Ni siquiera la muerte podrá separarnos ...

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jueves, 26 de mayo de 2011

Adiós, Valdano, adiós

Que Jorge Valdano y Jose Mourinho no estaban hechos el uno para el otro, salta a la vista. Así que lo sucedido ayer en la Casa Blanca no debería ser motivo de alarma ni de escándalo para nadie. Puestos a elegir, sobraba el que se ha ido. Y sobraba por varias razones: no tiene sentido un director general cuando el entrenador, con la aquiescencia del presidente, se ha convertido además en portavoz (aunque haya optado por la ley del silencio desde la eliminatoria de Champions contra el Barça) y tenga la primera y última palabra sobre fichajes. Además, conviene recordar el pulso mantenido en invierno a propósito de la llegada de un nuevo delantero. Llegó Adebayor, ganó Mourinho, emergió Benzema y empezó a hundirse Valdano. Lo de ayer no es sino el colofón de la historia.

La idea, que conste, me parece bien. Se apela desde la presidencia al modelo inglés en el que el entrenador es también manager del equipo. Ha habido antecedentes de mal funcionamiento en el Madrid a ese respecto. Por ejemplo, Pellegrini hubiera querido mantener a Snejder y Robben en el equipo, pero la dirección general y la presidencia optaron por otra cosa. Un entrenador ninguneado por la directiva pinta muy poco. Pero Mou no es el ingeniero, ni para lo bueno ni para lo malo, y no iba a consentir otra cosa que no fuese su propio criterio. Ególatra para unos, responsable para otros, que cada cual piense lo que quiera y como quiera.

Lo cierto es que la cuestión de las decisiones deportivas en manos del entrenador no son exclusivas e los clubes ingleses. ¿O es que alguien duda siquiera por un momento que en Can Barça el santurrón Guardiola es el puto amo? Zubizarreta y Rosell, de fijo, estarán a lo que él diga, y las decisiones serán suyas. Sin chistar ni decir esta boca es mía. Y es así porque el Noi de Santpedor es garantía de éxito.

Del mismo modo, la tumba de Valdano quedó lista para acoger al argentino cuando CR7 se la metió doblada y por la escuadra a Pinto en la final de la Copa. Ni más ni menos. Fin de la partida para Valdano, con todo y después de todo un caballero. Mucha suerte, Jorge.

He dicho.

lunes, 25 de abril de 2011

Cambio de registro

Si por algo se había distinguido hasta ahora el noi de Santpedor en sus ruedas de prensa era por encomiar al rival hasta el empalago y no comentar jamás aspectos relativos al trabajo de otros entrenadores (salvo para elogiarles también) o de los árbitros, con la única excepción de su rifirafe con Clos Gómez, a quien no vaciló en calificar de mentiroso, lo que le valió una multa de quince mil mortadelos. Dicho patrón de conducta, alabado por todos, le ha valido al entrenador del FC Barcelona un plus angelical y de representante genuino de las virtudes del buen catalán, construyendo a su alrededor una imagen de humildad, mesura, criterio y bondad que el propio Guardiola se ha encargado de gestionar con la máxima eficacia. Así, no es de extrañar que un escritor de renombre y al que (hasta ahora) admiraba y dedicaba simpatías como Juanjo Millás comparase a Guardiola con Dios y a Mourinho con Lucifer, ahí es nada. Pero claro, cuando vienen bien dadas todos somos amables, mostramos buena cara y, si somos inteligentes (y sin duda Pep lo es, y mucho) nos metemos en el bolsillo a cualquiera, hasta el más enconado de los rivales.

Ahora bien, todos absolutamente, unos más y otros menos, llevamos dentro al doctor Jeckyll y a Mr. Hyde. Esa es la gran genialidad de la inmortal obra de Stevenson. El último suele aflorar en momentos de tensión, rompiendo la cáscara de convencionalidad de la que todos nos rodeamos cuando sopla la bonanza, cosa que no sismpre ocurre en la vida. No quiere esto decir que sea nuestro auténtico yo, simplemente que es una bestia dormida, más o menos temible según cada cual, que todos llevamos dentro y que sacamos a relucir a poco que se presente la ocasión, de modo inconsciente.

Llegados a este punto, me pregunto cuál habrá sido el motivo del cambio de discurso del entrenador culé en la rueda de prensa posterior al choque frente a Osasuna y que su equipo resolvió en dos llegadas al área rival. No hay halagos al rival, aparece el tradicional victimismo blaugrana (¡fíjate tú, pitarle un orsay a Pedro por dos centímetros!), una más que desacostumbrada ironía y ¡pásmense ustedes!, críticas hacia la posible designación de un árbitro portugués para el siguiente choque contra los blancos. En otras palabras: uso indisimulado del Manual para las Ruedas de Prensa, edición de siempre. Y el chico bueno que se esfuma... o se coge unas vacaciones, quejándose abiertamente en su lugar Mr. Hyde de que ¡todo el mundo da por favorito al archirrival! cosa que (y eso lo sabe bien él mejor que nadie) es absolutamente falsa. Vivir para ver: no es ahora Clos Gómez quien miente. ¿Es inconsciente Guardiola de su cambio de rol y ha dejado que su bestia particular salga a flote? ¿U obedece su aparente despotrique a lo de siempre (tácticas de comunicación, o sea)? Hace ya tiempo que dejé de creer en el buenismo del entrenador blaugrana, y lo atribuyo a una mise-en-scene perfectamente calculada y ejecutada. Una máscara, un personaje. Convincente, desde luego, y más vendible que un póster de Marilyn Monroe en paños menores... pero nada más. Por eso mismo pienso que lo de ahora es sólo un cambio de estrategia y que su discurso de ahora sigue siendo tan falso como lo era el de antes: no me creo enteramente ni uno ni otro. Ya no.

Y por cierto: también sigo pensando que su equipo es archifavorito para pasar la eliminatoria y llevarse la Champions, y que está uno o más peldaños por encima del resto. Esa misma es la razón por la que el reciente triunfo blanco en la Copa del Rey tiene más valor: la inmensa categoría del rival. Pero de ahí a desbancar a los culés del papel de favorito, media un abismo.

He dicho.

jueves, 21 de abril de 2011

Brindo por ustedes, señores

Tal día como hoy, y haciendo buenas mis palabras de hace unos meses a raíz del batacazo del Camp Nou, quiero acordarme sobre todo de la gran familia del madridismo, de aquellos que simpatizamos con el club más laureado del planeta, con el equipo que ha escrito algunas de las páginas más imborrables en la historia de este deporte. Alzo mi copa por ellos y con ellos, por esa Copa que ellos han alzado, y brindo por el triunfo de esta noche, elevando mis plegarias de agradecimiento a la diosa Cibeles por sernos favorable en esta noche de 20 de abril, veintiún años después de la famosa carta que cantaran los Celtas Cortos en su tema homónimo, y dieciocho (ahí es nada) desde que el Real Madrid consiguió conquistar su última Copa de España.

