Ni siquiera la muerte podrá separarnos ...

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lunes, 25 de abril de 2011

Cambio de registro

Si por algo se había distinguido hasta ahora el noi de Santpedor en sus ruedas de prensa era por encomiar al rival hasta el empalago y no comentar jamás aspectos relativos al trabajo de otros entrenadores (salvo para elogiarles también) o de los árbitros, con la única excepción de su rifirafe con Clos Gómez, a quien no vaciló en calificar de mentiroso, lo que le valió una multa de quince mil mortadelos. Dicho patrón de conducta, alabado por todos, le ha valido al entrenador del FC Barcelona un plus angelical y de representante genuino de las virtudes del buen catalán, construyendo a su alrededor una imagen de humildad, mesura, criterio y bondad que el propio Guardiola se ha encargado de gestionar con la máxima eficacia. Así, no es de extrañar que un escritor de renombre y al que (hasta ahora) admiraba y dedicaba simpatías como Juanjo Millás comparase a Guardiola con Dios y a Mourinho con Lucifer, ahí es nada. Pero claro, cuando vienen bien dadas todos somos amables, mostramos buena cara y, si somos inteligentes (y sin duda Pep lo es, y mucho) nos metemos en el bolsillo a cualquiera, hasta el más enconado de los rivales.

Ahora bien, todos absolutamente, unos más y otros menos, llevamos dentro al doctor Jeckyll y a Mr. Hyde. Esa es la gran genialidad de la inmortal obra de Stevenson. El último suele aflorar en momentos de tensión, rompiendo la cáscara de convencionalidad de la que todos nos rodeamos cuando sopla la bonanza, cosa que no sismpre ocurre en la vida. No quiere esto decir que sea nuestro auténtico yo, simplemente que es una bestia dormida, más o menos temible según cada cual, que todos llevamos dentro y que sacamos a relucir a poco que se presente la ocasión, de modo inconsciente.

Llegados a este punto, me pregunto cuál habrá sido el motivo del cambio de discurso del entrenador culé en la rueda de prensa posterior al choque frente a Osasuna y que su equipo resolvió en dos llegadas al área rival. No hay halagos al rival, aparece el tradicional victimismo blaugrana (¡fíjate tú, pitarle un orsay a Pedro por dos centímetros!), una más que desacostumbrada ironía y ¡pásmense ustedes!, críticas hacia la posible designación de un árbitro portugués para el siguiente choque contra los blancos. En otras palabras: uso indisimulado del Manual para las Ruedas de Prensa, edición de siempre. Y el chico bueno que se esfuma... o se coge unas vacaciones, quejándose abiertamente en su lugar Mr. Hyde de que ¡todo el mundo da por favorito al archirrival! cosa que (y eso lo sabe bien él mejor que nadie) es absolutamente falsa. Vivir para ver: no es ahora Clos Gómez quien miente. ¿Es inconsciente Guardiola de su cambio de rol y ha dejado que su bestia particular salga a flote? ¿U obedece su aparente despotrique a lo de siempre (tácticas de comunicación, o sea)? Hace ya tiempo que dejé de creer en el buenismo del entrenador blaugrana, y lo atribuyo a una mise-en-scene perfectamente calculada y ejecutada. Una máscara, un personaje. Convincente, desde luego, y más vendible que un póster de Marilyn Monroe en paños menores... pero nada más. Por eso mismo pienso que lo de ahora es sólo un cambio de estrategia y que su discurso de ahora sigue siendo tan falso como lo era el de antes: no me creo enteramente ni uno ni otro. Ya no.

Y por cierto: también sigo pensando que su equipo es archifavorito para pasar la eliminatoria y llevarse la Champions, y que está uno o más peldaños por encima del resto. Esa misma es la razón por la que el reciente triunfo blanco en la Copa del Rey tiene más valor: la inmensa categoría del rival. Pero de ahí a desbancar a los culés del papel de favorito, media un abismo.

He dicho.

jueves, 21 de abril de 2011

Brindo por ustedes, señores

Tal día como hoy, y haciendo buenas mis palabras de hace unos meses a raíz del batacazo del Camp Nou, quiero acordarme sobre todo de la gran familia del madridismo, de aquellos que simpatizamos con el club más laureado del planeta, con el equipo que ha escrito algunas de las páginas más imborrables en la historia de este deporte. Alzo mi copa por ellos y con ellos, por esa Copa que ellos han alzado, y brindo por el triunfo de esta noche, elevando mis plegarias de agradecimiento a la diosa Cibeles por sernos favorable en esta noche de 20 de abril, veintiún años después de la famosa carta que cantaran los Celtas Cortos en su tema homónimo, y dieciocho (ahí es nada) desde que el Real Madrid consiguió conquistar su última Copa de España.

A los simpatizantes e hinchas del Barça, entre los que se cuentan amigos y familiares, mi respetuoso silencio. Sin más. El Barça sigue siendo una máquina de fútbol, y sigue siendo favorito indiscutible para pasar a la final de Wembley y ganarla, no me obceca tanto la victoria como para no apreciarlo. Punto.

Pero eso sí: no quiero dejar pasar la oportunidad de restregarle por las narices lo que ha pasado esta noche a tres personas, muy, muy concretas. La primera al presidente del FC Barcelona, Sandro Rosell, quien no hace mucho se atrevía a pronosticar una nueva manita de su equipo al Madrid. Puede que esa manita sonría a los tuyos en los partidos que aún quedan, figura, pero esta te la tragas con perdigones, soplador de vidrio, para que así aprendas a morderte la lengua y respetar más a los rivales, especialmente al más significado. Porque puestos a pedir disculpas, que es lo que procedía, ni siquiera tuviste la valentía de dirigirte a los madridistas, como era tu deber, sino a quien pudiera sentirse ofendido. Dando lecciones de señorío, o sea.

La segunda, para el portero titular del Barça, Víctor Valdés, por su bromita en el programa de Andreu Buenafuente, acerca de si el Madrid les ganaba en tiempos de la televisión en blanco y negro. Pues mira, hoy te han ganado en color, con alta defincicón, y visto en TDT. No se puede pedir más tecnología puntera. Te digo lo mismo que a tu ilustre presi: ciertas cosas se pueden pensar, pero jamás decir en público. A ver si aprendes.

Y la tercera, para un ilustre tuerceplumas como Lluís Mascaró, director adjunto del diario Sport de Barcelona, quien tal día como ayer se atrevía a calificar esta final como el partido "del Bien contra el Mal", añadiendo después que una victoria del Madrid significaba el triunfo de la mentira, la crispación y la caverna mediática. Pues a ver si aprendes a escribir en las paredes de tu propia caverna, so neanderthal, y de paso evolucionas un poco hacia el Cromagnon, que ya te toca.

Por ellos tres, alzo especialmente mi copa, y brindo a su salud, para que no pierdan nunca más las buenas maneras.

Y para que no se diga que voy de negativo y de revanchista absoluto, voy a hacer mía una frase de una persona con la que habitualmente no coincido, pero mira tú por dónde, hoy sí: hablo de Josep María Casanovas, decidor de verdades y director de la caverna donde mora el Homo mascaronensis. Hago mía la frase de su columna previa al partido: las finales no se juegan, se ganan. Totalmente de acuerdo.

He dicho.

jueves, 7 de abril de 2011

Guardiolada II

Pues que no se baja del burro el noi. Después de que su equipo le endosara una manita a su rival, todavía tiene redaños como para aparecer en rueda de prensa post-partido y echar en cara a los periodistas que no creyeran sus valoraciones previas sobre el equipo de Lucescu. ¿Os ha gustado el Shakhtar? ¿Me creeis ahora?, preguntaba Guardiola. A mi modo de ver, es una poco sutil forma de insultar la inteligencia mental del auditorio. Personalmente, yo me sentiría ofendido por semejante tomadura de pelo, tan imposible de creer como que los pajaritos se quedan embarazados. O las pajaritas, que lo mismo me da.

Vale que los delanteros del equipo ucraniano perdonaron a la contra ocasiones claras de gol, y vale que, de los goles locales, ninguno fue logrado ni por Messi ni Pedro ni por Villa. Pero de ahí a justificar los funestos presagios de la víspera media un abismo. Cada vez son más las voces (fuera de la Ciutat Comtal, naturalmente) que se están mosqueando con la actitud guardiolesca de cantar en ópera, zarzuela o sardana las excelencias del rival sea quien sea, de modo que llega un momento en el que no es posible distinguirlos porque todos, desde el Ceuta al Madrid, juegan muy bien, son peligrosos, provocan malas sensaciones, y sepa Dios qué más. Si el de Santpedor quiere motivar a sus chicos, que haga lo que le dé la gana. Pero por favor, hombre: ¡que no somos gilip...s! Que una cosa es ser humilde y otra bien distinta pensar que quien te escucha no tiene ni dos dedos de frente.

Claro que, ya puestos, para frase lapidaria la que se marcó el entrenador rumano tras el partido: no ganaron ellos, hemos perdido nosotros. Con un par, el hombre. Otro que...

jueves, 10 de febrero de 2011

Ricchi e poveri

Como siempre, los chicos del Principado (y más concretamente los del diario Sport) están más dispuestos que nunca a robarle a otros (léase MARCA) el discutible honor de ser el peor periódico deportivo de este país. Cuando no les puede su fanatismo, su amarillismo o el -ismo que a ustedes se les ocurra, basta con recurrir a algo bien simple: el sesgo informativo. Se trata, en suma, de introducir una bien calculada desviación en la información que se publica, a fin de evitar que otros (y particularmente el peor enemigo de la Cosa Blaunostra) salga beneficiado en cualquier aspecto, por nimio que éste sea. Vaya por detrás (ya que no lo ha hecho por delante) que considero que la cosa blaunostra es el entorno mediático del Barça, la antítesis de eso que a ellos les gusta llamar la caverna mediática, y no el Barça mismo.

