueno y ha hecho lo que en su día Manolo Preciado: entrar al trapo, y encima con muy malos modos (el puto jefe, el puto amo son calificativos que no honran a su destinatario, pero tampoco a quien los pronuncia). Por otra parte, calificar a la prensa madrileña de central lechera tampoco me parece muy correcto, no tanto por los modos (que también) como por la parcialidad, pues olvida el entrenador culé que a su servicio ha tenido hasta ahora no una central lechera, sino un auténtico arsenal mediático (en absoluto limitado a la pendenciera prensa, deportiva o no, de "su país") que le ha practicado (figuradamente, claro) sexo oral hasta la saciedad. Y tampoco entiendo a cuento de qué viene la mención expresa al presidente del Real Madrid.

Luego están aquellos que jalean al técnico blaugrana. Dicen, por ejemplo, que esta reacción es humana, comprensible y elogiable. Estoy sin duda de acuerdo en lo primero, puedo estarlo en lo segundo, pero en modo alguno en lo tercero. No caben elogios para esta clase de manifestaciones, o al menos así lo veo yo. Que pueden ser convenientes para motivar a tus jugadores, vale. Pero esto tan sólo quiere decir que seguimos en el mismo juego, y que lo ocurrido ayer por la tarde no es más que otro episodio donde las reglas habituales, de repente, han cambiado para uno de sus protagonistas. Del otro ya sabemos a qué juega desde hace tiempo y cuáles son sus reglas. La diferencia entre uno y otro es que con Mourinho sabemos lo que hay; con Pep, visto lo visto, no tanto. De una cosa sí pretendo estar seguro: este no es el auténtico Guardiola, como tampoco lo es el del seny y la empalagosa moderación. Sólo ha habido un cambio de careta, nada más.

Coincido con Javier Mascherano cuando afirma que es una lástima que no se hable más de fútbol, como también con Víctor Fernández al decir que esto se ha convertido en una guerra sucia. No tengo ni idea de las consecuencias que esto puede traer sobre el terreno de juego, pero diría también que me importan, por usar la terminología guardiolera, un puto pimiento, un puto rábano. Como el resultado mismo de la eliminatoria, ya puestos. Sí que me importan, en cambio, las secuelas que lo sucedido estas semanas pueda dejar en la selección española, como bien apuntaba Del Bosque. Tan sólo deseo que se acabe toda esta asquerosa vaina cuanto antes.

He dicho.


lunes, 25 de abril de 2011

Cambio de registro

Si por algo se había distinguido hasta ahora el noi de Santpedor en sus ruedas de prensa era por encomiar al rival hasta el empalago y no comentar jamás aspectos relativos al trabajo de otros entrenadores (salvo para elogiarles también) o de los árbitros, con la única excepción de su rifirafe con Clos Gómez, a quien no vaciló en calificar de mentiroso, lo que le valió una multa de quince mil mortadelos. Dicho patrón de conducta, alabado por todos, le ha valido al entrenador del FC Barcelona un plus angelical y de representante genuino de las virtudes del buen catalán, construyendo a su alrededor una imagen de humildad, mesura, criterio y bondad que el propio Guardiola se ha encargado de gestionar con la máxima eficacia. Así, no es de extrañar que un escritor de renombre y al que (hasta ahora) admiraba y dedicaba simpatías como Juanjo Millás comparase a Guardiola con Dios y a Mourinho con Lucifer, ahí es nada. Pero claro, cuando vienen bien dadas todos somos amables, mostramos buena cara y, si somos inteligentes (y sin duda Pep lo es, y mucho) nos metemos en el bolsillo a cualquiera, hasta el más enconado de los rivales.

Ahora bien, todos absolutamente, unos más y otros menos, llevamos dentro al doctor Jeckyll y a Mr. Hyde. Esa es la gran genialidad de la inmortal obra de Stevenson. El último suele aflorar en momentos de tensión, rompiendo la cáscara de convencionalidad de la que todos nos rodeamos cuando sopla la bonanza, cosa que no sismpre ocurre en la vida. No quiere esto decir que sea nuestro auténtico yo, simplemente que es una bestia dormida, más o menos temible según cada cual, que todos llevamos dentro y que sacamos a relucir a poco que se presente la ocasión, de modo inconsciente.

Llegados a este punto, me pregunto cuál habrá sido el motivo del cambio de discurso del entrenador culé en la rueda de prensa posterior al choque frente a Osasuna y que su equipo resolvió en dos llegadas al área rival. No hay halagos al rival, aparece el tradicional victimismo blaugrana (¡fíjate tú, pitarle un orsay a Pedro por dos centímetros!), una más que desacostumbrada ironía y ¡pásmense ustedes!, críticas hacia la posible designación de un árbitro portugués para el siguiente choque contra los blancos. En otras palabras: uso indisimulado del Manual para las Ruedas de Prensa, edición de siempre. Y el chico bueno que se esfuma... o se coge unas vacaciones, quejándose abiertamente en su lugar Mr. Hyde de que ¡todo el mundo da por favorito al archirrival! cosa que (y eso lo sabe bien él mejor que nadie) es absolutamente falsa. Vivir para ver: no es ahora Clos Gómez quien miente. ¿Es inconsciente Guardiola de su cambio de rol y ha dejado que su bestia particular salga a flote? ¿U obedece su aparente despotrique a lo de siempre (tácticas de comunicación, o sea)? Hace ya tiempo que dejé de creer en el buenismo del entrenador blaugrana, y lo atribuyo a una mise-en-scene perfectamente calculada y ejecutada. Una máscara, un personaje. Convincente, desde luego, y más vendible que un póster de Marilyn Monroe en paños menores... pero nada más. Por eso mismo pienso que lo de ahora es sólo un cambio de estrategia y que su discurso de ahora sigue siendo tan falso como lo era el de antes: no me creo enteramente ni uno ni otro. Ya no.

Y por cierto: también sigo pensando que su equipo es archifavorito para pasar la eliminatoria y llevarse la Champions, y que está uno o más peldaños por encima del resto. Esa misma es la razón por la que el reciente triunfo blanco en la Copa del Rey tiene más valor: la inmensa categoría del rival. Pero de ahí a desbancar a los culés del papel de favorito, media un abismo.

He dicho.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Una historia peligrosamente familiar

Algo ocurre en la Casa Blanca, y no augura nada bueno. Ayer, a la conclusión del choque frente al Sevilla felizmente resuelto gracias al olfato de Di Maria, José Mourinho rompió la baraja (para unos) o se puso en su sitio (para otros). Sólo que los primeros, los que creen que el portugués se sobró al airear la famosa hoja de los trece errores arbitrales (presuntamente una obra de Valdano) y de paso, reclamar más apoyo de la directiva para defender al equipo, son mayoría. Así se manifiestan entre otros Alfredo Relaño en AS, o Santi Segurola y Roberto Palomar en MARCA. No sé si es casualidad o no, pero me resulta muy sospechoso este giro copernicano frente al entrenador merengue, al que no hace mucho se le otorgaba un respaldo monolítico y sin fisuras en la prensa capitalina. Ignoro si ha habido consigna por parte de alguien importante en el club merengue, en sentido de romper hostilidades contra Mou en los medios de comunicación afines al Real Madrid (porque, qué quieren que les diga, eso de la independencia de la prensa en general y la prensa deportiva en particular es, en mi humilde opinión, un camelo.) Espero y deseo que todo esto no sean más que fantasías del abajo firmante.

Porque, si efectivamente se ha levantado la veda contra el entrenador madridista, no me cabe duda de que hoy mismo se ha puesto en marcha un poderosísimo engranaje que, lenta pero inexorablemente, triturará incluso a un personaje sólido como Mourinho hasta hacerle puré, para terminar llevándoselo por delante, y con él, muy posiblemente, al mismísimo Florentino Pérez. Es decir, que el actual entrenador merengue seguiría el ignominioso andar de Luxemburgo, Capello, Schuster o Pellegrini. Las consecuencias para el club podrían ser simplemente nefastas. Y la liga española, para mayor regocijo de la pléyade de juntaletras del nordeste, quedaría irremediablemente en manos del Barça durante al menos los próximos diez años. Porque, guste o no, ahora mismo (como ya sucediera el año pasado) el Real Madrid es el único equipo que, mejor o peor, resiste el dulcísimo momento del Barça. Es el único que, de seguir así las cosas, tendrá posibilidades de evitar lo que parece irremediable. Los demás, a estas alturas de campeonato, cuando ni siquiera se ha consumido la mitad de la temporada, simplemente ya no cuentan, no importa lo que digan las matemáticas. Juegan otra liga, y lo saben.

Mourinho tiene razón en una cosa: él no está para ser el recadero de nadie en la directiva. Se le paga para entrenar y ganar títulos, no para oficiar de correveidile. Y si algún directivo (incluido el ínclito Valdano) tiene razones para protestar la actuación del árbitro, que lo haga en persona si se atreve, en vez de pasar el recadito al entrenador para que se coma el correspondiente marrón. Y si Mourinho reclama más poder en el club, no es menos de lo que hace el bueno de Guardiola en el Barça (Zubizarreta, en mi opinión, es un mero adorno), lo que pretende Benítez en el Inter, o la posición de que goza Arsene Wenger en el Arsenal (éste último, por cierto, sigue tan campante a pesar de su paupérrimo balance de títulos en relación a Manchester United, Chelsea o Liverpool). Mourinho, en definitva, reclama para sí lo que debe tener: el apoyo decidido de la directiva, el respaldo unánime del club, y que le dejen trabajar, en lugar de ponerle zancadillas. ¿O es que en el Real Madrid pensaban que habían contratado a la Madre Teresa? No lo creo; más bien pienso que sería más sensato actuar de modo consecuente: si le has contratado, toca apuntalarle con todas las consecuencias y hasta el final. Luego ya se verá.

Porque si todo lo anterior fuera poco, y al margen del sainete de la lista de los trece puntos en Word, se oye la sempiterna cantinela de que el Real Madrid no tiene derecho a quejarse cuando las decisiones arbitrales le perjudican. Algo que ya hemos escuchado recientemente en boca del presidente del Valencia, y ahora por obra y gracia de Josep Maria del Niu. Otros, incluyendo a los mentados juntaletras del Principado, sí: faltaría más. Pero el Real Madrid, nanay. Esto no es victimismo, señores, es simplemente poder hacer lo que otros: decir que, conforme a tu criterio, el árbitro te ha perjudicado. Ni más ni menos. ¿Que sucede en muy raras ocasiones? Cierto, pero sucede.