A los simpatizantes e hinchas del Barça, entre los que se cuentan amigos y familiares, mi respetuoso silencio. Sin más. El Barça sigue siendo una máquina de fútbol, y sigue siendo favorito indiscutible para pasar a la final de Wembley y ganarla, no me obceca tanto la victoria como para no apreciarlo. Punto.

Pero eso sí: no quiero dejar pasar la oportunidad de restregarle por las narices lo que ha pasado esta noche a tres personas, muy, muy concretas. La primera al presidente del FC Barcelona, Sandro Rosell, quien no hace mucho se atrevía a pronosticar una nueva manita de su equipo al Madrid. Puede que esa manita sonría a los tuyos en los partidos que aún quedan, figura, pero esta te la tragas con perdigones, soplador de vidrio, para que así aprendas a morderte la lengua y respetar más a los rivales, especialmente al más significado. Porque puestos a pedir disculpas, que es lo que procedía, ni siquiera tuviste la valentía de dirigirte a los madridistas, como era tu deber, sino a quien pudiera sentirse ofendido. Dando lecciones de señorío, o sea.

La segunda, para el portero titular del Barça, Víctor Valdés, por su bromita en el programa de Andreu Buenafuente, acerca de si el Madrid les ganaba en tiempos de la televisión en blanco y negro. Pues mira, hoy te han ganado en color, con alta defincicón, y visto en TDT. No se puede pedir más tecnología puntera. Te digo lo mismo que a tu ilustre presi: ciertas cosas se pueden pensar, pero jamás decir en público. A ver si aprendes.

Y la tercera, para un ilustre tuerceplumas como Lluís Mascaró, director adjunto del diario Sport de Barcelona, quien tal día como ayer se atrevía a calificar esta final como el partido "del Bien contra el Mal", añadiendo después que una victoria del Madrid significaba el triunfo de la mentira, la crispación y la caverna mediática. Pues a ver si aprendes a escribir en las paredes de tu propia caverna, so neanderthal, y de paso evolucionas un poco hacia el Cromagnon, que ya te toca.

Por ellos tres, alzo especialmente mi copa, y brindo a su salud, para que no pierdan nunca más las buenas maneras.

Y para que no se diga que voy de negativo y de revanchista absoluto, voy a hacer mía una frase de una persona con la que habitualmente no coincido, pero mira tú por dónde, hoy sí: hablo de Josep María Casanovas, decidor de verdades y director de la caverna donde mora el Homo mascaronensis. Hago mía la frase de su columna previa al partido: las finales no se juegan, se ganan. Totalmente de acuerdo.

He dicho.

viernes, 8 de abril de 2011

Miseria informativa

Sentía curiosidad por saber si en la capital del Principado se iban a hacer eco de lo sucedido anoche en la Caja Mágica. Así que, tiempo después, seguí los sitios web de los dos periódicos deportivos de Barcelona. En el diario Sport se han pasado la noticia por el arco del triunfo y únicamente publican una breve reseña sobre los cuatro finalistas de mayo. Del partido, si te he visto no me acuerdo. Pero nadie esperaba menos, después de todo.

En la competencia, sin embargo, sí se han tomado la molestia. Aunque han optado por la vía rápida: adquirir la crónica de la agencia EFE y así salir del paso sin molestar a ninguno de sus redactores.

Es una forma de retratarse como cualquier otra. Pero quien piense que estos (presuntos) periódicos deportivos tienen ámbito nacional se equivoca. Son sin duda magníficos para cualquiera que piense sólo en tono blaugrana, pero nefastos para quien desea información del panorama general español. Y si por medio está el Real Madrid, ni te cuento. Así de simple, así de sencillo.

He dicho.

jueves, 10 de febrero de 2011

Ricchi e poveri

Como siempre, los chicos del Principado (y más concretamente los del diario Sport) están más dispuestos que nunca a robarle a otros (léase MARCA) el discutible honor de ser el peor periódico deportivo de este país. Cuando no les puede su fanatismo, su amarillismo o el -ismo que a ustedes se les ocurra, basta con recurrir a algo bien simple: el sesgo informativo. Se trata, en suma, de introducir una bien calculada desviación en la información que se publica, a fin de evitar que otros (y particularmente el peor enemigo de la Cosa Blaunostra) salga beneficiado en cualquier aspecto, por nimio que éste sea. Vaya por detrás (ya que no lo ha hecho por delante) que considero que la cosa blaunostra es el entorno mediático del Barça, la antítesis de eso que a ellos les gusta llamar la caverna mediática, y no el Barça mismo.

El nombre de Deloitte dice por lo general poco a los aficionados al fútbol. Se trata de una consultora que emite anualmente un informe clasificando a los 20 clubes de fútbol más ricos del mundo, tomando para ello como única vara de medir la cuantía de sus ingresos. Al mismo tiempo, naturalmente, analiza la realidad particular de cada caso. Puede ser un criterio discutible o no, ahí ni entro ni quiero entrar. Sin embargo, aquí va la noticia tal como la entiende la edición digital del Sport de hoy:


Supongo que ustedes, al igual que quien suscribe, pensarán al leer esta noticia que el orden de los factores altera el producto, de modo que si no indagan en ella sacarán (muy posiblemente) la conclusión de que el FC Barcelona es el club más rico (por ingresos) del mundo, seguido del Real Madrid. Pero basta con tomarse la molestia de hacerlo para darse cuenta de que el rotativo catalán omite hasta el último momento el curioso detalle de que es el Real Madrid, y no el Barça, quien lidera ese ránking. Concretamente, el club de Concha Espina es el único que rebasa el límite de los 400 millones de mortadelos, unos cuarenta millones más que el FC Barcelona. O sea, que el Madrid ha ingresado un 10% más que el Barça en el último ejercicio. Otros medios confirman este extremo sin tanta trapacería y mucho más directamente, como cabría esperar. Un par de detalles más: el Real Madrid lidera esta clasificación desde hace seis años (así que esto no es cosa de Florentino Pérez, al menos en exclusiva, como algunos podrían pensar), y el tercer club español en discordia es el Atlético de Madrid, que ocupa el puesto 17º con casi 125 milloncetes, que no está nada mal. Los demás, a distancia sideral. Tanta como se perfila en la competición liguera española de los últimos años.

Cuarenta millones. ¿Qué no darían en Can Barça por ese dinero, para así hacer realidad su sueño dorado de traerse a Cesc Fábregas? ¿Qué no darían por evitar la pesadilla que les supone imaginar que el Real Madrid podría hacerse con sus servicios? A punta de pistola, según parece:

De verdad: no son más patéticos porque no se entrenan para ello.