El nombre de Deloitte dice por lo general poco a los aficionados al fútbol. Se trata de una consultora que emite anualmente un informe clasificando a los 20 clubes de fútbol más ricos del mundo, tomando para ello como única vara de medir la cuantía de sus ingresos. Al mismo tiempo, naturalmente, analiza la realidad particular de cada caso. Puede ser un criterio discutible o no, ahí ni entro ni quiero entrar. Sin embargo, aquí va la noticia tal como la entiende la edición digital del Sport de hoy:


Supongo que ustedes, al igual que quien suscribe, pensarán al leer esta noticia que el orden de los factores altera el producto, de modo que si no indagan en ella sacarán (muy posiblemente) la conclusión de que el FC Barcelona es el club más rico (por ingresos) del mundo, seguido del Real Madrid. Pero basta con tomarse la molestia de hacerlo para darse cuenta de que el rotativo catalán omite hasta el último momento el curioso detalle de que es el Real Madrid, y no el Barça, quien lidera ese ránking. Concretamente, el club de Concha Espina es el único que rebasa el límite de los 400 millones de mortadelos, unos cuarenta millones más que el FC Barcelona. O sea, que el Madrid ha ingresado un 10% más que el Barça en el último ejercicio. Otros medios confirman este extremo sin tanta trapacería y mucho más directamente, como cabría esperar. Un par de detalles más: el Real Madrid lidera esta clasificación desde hace seis años (así que esto no es cosa de Florentino Pérez, al menos en exclusiva, como algunos podrían pensar), y el tercer club español en discordia es el Atlético de Madrid, que ocupa el puesto 17º con casi 125 milloncetes, que no está nada mal. Los demás, a distancia sideral. Tanta como se perfila en la competición liguera española de los últimos años.

Cuarenta millones. ¿Qué no darían en Can Barça por ese dinero, para así hacer realidad su sueño dorado de traerse a Cesc Fábregas? ¿Qué no darían por evitar la pesadilla que les supone imaginar que el Real Madrid podría hacerse con sus servicios? A punta de pistola, según parece:

De verdad: no son más patéticos porque no se entrenan para ello.

He dicho.


lunes, 6 de diciembre de 2010

El valor del Silencio

Han pasado siete días desde el Clásico contra el Barcelona. Y es ahora, una semana después del, para mí y otros tantos madridistas infausto partido del Camp Nou que vuelvo a asomarme al teclado. Del partido no tengo nada que comentar. El resultado final lo dice todo, así que no queda más que rendirse ante la evidencia y seguir peleando, luchando hasta el último aliento y el último minuto. Esa es la obligación de los jugadores, del cuadro técnico y de la directiva. Sin rendirse nunca, jamás. Han perdido una batalla. Estrepitosamente, sí. Pero la guerra sigue, y en varios frentes. Por lo pronto, la difícil victoria del pasado sábado ante el Valencia habrá servido, espero, para tomar un poco de aire, restañar las heridas aún sangrantes y recobrar algo de una moral que adivino barrida, aniquilada y destrozada.

Durante estos días de difícil trago, la mayoría de mis amigos (y familiares) culés o, en el mejor de los casos, antimadridistas furibundos ha sido la de guardar silencio. Lo aprecio y lo valoro, porque es justamente lo que deseaba. No ya sólo por el estado de ánimo, que también, sino porque estimo que es la justa correspondencia a mi política de siempre en casos deportivos: vive y deja vivir. Disfruta de lleno de las victorias de los tuyos con aquellos que comparten tus simpatías, y deja a los demás en paz. No me cabe duda de que algunas personas cercanas habrán disfrutado como niños viendo el recital de los chicos de Guardiola. Pero en lo que a mí respecta, ya fuese en presencia o en la distancia, si te he visto no me acuerdo. Gracias pues.

Otros, los menos, no. De un modo u otro me recordaron lo sucedido, con insistencia en algún caso. Bien, nada que objetar. Libres somos. Pero ante un estímulo así tenía varias salidas. Y al final, opté por la que me pareció mejor: negarles lo que me habían dado y regalarles lo que hubiese querido para mí, y que no era otra cosa que silencio, silencio absoluto. El mismo silencio que observaré escrupulosamente cuando las tornas se viren, siempre fiel a mí mismo. Una opinión que, por cierto, no es la primera vez que expreso en este mismo espacio, cuando la diosa Fortuna sonreía, no hace tanto, a mis colores.

Porque las tornas, con total certeza, cambiarán. No sé cuándo, ni cómo o por qué, pero lo harán porque siempre lo han hecho. Es ley de vida: los triunfos nunca son permanentes y el viento siempre cambia de dirección, ya sea por lesiones, defecciones, por la llegada de alguna oveja negra o la ambición incontrolada de algún jugador o (más corriente de ver) de su representante; por el hastío de los triunfos, por imprevisión o exceso de confianza, por la soberbia, por la mala gestión de los directivos (que le pregunten al Valencia) o, más simplemente, por el paso inexorable de la edad y la pérdida irreparable de ciertos jugadores, técnicos o directivos clave. O por cualquier otra circunstancia impredecible e imprevisible. Aníbal cruzó los Alpes en lo que parecía una empresa irrealizable, machacó a la caballería romana de Publio Cornelio Escipión padre en el río Tesino, destrozó a las legiones de Sempronio en Trebia, aniquiló al ejército consular de Flaminio en el lago Trasimeno y, finalmente, masacró cuatro ejércitos consulares al mando de los cónsules Emilio Paulo y Terencio Varrón en Cannas, en una auténtica orgía de sangre y muerte. Pero Aníbal se enfrentó a Publio Cornelio Escipión hijo en Zama, donde acabó siendo descalabrado, y ése fue el principio de su fin. Los suyos, los cartagineses, hicieron el resto. Como los mismos romanos con su general, por cierto. Guardiola y los suyos verán el día en que llegue su Zama particular. Su Escipión les aguarda. Sólo es cuestión de dónde y cuándo.

Y cuando llegue ese día, insisto, sólo habrá silencio por mi parte hacia las personas cercanas que profesen los colores blaugrana. El silencio, ese valioso, agradable y elocuente compañero de viaje. Guardaré mis palabras para los de siempre, para nada cercanos en lo personal, deportivo o geográfico. Y mientras tanto, paciencia y a recordar el viejo proverbio Klingon con el que Tarantino abriera hace años su inmortal epopeya Kill Bill. Hoy he roto el silencio. Porque he querido, por pura y simple voluntad.

He dicho.

miércoles, 14 de julio de 2010

Retorno a la majadería

Es triste, pero es absolutamente cierto: no pueden estarse quietos. Como los niños revoltosos que se portan bien mientras dura la atracción (llámese marionetas, circo, desfile o Playstation) que les mantiene con los sentidos ocupados y que luego, una vez terminada la diversión, tienen que volver a hacer lo único que saben: desinformar, colgarse medallas ficticias, enfrentar, sembrar cizaña, en definitiva: todo menos su auténtico trabajo. El de periodistas.

Porque los ecos del Mundial recientemente ganado por la Selección Española empiezan a apagarse, en aras del interés más inmediato, que es la vuelta a las competiciones domésticas. Y en ese terreno, ya se sabe, no hay amigos ni compañeros: sólo rivales. En el mejor de los casos, claro. Esto significa que gritos como leña al mono o tiro al blanco, hasta ahora en segundo plano, vuelven a llenar portadas. Es de sobra conocido que estamos en el período estival, y que no hay mucho de qué hablar, salvo de las consabidas serpientes, habladurías, rumores, noticias que no son tales, fichajes más o menos reales, etc. Hay que llenar las páginas de un periódico, desde luego, y si no hay con qué hacerlo, pues... habrá que inventárselo, recurriendo como siempre a las fuentes fidedignas de rigor.

No voy a hablar aquí de la campaña urdida desde los medios barceloneses para apropiarse del éxito del Mundial, algo que sólo un columnista (el de siempre: Martí Perarnau), se ha encargado de repartir a partes más o menos iguales, recordando que la gestión del equipo ha sido madridista (y añadiendo acertadísimamente: sin filias ni fobias), así como las paradas, tan importantes como los goles. Goles que, por cierto, ha logrado mayoritariamente un jugador, David Villa, que sí, que tiene contrato firmado con el FC Barcelona, pero que aún no ha jugado un solo minuto con la camiseta de su nuevo equipo y a quien los periódicos de Barcelona han negado su condición de valencianista, mantenida durante cinco temporadas y sólo interrumpida hace cosa de un mes y medio, porque sí. Me extrañaría que en Valencia no contemplasen algo semejante como una falta de respeto. Como mínimo. Por un momento los periódicos catalanes me han recordado a Sméagol nombrando a su tesssoro, acariciándolo y contemplándolo con mórbida adicción: es nuesssstro, lo queremossss, lo queremossss. Y no quiero olvidar que lo que ahora se llama Estilo Barça (antes tiqui-taca) fue aplicado a la Selección Española por un tal Luis Aragonés cuando el Barça estaba sumido en el más absoluto marasmo.

Ojo: no quiero de ninguna manera negar la mayor al FC Barcelona: es obvio que la Selección se apoya sobre sus jugadores, constituidos en pilares básicos de la misma, como tampoco que la Selección se ha beneficiado enormemente del poder defensivo de la dupla Piqué-Puyol y del juego asociativo desarrollado por Xavi, Iniesta y Busquets, como tampoco que eso mismo ha servido para desarbolar, uno tras otro, a todos los rivales que se han escudado detrás de sus respectivas Líneas Maginot o que han intentado emular a Leónidas y los suyos repartiendo estopa. Al contrario: bendito y alabado sea todo ello, por el fútbol español y por el FÚTBOL per se. Pero de ahí a adueñarse de un éxito que es colectivo, ninguneando todo aquello que no sea estrictamente blaugrana, media un abismo. En mi opinión.