No es momento para esto, no es momento para cargarse el proyecto de este año cuando aún no se ha escrito ni la mitad de la historia. El daño puede ser gravísimo.

He dicho.

miércoles, 30 de junio de 2010

Bien, pero esto sigue

El partido de octavos frente a Portugal ya es historia, y los chicos de Del Bosque se han tomado cumplida revancha de la eliminación de la Euro de 2004, frente a nuestros hermanos ibéricos. De nuevo, la retransmisión de Tele5 resultó exasperante para el que abajo suscribe, pero se entiende que de donde no hay, difícilmente se puede sacar. Lo importante, insisto, es que los nuestros ya están entre los ocho mejores del mundo en este momento. Aunque para ello hayan tenido que sufrir un poco ante la selección vecina. Queiroz me ha decepcionado una vez más como entrenador, pues entiendo que tenía equipo más que suficiente para jugar con mayor ambición, peeeero... El antiguo lugarteniente de Sir Alex Ferguson prefirió, como tantos otros, diseñar un equipo y un esquema concebidos para no perder, más que para ganar. Porque meterle siete a los norcoreanos en cuarenta y cinco minutos, sí, tiene su aquél. Pero esos fueron todos los goles lusitanos en cuatro encuentros. Bastó con uno, en el momento preciso, para que la carabela portuguesa se fuese a pique, tal y como titula el diario deportivo A Bola.
Ahora bien, aun cuando los jugadores españoles mostrasen de nuevo su oficio, así como una facilidad pasmosa para gobernar el partido cuando el marcador fue favorable a sus intereses, no es menos cierto que lo de hoy bien pudo suceder al revés, y poco más o menos que a la helvética, pues salvando un chutazo de Tiago y un par de disparos de CR9 (aparentemente muy cabreado al final del partido), España pudo sufrir por segunda vez la jugada tonta del Mundial. Menos mal que esas cosas no ocurren dos veces en la misma cita y al mismo equipo... o no suele ser así. Portugal, en esta ocasión, demostró que le sucede algo similar a España (por algo compartimos la piel de toro), también en lo futbolístico: cuando encaja un gol, le cuesta horrores remontar. Hoy no sólo no lo hizo, sino que no dio la sensación de poder llevar a cabo el milagro, presionada por el reloj y el marcador. Supongo que el planteamiento del susodicho Queiroz tiene mucho que ver con ello, y cuando quiso enmendar la plana, ya era tarde.
El sábado, nos espera la bien armada escuadra guaraní del Tata Martino, ex jugador del C.D. Tenerife, maestro en las jugadas de estrategia. Equipo rocoso, fuerte, peleón y que hasta ahora sólo ha visto un gol en contra. Bien harán los nuestros en no echar las camapanas al vuelo, pensando que se trata de un rival fácil. De paso, también podrían hacer lo propio los vendehumos de turno, pero me temo que eso será mucho pedir también. A favor de España, que la forma física va cada vez a más y que poco a poco jugadores clave como Iniesta y Cesc van encontrándose más cómodos. En contra, la baja forma comprensible del Niño Torres, los propios paraguayos (¿para qué?) y, por supuesto, los ponzoñosos cánticos de sirena.
A propósito de ello, creo que no estaría de más recordar que la Furia del año 1986 cayó en cuartos del Mundial de México frente a la Bélgica de los Pfaff, Gerets, Van der Elst, Vandereycken, Scifo y Ceulemans. Se suponía que, después de rapar a los daneses a la mohicana en Querétaro (5-1, con Butragueño consagrado como héroe nacional), los chicos de Miguel Muñoz (d.e.p.) se desembarazarían sin problemas de valones y flamencos. Se suponía. Otro tanto parecía que iba a suceder hace ocho años frente a Corea del Sur. De nuevo: cuidadín. Esto no ha terminado aún, ni mucho menos.
Suerte de nuevo, campeones.
He dicho.

sábado, 26 de junio de 2010

Soy un ignorante

Pues sí, lo confieso: no entiendo una jota de fútbol. Voy contra corriente, no atino. Vamos, que hay poca diferencia entre el menda y Pierre Nodoyuna, sólo me faltaría mi diabólico peggo Patáánn. Lo digo porque, a mi entender modesto y de aficionado de a pie, el de ayer fue en términos generales el mejor partido de los tres que ha disputado hasta el momento la selección española. Auxiliada oportunamente por la tonta expulsión de un jugador rival, sí. Pero insisto: en términos generales, el que me dejó mejor sabor de boca. Práctico y con oficio, sin perder la compostura ante los animosos embates de los duros y correosos jugadores chilenos, y aprovechando con letal eficacia las pocas ocasiones disfrutadas. Mucho mejor así, haciendo pleno 2 de 2, que 0 de 4, como sucedió contra Suiza, por no hablar del correcalles frente a Honduras en el que sólo la jugada del segundo gol de Villa fue fruto de la labor colectiva. En la segunda parte, y tras el susto que supuso el gol de Millar para los pupilos de Bielsa, con la entrada de Cesc Fábregas, el equipo recuperó su mayor virtud: posesión, control y toque. Quizá podría ser buen momento para que Del Bosque (que sabe de fútbol más que yo una eternidad) se planteara si de verdad merece la pena jugar con Xabi Alonso como segundo medio centro, en lugar de hacerlo sólo con Xavi Hernández, apoyado por medios volantes como el de Arenys de Mar, Silva o Iniesta. Fernando Torres sigue recuperando el tono poco a poco, y no me cabe duda de que, si el equipo sigue adelante, mostrará su mejor cara conforme gane en minutos de juego.
Pero en sentido contrario a mi propia opinión escriben hoy ilustres (esta vez sin ironía) plumas del periodismo deportivo español, como Roberto Palomares en MARCA o Juanma Trueba en el AS. El primero no duda en afirmar que el de ayer fue el peor partido de España. El segundo, más comedido, lo califica de trabajo muy profesional, aludiendo al oficio desplegado y a la efectividad mostrada frente a la portería rival. Estoy de acuerdo en que los veinte primeros minutos fueron de color chileno, salvo un breve lapso en que los nuestros intentaron combinar pases en el medio campo. Y también que probablemente España marcó cuando menos lo merecía (la ejecución de Villa, dificilísima, aunque la portería estuviese desguarnecida). Pero ahí se acabó el cuento. Chile acusó el golpe, y los nuestros ofrecieron una versión más acorde a lo que estamos acostumbrados (aun estando a respetable distancia de su mejor nivel): presión en la salida del balón rival, solidez defensiva y zarpazo letal, léase Iniesta.
La segunda parte, dejando a un lado la excesiva confianza inicial, fue un monólogo español. Más aún con la salida de Cesc al campo. Ahí, poco a poco, se recuperó la mejor versión del juego propio: toque, toque, toque, toque... y el rival, al final, agotado y sin fuerzas para remontar, conforme con un marcardor que les valía también para pasar a la siguiente ronda. Fin del capítulo.
Puede que frente a Suiza la posesión fuese mucho más completa, pero el dominio fue estéril, las ocasiones escasas y la mentalidad (como bien apuntó Luis Aragonés) inadecuada, fruto del opio periodístico entre otras cosas. Y frente a Honduras, yo vi a un equipo extremadamente nervioso, impreciso hasta la exasperación, y apremiado por la urgencia. Un equipo que resolvió gracias a sus individualidades, pero que abandonó por completo la idea de fútbol colectivo, confiado a lo que pudiese hacer un solitario, desasistido (y, por ende) desacertado Jesús Navas y a lo que pudiesen inventar Villa o Torres en ataque, sin apenas conexión con el medio campo, y abusando del pase largo, "A Capella", justo como sucedió en los primeros minutos del choque de ayer.
Seguramente, el choque frente a Chile no habrá sido como para tirar cohetes. Ni tampoco es una muestra de que España ha recuperado su mejor versión, pero al menos sí indicaría (siempre bajo mi humilde y tosca lupa) que se puede estar en el camino del ascenso, de ir de menos a más, y no de más a menos como nos ha sucedido en tantas otras ocasiones pretéritas. La finalización en lo físico estuvo mejor que frente a Honduras, con los nuestros derrengados por el sobreesfuerzo. Y lo más importante es que seguimos sin levantar excesivas pasiones ni ser considerados como favoritos. Eso, de verdad, no tiene precio.
Nos esperan nuestros hermanos ibéricos. Y el duelo ciertamente tiene morbo. No ya por la presencia de viejos conocidos como CR9, Pepe, Deco y Duda entre los lusos, sino porque Del Bosque se enfrenta a Queiroz, el hombre que le sucedió en el banquillo merengue, y con el que se iniciaron las desgracias de la primera era florentiniana. Aunque la culpa no fuese del todo suya.
El martes, la cita. Suerte, campeones.
He dicho.

jueves, 17 de junio de 2010

Un sabio frente a un necio

A Luis Aragonés se le conoce, y no en vano, como El Sabio de Hortaleza. Porque sí, bajo su peculiar personalidad, y su fuerte (a veces explosivo) carácter, se esconde una persona honesta que sabe lo suyo de fútbol, que nació en esa localidad madrileña y tal, y que (aquí viene lo importante) no tiene pelos en la lengua a la hora de expresar lo que siente o le ronda por el magín. Eso mismo le llevó en el pasado a sostener fuertes y acalorados encontronazos con Jesús Gil cuando entrenaba a su Atlético de siempre bajo el mandato del fallecido ex alcalde de Marbella. Eso mismo le llevó a enfrentarse con periodistas de medio pelo, de esos que tanto abundan en este país junto a políticos mediocres y curas fanáticos, para desgracia nuestra. Eso mismo le llevó a prescindir de los servicios de Raúl en la selección española, sin que le importase granjearse la furibunda ojeriza de media España. El tiempo acabó dándole la razón en todo, aunque más de una vez se viese obligado, quien sabe por qué razones, a incumplir su palabra. Por ejemplo, cuando tras el mundial de Alemania y la caída de España ante la Francia de Zidane (aquél a quien se suponía que los nuestros iban a jubilar y que se marcó un partidazo como el sombrero de un picador), dijo que abandonaba la selección y después continuó en el cargo hasta la Euro. Felizmente.