He dicho.


lunes, 6 de diciembre de 2010

El valor del Silencio

Han pasado siete días desde el Clásico contra el Barcelona. Y es ahora, una semana después del, para mí y otros tantos madridistas infausto partido del Camp Nou que vuelvo a asomarme al teclado. Del partido no tengo nada que comentar. El resultado final lo dice todo, así que no queda más que rendirse ante la evidencia y seguir peleando, luchando hasta el último aliento y el último minuto. Esa es la obligación de los jugadores, del cuadro técnico y de la directiva. Sin rendirse nunca, jamás. Han perdido una batalla. Estrepitosamente, sí. Pero la guerra sigue, y en varios frentes. Por lo pronto, la difícil victoria del pasado sábado ante el Valencia habrá servido, espero, para tomar un poco de aire, restañar las heridas aún sangrantes y recobrar algo de una moral que adivino barrida, aniquilada y destrozada.

Durante estos días de difícil trago, la mayoría de mis amigos (y familiares) culés o, en el mejor de los casos, antimadridistas furibundos ha sido la de guardar silencio. Lo aprecio y lo valoro, porque es justamente lo que deseaba. No ya sólo por el estado de ánimo, que también, sino porque estimo que es la justa correspondencia a mi política de siempre en casos deportivos: vive y deja vivir. Disfruta de lleno de las victorias de los tuyos con aquellos que comparten tus simpatías, y deja a los demás en paz. No me cabe duda de que algunas personas cercanas habrán disfrutado como niños viendo el recital de los chicos de Guardiola. Pero en lo que a mí respecta, ya fuese en presencia o en la distancia, si te he visto no me acuerdo. Gracias pues.

Otros, los menos, no. De un modo u otro me recordaron lo sucedido, con insistencia en algún caso. Bien, nada que objetar. Libres somos. Pero ante un estímulo así tenía varias salidas. Y al final, opté por la que me pareció mejor: negarles lo que me habían dado y regalarles lo que hubiese querido para mí, y que no era otra cosa que silencio, silencio absoluto. El mismo silencio que observaré escrupulosamente cuando las tornas se viren, siempre fiel a mí mismo. Una opinión que, por cierto, no es la primera vez que expreso en este mismo espacio, cuando la diosa Fortuna sonreía, no hace tanto, a mis colores.

Porque las tornas, con total certeza, cambiarán. No sé cuándo, ni cómo o por qué, pero lo harán porque siempre lo han hecho. Es ley de vida: los triunfos nunca son permanentes y el viento siempre cambia de dirección, ya sea por lesiones, defecciones, por la llegada de alguna oveja negra o la ambición incontrolada de algún jugador o (más corriente de ver) de su representante; por el hastío de los triunfos, por imprevisión o exceso de confianza, por la soberbia, por la mala gestión de los directivos (que le pregunten al Valencia) o, más simplemente, por el paso inexorable de la edad y la pérdida irreparable de ciertos jugadores, técnicos o directivos clave. O por cualquier otra circunstancia impredecible e imprevisible. Aníbal cruzó los Alpes en lo que parecía una empresa irrealizable, machacó a la caballería romana de Publio Cornelio Escipión padre en el río Tesino, destrozó a las legiones de Sempronio en Trebia, aniquiló al ejército consular de Flaminio en el lago Trasimeno y, finalmente, masacró cuatro ejércitos consulares al mando de los cónsules Emilio Paulo y Terencio Varrón en Cannas, en una auténtica orgía de sangre y muerte. Pero Aníbal se enfrentó a Publio Cornelio Escipión hijo en Zama, donde acabó siendo descalabrado, y ése fue el principio de su fin. Los suyos, los cartagineses, hicieron el resto. Como los mismos romanos con su general, por cierto. Guardiola y los suyos verán el día en que llegue su Zama particular. Su Escipión les aguarda. Sólo es cuestión de dónde y cuándo.

Y cuando llegue ese día, insisto, sólo habrá silencio por mi parte hacia las personas cercanas que profesen los colores blaugrana. El silencio, ese valioso, agradable y elocuente compañero de viaje. Guardaré mis palabras para los de siempre, para nada cercanos en lo personal, deportivo o geográfico. Y mientras tanto, paciencia y a recordar el viejo proverbio Klingon con el que Tarantino abriera hace años su inmortal epopeya Kill Bill. Hoy he roto el silencio. Porque he querido, por pura y simple voluntad.

He dicho.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

No hubo "Pimentonazo"

Por un momento creí que no vería este momento. Han hecho falta dos años y la mano de Mourinho para que el Real madrid superase la primera eliminatoria copera con claridad y sin apuros, como se presume en uno de los dos grandes frente a un modesto segunda B. Atrás quedan, aunque aún son visibles por el rabillo del ojo, el fiasco de hace dos años ante el Real Unión de Irún y el penoso alcorconazo del año pasado, el principio del fin de la etapa de Manuel Pellegrini y que alimentó el mito (o quizá no tan mito) de que el banquillo del equipo merengue era lo más parecido a una silla eléctrica. El pase a octavos está conseguido y las puertas para un nuevo e interesante duelo copero quedan abiertas de par en par. Llegados a ese punto, uno no sabe muy bien qué desear: un equipo grande supondría sin duda mayor atención y concentración para los jugadores, minimizando así los riesgos de caer en el relax anticipado, en tanto que un equipo de menor entidad parecería a priori más asequible. Pero después de experiencias pasadas, cualquiera se fía.

Este partido ha servido, además, para la reivindicación del pirata Granero (espléndido golazo el suyo), rodaje para Raúl Albiol, Pedro León, y Mahamadou Diarra y un gol (aunque sea de penalty) para Benzema. El único eslabón débil de la cadena se llama de momento Sergio Canales, a quien parece que la camiseta le pesa más que una cota de malla. Será cuestión de seguir confiando en las dotes de recuperador del entrenador luso. Para la posteridad quedará el recital de tarjetas (¿era necesario tanto cartón?) del colegiado Paradas Romero, quien no tuvo reparos en expulsar al técnico madridista por mandarle a la mierda. Según él.

Y ya que lo pienso, tengo la sospecha de que los de siempre, los plumillas de la prensa del Principado harán de las suyas mañana y sacarán tajada de lo ocurrido con el de Setúbal. O yo les conozco mal, o se admiten apuestas.

He dicho

martes, 9 de noviembre de 2010

Lo que el derby nos dejó

Apagados ya los últimos rescoldos del clásico madrileño del pasado domingo, deportivos y también extradeportivos, es hora de hacer alguna reflexión. Lo del Atlético en el Bernabéu empieza a parecerse a lo del Madrid en el Camp Nou: fueron necesarios tres lustros para ser testigos de una victoria merengue en el sacrosanto coliseo blaugrana, y ése es precisamente el camino que los colchoneros están siguiendo en el campo de Concha Espina. Apenas quedan testigos en las plantillas actuales de ambos equipos de la última victoria de los del Manzanares en el feudo del eterno rival. Casillas y alguno más, si acaso. Los medios de la prensa escrita apuntan en la dirección de que el problema no es de calidad de la plantilla atlética, sino de actitud y falta de fe en las propias posibilidades. Por razones obvias no me mojo del todo, ya que ignoro lo que pasa por las mentes de los atléticos, pero es una teoría que considero probable: no saltar al terreno con mentalidad plenamente ganadora suele ser la clave de muchas derrotas anticipadas.