¿Un ejemplo reciente de majadería? El artículo que hoy escribe Alejandro Alcázar para el Sport. Pásmense ustedes: a Florentino Pérez no le gusta Angel Di Maria (reciente fichaje merengue) porque no da el tipo mediático. Y añade que pagar veintidós millones de euros por él ha sido una auténtica barbaridad. ¿Qué pensará entonces este buen señor del fichaje de Chygrynsky por el Barça, petición expresa de Pep, al precio irrisorio de 25 millones de mortadelos?

Lo dicho: volvemos al día a día. País...

He dicho.

martes, 18 de mayo de 2010

Fin de la liga escocesa

Colorín colorado, este cuento se ha terminado. Y lo ha hecho de nuevo con el FC Barcelona campeón, logrando números de récord, superando a todos sus rivales, pero esta vez sin poder cantar el alirón hasta el último suspiro. El equipo de Guardiola ha tenido en este sentido un mérito tremendo, pues no lo tenía fácil para aguantar la presión de la necesidad de victoria, semana tras semana, acogotados por el máximo rival a sólo un punto de distancia. Así que felicitaciones a los culés, pues no queda otra sino reconocer lo que ha terminado por ocurrir, y aceptarlo sin más.

A la vista de los resultados, se me ocurren varias reflexiones. La primera y más evidente es la reedición de una entrada que ya escribí el año pasado, allá por abril, a propósito de una columna que Juanma Trueba, a su vez, escribía para el AS en vísperas del Clásico del Bernabéu que a la postre acabaría por decidir la liga y hundir a los blancos. En ella, el periodista del grupo PRISA afirmaba que la liga española había dejado de ser la más importante de Europa a la vista de la distancia entre los dos primeros clasificados y el resto. Y el abajo firmante suscribía sin reparos esta opinión. Lo sucedido este año no ha hecho sino confirmar este parecer, y ahí están los números para demostrarlo. Los dos primeros han sumado la friolera de 195 puntos y se han jugado el campeonato entre ellos, ganando 31 partidos de 38: escalofriante. Los demás, al fin y a la postre, no han pasado de ser meros comparsas, y han terminado por jugar otro campeonato distinto, muy alejado del triunfo liguero final.

Y ello aun cuando en algunos casos hayan hecho cifras excelentes. Por ejemplo, el Valencia ha firmado el tercer puesto con números de campeón: 71 puntos. nada menos. Allá por el año 2000, el Deportivo de La Coruña de Jabo Irureta se proclamó campeón de liga con 69 puntos, algo impensable hoy día. El Madrid de Capello y el Barça de Rijkaard empataban a 76 puntos hace sólo tres años. Todos estos logros, importantes en su momento, aparecen hoy como hazañas liliputienses ante las cifras de los dos grandes, que han ahondado más aún la distancia entre ellos y el resto. El margen de error para lograr el título liguero se ha tornado estrechísimo y cualquier error a lo largo de la temporada se ha pagado muy caro. Es el caso de las derrotas merengues en Sevilla y Bilbao, por ejemplo. Todo esto recuerda muy sospechosamente a la liga escocesa, donde los dos equipos de Glasgow (los católicos del Celtic y los protestantes del Rangers) se juegan año tras año la liga entre ellos, sin que el resto (Dundee United, Hibernians, Aberdeen y otros menos conocidos) tenga apenas nada que decir y mucho menos que objetar. Por cierto, este año la cosa ha caído de lado de los protestantes, a seis puntos de los máximos rivales y a veinticuatro del Dundee, tercer clasificado. ¿Les suena familiar?

Sin embargo las penurias económicas aprietan de lo lindo, y también a los equipos de fútbol. Así, el Valencia tendrá que desprenderse muy probablemente de sus dos davides. El Guaje (aunque ya no tanto) Villa tiene un pie en el Barça, mientras que Silva es objeto de deseo del Madrid, que busca reforzar el centro del campo cara a la próxima temporada. El Sevilla, cuarto en discordia del campeonato patrio (a más de treinta puntos de los dos de cabeza, atención) tendrá que deshacerse probablemente de algunos veteranos ilustres (pienso en Kanouté, por ejemplo), y seguir adelante con su fórmula de comprar bueno, bonito y barato. Getafe y Mallorca pueden darse por bien satisfechos: el primero ha construido una buena escuadra con descartes del Madrid (Miguel Torres, Parejo, Soldado, Adrián González y algún otro) y el gran Pedro León, bajo la batuta firme de Míchel. El segundo ha logrado puestos europeos a pesar de hallarse al borde de la quiebra (hasta el punto de que han ofrecido gratis a su delantero Aduriz a su club de origen, el Athletic de Bilbao, por no poder terminar de pagar su traspaso) de la mano de ese sabio llamado Gregorio Manzano y de jugadores como Julio Alvarez, Rubén González, Borja Valero (todos ex madridistas, por cierto), Pep Martí o Pierre Webó. Sólo el Sevilla está lo suficientemente saneado y es lo bastante solvente como para mantener el armazón de la plantilla de esta temporada. Los demás carecen de recursos para ello. Así, todo parece indicar que Borja Valero regresará muy a su pesar a la liga inglesa, porque el club balear no puede abonar la cuantía de su traspaso, y varios jugadores del Getafe también podrían cambiar de aires pronto.

Otros gallitos tradicionales de la liga española como el Atlético de Madrid y el Villareal han hecho un campeonato bastante discreto. Los primeros han salvado los muebles gracias a su reciente triunfo en la Europa League (antigua UEFA), y pueden hacerlo más aún si vencen al Sevilla en la próxima final copera. Además, tienen el honor de poder decir que son los únicos que han batido a los blaugranas en la liga. Pero así y todo, su tránsito liguero ha conocido más sombras que luces y durante una buena parte de la temporada coquetearon peligrosamente con la segunda división. Los segundos se quedan fuera de Europa por primera vez en bastante tiempo pese a tener una de las mejores plantillas del campeonato.

¿La mejor liga de Europa? En mi opinión, definitivamente no. Uno: la liga española se ha escotizado; dos: la crisis económica se ha cebado en aquellos que no supieron gestionar su tesorería en tiempos de bonanza; y tres: en general, ha castigado a aquellos que han tenido que negociar de modo conjunto la venta de sus derechos televisivos (osea, todos menos dos, y me imagino que ya se adivina quiénes son). Nada de esto es bueno ni presagia algo bueno. Todo lo contrario.

La segunda reflexión es para la tropelía que el Real Madrid está a punto de cometer con un gran entrenador: Manuel Pellegrini. Si ya el año pasado el sacrificado fue Juande Ramos, este año le toca al chileno, que según parece sufrirá en sus carnes las consecuencias de un pecado mortal: no haber ganado un título este año. Craso error. Sigo creyendo que el Real Madrid se está atletizando, que está copiando las peores maneras de sus vecinos del sur en los tiempos desbocados (cual imperioso galope) de un Jesús Gil (descanse en paz) que no dudaba en destituir entrenadores incluso en las pretemporadas. Si de verdad se quiere dar sentido a la palabra proyecto, esto pasa necesariamente por asumir con todas las consecuencias la posibilidad de que las cosas no salgan bien desde un principio. Si se cae en las garras de la urgencia, si se pierde el sentido de la realidad y se incurre en la neurosis futbolera con el único espejo de los logros del máximo rival, es muy poco probable que la empresa de Florentino pueda llegar a buen puerto.

Y no quiero olvidar que semejante ejercicio de esquizofrenia ha sido abanderado, de modo absolutamente abyecto y despreciable, por el diario MARCA, que hace un año concedía al chileno todo el crédito que ahora le niega para gran satisfacción del ego desmedido y la catetez futbolística de su director. Triste, triste de veras. Triste es la campaña en sí (tan digna del periódico como éste de aquélla) como más triste aún es que este medio sea el más leído de España. Esto ya es sencillamente pavoroso.

En fin. Un cuento que se acaba. Bien podría haberlo escrito Robert Louis Stevenson que, como ya habrán adivinado los más ilustrados, nació en el país de los pictos y escotos.