Pues bien, el de Hortaleza ha abierto la boca para la cadena qatarí Al-Jazeera. Esa misma que nos informaba puntualmente del último Hit de ese peligroso terrorista llamado Osama Bin Laden que, no se sabe por medio de qué artes, lleva una década larga eludiendo la persecución de la máquina bélica y de espionaje más potente del mundo. Pero volvamos a lo nuestro. Aragonés comentó el partido España-Suiza de ayer para la cadena en cuestión, y su juicio sobre el mismo no ha podido ser, en mi humilde opinión, más certero. De él, me permito entresacar las siguientes ideas básicas:
  • "El cartel de favoritos hay que demostrarlo, y mientras no lo hagamos no somos favoritos para nada."
  • "El problema (de la selección) viene de lejos, no de ayer."
  • "España dominó, pero no tuvo la lucidez para gestionar el partido físicamente ni con una mentalidad ganadora."
  • "Nunca tuvo España el convencimiento de Suiza, que siendo inferior supo siempre qué debía hacer."
  • "Nadie gana, no ya un título, sino un partido antes de jugarlo."
Sobra decir que coincido plenamente, punto por punto, con lo expresado por Luis Aragonés. Este juicio es, en mi opinión, clarividente como pocos. Y no en vano otras voces distintas y mucho más entendidas que la mía habían advertido ya contra el efecto pernicioso de la prensa exaltada y de los halagos empalagosos. No importa lo bueno que seas o puedas ser: si te lo crees, estás perdido. Y ayer los jugadores españoles, sin duda muy a su pesar, se lo creyeron. Porque es muy difícil aislarse por completo del ambiente de euforia creado a su alrededor, y ese ambiente ponzoñoso ha creado la confianza que no se debe tener. No la que surge de la fe en uno mismo y de la capacidad para superar adversidades, sino aquella otra que lleva a menospreciar a los rivales y a creer que sin apenas esfuerzo se podrán sacar los partidos adelante. Gerard Piqué lo expresó bien claro: a ver si nos quitáis el cartel de favoritos. Y yo en su lugar habría añadido ¡Collons!

Frente a esta postura, que no por repetida deja tristemente de ser cierta, se alzan las voces de los de siempre, de los vendedores de humo, de aquellos irresponsables que con tal de vender periódicos y ganar audiencias son capaces hasta de perjudicar a nuestra selección de fútbol. No creo que lo hagan conscientemente, más bien creo que son lo bastante necios como para no darse cuenta de la realidad que, insistente y machaconamente, viene demostrando lo mismo cada cuatro años: España no ha sido ni es favorita para ganar un Mundial. Porque el necio (del latín ne scio, el que no sabe) ni es capaz de aprender lecciones pretéritas, ni mucho menos será capaz de reconocer un error. Algo semejante me vino anoche a la mente al escuchar la voz de José Ramón de La Morena en El Larguero. Como quien oye llover, el hombre: erre que erre, y venga a entrevistar a los jugadores e insistir sobre lo mismo. Que seguimos siendo favoritos. Sólo el mencionado Piqué fue capaz de protestar con claridad, como ya he dicho. Otros como Xavi fueron un poco más sutiles. Pero es que anoche, para el susodicho, todo valió. Incluso desmenuzar el sistema táctico empleado por Del Bosque (que si un medio centro o dos) o sacar a relucir (¡manda huevos!, que diría el ilustre Trillo) el bajo estado de forma por lesiones recientes de Torres o Cesc, de la fragilidad de los músculos de Iniesta, o del cansancio de Villa. Por no mencionar un par de veladas e insidiosas puntas hacia el arbitraje del inglés Webb, quien nada tuvo que ver en la derrota de ayer. Antes nadie se cuestionaba tales cosas, pero ahora... Todo vale, insisto Sixto, con tal de no mirarse el ombligo y reconocer de una maldita y puñetera vez que ellos, los mensajeros, han tenido buena parte de culpa en lo sucedido, y que el cartel de favorito es veneno para la selección española. La perla del locutor madrileño fue, sin duda, comentarle a Piqué que este país lo está pasando muy mal y que tiene muchas ilusiones en lo que puedan hacer ellos. Con dos bemoles, el tío. En una palabra: nauseabundo.

Pero no me refiero sólo al periodista de la SER. Digo ellos, porque lamentablemente otros muchos piensan así (Inda, Relaño, Casanovas, etc.) y, lamentablemente, se han apuntado al sempiterno carro del Garry Owen. Esos mismos ahora no dudan en encender las luces de alarma ante lo que se nos viene encima: margen de error cero ante rivales que ya no son tan débiles como se presumía (especialmente Chile). Amén de una fuerte presión añadida, hija bastarda de una confianza que nunca debió existir. No me cabe duda de que estarán todos ellos afilando las navajas de Sweeney Todd en la trastienda, por si acaso los chicos de Del Bosque no pasan de la primera fase. Que bien (o mal) podría suceder.

He dicho.

miércoles, 16 de junio de 2010

Odio tener razón

Ja. Ja. Ja.

No me estoy riendo de nuestros futbolistas o cuerpo técnico, y va en serio. Dios me libre y me proteja siempre de cometer semejante atropello. Pero no puedo por menos que hacerlo al pensar en la cara de gilipuertas (ya he usado antes esta expresión) que se les habrá quedado a todos aquellos que vaticinaban poco menos que una goleada ante la "débil" Suiza que, tal y como hicieran los americanos hace cosa de un añito, nos han puesto en nuestro sitio. Y sin que se pueda objetar gran cosa, la verdad. Porque sí, los suizos apenas han jugado al fútbol que los nuestros hubiesen querido, apenas han dejado resquicios por donde entrar. Feo y resultón, sí, pero absolutamente inobjetable. Han jugado el partido que más les convenía, buscando el fallo de un rival anestesiado, sin capacidad de desborde y lenta circulación de balón. Han jugado duro, supermotivados, conscientes de su papel de Cenicienta y... mira por dónde, acaban de dar la campanada. O el cencerrazo, que les es más propio.

Escribo esto después de la tortura que ha supuesto escuchar la INFAME retransmisión de Tele 5 (la única que lo hacía en abierto), con Paco González, J.J. Santos, Camacho y Guillermo Amor a cada cual más pesado, reiterativo, irrespetuoso con el rival e insoportable. Sólo rescato una frase de Paco González, cuando hacía referencia al bofetón que suponía este resultado. No para los jugadores españoles, desde luego, sino para ellos. Para todos quienes desde la insensatez y la euforia injustificadas han hecho a los nuestros campeones antes de tiempo. Esa ha sido una de las dos verdades que han salido de su boca. La otra es la afirmación de que éste era el único partido que se podía perder. Ya no hay más margen de error. Otra derrota, una sola, y a casa. En lo que resta de mundial.

Vamos a hacer realidad el sueño de todo un país.

Queremos alzanos con la copa.

Pasión por la Roja.

Y bla, bla, bla...

Por cosas como las que han sucedido hoy, España no puede jamás ser favorita para ganar un mundial. Porque sencillamente, y al contrario que Italia, Argentina o Alemania carece de oficio e ideas para remontar situaciones adversas. Si España te mete un gol y tienes que abrir el campo, Vae victis. Pero si no, si la fortuna siempre tan esquiva te sonríe a ti primero, tienes muchísimas posibilidades de llevarte el gato al agua. No nos va el papel de favoritos, no tenemos experiencia ni mentalidad para llevar algo semejante. Todo lo contrario, nos va muchísimo más el papel de lobo bajo piel de cordero, que fue justamente lo que nos sucedió en la Euro de hace dos años.

Aún así, debe haber margen para la confianza desde la serenidad. España tiene un grandísimo equipo, probablemente el mejor de toda su historia. Dejémosles en paz, por Dios. Ellos por lo menos ya han podido experimentar una realidad: no va a ser tan fácil como tantos y tantos idiotas radiofónicos y plumas manirrotas habían vaticinado (no les costaba nada, después de todo). Si esto lo han aprendido, si ya son conscientes de que nadie les va a regalar nada y que casi todos los partidos que tienen por delante serán más o menos como éste, algo habremos avanzado. Pero eso sí, quedan por delante dos miuras de cuidado (Chile sólo pudo doblegar a los hondureños de chiripa), y habrá que sudar muchísimo para vencerles.

Suerte, campeones. Olvidaos de este país, de sus gentes y su inmunda prensa deportiva. Sólo tened fe en vosotros mismos. Sólo eso. Animo y a levantarse.

Y en cuanto a los demás, ojalá tuviera el poder de suturarles la bocaza.

He dicho.

viernes, 28 de mayo de 2010

Aviso a navegantes

Un antiguo proverbio francés reza que aquellos que ignoran la historia están condenados a repetirla. Por más que los destinatarios primeros del mensaje sean aquellas personas en cuyas manos descansa (muchas veces esto es un decir) el destino de otros muchos, miles o millones, la frase resulta también aplicable al entorno futbolero. En este concreto y particular sentido, el abajo firmante entiende que sirve de aviso para los que no atajan la euforia antes de tiempo, dejándose seducir por los cantos de sirena que, tal y como relató el insigne Homero, estuvieron a punto de dar con Ulises y los suyos en el fondo del mar para una vez allí, ser cumplidamente servidos como guarnición quién sabe si de un plato de ostras o de percebes.

Porque las euforias son siempre malas compañeras de viaje. Adormecen la atención, entorpecen la puesta a punto y narcotizan el cerebro de jugadores y técnicos, haciéndoles creer que los campeonatos se ganan poco menos que saltando al terreno de juego y dando un par de patadas al balón. Y hete aquí que, de pronto y cuando menos te lo esperas, salta un rival al campo sobrado de motivación, perfectamente concentrado en su propósito, con la mente y el cuerpo puestos en un solo objetivo, los jugadores unidos en un propósito, con la lección sobre el rival perfectamente aprendida y resoplando ansiosos mientras saltan sobre el césped. Y hete aquí que el rival presuntamente inferior empieza a asfixiarte, a robarte la pelota, a moverla con velocidad, a anticiparse a los tuyos, aún adormecidos por los cantos de las mujeres pez. Y de pronto, cuando menos lo esperas, ¡zas! Te cae un gol en contra. Y se te queda cara de gilipuertas. Ah, pero... ¿cómo es posible? Nosotros, tan buenos y tan guays, doblegados por esta murga carnavalera... No, no puede ser. Tenemos que reaccionar. Y a veces la vergüenza torera es capaz de despertar el instinto asesino, el oficio y las ganas, y los presuntamente superiores acaban por imponerse... eso sí: después de sudar bien duro.