En general, los medios escritos y radiofónicos no han puesto peros a la victoria madridista, al tiempo que han resaltado el buen papel del Atlético. Para la posteridad quedarán los dimes y diretes por penaties no señalados, balones al palo y ocasiones perdidas. El pase de espalda de CR7 a Xabi Alonso y el subsiguiente cruce de palabras subidas de tono entre el luso y Raúl García sólo ha sido comidilla para los medios de comunicación. Ni me molesto en comentarlo porque no creo que tenga trascendencia alguna.

Otros detalles para la posteridad fueron el gran partido de Ricardo Carvalho, cuyo fichaje fue en su momento fuertemente criticado por la edad del central y que está resultando ser una pieza clave en la defensa merengue, la falta de definición del cuadro atlético, al que las polémicas sobre la titularidad o suplencia de Diego Forlán y sus desencuentros con Quique Sánchez Flores han podido pasar factura... y el hecho de que esta plantilla rojiblanca, siendo muy buena como es, no se encuentra este año en condiciones de disputar el título a los dos de siempre. De momento, sólo el Villareal aguanta. Ya veremos cuánto.

He dicho.

martes, 18 de mayo de 2010

Fin de la liga escocesa

Colorín colorado, este cuento se ha terminado. Y lo ha hecho de nuevo con el FC Barcelona campeón, logrando números de récord, superando a todos sus rivales, pero esta vez sin poder cantar el alirón hasta el último suspiro. El equipo de Guardiola ha tenido en este sentido un mérito tremendo, pues no lo tenía fácil para aguantar la presión de la necesidad de victoria, semana tras semana, acogotados por el máximo rival a sólo un punto de distancia. Así que felicitaciones a los culés, pues no queda otra sino reconocer lo que ha terminado por ocurrir, y aceptarlo sin más.

A la vista de los resultados, se me ocurren varias reflexiones. La primera y más evidente es la reedición de una entrada que ya escribí el año pasado, allá por abril, a propósito de una columna que Juanma Trueba, a su vez, escribía para el AS en vísperas del Clásico del Bernabéu que a la postre acabaría por decidir la liga y hundir a los blancos. En ella, el periodista del grupo PRISA afirmaba que la liga española había dejado de ser la más importante de Europa a la vista de la distancia entre los dos primeros clasificados y el resto. Y el abajo firmante suscribía sin reparos esta opinión. Lo sucedido este año no ha hecho sino confirmar este parecer, y ahí están los números para demostrarlo. Los dos primeros han sumado la friolera de 195 puntos y se han jugado el campeonato entre ellos, ganando 31 partidos de 38: escalofriante. Los demás, al fin y a la postre, no han pasado de ser meros comparsas, y han terminado por jugar otro campeonato distinto, muy alejado del triunfo liguero final.

Y ello aun cuando en algunos casos hayan hecho cifras excelentes. Por ejemplo, el Valencia ha firmado el tercer puesto con números de campeón: 71 puntos. nada menos. Allá por el año 2000, el Deportivo de La Coruña de Jabo Irureta se proclamó campeón de liga con 69 puntos, algo impensable hoy día. El Madrid de Capello y el Barça de Rijkaard empataban a 76 puntos hace sólo tres años. Todos estos logros, importantes en su momento, aparecen hoy como hazañas liliputienses ante las cifras de los dos grandes, que han ahondado más aún la distancia entre ellos y el resto. El margen de error para lograr el título liguero se ha tornado estrechísimo y cualquier error a lo largo de la temporada se ha pagado muy caro. Es el caso de las derrotas merengues en Sevilla y Bilbao, por ejemplo. Todo esto recuerda muy sospechosamente a la liga escocesa, donde los dos equipos de Glasgow (los católicos del Celtic y los protestantes del Rangers) se juegan año tras año la liga entre ellos, sin que el resto (Dundee United, Hibernians, Aberdeen y otros menos conocidos) tenga apenas nada que decir y mucho menos que objetar. Por cierto, este año la cosa ha caído de lado de los protestantes, a seis puntos de los máximos rivales y a veinticuatro del Dundee, tercer clasificado. ¿Les suena familiar?

Sin embargo las penurias económicas aprietan de lo lindo, y también a los equipos de fútbol. Así, el Valencia tendrá que desprenderse muy probablemente de sus dos davides. El Guaje (aunque ya no tanto) Villa tiene un pie en el Barça, mientras que Silva es objeto de deseo del Madrid, que busca reforzar el centro del campo cara a la próxima temporada. El Sevilla, cuarto en discordia del campeonato patrio (a más de treinta puntos de los dos de cabeza, atención) tendrá que deshacerse probablemente de algunos veteranos ilustres (pienso en Kanouté, por ejemplo), y seguir adelante con su fórmula de comprar bueno, bonito y barato. Getafe y Mallorca pueden darse por bien satisfechos: el primero ha construido una buena escuadra con descartes del Madrid (Miguel Torres, Parejo, Soldado, Adrián González y algún otro) y el gran Pedro León, bajo la batuta firme de Míchel. El segundo ha logrado puestos europeos a pesar de hallarse al borde de la quiebra (hasta el punto de que han ofrecido gratis a su delantero Aduriz a su club de origen, el Athletic de Bilbao, por no poder terminar de pagar su traspaso) de la mano de ese sabio llamado Gregorio Manzano y de jugadores como Julio Alvarez, Rubén González, Borja Valero (todos ex madridistas, por cierto), Pep Martí o Pierre Webó. Sólo el Sevilla está lo suficientemente saneado y es lo bastante solvente como para mantener el armazón de la plantilla de esta temporada. Los demás carecen de recursos para ello. Así, todo parece indicar que Borja Valero regresará muy a su pesar a la liga inglesa, porque el club balear no puede abonar la cuantía de su traspaso, y varios jugadores del Getafe también podrían cambiar de aires pronto.

Otros gallitos tradicionales de la liga española como el Atlético de Madrid y el Villareal han hecho un campeonato bastante discreto. Los primeros han salvado los muebles gracias a su reciente triunfo en la Europa League (antigua UEFA), y pueden hacerlo más aún si vencen al Sevilla en la próxima final copera. Además, tienen el honor de poder decir que son los únicos que han batido a los blaugranas en la liga. Pero así y todo, su tránsito liguero ha conocido más sombras que luces y durante una buena parte de la temporada coquetearon peligrosamente con la segunda división. Los segundos se quedan fuera de Europa por primera vez en bastante tiempo pese a tener una de las mejores plantillas del campeonato.

¿La mejor liga de Europa? En mi opinión, definitivamente no. Uno: la liga española se ha escotizado; dos: la crisis económica se ha cebado en aquellos que no supieron gestionar su tesorería en tiempos de bonanza; y tres: en general, ha castigado a aquellos que han tenido que negociar de modo conjunto la venta de sus derechos televisivos (osea, todos menos dos, y me imagino que ya se adivina quiénes son). Nada de esto es bueno ni presagia algo bueno. Todo lo contrario.