He dicho.

miércoles, 28 de abril de 2010

Fútbol es fútbol

El F.C. Barcelona ha cumplido hace apenas unos minutos la maldición de la Champions. Ya se sabe, ésa que dice que el campeón nunca repite. Así ha sido desde que la antigua Copa de Europa adoptó este nuevo formato, y ni siquiera el fútbol alegre, rápido, vistoso y avasallador del conjunto catalán ha podido deshacer el mal fario. Ohú, diría un calé. Mierda, dirá previsiblemente un culé. Y en estos momentos y desde estas líneas, quiero expresar mis condolencias a la familia de aficionados blaugranas. De verdad, sin cinismos ni medias tintas. Lo siento por ellos. Entiendo que ha sido un palo, a nadie le gusta caer eliminado en una competición como ésta, máxime cuando el premio era disputar la final en tu propio país, en España. Y en verdad era un premio apetecible. Pero el fútbol es así.
Mourinho le ha ganado tácticamente la partida a Guardiola. Ha planteado un partido de corte muy defensivo, sí, pero perfectamente ejecutado. Y se equivoca quien critique esta forma de jugar: tan lícito es plantear un partido a la defensiva con la opción del contraataque como quien lo hace desde el virtuosismo y la posesión. Fútbol es fútbol, decía Boskov. Y tanto vale uno como otro. El portugués ha aplicado el manual de cómo atenazar el tiqui-taca: dos líneas de presión, muy juntas, y dos puntas rápidos para sacar tajada de cualquier despiste de la zaga rival. Cuando el árbitro expulsó a Motta, las opciones del Inter se redujeron a sólo una: defender. Nada más. Y ha tenido éxito. Lo demás, han sido triquiñuelas para sacar al rival de quicio, para descentrarle, para romperle el ritmo. Mención aparte, entre col y col, para la triquiñuela teatrera de Busquets al provocar la expulsión del antiguo canterano del Barça, todo hay que decirlo. Pero así y todo le ha salido bien la cosa: sólo una baja para la final por tarjetas: precisamente la de Motta. Creo.
Vista desde la perspectiva del eliminado, la cosa adquiere otro cariz: que si no quisieron jugar, que si podemos irnos con la cabeza bien alta, que si no hemos sido nosotros mismos... Todo esto puede ser bien cierto. Lo es, de hecho, salvo por un pequeño detalle, comentado más arriba: el Inter no quiso jugar el partido que al Barça más le hubiese gustado. Jugó el suyo, y le salió bien. Y no todos los días se repiten milagros como el de Stamford Bridge, no todos los días hay un Iniesta que te sale al rescate cuando todo lo demás parece perdido. Y hoy no se vio al gigantesco Messi de otras noches, perfectamente secado por Cambiasso. Fútbol es fútbol, una vez más, y estas cosas pasan. Por lo demás, es verdad que han hecho de largo el mejor fútbol que se ha visto en la competición, sobre todo en la memorable eliminatoria frente al Arsenal. Y también es verdad que ese fútbol, que ha llegado a enamorar al mundo entero, brilló hoy por su ausencia: el Barcelona fue un equipo de balonmano, moviendo el balón de un extremo a otro sin apenas penetración e ideas para romper la bien ordenada defensa transalpina. El Barça del Arsenal hubiera hecho saltar esa defensa por los aires y habría barrido a su rival sin contemplaciones. El de hoy, no lo ha hecho. Una vez más, fútbol es fútbol.
Guardiola reaccionó, es verdad, quitando a un delantero referencia como Ibrahimovic y metiendo a más bajitos en el ajo (Jeffren y Bojan Krkic), con objeto de dar movilidad al ataque y así descolocar a la defensa rival. Sin embargo, mi paisano se quedó pegado a la banda donde no le pudo ganar a Maicon más que un balón, y el de Linyola se perdió entre Lucio y Walter Samuel, pese a haber desperdiciado una ocasión pintiparada para abrir el marcador. Pero repito: fútbol es fútbol, y la veleidosa Fortuna quiso que el balón se marchase fuera. En fin, al Barça sólo le resta la opción liguera en la que tiene fundadas opciones para repetir título, pese a tener al Madrid resoplándole en el pescuezo. Sin embargo, la experiencia de esta noche debería servir para recordarles a los azulgrana que no es necesariamente el que mejor juega quien termina por llevarse el gato al agua. Y que, mientras las matemáticas no digan lo contrario, la posibilidad de que la liga también se escape está ahí. Intacta.
Mis últimas palabras en esta entrada son para los adalides de la prensa culé: Casanovas, Vehils, Nolla, Carazo, Basté, Aguilar, Pérez de Rozas, Fonalleras, Mascaró, Frieros, Poquí, etcétera. Para aquellos que proclamaban anticipadamente que su equipo levantaría la Champions en el Bernabéu, relamiéndose ante lo que concebían como la máxima humillación al rival, más profunda aún que el 2-6 de hace un año. Tampoco quiero olvidarme de Caye, el viñestista del diario Sport, cuyo sentido del humor ciertamente no comparto en absoluto. Y mis palabras son sólo para mencionarlos, porque no voy a decirles nada. Sólo les dedico mi silencio, a cambio de todas las chuflas, befas y mofas que han hecho del Real Madrid cada vez que caía derrotado. Sólo mi silencio, verbal y mental. Nada más.
Porque aunque estuviesen leyendo esta entrada en los monitores de sus respectivos ordenadores no serían capaces de oír ni leer nada de cuanto yo dijese. Ninguna otra cosa que no fuesen sus propios discursos mentales, zumbándoles como un enjambre de moscas. Sin duda, es lo que deben estar escuchando, en éstéreo Dolby Surround, o como se diga. Así que es mejor estar callado y no decirles nada: ellos ya hablan consigo mismos. No me cabe la menor duda.
He dicho.

martes, 9 de marzo de 2010

Fuera de quicio

Llevamos apenas un par de días desde la jornada del fin de semana pasado, y las consecuencias no se han hecho esperar. Por un lado, la euforia desatada con el asalto al liderato y, por otro, el negro pesimismo derivado de la circunstancia opuesta, amén de no pocas estupideces de una parte y de la otra. Estupideces que, naturalmente, el común de los lectores consume de forma voraz al comprar su diario favorito.

La victoria madridista ante el Sevilla en el Bernabéu tiene varias lecturas. En ella, hay elementos que se han mantenido invariables con respecto a otras ocasiones, mientras que otros son sin duda novedosos. Entre los primeros: que se logró el triunfo de modo agónico y en el último suspiro, que Guti volvió motivado al campo desde el banquillo y dio un recital (se vistió de Doctor Gutiérrez, vamos) para que su equipo le hiciera un roto al Sevilla, y que el Madrid arrinconó y acongojó al rival, llevado por su afición y haciendo gala de su férrea convicción. Los elementos novedosos fueron que, en esta ocasión, la testiculina se mezcló con el buen juego durante buena parte del partido, que esta vez el Pipita Higuaín no sumó goles y que los jugadores, al final del partido, formaron una piña en el centro del campo, ante el delirio del público del Bernabéu. Este último hecho es mucho más importante de lo que parece a simple vista, pues podría significar a las claras que existe verdadero espíritu de equipo y no sólo una buena colección de individualidades. Como para hacer reflexionar a aquellos (el que suscribe incluido) que pensaban (pensábamos) que semejante colección de onerosos egos se descomprondría bajo su propio peso. El último detalle significativo es que, a diferencia de lo que sucedía el año pasado, esta vez nadie ha cuestionado la justicia de la victoria merengue, más allá de que si hubo falta previa en el gol de Van der Waart, o si el córner que precedió al gol de Sergio Ramos lo fue o no.

La inyección de moral ante el próximo compromiso de Champions es obvia, pero los periódicos capitalinos se están desmadrando, y no poco: que si ganaremos por 3-0, que si en el Bernabéu mandamos nosotros, y cosas por el estilo. Se olvida que el Madrid no podrá contar con Xabi Alonso como canalizador de su juego y que deberá confiarse una vez más a la motivación de Guti, lo que equivale a jugar a la ruleta rusa (si tiene un mal día, adiós), y también se olvida que el Madrid ya ha pinchado en el Bernabéu ante el Milán, aunque aquello suene hoy a pretérito. Todo ello, naturalmente, sin olvidar la motivación extra que las portadas altisonantes pueden suponer para los rivales, a coste cero.

Y como era previsible, en el Principado tampoco andan mancos precisamente. En un principio, algunos se quedaron en estado de shock, y valga como muestra la columna de Joan María Batlle del domingo pasado, en la que repite por dos veces la expresión a bote pronto, como si se le hubiesen embotado las neuronas, perdido como estaba entre síntomas de barra de bar (se ha perdido frescura y chispa, las causas pueden ser tácticas, físicas o incluso arbitrales, el Barça no está fino). Tan preciso como un bisturí eléctrico, o sea. Atrás quedan sus pontificados y cartas pastorales del año pasado (no teman, no se engañen). Parece más bien que precisa de auxilio espiritual. Hoy, Martí Perarnau analiza el estado de ánimo de unos y otros en función de la dualidad optimista/pesimista que caracteriza a las aficiones a ambos lados del puente aéreo. El Bene Gesserit Casanovas prefiere, por su parte, centrar su diagnóstico en la ineficacia goleadora de jugadores como Ibrahimovic y Henry. Y de nuevo Batlle, presuntamente más repuesto en relación al sábado por la noche, se centra en la dependencia excesiva del buen estado de forma de Gerard Piqué, sobre todo al compararle con Márquez o Chygrynskiy. Me ha sorprendido no haber leído nada de mi querido Pepelu. Pero es que por la tarde tiene charla digital con sus lectores, y eso requiere un esfuerzo y una preparación ciertamente extenuantes.

En el Mundo Deportivo, más de lo mismo: Santi Nolla (quizá el más lúcido hoy, que no ayer) hace hincapié sobre el bajo estado de forma de algunos jugadores azulgrana (Ibra, Touré y Henry) aunque esto suene a poner los nombres y apellidos que Johann Cruyff no quiso mencionar ayer en el Periódico de Catalunya. Y los demás, a lo suyo: diagnosticar y diagnosticar. Que si la defensa, que si el centro del campo, que si el ataque. Menos mal que a Víctor Valdés no se le cuestiona. De momento.