Pero a veces no. Llega el final del partido y David ha dejado a Goliath como el gallo de Morón: sin plumas y cacareando. Y será entonces cuando los chuzos lloverán de punta, afilados como la navaja de Sweeney Todd. Porque serán precisamente los que te han drogado a base de elogios quienes, en caso de fracasar, te acuchillarán sin piedad alguna. Que cómo se te ocurrió saltar al campo con este esquema, que por qué jugó fulano en lugar de ciclano que, claramente, estaba mucho más fresco y descansado, que por qué forzaste a pepito de los palotes, que si el árbitro es un sinvergüenza, que si la conspiración en la REF, la UEFA, la FIFA, la FUFA, y bla, bla, bla... Una mezcla barata de aceite de baratillo, victimismo y ventajismo. Agitada, no mezclada. En la memoria del año pasado quedará el fracaso ante Estados Unidos en las semifinales de la Copa Confederaciones, o la fase de clasificación del Eurobasket, en la que nuestros Chicos de Oro estuvieron a punto de caer eliminados frente una desconocida como Gran Bretaña, ante el estupor incrédulo de los de siempre, los profetas que habían vaticinado que poco menos que con la puntita serían Pau Gasol y los suyos capaces de fornicar a todos los rivales.

En este nuestro país, hemos visto tantas veces este mismo espectáculo que aún me sorprende que los principales responsables no hayan tomado nota y sigan, erre que erre, con la misma batallita del abuelo Cebolleta, ese entrañable personaje de historieta a quien todos en su familia rehuían, sabedores de que cada vez que se les acercaba era para contarles una de sus eternas e interminables experiencias bélicas. No es que la experiencia fuese aburrida, su relato era lo verdaderamente insoportable.

El Mundial de fútbol de Sudáfrica está a la vuelta de la esquina. Poco más de dos semanas, y el balón empezará a rodar para delicia y fruición de los millones de aficionados de este planeta. Nuestra selección nacional parte a la aventura después de una fase de clasificación impecable e inmaculada, ganando todos y cada uno de sus encuentros, unos de mejor manera que otros. Sale como la actual campeona continental, con un equipo de ensueño a las órdenes de un buen entrenador. Suenan pífanos, trompetas y percusiones diversas. Más o menos lo mismo que hace un par de años denominé Garry Owen, en alusión al himno oficioso del Séptimo de caballería de Michigan.

Y tal día como hoy, Vicente Del Bosque, técnico de la Roja ha dado una rueda de prensa avisando a los navegantes de las perniciosas consecuencias de la euforia desatada por anticipado. La frase lo dice absolutamente todo: la confianza es la primera piedra del fracaso. Algo que suscribo al 200%. Las victorias, como la de la Euro de hace dos años, se construyen sobre la base del trabajo y el esfuerzo. Entonces, nadie apostó por Luis Aragonés y los suyos, y el abajo firmante sostiene que eso mismo dio a los nuestros la tranquilidad necesaria para ir dejando atrás a los contrincantes, uno después de otro. ¿O quizás necesito recordar que a Suecia se le ganó casi sobre el pitido final? ¿Tal vez nos hemos olvidado de la lotería de los penalties frente a Italia? ¿O de lo que hubo que sudar para doblegar a una Grecia siempre correosa y difícil?

Ojalá quienes entonan los cánticos hayan aprendido algo de lecciones pretéritas. La memoria es flaca, pero debe estar siempre ahí. Ah, y a todas estas: supongo que no necesito decir quiénes son las sirenas, ¿verdad?

He dicho.

(P.D.: Y como me temía, siempre hay quienes no aprenden, así los apaleen. También los hay que no hacen ni caso: mejor así).

martes, 26 de enero de 2010

A su modo de siempre

A estas alturas del cuento, hace ya mucho que el abajo firmante dejó de creer en eso que con tanta frecuencia se nos repite a la gente de a pie: la objetividad de la prensa. O quizás, para ser más exactos, habría que decir la presunta objetividad de la prensa. Española, por supuesto. Y el matiz es importante toda vez que, visto lo visto, español y objetivo se me antojan términos de todo punto irreconciliables. No se puede ser español e imparcial al mismo tiempo: que si sociatas o peperos, intolerantes o liberticidas, derechosos o ecologetas, fachas o rojos. Igual me da. Cuando el genial Francisco de Goya pintó su archiconocido cuadro Riña a bastonazos, posiblemente ignoraba el alcance del simbolismo de su obra, retrato fiel de esta España nuestra, para nuestra vergüenza y oprobio ante el resto del mundo. Y ojo, que cuando digo España y españoles, incluyo en el saco a aquellos que en lugar de la ñ usan la ny, tan española la primera como espanyola la segunda (o la segona). Que también me da igual. No me importa lo más mínimo que algunos entre ellos cacareen su presunta distinción del resto, la socorrida excusa del seny o que, llegados al extremo, digan no sentirse ni ser lo que, por sus actos y actitudes y más allá de toda duda razonable, son. Tan cazurros o cassurros como el común de los mortales en este país que todavía se llama España.

Pero hablaba de la objetividad de la prensa. Pues sí. Y de todo tipo, oiga: general o especializada y, dentro de este último segmento, la prensa deportiva no iba a irse de rositas. Claro que no. La última polvareda nacional se ha armado a propósito de la reciente expulsión de CR9 en el Santiago Bernabéu frente al Málaga por romperle la nariz a Mtiliga. En principio, las culpas recayeron exclusivamente sobre el jugador luso, con denominador común en la prensa madrileña y algunas webs de deportes: ángel (por sus goles) y demonio (por la expulsión). Pero casi al momento, se dispararon las especulaciones sobre la sanción que le podía caer a resultas de lo sucedido. Sobre este punto hay dos realidades meridianamente claras: la primera, que el árbitro del encuentro, pese a expulsar al jugador, no consignó en ningún momento la palabra agresión en el acta; y la segunda que, enterado del sucedido, CR9 fue al vestuario del Málaga a disculparse con el rival (si lo hizo de motu propio o no, que cada cual crea lo que le salga).

Como no podía ser de otro modo, los periódicos de un lado y de otro se lanzaron a la guerra particular. La riña a bastonazos, o sea. Los de Madrid, con la esquizofrenia del villarato como estandarte, a defender al jugador blanco. Y los de Barcelona, claro está, a echarle basura encima, clamando por una agresión que ni siquiera el árbitro, situado a pocos metros del lance, fue capaz de ver. Luego salieron las inevitables comparaciones entre lo sucedido en el Bernabéu y el lance vivido no hacía mucho entre Leo Messi y el jugador sevillista Marc Valiente, que sujetó al astro argentino mientras éste hacía por zafarse (brazos incluidos) y seguía corriendo entre las vivas aclamaciones del público culé, hasta que el árbitro detuvo definitivamente la jugada, señalando la correspondiente falta y amonestando a Valiente. Con tarjeta amarilla.

No tienen razón. Ni unos ni otros. La cartulina roja no tiene nada que ver con una agresión, y valga como prueba el acta arbitral. Sí que está relacionada con el daño infligido al jugador del Málaga, que fue golpeado por Cristiano, pero nunca agredido, toda vez que en cualquier agresión hay una componente de intencionalidad que en este caso brilla por su ausencia. Cuando alguien te agrede es porque ha ido expresamente a por ti, a partirte los morros sin contemplaciones. Puede parecer baladí, pero es tanto como acusar a alguien de homicidio o de asesinato. Suena igual, pero no significa lo mismo, y por idénticas razones. El Comité de Competición ha tenido en cuenta esto, y por ello ha sancionado al portugués con dos partidos. En caso de agresión, la pena mínima habrían sido cuatro encuentros y la máxima, doce.

Pero claro, en la capital del Principado las cosas no se ven de idéntico modo. Y por ello no han dudado en sacar a flote su psicopatología particular: Madrid. No el Real Madrid, ni la ciudad de Madrid, el Gobierno de Madrid o la Comunidad de Madrid. Madrid, a secas. Ese ente amorfo y sin identidad pero fácilmente señalable, culpable inequívoco de todas las injusticias cometidas con Cataluña desde los tiempos de Rafael Casanovas. Madrid presiona al Comité, dicen. Y tampoco dudan en insultar y despreciar al portugués en sus portadas, más propias de un pasquín filonazi de principios de la década de los 30 que de los tiempos que corren. He aquí la prueba:
CR9 Agresor
¿Por qué no es más fácil admitir lo más simple? ¿Por qué no reconocer que en el fondo CR9 les importa un pimiento y que lo único que desean es presionar a su vez para privar al Real Madrid de su concurso en dos partidos trascendentes como los que están por llegar, especialmente el de Riazor, un lugar históricamente muy poco propicio para los merengues en las últimas dos décadas? ¿Por qué montarse este numerito tan patético, victimista, hipócrita, falso, amarillo y sobre todo y por encima de todo, despreciable?

Pero así lo han mamado desde críos, y así tienen que conducirse. A su modo de siempre, claro. Los hijos de la gran puta.

He dicho.
P.D.: Tal día como ayer, en el programa de la Cadena SER El Larguero e interrogado sobre la cuestión de la sanción, Emilio Pérez de Rozas, presunto periodista deportivo del diario SPORT, calificó a CR9 de chulito -sic-. Naturalmente, no disparó el elogio en presencia del jugador del Real Madrid, sino que lo lanzó a las ondas, por toda España, bien parapetado tras la alcachofa amarilla de la cadena en Barcelona. Todo un ejemplo de valentía, eso de insultar sin que el otro tenga la oportunidad de contestarte... o de romperte los piños, ya que hablamos de ello. Algo que yo, desde luego, no lamentaría. Para nada.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Pepe Carazote suma y sigue: ¡Intolerable!