La segunda reflexión es para la tropelía que el Real Madrid está a punto de cometer con un gran entrenador: Manuel Pellegrini. Si ya el año pasado el sacrificado fue Juande Ramos, este año le toca al chileno, que según parece sufrirá en sus carnes las consecuencias de un pecado mortal: no haber ganado un título este año. Craso error. Sigo creyendo que el Real Madrid se está atletizando, que está copiando las peores maneras de sus vecinos del sur en los tiempos desbocados (cual imperioso galope) de un Jesús Gil (descanse en paz) que no dudaba en destituir entrenadores incluso en las pretemporadas. Si de verdad se quiere dar sentido a la palabra proyecto, esto pasa necesariamente por asumir con todas las consecuencias la posibilidad de que las cosas no salgan bien desde un principio. Si se cae en las garras de la urgencia, si se pierde el sentido de la realidad y se incurre en la neurosis futbolera con el único espejo de los logros del máximo rival, es muy poco probable que la empresa de Florentino pueda llegar a buen puerto.

Y no quiero olvidar que semejante ejercicio de esquizofrenia ha sido abanderado, de modo absolutamente abyecto y despreciable, por el diario MARCA, que hace un año concedía al chileno todo el crédito que ahora le niega para gran satisfacción del ego desmedido y la catetez futbolística de su director. Triste, triste de veras. Triste es la campaña en sí (tan digna del periódico como éste de aquélla) como más triste aún es que este medio sea el más leído de España. Esto ya es sencillamente pavoroso.

En fin. Un cuento que se acaba. Bien podría haberlo escrito Robert Louis Stevenson que, como ya habrán adivinado los más ilustrados, nació en el país de los pictos y escotos.

He dicho.

martes, 9 de marzo de 2010

Fuera de quicio

Llevamos apenas un par de días desde la jornada del fin de semana pasado, y las consecuencias no se han hecho esperar. Por un lado, la euforia desatada con el asalto al liderato y, por otro, el negro pesimismo derivado de la circunstancia opuesta, amén de no pocas estupideces de una parte y de la otra. Estupideces que, naturalmente, el común de los lectores consume de forma voraz al comprar su diario favorito.

La victoria madridista ante el Sevilla en el Bernabéu tiene varias lecturas. En ella, hay elementos que se han mantenido invariables con respecto a otras ocasiones, mientras que otros son sin duda novedosos. Entre los primeros: que se logró el triunfo de modo agónico y en el último suspiro, que Guti volvió motivado al campo desde el banquillo y dio un recital (se vistió de Doctor Gutiérrez, vamos) para que su equipo le hiciera un roto al Sevilla, y que el Madrid arrinconó y acongojó al rival, llevado por su afición y haciendo gala de su férrea convicción. Los elementos novedosos fueron que, en esta ocasión, la testiculina se mezcló con el buen juego durante buena parte del partido, que esta vez el Pipita Higuaín no sumó goles y que los jugadores, al final del partido, formaron una piña en el centro del campo, ante el delirio del público del Bernabéu. Este último hecho es mucho más importante de lo que parece a simple vista, pues podría significar a las claras que existe verdadero espíritu de equipo y no sólo una buena colección de individualidades. Como para hacer reflexionar a aquellos (el que suscribe incluido) que pensaban (pensábamos) que semejante colección de onerosos egos se descomprondría bajo su propio peso. El último detalle significativo es que, a diferencia de lo que sucedía el año pasado, esta vez nadie ha cuestionado la justicia de la victoria merengue, más allá de que si hubo falta previa en el gol de Van der Waart, o si el córner que precedió al gol de Sergio Ramos lo fue o no.

La inyección de moral ante el próximo compromiso de Champions es obvia, pero los periódicos capitalinos se están desmadrando, y no poco: que si ganaremos por 3-0, que si en el Bernabéu mandamos nosotros, y cosas por el estilo. Se olvida que el Madrid no podrá contar con Xabi Alonso como canalizador de su juego y que deberá confiarse una vez más a la motivación de Guti, lo que equivale a jugar a la ruleta rusa (si tiene un mal día, adiós), y también se olvida que el Madrid ya ha pinchado en el Bernabéu ante el Milán, aunque aquello suene hoy a pretérito. Todo ello, naturalmente, sin olvidar la motivación extra que las portadas altisonantes pueden suponer para los rivales, a coste cero.

Y como era previsible, en el Principado tampoco andan mancos precisamente. En un principio, algunos se quedaron en estado de shock, y valga como muestra la columna de Joan María Batlle del domingo pasado, en la que repite por dos veces la expresión a bote pronto, como si se le hubiesen embotado las neuronas, perdido como estaba entre síntomas de barra de bar (se ha perdido frescura y chispa, las causas pueden ser tácticas, físicas o incluso arbitrales, el Barça no está fino). Tan preciso como un bisturí eléctrico, o sea. Atrás quedan sus pontificados y cartas pastorales del año pasado (no teman, no se engañen). Parece más bien que precisa de auxilio espiritual. Hoy, Martí Perarnau analiza el estado de ánimo de unos y otros en función de la dualidad optimista/pesimista que caracteriza a las aficiones a ambos lados del puente aéreo. El Bene Gesserit Casanovas prefiere, por su parte, centrar su diagnóstico en la ineficacia goleadora de jugadores como Ibrahimovic y Henry. Y de nuevo Batlle, presuntamente más repuesto en relación al sábado por la noche, se centra en la dependencia excesiva del buen estado de forma de Gerard Piqué, sobre todo al compararle con Márquez o Chygrynskiy. Me ha sorprendido no haber leído nada de mi querido Pepelu. Pero es que por la tarde tiene charla digital con sus lectores, y eso requiere un esfuerzo y una preparación ciertamente extenuantes.

En el Mundo Deportivo, más de lo mismo: Santi Nolla (quizá el más lúcido hoy, que no ayer) hace hincapié sobre el bajo estado de forma de algunos jugadores azulgrana (Ibra, Touré y Henry) aunque esto suene a poner los nombres y apellidos que Johann Cruyff no quiso mencionar ayer en el Periódico de Catalunya. Y los demás, a lo suyo: diagnosticar y diagnosticar. Que si la defensa, que si el centro del campo, que si el ataque. Menos mal que a Víctor Valdés no se le cuestiona. De momento.