Pero sí que me ha llamado la atención, y mucho, la columna de Lluís Foix, ex director de la Vanguardia y colaborador habitual en MD, quejándose amargamente de la a su juicio vergonzosa hostilidad que se respira contra el Barça y de la que acusa a la prensa de Madrid. Afirma Foix que se ha llegado a atemorizar al cuerpo arbitral, que se pretende acabar con la paciencia de Guardiola, que se realiza desde algunos medios una persecución meticulosa de lo que hacen los jugadores azulgrana en el terreno de juego... etcétera. Supongo que se refiere también a los gritos de ¡Villarato, villarato! que el público de Almería dedicó a los suyos en algunas fases del partido. Pero la memoria, como siempre, es flaca cuando conviene. Y se olvida muy convenientemente el señor Foix de que durante décadas la prensa deportiva de su ciudad ha sido en extremo hostil hacia el Real Madrid y sus triunfos, fueran estos merecidos o no. Olvida el señor Foix las también vergonzosas portadas sobre la vida privada de Guti aparecidas en el medio para el que escribe que, por cierto, vuelve hoy mismo erre que erre contra el '14'. Y, para no extenderme demasiado, pasa también por alto las informaciones que hoy mismo publica MD sobre el supuesto pánico en Madrid ante la posibilidad de una eliminación en Champions, o las presuntas tretas del Real Madrid (atención: no de la prensa de Madrid) para desestabilizar al Barcelona y ganar jugando sucio. Esto, por supuesto, no es hostilidad sino información objetiva. Con semejantes argumentos, señor Foix, ¿cree usted de verdad que tiene la más mínima credibilidad? Yo no niego que exista hostilidad en Madrid hacia el Barça, pero usted y su entorno carecen de la fuerza moral necesaria para reprochar algo semejante: no están para dar lecciones de objetividad y concordia a nadie.

En resumen: que los unos harían bien en no abandonarse a la euforia y soltar las campanas al vuelo de modo prematuro, pues la piel del oso se cobra cuando éste está muerto, no antes. Y los otros, ¿por qué no sacan a relucir ese seny del que tanto presumen y se dejan del victimismo habitual? Todo está por decidir, para unos y para otros. De aquí a dos meses y medio, la solución a todos los enigmas.

He dicho.

jueves, 28 de enero de 2010

Te conozco, bacalao...

A algunos periodistas se les ve el plumero a poco que uno les lea o les escuche (o ambas cosas, si son del tipo 4x4). Nada extraordinario, después de todo: como ya comentaba ayer, la prensa española en general se caracteriza por su falta de objetividad y neutralidad, cuando no por una manifiesta catetez. Personalmente, no me importa que cualquier periodista mantenga y defienda a capa y espada sus puntos de vista, sean los que sean. Con el respeto al prójimo por delante, claro, y siendo ésta la única cortapisa válida de la libertad de expresión tras la que más de uno se esconde para decir lo que le viene en gana de quien le sale de las narices. Y para luego protestar airadamente, a veces, si un tribunal de justicia le pone en su sitio por cacarear más de la cuenta. Lo que ya no me parece de recibo (y es algo que hago extensivo a nuestra deleznable clase política) es que me tomen por tonto y/o me traten como tal. Eso sí que no. Aunque a veces el que suscribe, como cualquier otro hijo de vecino, haga o diga tonterías (Forrest Gump dixit).

Anoche, en el programa radiofónico deportivo de la cadena SER El Larguero, su titular efectivo (José Ramón de La Morena) entrevistó al futuro candidato a la presidencia del FC Barcelona, Alfons Godall, hasta ahora vicepresidente del club a las órdenes del ínclito Joan Laporta. No me desagradó del todo el tal Godall, con independencia de sus puntos de vista particulares y sin entrar a valorar asuntos como la famosa fundación a la que pertenecía el cuñado ultra de Jan, o los espionajes a miembros de la junta directiva culé. No me desagradó, digo, en su forma de lidiar frente a la alcachofa y al alcachofador de la cadena de PRISA. Sin perder los buenos modales, no se dejó avasallar y mantuvo su opinión a pesar de la actitud a veces hostil del periodista que, fiel a su estilo, encadenaba las preguntas sin dar tiempo a terminar las respuestas. Una táctica que juzgo desagradable porque me sienta a cuerno quemado que me interrumpan cuando soy yo el que habla. Pero quien acude al programa debe conocer las reglas no escritas de antemano. Y seguramente Godall las conocía bien.

Como no podía ser de otro modo, De la Morena entró a saco y sin disimulo a la cuestión política. Cree usted que Cataluña es una nación, cree usted que Cataluña debe tener su propia selección de fútbol y jugar un Mundial contra España, etc. Y se plantearon los paralelismos estúpidos de siempre, rincón de refugio acostumbrado de los nacionalistas catalanes, perfecto para justificar sus puntos de vista. Que si no es preciso que Catalunya sea independiente para tener selección propia, pues Escocia y País de Gales la tienen, o que, aun siendo un país independiente, podría jugar la liga española, como hace el Mónaco en la liga francesa. Esto respondió el delfín de Jan.

Y aquí entro yo, porque este es mi blog y opino en él sobre lo que me viene en gana. A ver, senyor Godall, y aquellos que comparten su visión del asunto: entérense de una vez. El fútbol es, en principio un invento inglés. Luego británico, pero inicialmente inglés. Pues su práctica por equipos se gestó, como la del rugby (otro invento inglés, por cierto) en los Colleges de la época victoriana. Una vez establecidas las reglas del mismo en forma muy parecida a la actual, se crearon las primeras selecciones nacionales que fueron, cómo no, las de las Home Nations británicas: Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda. A comienzos del pasado siglo XX nació el germen de la asociación internacional de fútbol. La archiconocida FIFA, vamos. ¿Adivinan quién fue uno de sus fundadores? Fíjate por dónde: España, quién lo diría. ¿Y adivinan quiénes se negaron a entrar en ese germen? Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda, porque preferían seguir compitiendo, a nivel de selección, tal y como lo habían venido haciendo hasta la fecha. Tiempo después, las asociaciones de fútbol de las naciones que componen el Reino Unido acabaron por ingresar en la FIFA, pero eso sí: manteniendo cada una su identidad, excepción hecha de la irlandesa, que tras la independencia de la República de Irlanda, se escindió en Ulster por un lado y Eire por otro. Lo que, por otra parte, no sucedió en rugby, para el que sólo hay una selección irlandesa.

Es decir, que la decisión de competir por separado fue en todo caso man-co-mu-na-da. Todos estaban de acuerdo sobre ese punto, y tenían la autoridad siquiera simbólica de poder exigirlo así como inventores del deporte en cuestión. Lo que Jan Laporta y sus secuaces (políticos unos, periodistas otros, futboleros algunos más) persiguen es que la escisión de Cataluña a nivel de selección sea unilateral, con la voluntad del poble català como única justificación. Y al resto, que le den. Pues vale, buen rollito: si esa es la norma, deberá cumplirse también ésa otra (aprobada a nivel FIFA, dicho sea de paso, incluyendo a los británicos) que establece que una selección debe tener detrás y representar a su propia liga. Osea, que si hay selección catalana, deberá haber liga catalana, separada de la española. Sea o no sea Cataluña un estado independiente. Claro que si lo fuese, tampoco habría problema en jugar en la liga española. Y ahí fue donde Godall se acogió a otro ejemplo espúreo: el Mónaco juega en la liga francesa y no pertenece al estado francés.

El Principado de Mónaco tiene 1.9 kilómetros cuadrados de superficie, siendo por tanto el estado más pequeño en extensión del mundo, tras la Ciudad del Vaticano. Así las cosas, una liga monegasca es inviable: ni tienen cabida los estadios de fútbol necesarios para ello, ni hay jugadores suficientes para armarla. Por esas razones, entre otras, el equipo de fútbol local (la AS Monaco) disputa la liga francesa. Podríamos pensar, sin embargo, que este equipo vendría a ser una especie de selección nacional monegasca. Nada más lejos de la realidad. En la actual plantilla del club no hay un solo jugador del principado de los Grimaldi. Ni uno solo. Y la mayoría, más de la tercera parte son, como cabría esperar, franceses. Por lo tanto, no juegue a los engaños una vez más, senyor Godall (algo extensivo a los voceros catalanistas): por muy monegasco que sea en origen el club, en la práctica, la AS Monaco es un equipo francés, pues está dirigido por franceses, financiado por franceses e integrado mayoritariamente por franceses. Eso sí: tiene sede en Mónaco, pero la representación del estado que le acoge y denomina es meramente simbólica. No sé si eso sería equiparable a equipos catalanes jugando como invitados en la liga española. Imagino que no.

Y claro, en el caso de una hipotética liga catalana segregada de la española, no hay que ser profeta para darse cuenta de que el gran perjudicado sería el FC Barcelona. Catalunya podría armar excelentes equipos de primer orden en waterpolo, hockey sobre patines o hierba, balonmano, baloncesto, fútbol y otros. Pero con una diferencia fundamental: mientras que para los primeros existe amplia representación de clubes catalanes de primerísimo nivel, no ocurre lo mismo con los segundos, especialmente con el fútbol, donde el predominio del Barça sobre el resto es abrumador. Conclusión: una liga catalana de fútbol se devaluaría estrepitosamente en cuestión de una década (una generación de futbolistas, más o menos) por pérdida de competitividad, y el FC Barcelona, privado de su implantación actual, más pronto o más tarde sería un segundo Ajax de Amsterdam. Llamado a hacer grandes cosas fuera de su país... muy de vez en cuando. Y cada vez más raramente. Eso sin contar, por supuesto, el daño que sufriría la formidable cantera del equipo, cuyos jugadores serían cada vez con más frecuencia artículos de exportación, pues su club original perdería capacidad económica para retenerles. El resto de la liga española sufriría también, claro, pero proporcionalmente mucho menos. Y con el tiempo el Sevilla, Atlético de Madrid o, cómo no, el Real Madrid (por no hablar de equipos italianos o ingleses) podrían hacerse con las perlas de la cantera catalana. Un panorama sin duda aterrador para los futboleros catalanistas (que no catalanes, ojo) de pata negra. El desastre. Como para pensárselo, creo yo, y admitir aquello de que no se puede tener todo en esta vida. O una cosa o la otra. Pretender las dos es tener el morro prognato de Carlos V. De caraduras.