José Luis Carazo, subdirector del diario deportivo Sport de Barcelona y miembro de honor del séquito de forofos que (con alguna honrosa excepción) rodea a Joan Vehils y Josep María Casanovas, parece saltar a la palestra con sus columnas, modelo de gracia y fino estilo periodístico donde las haya, cuando concurren una de estas dos circunstancias: (i) el Real Madrid pierde algún partido (como mínimo), o (ii) el Barcelona atraviesa un período de crisis deportiva y/o institucional. En el segundo caso, sus columnas son proclamas encendidas en las que protesta airadamente contra aquello que, sea lo que sea, daña al club de sus amores. O, más simplemente aún, contra todo aquello con lo que no está de acuerdo. Casi siempre, además, al son de la misma palabra: intolerable.

Así, por ejemplo, el año pasado por estas fechas calificaba de intolerables unas supuestas declaraciones de Touré Yayá en las que el jugador de Costa de Marfil apreciaba la posibilidad de fichar por la Juve, abogando por el traspaso fulminante del jugador. No habían pasado cinco meses, y el propio Carazo le daba la vuelta a la tortilla y, sin el menor asomo de sonrojo, afirmaba en una entrevista en línea que le parecía intolerable que a Touré aún no se le hubiese mejorado su contrato. Intolerable le pareció también la supuesta campaña emprendida por el (afortunadamente) extinto programa de Tele5 Aquí hay tomate contra Ronaldinho y sus noches de diversión. Claro que no mucho tiempo después, se convirtió en fiscal y se sumó al carro de los que censuraron agriamente al jugador brasileño. Intolerable le resulta que el Barça no haya homenajeado como se merecen a Xavi, Iniesta y Puyol (en esto, al menos, puede que le asista algo de razón). Como intolerable fue también en su momento el adelanto de las vacaciones de Eto'o y Ronaldinho. El intolerable más recientito ha sido el, a su juicio, intento de torpedeo del mejor Barça de la historia por los espionajes de la dirección del club a cuatro de sus vicepresidentes. En resumen: con razón o sin ella, el calificativo de intolerable acompaña siempre a Carazo.

Otro rasgo llamativo de su buen hacer es su agudo olfato para las primicias periodísticas. Suele el ínclito hacer gala de un conocimiento anticipado realmente asombroso. En impersonal unas veces (nos consta), personal otras (me aseguran), e incluso recurriendo a la sabiduría popular (cuando el río suena...). Eso sí: como buen periodista, nunca cita sus fuentes. Faltaría más. Eso es secreto, lo contrario sería un atentado a la ética profesional. Antes muerto que decir de qué río se trata. Claro que en este mundo de las tecnologías de la información en el que vivimos, es muy fácil que alguien te saque los colores a la cara cuando las circunstancias sugieren que tu fuente anónima no es otra que la prensa deportiva diaria, limitándose tu supuesto olfato a copiar alevosamente lo que otros han escrito antes. También es cierto, no obstante, que para sonrojarse hace falta tener una noción, por pobre que sea, de lo que significa la palabra vergüenza.

Y parece, sí, que volvemos a las andadas. Porque el señor Carazo, desde el domingo por la mañana, auguraba que el Real Madrid perdería en Sevilla. Su buen olfato de siempre, claro. Dos días después, y visto que su percepción no le había fallado, escribió una columna (es un decir) regodeándose de la derrota merengue. Al menos, y en un arranque de sinceridad, reconocía abiertamente que no hacía falta ser un lince para ello. Bien está. Y hoy mismo, acaso porque con algo hay que justificar los garbanzos (o el Vega Sicilia) que uno se lleva al gaznate, vuelve erre que erre a su deporte favorito: meterse con el Real Madrid, en un párrafo, como todo él, ciertamente memorable

Señoras y señores (esto va dirigido a los ‘merengones’), que Pellegrini tiene los días contados en el Real Madrid. La pobre imagen que ofrecieron frente al Sevilla ha disgustado tanto a Florentino Pérez que ya ha hecho llegar a sus más allegados (Valdano y Pardeza) que, de repetirse semejante varapalo, el técnico chileno puede pasar a mejor vida a la voz de ya. Y me aseguran también que la dirección técnica del Real Madrid ya anda a la caza y captura para el mercado de invierno de un lateral izquierdo y de un cerebro que sepa mandar y maneje el ‘tempo’ de los partidos. Se han dado cuenta de que sin Cristiano Ronaldo el equipo pierde muchos enteros.

Las dudas sobre la continuidad de Manuel Pellegrini al frente del equipo blanco fueron expresadas ayer mismo en términos parecidos (salvando las estratosféricas distancias) por otro columnista del Sport, Martí Perarnau. Como siempre, vuelve a hacer uso de sus infalibles fuentes, que parecen llegar hasta lo más profundo e íntimo del sanctasantórum merengue (me aseguran...). Y, finalmente, diagnostica que parte de los males del Real Madrid provienen de la carencia de un lateral izquierdo de garantías. Me pregunto si esto también se lo sugirió su olfato periodístico o si, por el contrario, se inspiró en los comentarios de otros. Incluso, quién sabe, los de un servidor. Y ojo, que los de ayer no fueron los primeros míos sobre el particular. Será porque tampoco es necesario ser un lince.

Incluso, leyendo la prensa deportiva madrileña de hoy, me asalta la duda: ¿han sido casualidad las apreciaciones de Carazo sobre el lateral zurdo?

Nos consta que es posible... que no.

He dicho.



martes, 6 de octubre de 2009

Ya empezamos...

No bien siguen aún calientes los rescoldos de la primera derrota madridista en competición oficial, la caja de los truenos ha sido abierta de nuevo. A un lado y a otro. Y lo peor es que lo ha sido sin razón alguna, sacando las cosas de madre, de quicio y de lugar. Perder en Sevilla es algo que entra dentro de lo comprensible y de lo esperable. Razones no faltan. El hispalense es un equipo muy bien armado y conjuntado, que salvo contadas excepciones ha mantenido más o menos constante su armazón, de modo que sus jugadores se conocen casi al dedillo, están maravillosamente acoplados y juegan casi de memoria. Si a eso añadimos que cuentan con una excelente condición física y que su delantera es una de las más letales del panorama futbolístico europeo actual, no hay que darle muchas vueltas para entender que pueden ganar a cualquier equipo que se les ponga delante. Eso sí: han atravesado un serio bache después de la trágica muerte de Antonio Puerta y los primeros y titubeantes meses de Manolo Jiménez en el banquillo. Más aún, dieron una pobre impresión en el arranque liguero, superados con todas las de la ley por el Valencia. A partir de ahí, no han hecho sino ganar y convencer.

Frente a esta máquina de hacer fútbol, se presenta un Madrid aún en construcción, que aún está intentando asimilar los métodos y esquemas que su entrenador pretende introducir en el equipo, a la búsqueda de su estilo de juego, y aprendiendo poco a poco a jugar en todos los sentidos. Y también, pese a todos los pesares, con numerosas carencias y lagunas, aún por corregir. Por ejemplo, insisto en la ausencia manifiesta de un lateral izquierdo capaz de defender: Roberto Carlos era mucho mejor atacante que defensor, y Marcelo es básicamente igual, sólo que su condición física es muy inferior a la de su prodigioso predecesor, lo que acentúa sus carencias para tapar a carrileros rápidos y vigorosos (frente a él, una mayoría). El otrora denostado Juande Ramos supo ver esta realidad, y adelantó al brasileño de posición, generalmente con buenos resultados, al aprovechar sus virtudes ofensivas y aliviar su, por otra parte casi nulo, aporte defensivo. Después del traspaso de Robben, el Madrid se ha quedado con CR9 como único jugador con capacidad clara de desborde por banda, siendo además su máximo goleador. Queda también la asignatura pendiente de Raúl, al que Pellegrini no se atreve a sentar en el banquillo con carácter más permanente. Y por último, hay un claro desacoplamiento de los creadores de juego (Lass, Xabi Alonso, Granero y Guti no terminan de encajar unos con otros). Por no mencionar los recurrentes errores de marca en las jugadas a balón parado.

Pero el Madrid, con todo, saca partidos adelante con rotunda pegada. Tiene jugadores excepcionales, que aún están por dar su mejor rendimiento. No manda en los partidos, pero los gana, y con marcadores contundentes. Es obvio que pretender que este equipo juegue de buenas a primeras como si interpretase la novena sinfonía de Beethoven es mucho pedir, peor aún, es pedir demasiado. Y la prensa de Madrid ya se ha puesto manos a la obra a criticar a Pellegrini cuando aún se llevan disputadas seis jornadas ligueras en las que el equipo, pese a sus inconvenientes, ha sacado adelante un inicio de temporada bastante más convincente que el del año pasado. Claro que los córvidos del Principado tampoco se han quedado calladitos, en especial sus más forofos e irredentos representantes, ahora convertidos en zahoríes futboleros (No, si ya lo decía yo...). No se puede esperar más de tan escasas mentes y de tan manoseados plumeros. Que no plumas.

La sombra del triplete culé es alargada, como bien apunta Perarnau. Y es un error tan garrafal como trágico ponerse a crucificar al técnico chileno, pues en la construcción de este equipo hace falta aún recorrer un largo camino, una trayectoria que no va a ser nada fácil. No hace falta echar la vista muy atrás y recordar como a un tal Frank Rijkaard estuvieron en un tris de echarle a los leones tras un primer trimestre decepcionante en el banquillo del Barça. De haberlo hecho, probablemente hoy los aficionados culés tendrían una Champions y dos ligas menos. Paciencia, paciencia, paciencia. Es el ingrediente necesario para poder llevar a cabo una labor profesional en el Real Madrid. En caso contrario, si el ingrediente básico falla, si el aficionado merengue se echa ciegamente en los brazos de los gurús mediáticos de la capital y exige sin razón alguna lo que no es razonable (excelencia futbolística ¡YA!), entonces la Casa Blanca terminará por convertirse en otro horno crematorio donde arderán como la yesca millones de ilusiones, el trabajo de docenas de técnicos del más variopinto corte, equipos de jugadores enteros y cientos de millones de euros. Y digo "otro", porque del primero ya he tenido ocasión de hablar. Todo ello por ignorar una verdad palmaria como pocas: que una fantástica colección de jugadores no hace a un buen equipo, y eso en Concha Espina lo saben muy, pero que muy bien.