Pero sí que me ha llamado la atención, y mucho, la columna de Lluís Foix, ex director de la Vanguardia y colaborador habitual en MD, quejándose amargamente de la a su juicio vergonzosa hostilidad que se respira contra el Barça y de la que acusa a la prensa de Madrid. Afirma Foix que se ha llegado a atemorizar al cuerpo arbitral, que se pretende acabar con la paciencia de Guardiola, que se realiza desde algunos medios una persecución meticulosa de lo que hacen los jugadores azulgrana en el terreno de juego... etcétera. Supongo que se refiere también a los gritos de ¡Villarato, villarato! que el público de Almería dedicó a los suyos en algunas fases del partido. Pero la memoria, como siempre, es flaca cuando conviene. Y se olvida muy convenientemente el señor Foix de que durante décadas la prensa deportiva de su ciudad ha sido en extremo hostil hacia el Real Madrid y sus triunfos, fueran estos merecidos o no. Olvida el señor Foix las también vergonzosas portadas sobre la vida privada de Guti aparecidas en el medio para el que escribe que, por cierto, vuelve hoy mismo erre que erre contra el '14'. Y, para no extenderme demasiado, pasa también por alto las informaciones que hoy mismo publica MD sobre el supuesto pánico en Madrid ante la posibilidad de una eliminación en Champions, o las presuntas tretas del Real Madrid (atención: no de la prensa de Madrid) para desestabilizar al Barcelona y ganar jugando sucio. Esto, por supuesto, no es hostilidad sino información objetiva. Con semejantes argumentos, señor Foix, ¿cree usted de verdad que tiene la más mínima credibilidad? Yo no niego que exista hostilidad en Madrid hacia el Barça, pero usted y su entorno carecen de la fuerza moral necesaria para reprochar algo semejante: no están para dar lecciones de objetividad y concordia a nadie.

En resumen: que los unos harían bien en no abandonarse a la euforia y soltar las campanas al vuelo de modo prematuro, pues la piel del oso se cobra cuando éste está muerto, no antes. Y los otros, ¿por qué no sacan a relucir ese seny del que tanto presumen y se dejan del victimismo habitual? Todo está por decidir, para unos y para otros. De aquí a dos meses y medio, la solución a todos los enigmas.

He dicho.

domingo, 7 de marzo de 2010

Y Pepelu se quedó con tres palmos de narices

Esta es una de esas entradas que te da sumo gustazo escribir. No gusto, repito: gustazo. Placer, o sea. Y de los grandes, de los que te saben y te dejan buen regusto. Dulcito y sabroso. Y además, a costa del de casi siempre: José Luis Carazo, a quien (cariñosamente, por supuesto) me permito llamar Pepelu o Pepe Carazote desde estas humildes páginas. Tal vez sea porque el ílustre periodista (es un decir) de sienes plateadas y expresión permanentemente zorruna tiene casi siempre a bien meter la pajita en el ojo ajeno como forma de ganarse la diaria pitanza. En tiempos recientes, ya tuve ocasión de señalar su gusto por la escatología. Pero el buen señor no para, como el rayo que no cesa. Será por eso por lo que le pagan: para seguir segregando humores de difícil digestión y hacer gala de su cateta, permanente y contumaz blancofobia. Ya es sobradamente conocido el personaje, así como el medio para el que trabaja, así que las presentaciones sobran.
Pues bien, a propósito de la victoria (sufrida y trabajada, pero al final merecida y culminada por una brillantísima jugada rematada por Messi) del Barça sobre el Málaga el fin de semana pasado, Pepelu Carazote nos honró a los lectores de bien con una columna en la que, fiel a su estilo, se mofaba de los madridistas afirmando de ellos que "... tenían incluso las portadas preparadas con titulares rimbombantes como 'Madrid líder', pero al final se han tenido que quedar con dos palmos de narices". Se supone que un palmo por cada uno de los dos goles del Barça. De otro modo la cosa no cuadra, pero no es sino un suponer.
Pero a estas alturas, algo así no sorprende a nadie: si por algo se caracteriza Pepelu es por su incomprensible manía de repetirse a sí mismo, señal evidente de que está algo reñido con la creatividad. Es posible que adore las plantillas de documento y tenga unas cuantas preparadas para según qué ocasión: ley del mínimo esfuerzo. O quizás, puestos a imaginar, en el fondo más profundo de su personalidad subyace un afán narcisista que le llevaría compulsivamente a reiterarse, quién sabe si convencido de que su genialidad no halla parangón en el panorama periodístico-deportivo español. Quién sabe. Y por cierto: si alguien tiene alguna duda al respecto, hará bien en tirar de hemeroteca y comprobar cómo le encanta, a poco que la ocasión lo propicie, repetir la cantinela de que Ea, ea, ea, el Madrid se (...)ea. Los "palmos de narices" tampoco son en absoluto nuevos. Ya los repitió en vísperas de Reyes, en una columna de título sospechosamente similar a la del domingo pasado. La variedad ante todo, oiga, que dicen que en ella reside el buen gusto. ¿O no, ilustre? Pero un detalle llama poderosamente la atención: si en enero eran tres los palmos, el fin de semana pasado se reducían, por arte de magia, a dos. ¿Acaso tu inconsciente te jugó una mala pasada, Pepelu?
Tal día como hoy, y en vísperas del encuentro que el Real Madrid había de disputarle al Sevilla en el Bernabéu, nuestro zorro plateado volvía de nuevo a la carga, emulando a la Brigada Ligera en Balaclava. Sin miedo a la artillería, y derechito a alancear al malo, al acostumbrado grito de ¡Tiro al blanco! Su objetivo, doble: por un lado, denostar a CR9 por manifestar (siempre según el diario MARCA, su mejor y más fidedigna fuente, ¡manda gónadas!) que le tenía ganas al Sevilla y, por el otro, vaticinar que el Real Madrid palmaría frente a los hispalenses, tirando de casuística (mucho me temo que el equipo blanco puede llevarse un disgusto, afirmaba). Concluía el erudito culé, pluma privilegiada del Sport (¡ya lo he dicho!), que la razón de dicho disgusto sería que el Barça miraría por el retrovisor al Real Madrid a mayor distancia que la existente antes de los partidos respectivos. Esto equivalía a afirmar que el Barça, a su juicio, solventaría sin problemas su duelo frente al Almería y que el Real Madrid sería incapaz de hacer lo propio ante el Sevilla. Y ya que estamos, tiene santos bemoles que alguien que acusa a Cristiano Ronaldo de dar cosas por sentadas se permite a renglón seguido el mismo lujo, y como siempre, sin la menor señal de sonrojo. O dicho de otro modo: qué caradura eres, Pepote...
Pero fíjate, rey: no se puede hablar demasiado, no sea que las cosas se revuelvan en tu contra. O, como decimos en esta tierra, no escupas al aire, no sea que te caiga el lapo encima. Harías bien en tomar nota, carísimo zote (Caro-zote, ¿viste qué ingenio?). Porque eso mismo ha pasado hoy. Tu querido Barça no ha pasado del empate en Almería, ha terminado con diez jugadores, con Guardiola expulsado del banquillo y lanzando en rueda de prensa un mensaje sospechosamente victimista. Y el Real Madrid, ese blanco, objeto de tu odio cafre y furibundo, ha sido capaz de remontar un 0-2 frente al Sevilla para acabar imponiéndose por 3-2 en el tiempo extra. Como más duele, y eso lo sabes más que bien, ¿eh, oráculo? Porque bien te gusta jugar a ventajista cuando se cumplen tus vaticinios. De otro modo, no titularías tus columnas con esas frases tan... ¿rimbombantes, has dicho? No obstante, cómo sería de meritoria la remontada cuando hasta tus propios colegas han optado por elogiarla, algo asimismo muy raro de leer.
Mi queridísimo Pepelu: al igual que tú, el que suscribe no sabe qué va a pasar al final del campeonato (la única verdad que has sido capaz de escribir en medio de tanta estulticia). De veras que no. Aunque las matemáticas aún dicen lo contrario, todo parece indicar que la Liga será cosa de dos: los tuyos y los míos. Y todo puede suceder. Incluso que los tuyos vuelvan a vapulear a los míos en el Bernabéu. O no. Quién sabe. Pero apostaría cualquier cosa a que esta noche estabas bien apoltronado frente al televisor, seguro de que pese a todo, el Real Madrid no podría remontar y que tu equipo se acostaría una vez más como líder solitario de la competición patria.
Pero no.
Esta vez, maestro, el que se ha quedado con tres palmos de narices has sido tú. Uno de parte de ese "bocazas" llamado CR9, otro de la cabeza de Sergio Ramos, y el tercero del pie de Rafael Van der Waart. Tres eran tres, los palmos de Carazote. Tres eran tres, todos dados en el cogote. Puede que la semana que viene el panorama cambie. Pero esta vez, el turno es todo tuyo. Asi que, que tengas buenas noche, arroz. Ah, y que te aproveche el Vega Sicilia. Las penas, con sopitas y buen vino, menos mal saben. Finalmente, no olvides leer las portadas de los periódicos deportivos, creo que podrían decir algo así como Madrid líder, pero no me hagas mucho caso.
He dicho.