Claro que De la Morena no se quedó atrás en cuanto a disparates. No bien hubo mencionado Godall la soplagaitez del Monaco, al locutor madrileño no se le ocurrió sino decir que Cataluña no es un principado. Con dos cojones. Y claro, a su interlocutor no le costó nada ponerle en su sitio (el de un ignorante puro y duro) de inmediato. Ignorante, no sólo por desconocer que Catalunya es en efecto un principado, sino por argüir que eso no sería motivo suficiente para incluir a los equipos catalanes en la liga española. Lamentablemente, no puedo reproducir aquí la entrevista, pero se puede escuchar en la fonoteca de la Cadena SER.

Es decir, que tanto a uno como a otro les cantaría yo aquella vieja canción que reza Te conozco bacalao, aunque vengas disfrazao. Al uno, por sus argumentos de patio de colegio sobre la cuestión de la selección catalana. Al otro, por su parcialísima manera de conducir una entrevista y por su demostrada ignorancia cateta.

He dicho.



lunes, 6 de julio de 2009

Tracas y más tracas

Desde que Florentino Pérez llegara a la presidencia del Real Madrid, hace cosa de un mes, la balanza mediática se ha desplazado desde Barcelona hasta la capital de España en lo que se tarda en chasquear los dedos. Chas. Así de sencillo, que no de barato, naturalmente. Primero fue Kaká, luego el shock CR7 (ahora CR9), más tarde la apuesta nacional por Raúl Albiol (menos mal que esta vez FP no ha tardado años en incorporar a un jugador español) y finalmente Karim Benzema, tanto tiempo pretendido por el FC Barcelona, si es que hemos de creer a pies juntillas a sus pasquines oficiales, claro. Esos mismos que ahora afirman, sin asomo alguno de rubor, que al lado de David Villa no es más que un segundón. Puede que lo sea. Igual que sucede con los demás fichajes, su rendimiento es toda una incógnita que sólo el tiempo y el devenir de los acontecimientos terminará por desvelar. Podrá triunfar, tal y como el madridismo espera y desea, o no (tal y como los acérrimos rivales sueñan). Pero no deja de llamar la atención lo de siempre: si algún jugador es señalado como posible fichaje azulgrana, los elogios suben hasta la órbita... de Plutón. Pero si, por esas cosas de la vida y de los mercados futboleros, el susodicho jugador se decide por el Real Madrid, enseguida viene el cuento de la zorra y las uvas. Uy, fíjate, si después de todo estaba verde, el chaval. Je, menudo fiasco los troncos de col éstos, fichar semejante zoquete. Y el viaje siguiendo la órbita de Plutón se convierte en una vuelta a la manzana... como mucho. En este caso, la comparativa no deja de ser aún más desconcertante (por inapropiada) cuanto que el asturiano no es aún jugador del FC Barcelona, mientras que el francoargelino sí ha sido fichado por el Real Madrid.

En la capital del Principado algunos se están poniendo nerviosos por la ausencia de caras nuevas en el equipo. A mi juicio, sin motivo alguno. Como bien señalaba hace poco Cesc Fábregas en rueda de prensa, el Barça tiene el equipo hecho y hoy por hoy, es el gran rival a batir no sólo en España, sino en Europa. Así pues, ¿por qué el Sport reclama fichajes ya? ¿Son realmente tan necesarios? De verdad, no lo creo, salvo quizás un recambio para Samuel Eto'o, de quien una vez más se quiere prescindir, acaso porque es la última oportunidad de obtener alguna ganancia por su traspaso (cumple contrato el año que viene y se iría gratis, aunque más que amortizado) y acaso porque en Can Barça siguen siendo conscientes de que el camerunés es una bomba de relojería andante, capaz de hacer saltar por los aires el vestuario más unido. Antecedentes hay. Con ese recambio, y un refuerzo en el lateral izquierdo (Sylvinho también ha dicho adiós, y Zhirkov ya no puede ser la alternativa, pues Abramovich se ha hecho con sus servicios para el Chelsea), deberían tener los deberes más que hechos.

Vuelvo a lo mismo: por muchas tracas que resuenen en el Bernabéu, la apuesta de FP es arriesgadísima en lo económico, pero también en lo deportivo. La plantilla blanca sigue teniendo tremendas carencias, entre ellas un jugador con criterio para manejar la batuta en el centro del campo y de surtir de balones a los atacantes de lujo recién adquiridos, así como un lateral izquierdo que sepa de verdad lo que es defender. Y lo más importante: conjuntar el grupo hasta convertirlo en un verdadero equipo, capaz de jugar armoniosamente sin que salgan a relucir los egos particulares, que cada cual asuma su rol como parte de un engranaje cuyo buen funcionamiento es mucho, muchísimo más importante que su lucimiento personal. El reto para Pellegrini es formidable, tanto más cuanto que la hinchada de la capital, exigente y resultadista como ninguna, bien podría trocar los vítores por silbidos si el buen funcionamiento no es inmediato. El gran desafío sigue aún ahí, intacto, sepultado por las ilusiones generadas por los fastos con que se han celebrado los nuevos fichajes. Y de momento, todavía persiste la oscura incógnita (¿saldrá bien?), cuyos antecedentes no mueven precisamente al optimismo.

Tanto que, más que desear que salga bien, un servidor ruega a todos sus dioses particulares por que no salga mal. Que parece lo mismo, pero en este caso no lo es. No exactamente.

He dicho.

jueves, 14 de mayo de 2009

De copas, países, e hijos de puta

El primero de los títulos a los que podía optar el Barça ya está en el bote. Y sería de cafres no reconocer la absoluta y estricta justicia del desenlace del encuentro. Ganó el que más y mejor jugó, un equipo que hoy por hoy es un auténtico rodillo que masacra cuanto se le pone por delante (sólo el Chelsea ha estado a punto de meter una cadena en el engranaje de precisión blaugrana). Hasta Touré, un jugador al que uno asocia con la idea de stopper poco dado a filigranas, se marcó un golazo como el sombrero de un picador, firmando una jugada que ya habria querido para sí Messi quien, de todos modos, también se sumó a la fiesta haciendo saltar por los aires el fortín rojiblanco. Lo de Bojan y Xavi no fue más que la puntilla para un toro que ya no podía dar más de sí: el otrora miura bilbaíno encontró ayer un matador a su medida.

Y eso que Caparrós no lo concibió mal del todo: presionar la salida de balón por los laterales azulgranas y forzar el pelotazo del portero, agobiar a los centrocampistas rivales e intentar sortear su línea de presión a base de balones largos, y sacar provecho de los balones aéreos y las jugadas a balón parado. Durante media hora le salió bien: sus hombres tomaron ventaja en la única jugada clara que tuvieron en la primera parte y parecía que el Barça naufragaba en sus intentonas de acometida ante Iraizoz. No obstante, la máquina de Guardiola comenzó a sacudirse paulatinamente la presión para hacerse con el control absoluto del partido. Y en éstas, aparecieron Touré y su zambombazo, que supusieron el principio del fin del sueño de los del Botxo. Messi, Bojan y Xavi sólo certificaron lo inevitable. Y así, don Juan Carlos, rey de España, entregó la Copa que lleva su nombre a quien la mereció. Quien hizo lo que tenía que hacer: jugar al fútbol y ganar. Punto.

Hasta aquí el análisis meramente futbolístico. Tan simple que hasta un crío de ocho años podría hacerlo sin dificultad (¡Que me traigan uno inmediatamente!, diría Groucho). Queda también, naturalmente, la otra parte, la que sucedió pese a los vergonzosos intentos de Televisión Española por ocultarla, y otros asuntillos que también estuvieron en el ajo y que no pienso dejar de comentar. Todo tiene su origen en la concepción absolutamente monstruosa que se hizo de este encuentro como un supuesto duelo deportivo entre dos países distintos, como si lo de Copa de España no fuese más que una mera entelequia. Por supuesto, el buenazo de Joan Laporta tuvo que abrir la bocaza para señalar que el Barça y el Athletic representan a una masa social muy importante en sus respectivos países. Es decir, una vez más el ínclito Jan tuvo a bien mezclar política y deporte, pues el significado de la palabra país, en la (insisto) bocaza de un reconocido independentista catalán como el presidente del FC Barcelona tiene un significado claro, preciso y para nada ambiguo. Por supuesto, sería de tontos ignorar que la frase del lumbrera tiene muchos y acérrimos seguidores, tanto en la capital del Principado como en las márgenes de la ría del Nervión.

Y claro, sucedió lo previsible: la entrada de los reyes al palco fue saludada con más abucheos y silbidos que aplausos. Estas muestras de desaprobación se extendieron al momento en que sonó el himno español, algo que la televisión pública de este país, para su bochorno y vergüenza, quiso ocultar primero para ofrecerlo en diferido después, atribuyéndolo torpemente a un error humano. El ínclito Jan también llamó al civismo, es cierto, pero pocos le hicieron caso. O tal vez sucedió que los borregos que siguen y corean sus soflamas políticas no entendieron bien lo que significa la palabra civismo. No fueron capaces de comprender, acaso porque su cociente intelectual no da mucho de sí, que ser cívico significa respetar a aquéllo y a aquéllos con los que no estás de acuerdo. Significa ser consciente de que, por mucho que te pese, en la final de la Copa de España y que en este país (osea, España, Catalunya y Euskadi incluidas) se llama Copa del Rey debe estar el Jefe del Estado. Que esta persona por su sola condición, merece ser respetada. Y que es elemental que en un evento así suene el himno nacional, como es de rigor siempre que el Jefe del Estado preside cualquier acto. Todo ello, insisto, debe ser motivo de respeto por poco que guste.