Y en cuanto a la prensa madrileña, también tengo cada día las cosas un poco más claras: no buscan en modo alguno echar una mano (estrictamente hablando, no tienen por qué hacerlo, pero no es de recibo que se dediquen a meter palitos entre las ruedas), sino sólo hacer astillas para alimentar su propio fuego, el que alimenta la Encuesta General de Medios año tras año, y en el que esperan sacar la mejor tajada posible a costa de la estupidez visceral de aquéllos entre sus lectores que se creen a pies juntillas todo cuanto publican en sus páginas. Cuando su mensaje va dirigido a una afición tan exquisitamente resultadista, impaciente e incomprensiva como la del club merengue, es como regar un terreno fértil: no hace falta abonar para que crezcan las malas hierbas.

¡Paciencia, por Dios! Esto no ha hecho más que empezar.

He dicho.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Va por ustedes, ¡toreros!

Por esta vez, no voy a dedicar páginas y letras al fútbol. Hoy mismo, otros deportistas españoles se merecen, con todas las letras, que les dedique atención en éste mi modestísimo espacio para la reflexión: la selección española de baloncesto. Acaba de firmar una proeza histórica al proclamarse campeona de Europa en Katowice, Polonia. Es la primera vez que un equipo de baloncesto de este país consigue algo así. ¡Y de qué manera, morera! Para ello ha tenido que echar mano de la mejor generación de jugadores de toda su historia, y una de las más brillantes de todos los tiempos. Este 20 de septiembre de 2009 es sin duda alguna un día grande, grandísimo, colosal, para el deporte español. Un día para recordar, para disfrutar, para saborear, para sacar pecho. Que ya nos tocaba. Como lo fue el 29 de junio del año pasado. Pero no adelantemos nada aún, todo a su tiempo.

La cosa tiene tanto más mérito cuanto que los comienzos fueron harto decepcionantes. Después de una preparación engañosa ante rivales de poca monta, España comenzaba su participación con una derrota (66-57) ante Serbia. Las cosas parecieron enderezarse, sólo un poco, al vencer a Eslovenia por escaso margen y una defensa de risa (90-84). Poco después, los nuestros estuvieron a un tris de caer eliminados ante la débil Gran Bretaña (84-76). Y que no se me enfaden sus hijos (los de la Gran Bretaña, claro): los británicos tienen excelentes deportistas y equipos en otras disciplinas, y el mérito de haber jugado un Eurobásket es grandísimo para ellos, pero la distancia que les separa de los nuestros es, hoy por hoy, estelar, sideral, estratosférica. Luego, segunda derrota ante Turquía (63-60), final polémico incluido, con Sergio Llull jugándosela en la última posesión en una entrada suicida frente a las torres otomanas. Vamos, que más jodido que en Lepanto. Y Marc Gasol, poniendo en duda la sensatez de la idea ante las alcachofas radiofónicas. Se tocó fondo. A partir de ese momento, todos los partidos eran finales. En caso de derrota, tocaba hacer las maletas y volver con el rabito entre las piernas.

Aquí, en el terruño patrio, se dispararon las críticas, a cada cual más amarga y virulenta. No tanto contra los jugadores como contra el entrenador, Sergio Scariolo. Juan Mora, subdirector del diario AS, fue particularmente ácido con el seleccionador tras los partidos ante los británicos y los turcos, llegando incluso a exigir la destitución del transalpino en vísperas del encuentro contra Lituania, el primer ser-o-no-ser para los nuestros. Se especuló de todo y con todo: que si malos rollos con el entrenador, que si alguna movida subterránea contra la Federación, que si lesiones, cualquier cosa valía para explicar el desaguisado y, en la mejor y más genuina tradición cainita que tan bien nos define a los españoles, hacer leña del árbol caído... cuando ni siquiera había caído aún. Juan Carlos Navarro, capitán del equipo tras la marcha del gran Carlos Jiménez, tuvo que enfrentarse a los micrófonos de las fieras rugientes para reclamar el beneficio de la duda para el equipo, cuando menos, pues se lo había ganado.

Y lo que siguió fue lo que tenía que seguir. Se impusieron la lógica y, sobre todo, la calidad humana del grupo que son, por encima de todo, grandes amigos. Hubo cónclaves, con Scariolo y sin él. Se habló, se discutió, se analizó, se hizo terapia de grupo... Y tras ello, a afrontar las corridas restantes ante los sucesivos morlacos que nos aguardaban, quién sabe si frotándose las pezuñas por el mal momento de los nuestros.

Primero los lituanos. Paliza al canto (84-70), eso sí: tras un primer cuarto calamitoso que hacía presagiar todos los males. Luego los polacos. No hubo color (90-68) y las diferencias entre los dos equipos quedaron meridianamente claras desde el primer minuto de juego, acallando a la hinchada local y convirtiendo el encuentro en un paseo militar. Más adelante vendría el temible cruce de cuartos, que habría que disputar ante nuestros vecinos del norte, quienes hasta entonces habían hecho un campeonato impecable: 6 de 6 victorias, oh la lá les enfants de la patrie, con la figura Tony Parker a la cabeza. Y a Parker y a los suyos, las suyas y las de un bombero (86-66) con un Pau Gasol sensacional, que destrozó a sus rivales bajo canasta. Las medallas ya estaban a tiro. El primer escollo era la Grecia del genial Spanoulis y de los gigantones Bousouris y Schortsanitis. Sin opciones: otro paseo militar marcando distancias desde el comienzo y ganando en promedio cinco puntos por cuarto al rival, para acabar dieciocho arriba (82-64). Y por fin, la gran final ante los mismos serbios que nos habían majado bien al comienzo del campeonato, y con un jugador (Teodosic) del que preocuparse, después de que el angelito le endosara 30 puntos a los eslovenos en semifinales. Y tampoco hubo color: revancha y paliza (85-63) que al final quedó maquillada por la relajación de los nuestros en el último cuarto, pero que llegó a rozar los 30 puntos. Un primer cuarto para enmarcar (24-14) y un segundo para apabullar (52-29), el tercero y el último, casi sobraron. En realidad, esta descripción del partido es perfectamente aplicable a los choques frente a franceses y griegos, pues los pesos pesados de la selección sólo disputaron poco más de medio encuentro y el desarrollo de los partidos, así como los marcadores finales, fueron casi idénticos. España, literalmente, trituró a sus cuatro últimos rivales, sin encajar en ningún momento más de 70 puntos. No se había visto nada semejante desde que, allá por 1634, los tercios del Cardenal Infante don Fernando masacraran a los ejércitos suecos y alemanes en Nordlingen. A nuestros pies yacen los morlacos, con el estoque bien clavado en la cerviz.

Naturalmente, ahora todo son parabienes. Merecidos, por supuesto, pero quizá no del todo exentos de hipocresía. Porque, me pregunto yo: ¿cuántos de los que ahora se felicitan se apuntaron al degüello cuando las cosas iban mal? ¿Cuántos de los elogiadores de hoy fueron los críticos sulfúrico-perclóricos de ayer? Me pregunto qué pasará por la cabeza de Scariolo y compañía al leer los titulares y las columnas de nuestra insigne, sapientísima, e infatigable prensa deportiva. Esa misma prensa deportiva que, sospecho yo, es co-responsable del mal inicio de campeonato después de una extensa campaña de intoxicación psicológica de los nuestros, haciéndoles creer que con sólo saltar a la cancha, ya estaban ganados los partidos, y que eran campeones con sólo acariciarse la flor. La característica falta de humildad y exceso de euforia, el Garry Owen anticipado, el menosprecio al rival. Jorge Garbajosa, segundo capitán, declaraba tal noche como ésta ante los micrófonos de la SER que una de las causas del mal comienzo había sido creer que con el talento ya era suficiente. Craso , craso, craso error. Menos mal que se pudo remediar a tiempo. Felizmente.

Es un momento, como decía antes, para sacar pecho. España manda en Europa en fútbol y en baloncesto, lo cual es completa y absolutamente histórico. Europa entera nos respeta y nos teme. Esto hay que saborearlo, hay que disfrutarlo, porque antes o después alguien nos bajará del trono. Tan sólo hay que sacar las lecciones oportunas, las mismas que espero que se saquen del fracaso-a-medias de nuestros chicos de fútbol en la reciente Copa Confederaciones. Siempre con la humildad por delante, respetando a los rivales, sin considerarles en ningún momento inferiores, sabedores de que para superarles no basta sólo con el talento, como bien apuntaba Garbajosa. Hay que ponerse el mono y trabajar. Sólo entonces aflora el talento.

Como el que tienen nuestros toreros, nuestros grandísimos matadores de la canasta. Enhorabuena, campeones, va por ustedes. Y gracias por hacernos sentir orgullosos de ser españoles.

He dicho.

domingo, 14 de junio de 2009

¿Arde Barcelona?

Allá por agosto de 1944, con las tropas aliadas a punto de liberar la capital francesa de la ocupación alemana, y según cuentan Dominique Lapierre y Larry Collins en su novela ¿Arde París?, Adolf Hitler hizo esta pregunta en llamada telefónica para confirmar si, conforme a sus designios, la hermosa ciudad del Sena había sido destruida. Y de ahí el título de la novela a la cual, cómo no, siguió la homónima superproducción cinematográfica.

No es que yo tenga ganas de emular en lo más mínimo al dictador germano (¡Dios me libre!), pero de veras que me siento muy tentado de formular la misma pregunta a propósito de la también hermosa y vivaz capital del Principat de Catalunya. Y no porque albergue perversas intenciones hacia ella y sus gentes (¡Dios vuelva a librarme de nuevo!), sino por mera curiosidad. Semejante, pongamos por caso, a la de Martí Perarnau cuando manifestaba su interés por conocer las fuentes que financiaban al Real Madrid y sus recientes fichajes de relumbrón por una parte y de insensato vértigo por otra.

La razón es muy simple: los medios deportivos de la ciudad de los condes han entrado literalmente a saco contra el Real Madrid y su presidente tras el acuerdo alcanzado con el ManU para el fichaje de CR7 (¿o será CR9 a partir de ahora?). No voy a repetir lo reseñado por ellos. Primero porque me niego a ensuciar estas páginas con inmundicias pseudoperiodísticas. Y segundo porque, como de costumbre, alguien muy bien documentado lo ha hecho con mayor detalle y exhaustividad de la que yo habría sido capaz. Se argumenta (es un decir) de todo: desde un pésimo ejemplo moral en los tiempos de crisis que corren, de inmoralidad, de chulería, de caprichos de nuevo rico... en definitiva: vitriolo cirrótico a borbotones, sazonado con una buena dosis de demagogia. Porque, sí: estoy de acuerdo en que el gasto es obsceno, y como tal lo he manifestado en estas páginas en voz alta y clara para quien lo ha querido leer y, de hecho, lo ha leído. Y es obsceno por dos motivos. El primero, porque ningún futbolista vale ese dinero; el segundo, porque se trata de una apuesta arriesgadísima que, en caso de torcerse (supongamos que por una lesión grave), supondría un lastre económico de una magnitud descomunal... si es que no desembocará en ello incluso sin mediar daños físicos al jugador.