domingo, 28 de febrero de 2010

Plato frío

Los años han ido desvaneciendo el ansia feroz de revancha que guardaba después de que el CD Tenerife, en la primera mitad de los 90, pusiera en bandeja dos ligas al FC Barcelona tras derrotar al Real Madrid en la última jornada de liga disputada en el Heliodoro Rodríguez López. Más amargo fue el primer mal trago, en el que los blancos desperdiciaron un 0-2 para acabar sucumbiendo por 3-2 al final. Y lo fue porque así contribuyeron a forjar un mito a mi juicio excesivamente inflado: el del (mal llamado, a mi juicio) Dream Team blaugrana. Un conjunto que jugaba al fútbol como nadie entonces, pero que cosechó buena parte de sus éxitos gracias a los deméritos de otros (además de lo sucedido en el Heliodoro, recuerdo el famoso penalty fallado por Djukic, gracias a la cobardía de Bebeto, y que habría hecho campeón al Depor en 1994), cuando no fue milagrosamente salvado por la campana (el gol in extremis de Bakero que permitió jugar la final de la que sería primera Champions League para los culés). El mito acabó vapuleado por el Milan de Capello en Atenas, y sólo en los últimos años (particularmente en 2009) ha encontrado digna sucesión y reedición en el conjunto del año pasado, que ganó todo cuanto disputó y en la inmensa mayoría de los casos (mención aparte el encuentro de vuelta de semifinales de Champions en Stamford Bridge), de modo absolutamente convincente y sin dejar margen para la duda.
Pero hablaba del CD Tenerife, del Real Madrid y del Heliodoro. Tal día como hoy, diecisiete años después del último fiasco en estas tierras, el Real Madrid ha vuelto como el ángel vengador: enfundado en ropas negras, anunciadoras de desgracia para su rival. Y vaya si fue así, pues el resultado final de 1-5 lo dice todo. Y el abajo firmante, bien que se alegra de ello. Sin tapujos, remilgos, o recato. Abierta, total y completamente. Infinidad, para entendernos. Como también me llena de satisfacción que el martillo vengador que esta noche destripó por partida doble la puerta local fuese ese muchacho de Buenos Aires que vio la luz en la lejana Bretaña francesa, de nombre Gonzalo Pipita Higuaín. Lo dije después de reseñar el partido frente al Racing, y lo repito ahora: eres mi ídolo, Pipita, tenías que ser TÚ.
Habrá, naturalmente, quien piense que esta muestra de satisfacción es una deslealtad hacia los colores que deberían ser míos, hacia mis gentes paisanas o hacia mi tierra. Nada más lejos de la realidad, toda vez que los colores futbolísticos no vienen impuestos. Uno los elige libremente, como elige la marca de coche que conduce, el lugar donde desea vivir o la compañía que tiene, si es que la tiene. Y desde luego, mucho menos aceptaría semejante recriminación si, puestos al caso, llegase de boca de algún forofo local, pues creo firmemente que la afición blanquiazul es una de las más catetas, ignorantes, resultadistas e interesadas que hay en este país: cuando las cosas van bien, todos se suman al carro. Cuando no es así, ahí te quiero ver, Manuel. Estamos en primera, escribían no pocos en sitios como Facebook hace cosa de un año. Baño de multitudes en la Plaza de España después del ascenso, el entrenador José Luis Oltra (un señor que sabe un rato de fútbol, condenado a capear el temporal con una plantilla muy corta de recursos) poco menos que nombrado hijo adoptivo y chicharrero de honor, cánticos, algarabía ... ¿Estamos?, me preguntaba yo entonces. Estaban y aún están quienes de verdad lo merecieron (directivos, técnicos y jugadores), después de un duro y árido peregrinaje por la segunda división, faltos de recursos, jugadores y del cariño y apoyo de esa misma afición veleta que entonces se debatía entre la indiferencia hacia los colores locales o el continuo abucheo al equipo por no regresar inmediatamente a lo más alto y jugar otra vez copas de la UEFA. No, definitivamente no. Nadie de entre ellos tendría la más mínima fuerza moral (doy por sentado que nadie tiene el derecho) para reprocharme fidelidad y devoción hacia los que sí son (y siempre han sido) mis colores: los del club de Concha Espina.
Después de todo, no es tan extraño. Muchos de mi generación crecieron con el CD Tenerife casi permanentemente estacionado en segunda división o incluso algún peldaño más abajo. A diferencia de nuestros vecinos canariones, quienes sí llevaban muchos años disfrutando del mejor fútbol nacional, los tinerfeños eran (éramos) mayoritariamente del Madrid, del Barça, de alguno de los atléticos o incluso del Betis. Y, secundariamente, del Tenerife. Secundariamente. Ese fue y es mi caso. Y lo que son las cosas: he hecho mayor esfuerzo por el Tenerife que por el Madrid, pues durante varios años fui abonado y me daba cita cada quince días en el estadio de Santa Cruz, a ver lo poquito que los jugadores de entonces tenían que ofrecer. Eso me costó unos buenos dineros. De modo que, por esa parte, entiendo que tampoco hay razón de queja.
Así que lo dicho: me alegro infinito por la goleada, por el desquite sabrosón, por la paliza dada a los locales, por los goles del Pipita, de Kaká, CR9 y Raúl. Por haber quitado ese clavo que llevaba en las entrañas desde hacía tantos años. Puede que esta liga española nuestra haya perdido mucho del atractivo de hace unos pocos años, cuando las posibilidades estaban más abiertas y era más concebible que un equipo como el de Oltra pudiera dar un susto a alguno de los grandes. Pero así están las cosas entre el Madrid y el Tenerife hoy. Atrás, perdido ya de vista, queda el antiguo azote de los blancos. Me alegro de ello y de la goleada, y me siento cómodamente satisfecho. Serenamente satisfecho. Tranquilamente satisfecho.
Porque, como bien reza el antiguo proverbio Klingon, la venganza es un plato que se sirve mejor frío. Eso lo sabía muy bien Tarantino cuando gestó su inmortal epopeya Kill Bill. Y dejó nítida constancia de ello. Como hago yo, ahora y aquí.
He dicho.