Simpatizo con el aficionado del Athletic que, en el momento del himno, se puso en pie y, muy serio, se llevó la mano al pecho. Y lo hago porque, en su lugar, yo habría hecho lo mismo, pues tengo muy a bien sentirme español, aunque a veces algo semejante sea más motivo de vergüenza pura y dura, ajena y propia, que de otra cosa. Sin estridencias ni aspavientos, como ya he señalado en algún momento, pero con firmeza. No sé si por ello soy tonto, si ser español es más una maldición bíblica que una ventura. Pero me da igual, lo asumo sin complejos, sin miedo a que se me llame facha, pepero, o sepa usted qué otro despropósito. Algo así sólo sirve para estimular las glándulas sudoríparas de cierta parte, muy noble por cierto, de mi anatomía.

Sí que tengo claro lo que resuena en mi mente al oír los despropósitos de Laporta y sus voceros (como el ilustre Lluís Mascaró), al contemplar atónito lo que hace la televisión pública para no mostrar el comportamiento indecente de una masa de individuos, supuestamente conciudadanos y compatriotas, hacia el rey de España, o al leer a Iñaki Anasagasti justificando los pitos invocando ¡los tiempos de Franco!¡Con un par, el calvorota! Y resuena ni más ni menos lo que, a voz en grito, expresó Diego Armando Maradona, el 8 de julio de 1990, en plena final de la Copa del Mundo, al oír los abucheos con que los tifosi italianos saludaban a su manera el himno argentino:

¡Hijos de puta! ¡Hijos de puta!



He dicho.

(P.D.: Por lo menos, el primer responsable en TVE ya ha pagado por lo hecho).

lunes, 4 de mayo de 2009

Fin del capítulo

Una vez más, y visto lo visto el sábado por la tarde, no queda más remedio que recoger velas, admitir que, hoy por hoy, no hay más color en la liga española que el que pone el FC Barcelona, y envainársela. Así de claro, y sin más. Lo sucedido en el Bernabéu pone las cosas en su sitio, y aunque en el fútbol todo es siempre posible, a día de hoy no hay lugar para dudas. El Barça de Guardiola ha resucitado las mejores vibraciones de otras versiones ganadoras del equipo culé. Así a bote pronto, y desde que tengo uso de razón, recuerdo las de Rinus Michels (Cruyff, Sotil, Marcial, Gallego, de la Cruz, Sadurní, Costas...), la de Terry Venables (Calderé, Rojo, Marcos, Carrasco, Migueli, Archibald, Schuster...), y la de Cruyff (Bakero, Stoichkov, Koeman, Laudrup, Ferrer, Guardiola...). Pero esta versión, indudablemente, las supera a todas. Si el Chelsea no encuentra una fórmula mágica para romper el engranaje azulgrana (y no creo ser insensato si afirmo que eso es muy poco probable), veremos el quinto triplete de la historia. Ni el Milán de Sacchi y sus holandeses, ni la más temible versión del Bayern de Munich, ni tampoco el Real Madrid, han llegado a algo semejante. Sí que lo han hecho antes Celtic de Glasgow, Ajax de Amsterdam, PSV Eindhoven y Manchester United, éste último en 1999, tras birlarle la final a los bávaros protopitecos de Kahn y compañía en los últimos dos minutos. Así que enhorabuena. Punto.

En cuanto al perdedor, no queda otra que levantarse y seguir adelante. El Barça de Guardiola tiene fecha de caducidad, al igual que todos los grandes equipos de fútbol que han sido y serán, tan sólo que no se sabe cuál. Esta situación pasará, antes o después, y el Real Madrid volverá a alzarse y obsequiará a sus fieles con nuevos triunfos, eso no lo dudo. Que el equipo actual no sirve para la alta competición, ha quedado más que demostrado. Quien dio el primer aviso fue la Juventus, en la primera fase de la Champions, cuando se deshizo sin problemas del Madrid, tanto en Delle Alpi como en el Bernabéu. El segundo toque de atención, bastante más serio por lo aparatoso, vino del Spanish Liverpool de Benítez y los suyos. Y éste, el tercero, ha sido sin duda el más severo. Espero también que sea el último, pues no me cabe duda de que la plantilla habrá quedado moralmente muy tocada después del histórico varapalo. Pero no se trata ahora de demoler al actual equipo. Ni mucho menos. Se trata de darle lo que le hace falta: una defensa firme y segura, jugadores capaces de abrir el juego por las bandas, y buenos organizadores-pasadores en medio campo. Por lo demás, está todo bien cubierto, pero de modo escandalosamente descompensado. Y, lo más difícil y lo más necesario será, indudablemente, construir un equipo de verdad con todo ello. Sin egos y con sentido común, aprovechando lo mejor de cada jugador. Dando paso a los Palanca, Szalay, Schorch, Bueno, y otros canteranos. En tanto que Raúl y otros ilustres veteranos deben ir ocupando banquillo o salir del equipo pues su ciclo, mejor o peor, toca ahora a su fin. No es país para viejos, si se me permite la frase. Y no por ardor, ni por falta de espíritu combativo. La biología dicta su ley, y es inexorable. Hasta Guardiola mismo sabe esto muy bien, pues no en vano también lo sufrió.

No he querido asomarme a la prensa del Principado, por miedo a un ataque de náusea. Ando un poco delicado de tripa. Pero por una vez, y sin que sirva de precedente, voy a romper una lanza en favor de los energúmenos del nordeste. Tienen derecho al choteo, pero no a costa del Real Madrid, sino a costa de la prensa madrileña (As y Marca, o sea). Todas las referencias a cagómetros, canguelos y villaratos se han disuelto como lo que eran: un azucarillo, mucho más virtual que real. Algo que sólo ha podido servir para lo de siempre: hacer caja a costa de la crédula estupidez de los lectores que hayan hecho caso de semejantes camelos y memeces. Pero nada más. Y eso que Relaño, en su columna de hoy, sigue erre que erre con la misma monserga. Supongo que en esto de la prensa escrita es muy difícil admitir los errores, pues algo así equivaldría a reconocer que se ha tomado el pelo al lector. Que es, ni más ni menos, lo que sucede un día sí y otro también, en las dos principales orillas del proceloso océano futbolístico español. Pero allá cada cual.

En fin, recuerdo ahora uno de los leitmotifs que en su día me animaron a empezar esta andadura: las alegrías y las tristezas van por barrios, y nunca viven mucho tiempo en el mismo hogar. El camarero que hace un año tuvo que solicitar permiso para poder irse a descansar, harto de que le machacaran tras el paseíllo y el 4-1, hoy podrá sacar pecho y devolverle la pelota, en plena justicia, a los que le obligaron a dejar su puesto de trabajo... si es que tienen los santos bemoles de dejarse ver, claro.

He dicho.

viernes, 17 de abril de 2009

Esas odiosas comparaciones ...

1.- Alfredo Relaño, director del AS, tal día como hoy, en su columna de opinión:

"El Manchester United y el Barça están en trayectoria de colisión. Dominan sus campeonatos de Liga, aspiran a la Copa en sus países, y la Champions les ha encaminado por vías separadas hacia una final que, en el fondo, es la que toda Europa prefiere. Son los dos equipos con más luz del momento, dicho sea sin desprecio al Chelsea ni al Arsenal. Cualquiera de los dos puede hacer un triplete tremendo, con Liga, Copa y Champions, pero se enfrentan ahora al tramo más duro de la temporada. No han acumulado en sus respectivas ligas las ventajas que necesitarían para ir con tranquilidad por los otros dos títulos. Algo más les une: disfrutan de los dos grandes jugadores del momento, Cristiano y Messi. Ambos se juegan también la supremacía. Cristiano fue el Balón de Oro y el FIFA Player; Messi se quedó en el segundo escalón en ambas elecciones.

Messi sufrió el año pasado una mala temporada y la ausencia de Mundial, lo que le restó exposición. Cristiano gozó de un buen Manchester (ganó la Champions) y aunque en la Eurocopa no anduvo muy allá, eso le bastó. Cristiano y Messi son, de aquí a junio, la otra cara de esa pelea por la supremacía del fútbol: un duelo individual entre dos genios del fútbol. Son los dos que hay. El tercero, Kaká, queda algo más lejos. Por eso sería crucial que el Madrid se hiciera finalmente con Cristiano, cosa que todos entendemos que está a punto. Frente a la amenaza creciente de la Premier, España necesita recuperar un protagonismo perdido. Un Madrid de nuevo fuerte, el traslado a nuestro fútbol de ese duelo Cristiano-Messi que ahora presentimos para la final de Champions, rehabilitaría nuestro campeonato. Y mientras eso llega, bien está mirar con simpatía y hasta devoción, colores aparte, el fenomenal desempeño del Barça, que se bate en solitario contra la escuadra inglesa."

El énfasis es cosa del abajo firmante.