Pero mis razones se acaban ahí, y sólo ahí. No entro, ni entraré, en consideraciones de tipo moral o ético contra Florentino Pérez y su equipo por ello. No creo que el fichaje, aún siendo obsceno por la cuantía desembolsada, tenga mucho que ver con la decencia. Si uno dispone de un capital, y decide invertirlo en lo que le dé la gana, allá cada cual. Otra cosa muy distinta es que, usando dicho capital, pagues 100 por una mercancía que vale 60. O que, por gastarte semejante suma de dinero, pongas en peligro tu economía y, de paso, la seguridad o integridad de tu hogar y tu familia. Por ejemplo.

En cambio, sí que cargaría el ariete del reproche ético y moral contra las entidades financieras que han facilitado al Real Madrid los fondos necesarios para la operación. Y lo hago así porque esas mismas entidades (Banco de Santander, Cajamadrid, La Caixa o quien sea) han eludido por milímetros una bancarrota segura de no haber recibido una generosísima inyección de liquidez en forma de dinero público. Del contribuyente. Suyo y mío, oiga. Me parece escasamente ético que no vacilen en financiar a un club de fútbol (el que sea) con una millonada mientras que, por otra parte, regatean o deniegan ayuda a los que la necesitan para fines mucho más urgentes y vitales. Otra cosa es que el club de fútbol decida hacer con la millonada lo que estime oportuno, ahí no puede existir reproches de indecencia, aunque sí de insensatez. Las demás valoraciones no son sino ejemplos de demagogia pura y dura, pues quienes claman por la solidaridad social no han dado ni un céntimo, que se sepa, para aliviar las penurias de los más necesitados. Y a la hora de criticar, ya se sabe que siempre hay que hacerlo predicando con el ejemplo. Lo contrario es gratis, pues cualquiera puede hacerlo.

Para finalizar, me haré en voz alta la misma pregunta: ¿qué hubiese sucedido de ser el F.C. Barcelona el autor de la salvajada? ¿Cómo habrían acogido los medios catalanes la noticia? ¿Habrían clamado por la solidaridad con los más desfavorecidos en tiempos del cólera (Perarnau dixit)? O por contra, como ya sucediera en el pasado, ¿habrían aplaudido cerradamente la operación? Naturalmente me decanto por lo segundo, no sin antes admitir, sin que me duelan prendas por ello, que entonces estaría Madrid en llamas.

Y es que, a mi juicio, con semejante torrente de despropósitos, los señores de la prensa culé han cometido un error de primerísima magnitud: ya pocos se acuerdan del recientísimo (y bien merecido) triplete. No es ya que el Real Madrid en pocas semanas les haya arrebatado el protagonismo mediático: es que ellos mismos, con su necia actitud, con su provinciana, paleta y victimista contumacia, han contribuido decisivamente a ello. Hubiera sido mucho más sencillo y bastante menos costoso ignorar la noticia del fichaje, o dedicarle una esquinita de la portada, tal y como han hecho cuando el Real Madrid ha ganado alguna Champions. Pero no. Podían, y con razón, haber sacado aún más pecho por sus logros futbolísticos, pues son algo real y tangible a lo que agarrarse, en tanto que lo más que el Real Madrid puede hacer son castillos en el aire, al menos de momento. Pero no. Podían haber hecho mucho más hincapié en los errores de florentinatos pretéritos, en el efecto devastador que estos fichajes pueden tener sobre los canteranos, en la posible desunión del vestuario, en la papeleta que supone deshacerse de los jugadores que ahora sobran en el conjunto merengue. Podían, en suma, haberse ceñido a lo estrictamente deportivo. Pero tampoco: tenían que sacar en portada a CR7 flirteando con Paris Hilton.

Pero con semejantes cabezotas puestos a vociferar, ¿qué puede esperarse de bueno?

Y a todas éstas: ¿Arde Barcelona? Me pregunto.

He dicho.

martes, 26 de mayo de 2009

Dos apuntes

El primero debe agradecérsele a un jugador azulgrana. Y tenía que ser uno de los capitanes, Xavi Hernández, quien con mucha diplomacia le atizara una merecida colleja a Gerard Piqué por su salida de tono durante las celebraciones del título liguero del Barça:

Salida de tono más suave, ciertamente, que los exabruptos del hemano Samuel Eto'o años atrás. Pero igualmente criticable porque, como muy acertadamente le apuntó el capitán, no es correcto acordarse de nadie durante las celebraciones. Los festejos son para disfrutarlos con tu gente y no para incordiar ni ofender porque, amigo Piqué: te tocará llorar. Si tienes un poco de entendimiento, sabes a ciencia cierta que llegarán los momentos amargos. Y muy probablemente llegarán de mano del odiado rival, ese mismo de quien has tenido la dudosa gentileza de acordarte en el Camp Nou. No te extrañe si el Bernabéu, puesto en pie, te dedica en exclusiva un coro similar al amparo de una buena goleada o quizás, peor aún, de un fallo garrafal tuyo que le cueste a tu equipo la victoria y quién sabe si algún título. La hinchada madridista tiene buena memoria, y los momentos de felicidad, como me he cansado de comentar en estas páginas, tienen fecha de caducidad. Déjate de hacer el imbécil, anda, y hazle caso a tu capitán, que en esto tiene más tablas y más señorío que tú un rato:

Y el segundo, en otro orden de cosas y retomando el asunto de las elecciones a la presidencia del Real Madrid, ¿por qué la prensa madrileña cuestiona (cuando no tritura) a los posibles opositores a FP? Finalmente, Eduardo García ha retirado la demanda que había interpuesto en un juzgado de Talavera, cuestionando la legalidad del preaval necesario para presentar una candidatura a la presidencia, tal y como recogen los estatutos del club. Con ello, Florentino se queda solo en la carrera hacia la presidencia y, así las cosas, no será necesario concurrir a las urnas, con lo que el mandamás de ACS podrá afrontar su nuevo mandato sin dilación.

Hasta aquí, bien. Bien porque el momento para cuestionar la legalidad de los estatutos del club es el más inoportuno posible, y haría bastante más daño que otra cosa, al obligar a retrasar o quién sabe si suspender los comicios, con todo lo que ello supone para el diseño de un nuevo proyecto deportivo por parte de quien sea, cara a la próxima temporada. Lo que ya no me parece tan bien es que Eduardo García, por el mero hecho de cuestionar lo que le parece injusto, sea calificado de friki por los medios de la capital. Eso por no comentar el auto de fe al que ha sido sometido Juan Onieva en su intento por presentarse. Desmesurada presión de los medios (José Ramón de la Morena no sabe hasta qué punto se ha cubierto a sí mismo de porquería) y retirada de su avalista principal con lo que su proyecto, que no tenía pinta del todo mala, se ha quedado en el limbo. Onieva, desde luego, no supo conducirse como vicepresidente y tesorero del club en los tiempos de Lorenzo Sanz, tal y como atestigua la astronómica deuda con que lastraron entre ambos (y otros) al club. Deuda que, por cierto, tuvo que ser saldada por FP a golpe de pelotazo inmobiliario, lo que otros muchos hicieron después para sanear sus maltrechas economías.

Onieva tampoco anduvo del todo fino en su presentación como candidato:

Pero de ahí a ridiculizarle como se ha hecho en la Sexta, y aquí queda el video retocado por Louis para demostrarlo, es otra bien distinta, sobre todo si viene de alguien cuyo deber primordial es informar. Los aderezos cargados de cinismo sobran. Claro que si el director de la cadena es el antiguo director de comunicación de FP (verbigracia, Antonio García Ferreras), la cosa queda mucho más clara. Y, de paso, también arroja alguna sombra sobre el propio Florentino. ¿De verdad era necesario llegar a esto? ¿Es que el socio madridista no puede nunca llegar a decidir por sí mismo? ¿Es que el proyecto de Onieva resultaba un estorbo para alguien? Por cierto, el diario MARCA también calificó de friki el proyecto de Onieva en su portada. Más curioso aún, infinitamente más, es para el abajo firmante que los medios del Principado (con alguna excepción muy aislada) se hayan hecho eco de estos asuntos. No obstante, vuelvo a lo mismo: en su caso, se agradece el descuido, el desdén, o lo que sea.

Repito, pues: ¿qué interés tiene la prensa afín al Real Madrid en (tal y como afirma Perarnau) laminar a cualquier posible oponente? Más inquietante aún, ¿está el propio FP o alguien de su equipo detrás de ello? Demasiadas sombras para lo que debería ser enteramente transparente, pues queriendo jugar a favor de Florentino, la prensa madrileña le está perjudicando. Cada vez más.

He dicho.


viernes, 22 de mayo de 2009

¿Qué está pasando aquí?

No puedo por menos que contemplar estupefacto cómo se las está manejando la prensa madrileña de cara a la elección del nuevo mandatario de la Casa Blanca. ¿Qué es esto? ¿De qué va esto? Mí no comprender. Niet. Nada en absoluto.

Florentino Pérez tan sólo ha hecho oficial su presentación como candidato a la presidencia del Real Madrid. Por lo demás, no ha dicho una sola palabra. Su más directo colaborador, Jorge Valdano, ha añadido que su proyecto será una superproducción, si uno tiene que creerse las portadas de la prensa, de las cuales un servidor se fía cada vez menos. Punto. Desde entonces, hemos tenido que padecer (y seguimos haciéndolo día a día) un continuo y demoledor torrente de especulaciones con el objetivo primordial de inyectar, al precio que sea, una buena dosis de ilusión en una masa de aficionados descontenta y acomplejada por la grandísima campaña que está realizando el máximo y odiado rival. Y ya puestos, con el objetivo encubierto de hacer negocio a costa de la avidez del aficionado madridista por conocer el futuro. Como Aramis Fuster, pero en papel, maribel. O, si se prefiere, el cuento de Fiascanieves amplificado ahora hasta la enésima potencia. Para el banquillo han sonado: Ancelotti antes, Wenger después, ahora Mourinho o Laudrup, pero también se menciona a Manuel Pellegrini o (el colmo) ¡Jorge Valdano! ¿Y jugadores? La repera: Ribéry, Xabi Alonso, Villa, Silva, Maicon, Clichy, y muchos más, amén de los de siempre: CR7 y Kaká, a quien se da casi por fichado. Y seguramente me dejaré alguno por el camino. Pero lo mismo da. Si esto es lo que hemos tenido que soportar hasta ahora, ¿qué nos queda? No me atrevo ni a pensarlo.