2.- José Luis Carazo, subdirector del SPORT, tal día como hoy, en su columna de opinión:

"Eramos pocos y parió la abuela. Permítanme que me ría: ja, ja, ja, ja. Los fantasmas (por los del color blanco) o los que están ahí abajo, a seis puntos del líder, no paran de decir chorradas en la prensa de la capital de España. “Aún podemos festejar un título. El Barça no es invencible”, anunciaba recientemente a bombo y platillo Pepe, el mismo que 24 horas antes puso a caer de un burro a Bernd Schuster. Y lo peor de todo es que se creen lo que dicen. El que subscribe entendería que con su verborrea trataran de desestabilizar al Barça de Guardiola, de presionarles, de ponerles nerviosos, pero lo que no entienden es que sus palabras caen en saco roto y, lo que es peor, es como si estuvieran predicando en el desierto. Permítanme que me siga riendo: ja, ja, ja, ja, aun a sabiendas de que quien ríe el último ríe mejor como puede llegar a pensar todo el madridismo, que, a falta de ocho jornadas, sigue soñando que la ‘máquina azulgrana’ acabará hincando la rodilla a final de temporada. Nunca más lejos de la realidad. El Barça física y mentalmente está preparado para la conquista de los tres títulos: Liga, Champions y Copa del Rey. Sólo hay que ir paso a paso y tener fe en lo que se les viene encima (no hay que olvidar que la fe mueve montañas). No será fácil el triplete, pero de lo que estoy seguro es de que la Liga tendrá color blaugrana, por más que el Madrid se empeñe en hacerles la puñeta o intente sacarles de sus casillas... Estoy convencido incluso de que el Barça de Pep ganará en el Bernabéu (me he jugado ya ocho comidas). Luego vendrá la Copa y, posteriormente, la Champions. Tiempo al tiempo."

El énfasis, bueno, los énfasis, también son cosa mía.

Y ahora viene la pregunta del millón: ¿quién de los dos resulta ser, a tenor de lo que escriben, candidato más firme para ser encerrado en un psiquiátrico, a perpetuidad?

Se admiten apuestas.

He dicho.

lunes, 2 de marzo de 2009

La culpa fue de las defensas

Parece ser que cada vez que me molesto en exponer una opinión, la realidad siempre terca y veleidosa del fútbol (ese lema boskoviano fútbol es fútbol) se empeña en contradecirme. Claro que dadas las circunstancias no puedo ni debo lamentarme por ello: me encanta quedar, de momento, en mal lugar. Si hace un par de semanas argumentaba en contra de una posible remontada, ahora fíjate por dónde, todos coinciden en lo mismo: hay liga. Los unos, en Madrid, con euforia desatada no exenta de cierta chulería. Los otros, en Barcelona, a regañadientes y mascullando por lo bajini. Pero esta vez no voy a ocuparme de la prensa, al menos no en esta entrada. Sí que voy a hablar un poco más de fútbol, puro y duro, aunque para introducir el asunto recurra, una vez más, al papel sin grapas.

En estos días, los periodistas intentan hallar, cual Santo Grial, las razones objetivas que explican el desinfle aparente del FC Barcelona, así como la remontada en progreso, aún inconclusa, de los merengues. Las unas inconsistentes, como las de Mascaró, que sabe tanto de fútbol como de horchata de chufas. Otras, como las de Joan J. Pallás, peregrinas y cinegéticas (y, añado, trufadillas de ordinariez), pues tienden a reducir los males del Barça a una supuesta persecución a Leo Messi en el campo (a base de joderle y de hostias) lo cual, a fuerza de simple, raya en lo simplón. El decidor de verdades (verbigracia Casanovas) es un poco más preciso, a su manera, o sea, pues admite que cuando la defensa falla, Guardiola tiene un problema. Se le olvidó decir, al lumbrera, que en tales circunstancias cualquier entrenador tiene un serio problema, pero el director del Sport tiene a su vez un serio problema con las obviedades: no sabe cómo emplearlas ni cómo distinguirlas, aunque invariablemente recurre a ellas. Entre tanto, en Madrid, entre cagómetros y canguelos, también se quedan en lo meramente superficial como Tomás Guasch (lo típico: se pierde frescura, rapidez, y tal y tal), o aluden vagamente a la hipnosis producida por los triunfos y los halagos, que hacen olvidar el miedo, según argumenta Fabián Ortiz. En resumen: bastante poco de útil, o de esclarecedor.

Yo digo:

Al examinar el tramo más reciente (desde diciembre hasta ahora) se observa que los problemas en defensa del Barça no son de ahora. El 15 de diciembre, después de la victoria sobre el Real Madrid en el estreno de Juande con los blancos, el Barça acumulaba ya un saco de goles a su favor (45), por tan sólo diez en contra. En cambio, los merengues estaban en una proporción de casi uno a uno (33 a favor, 26 en contra). Desde ese choque hasta el presente, los números cantan. El Barcelona ha marcado 28 tantos, pero ha recibido 14 a cambio, más de la mitad de ellos en las últimas tres jornadas. El Real Madrid, en ese mismo lapso, ha convertido 24 dianas... a cambio de sólo dos. La cosa es tanto más llamativa cuanto que, por esos caprichos del calendario futbolero, el Real Madrid coge a los equipos que suelta el Barça, por lo que los números son casi plenamente comparables, al jugar uno y otro frente a los mismos rivales. Consecuencias: el Madrid, con poco juego y menos goles, obtiene resultados muy favorables mientras que el Barça debe redoblar esfuerzos para sacar algunos partidos adelante. Hasta hace cosa de dos semanas, lo venía haciendo con la contundencia de un martillo pilón. Pero ya no. Desde enero, ha tenido que remontar marcadores adversos ante Mallorca, Osasuna, Rácing, Betis y Español. En los tres primeros casos, la cosa se saldó con victoria. En el cuarto, con un empate. Pero en el quinto, la remontada ya no tuvo lugar.

Y es que tener que remontar, invariablemente, desgasta. Que se lo digan si no al Real Madrid que, igual que el Barcelona, vivió de remontadas durante el primer tramo liguero. En cambio, mantener tu puerta a cero te da muchísima más comodidad y no te obliga a redoblar esfuerzos. Es el rival quien debe correr y cansarse. Pero si resulta que tu defensa está bien plantada, cierra los huecos, presiona al rival, y tu portero resuelve lo que los demás no pueden, sacas los partidos adelante sin tantas complicaciones. No hay brillantez, de acuerdo, pero la efectividad es absoluta. Y, en términos de puntos, vale lo mismo un 5-0 merecedor de pífanos, timbales y arpas, que un 2-3 a la heroica y Messi de por medio, o un 1-0 a la italiana. Exactamente tres puntos.

Pero vamos a más: ayer, en el Calderón, se produjeron algunas circunstancias únicas. En primer lugar, el Barcelona encajó cuatro goles, lo cual no tenía precedentes en el campeonato. Secundariamente, que desaprovechó sendas ventajas en el marcador, cosa asimismo inédita. Y la tercera es que su máquina de marcar goles fue insuficiente. Víctor Valdés, hasta hace poco virtual ganador del Zamora, ya no es el portero menos goleado de España, y sólo cuatro tantos le separan de Iker Casillas. Para colmo de males, al chaval le están lloviendo palos en el preciso momento en que se negocia su renovación. Márquez y Puyol empiezan a ser cuestionados, a resultas de sus fallos de ayer, que el Kun Agüero aprovechó con letal precisión. Hace casi cinco meses, tras el vapuleo sufrido por el Atlético en el Camp Nou, Martí Perarnau (uno de los tres periodistas deportivos a los que considero plenamente dignos de ese nombre), describió lo sucedido como La Tormenta Perfecta. Ayer, también lo fue. Pero al revés.

Y el panorama es más sombrío para los blaugranas, por razones varias. Luchar en tres frentes a la vez también desgasta más que hacerlo en dos (y, por lo que parece, en breve puede ser sólo uno, y me refiero al Madrid). Si se dejan de lado las rotaciones continuas que tan buenos resultados dieron al principio (¿qué fue de Víctor Sánchez, Martín Cáceres, Jeffrén, Hleb, Pedrito, Bojan...?), también desgastas poco a poco a tus pilares básicos (Alves, Messi, Xavi). Si encima te castigan las lesiones (Iniesta), la cosa pinta un poco peor. Y si resulta que una pieza clave y poco valorada como Abidal también se queda en el dique seco, peor aún.

¿Por qué?

Visto lo visto, se diría que Guardiola no confía del todo en Sylvinho para el lateral zurdo, pues ha preferido sacar a Puyol del centro de la defensa (como en Lyon) para cubrir la banda. Pero el de La Pobla de Segur se defiende mucho mejor en el centro, y cubre más por anticipación y colocación (muy buenas ambas, cierto), que por velocidad. Además, no es tan buen subidor al ataque como el galo de ébano. Ayer mismo, y vista la inoperancia del brasileño, Guardiola decidió sacar a Martín Cáceres para cubrir el lateral... en vano. Y Puyol, simplemente, no tuvo su día. Alves vio tarjeta amarilla, y si nadie lo arregla, ello supone que la defensa frente al Athletic de Bilbao será de circunstancias. Caparrós ya habrá tomado buena nota de ello.

En el Madrid, la situación hasta ahora a pintado mucho mejor: en manos de Juande, Heinze, Cannavaro, Pepe y Ramos han vuelto a demostrar que componen un excelente cuarteto defensivo, bien secundados por ese portento físico que se llama Lass Diarrá, un barrendero de lujo y un acierto de fichaje, que tanto me recuerda al mejor Makelele. El Madrid pierde al luso para el derby del próximo fin de semana por tarjetas. Juande puede resolver la papeleta de varias maneras: con Ramos en el centro y Salgado o Torres en el lateral diestro, o bien mantener al sevillano en el lateral y emplear a Metzelder como compañero de baile del napolitano. Dadas las características de la delantera rival (dos hombres muy móviles y peligrosos en el área), entiendo como más probable la primera. Pero ya se verá.

En cualquier caso, y honestamente, creo que la clave fundamental de la remontada (aún en progreso, insisto) del Real Madrid y del bache del Barça tienen mucho que ver con la ubicación, construcción, desgaste y eficacia de las respectivas defensas, mucho más que con el mejor o peor momento de los ataques, pues ambos equipos tienen muchas opciones para resolver adelante.

Pero no tantas detrás.

He dicho.