Da, simplemente, escalofríos la tremenda insensatez que supone una apuesta de este tipo, si FP la lleva a cabo finalmente. Confirmaría al Real Madrid como un club eminentemente comprador a golpe de talonario, y a la vez responsable de la continua ruptura del mercado futbolístico. Antecedentes: 1985 (fichaje simultáneo de tres estrellas de la época como Hugo Sánchez, Gordillo y Maceda) 1996 (se pagaron varios miles de millones de pesetar por arrebatar a Mijatovic al Valencia y acompañarle por Suker, Roberto Carlos, Seedorf, Panucci, Karembeu y otros), y 2000 en adelante: Figo, Zidane, Ronaldo y Beckham, acompañados de una pléyade de nombres menores, con un gasto conjunto estratosférico. En el resto del espacio futbolístico europeo, presidentes, managers y entrenadores tiemblan ante la posibilidad de que el empresario madrileño tiente a alguna de sus perlas, y se están apresurando a mimarles prometiéndoles el oro del moro (Premier League, o sea) o del Vaticano, el Pirata Morgan, o quien c... sea, con tal de que no cojan puerta. Y entre ellos, Jan Laporta ha tenido que ser, fiel a su estilo, el que más ha alzado la voz. El miedo es gratis.

¿Y qué pasa con esa cantera? ¿Qué demonios pasa con esos chicos que se verán privados de oportunidades ante la llegada de presuntos astros extranjeros? ¿Qué pasa con los Parejo, Bueno, Palanca, Szalay, Villafañe, Schorch, Gorka, Adán, Mosquera, ...? ¿Es que los mandatarios blancos no aprenden? ¿Es que no recuerdan que la última gran época dorada del madridismo tuvo como pilar básico a cuatro chicos del Castilla cuyos nombres son hoy leyenda? Granero, Mata, Negredo, Soldado, los hermanos Callejón, y otros muchos han tenido que hacer las maletas ante el negro futuro que les aguardaba de blanco (paradojas del color). Y algunos de ellos triunfan, como era de esperar, pues les sobran calidad y ganas.

¿Acaso no hay un espejo en el que mirarse? Lo hay, pero no uno, sino dos: uno bueno, precisamente el del odiado rival del Principado, que ha hecho de la cantera y su modo de entender el fútbol un santo y seña que hoy por hoy, aspira a la hegemonía balompédica mundial; y otro malo, en la ribera del Manzanares, a quienes ya dediqué un breve análisis en su momento. ¿Pretenden FP y su equipo convertir al Real Madrid en un mal remedo de los colchoneros? Mí no comprender. Nein. Frente a esta opción absolutamente disparatada, surge la de Juan Onieva, cuyo mayor obstáculo es Onieva mismo, pero que suena bastante más sensata: cantera y jugadores españoles. Claro que como este buen señor no dejó precisamente grato recuerdo como tesorero y vicepresidente de Lorenzo Sanz y como, peor aún, no goza del beneplácito de la prensa, la suya es una misión prácticamente imposible. Su receta, sin embargo, es mucho más atractiva, siempre que esté bien aderezada con los oportunos y necesarios refuerzos foráneos.

Lo que causa más estupor por todo esto es el doble papel que desempeñan algunos capitostes de la prensa de Madrid. Y me refiero esta vez a Alfredo Relaño, cuyas columnas parecerían escritas por alguien ajeno al mundo de la prensa, si no fuera porque uno sabe positivamente que su autor es, a la vez, director de un periódico cuya línea editorial está rendida a los pies de FP, seguramente porque la expectación que le acompaña resulta de todo punto más rentable. La de hoy no tiene desperdicio: Florentino se enfrenta a la impaciencia, dice el lumbrera. Claro que sí: la que generáis vosotros en vuestras páginas y en vuestros programas de radio. Impaciencia por saber si se concreta o no el fichaje de Kaká, impaciencia por saber qué harán CR7 y Ribéry el año que viene, impaciencia por empezar a construir el equipo de cuento de hadas que la prensa crea en la mente del desesperado aficionado merengue. En una palabra: FP se enfrenta a vosotros. Y como también afirmé en mi anterior post, no le vi tablas para hacerlo en su momento.

Y mientras tanto, un pedazo de entrenador como Juande Ramos, vegetando y sin saber cuál va a ser su futuro. Ayer tarde, el AS promovía una encuesta en línea entre sus lectores a propósito de sus preferencias para el banquillo: a eso de las 19:30 ganaba el manchego. De largo.

Sinceramente, ya empiezo a estar harto de que los señores de la prensa madrileña me tomen el pelo de este modo. No son los únicos especializados en ello, cierto. Pero es que ya dan de cara.

He dicho.

lunes, 4 de mayo de 2009

Fin del capítulo

Una vez más, y visto lo visto el sábado por la tarde, no queda más remedio que recoger velas, admitir que, hoy por hoy, no hay más color en la liga española que el que pone el FC Barcelona, y envainársela. Así de claro, y sin más. Lo sucedido en el Bernabéu pone las cosas en su sitio, y aunque en el fútbol todo es siempre posible, a día de hoy no hay lugar para dudas. El Barça de Guardiola ha resucitado las mejores vibraciones de otras versiones ganadoras del equipo culé. Así a bote pronto, y desde que tengo uso de razón, recuerdo las de Rinus Michels (Cruyff, Sotil, Marcial, Gallego, de la Cruz, Sadurní, Costas...), la de Terry Venables (Calderé, Rojo, Marcos, Carrasco, Migueli, Archibald, Schuster...), y la de Cruyff (Bakero, Stoichkov, Koeman, Laudrup, Ferrer, Guardiola...). Pero esta versión, indudablemente, las supera a todas. Si el Chelsea no encuentra una fórmula mágica para romper el engranaje azulgrana (y no creo ser insensato si afirmo que eso es muy poco probable), veremos el quinto triplete de la historia. Ni el Milán de Sacchi y sus holandeses, ni la más temible versión del Bayern de Munich, ni tampoco el Real Madrid, han llegado a algo semejante. Sí que lo han hecho antes Celtic de Glasgow, Ajax de Amsterdam, PSV Eindhoven y Manchester United, éste último en 1999, tras birlarle la final a los bávaros protopitecos de Kahn y compañía en los últimos dos minutos. Así que enhorabuena. Punto.

En cuanto al perdedor, no queda otra que levantarse y seguir adelante. El Barça de Guardiola tiene fecha de caducidad, al igual que todos los grandes equipos de fútbol que han sido y serán, tan sólo que no se sabe cuál. Esta situación pasará, antes o después, y el Real Madrid volverá a alzarse y obsequiará a sus fieles con nuevos triunfos, eso no lo dudo. Que el equipo actual no sirve para la alta competición, ha quedado más que demostrado. Quien dio el primer aviso fue la Juventus, en la primera fase de la Champions, cuando se deshizo sin problemas del Madrid, tanto en Delle Alpi como en el Bernabéu. El segundo toque de atención, bastante más serio por lo aparatoso, vino del Spanish Liverpool de Benítez y los suyos. Y éste, el tercero, ha sido sin duda el más severo. Espero también que sea el último, pues no me cabe duda de que la plantilla habrá quedado moralmente muy tocada después del histórico varapalo. Pero no se trata ahora de demoler al actual equipo. Ni mucho menos. Se trata de darle lo que le hace falta: una defensa firme y segura, jugadores capaces de abrir el juego por las bandas, y buenos organizadores-pasadores en medio campo. Por lo demás, está todo bien cubierto, pero de modo escandalosamente descompensado. Y, lo más difícil y lo más necesario será, indudablemente, construir un equipo de verdad con todo ello. Sin egos y con sentido común, aprovechando lo mejor de cada jugador. Dando paso a los Palanca, Szalay, Schorch, Bueno, y otros canteranos. En tanto que Raúl y otros ilustres veteranos deben ir ocupando banquillo o salir del equipo pues su ciclo, mejor o peor, toca ahora a su fin. No es país para viejos, si se me permite la frase. Y no por ardor, ni por falta de espíritu combativo. La biología dicta su ley, y es inexorable. Hasta Guardiola mismo sabe esto muy bien, pues no en vano también lo sufrió.

No he querido asomarme a la prensa del Principado, por miedo a un ataque de náusea. Ando un poco delicado de tripa. Pero por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a romper una lanza en favor de los energúmenos del nordeste. Tienen derecho al choteo, pero no a costa del Real Madrid, sino a costa de la prensa madrileña (As y Marca, o sea). Todas las referencias a cagómetros, canguelos y villaratos se han disuelto como lo que eran: un azucarillo, mucho más virtual que real. Algo que sólo ha podido servir para lo de siempre: hacer caja a costa de la crédula estupidez de los lectores que hayan hecho caso de semejantes camelos y memeces. Pero nada más. Y eso que Relaño, en su columna de hoy, sigue erre que erre con la misma monserga. Supongo que en esto de la prensa escrita es muy difícil admitir los errores, pues algo así equivaldría a reconocer que se ha tomado el pelo al lector. Que es, ni más ni menos, lo que sucede un día sí y otro también, en las dos principales orillas del proceloso océano futbolístico español. Pero allá cada cual.

En fin, recuerdo ahora uno de los leitmotifs que en su día me animaron a empezar esta andadura: las alegrías y las tristezas van por barrios, y nunca viven mucho tiempo en el mismo hogar. El camarero que hace un año tuvo que solicitar permiso para poder irse a descansar, harto de que le machacaran tras el paseíllo y el 4-1, hoy podrá sacar pecho y devolverle la pelota, en plena justicia, a los que le obligaron a dejar su puesto de trabajo... si es que tienen los santos bemoles de dejarse ver, claro.

He dicho.