martes, 26 de enero de 2010

A su modo de siempre

A estas alturas del cuento, hace ya mucho que el abajo firmante dejó de creer en eso que con tanta frecuencia se nos repite a la gente de a pie: la objetividad de la prensa. O quizás, para ser más exactos, habría que decir la presunta objetividad de la prensa. Española, por supuesto. Y el matiz es importante toda vez que, visto lo visto, español y objetivo se me antojan términos de todo punto irreconciliables. No se puede ser español e imparcial al mismo tiempo: que si sociatas o peperos, intolerantes o liberticidas, derechosos o ecologetas, fachas o rojos. Igual me da. Cuando el genial Francisco de Goya pintó su archiconocido cuadro Riña a bastonazos, posiblemente ignoraba el alcance del simbolismo de su obra, retrato fiel de esta España nuestra, para nuestra vergüenza y oprobio ante el resto del mundo. Y ojo, que cuando digo España y españoles, incluyo en el saco a aquellos que en lugar de la ñ usan la ny, tan española la primera como espanyola la segunda (o la segona). Que también me da igual. No me importa lo más mínimo que algunos entre ellos cacareen su presunta distinción del resto, la socorrida excusa del seny o que, llegados al extremo, digan no sentirse ni ser lo que, por sus actos y actitudes y más allá de toda duda razonable, son. Tan cazurros o cassurros como el común de los mortales en este país que todavía se llama España.

Pero hablaba de la objetividad de la prensa. Pues sí. Y de todo tipo, oiga: general o especializada y, dentro de este último segmento, la prensa deportiva no iba a irse de rositas. Claro que no. La última polvareda nacional se ha armado a propósito de la reciente expulsión de CR9 en el Santiago Bernabéu frente al Málaga por romperle la nariz a Mtiliga. En principio, las culpas recayeron exclusivamente sobre el jugador luso, con denominador común en la prensa madrileña y algunas webs de deportes: ángel (por sus goles) y demonio (por la expulsión). Pero casi al momento, se dispararon las especulaciones sobre la sanción que le podía caer a resultas de lo sucedido. Sobre este punto hay dos realidades meridianamente claras: la primera, que el árbitro del encuentro, pese a expulsar al jugador, no consignó en ningún momento la palabra agresión en el acta; y la segunda que, enterado del sucedido, CR9 fue al vestuario del Málaga a disculparse con el rival (si lo hizo de motu propio o no, que cada cual crea lo que le salga).

Como no podía ser de otro modo, los periódicos de un lado y de otro se lanzaron a la guerra particular. La riña a bastonazos, o sea. Los de Madrid, con la esquizofrenia del villarato como estandarte, a defender al jugador blanco. Y los de Barcelona, claro está, a echarle basura encima, clamando por una agresión que ni siquiera el árbitro, situado a pocos metros del lance, fue capaz de ver. Luego salieron las inevitables comparaciones entre lo sucedido en el Bernabéu y el lance vivido no hacía mucho entre Leo Messi y el jugador sevillista Marc Valiente, que sujetó al astro argentino mientras éste hacía por zafarse (brazos incluidos) y seguía corriendo entre las vivas aclamaciones del público culé, hasta que el árbitro detuvo definitivamente la jugada, señalando la correspondiente falta y amonestando a Valiente. Con tarjeta amarilla.

No tienen razón. Ni unos ni otros. La cartulina roja no tiene nada que ver con una agresión, y valga como prueba el acta arbitral. Sí que está relacionada con el daño infligido al jugador del Málaga, que fue golpeado por Cristiano, pero nunca agredido, toda vez que en cualquier agresión hay una componente de intencionalidad que en este caso brilla por su ausencia. Cuando alguien te agrede es porque ha ido expresamente a por ti, a partirte los morros sin contemplaciones. Puede parecer baladí, pero es tanto como acusar a alguien de homicidio o de asesinato. Suena igual, pero no significa lo mismo, y por idénticas razones. El Comité de Competición ha tenido en cuenta esto, y por ello ha sancionado al portugués con dos partidos. En caso de agresión, la pena mínima habrían sido cuatro encuentros y la máxima, doce.

Pero claro, en la capital del Principado las cosas no se ven de idéntico modo. Y por ello no han dudado en sacar a flote su psicopatología particular: Madrid. No el Real Madrid, ni la ciudad de Madrid, el Gobierno de Madrid o la Comunidad de Madrid. Madrid, a secas. Ese ente amorfo y sin identidad pero fácilmente señalable, culpable inequívoco de todas las injusticias cometidas con Cataluña desde los tiempos de Rafael Casanovas. Madrid presiona al Comité, dicen. Y tampoco dudan en insultar y despreciar al portugués en sus portadas, más propias de un pasquín filonazi de principios de la década de los 30 que de los tiempos que corren. He aquí la prueba:
CR9 Agresor
¿Por qué no es más fácil admitir lo más simple? ¿Por qué no reconocer que en el fondo CR9 les importa un pimiento y que lo único que desean es presionar a su vez para privar al Real Madrid de su concurso en dos partidos trascendentes como los que están por llegar, especialmente el de Riazor, un lugar históricamente muy poco propicio para los merengues en las últimas dos décadas? ¿Por qué montarse este numerito tan patético, victimista, hipócrita, falso, amarillo y sobre todo y por encima de todo, despreciable?

Pero así lo han mamado desde críos, y así tienen que conducirse. A su modo de siempre, claro. Los hijos de la gran puta.

He dicho.
P.D.: Tal día como ayer, en el programa de la Cadena SER El Larguero e interrogado sobre la cuestión de la sanción, Emilio Pérez de Rozas, presunto periodista deportivo del diario SPORT, calificó a CR9 de chulito -sic-. Naturalmente, no disparó el elogio en presencia del jugador del Real Madrid, sino que lo lanzó a las ondas, por toda España, bien parapetado tras la alcachofa amarilla de la cadena en Barcelona. Todo un ejemplo de valentía, eso de insultar sin que el otro tenga la oportunidad de contestarte... o de romperte los piños, ya que hablamos de ello. Algo que yo, desde luego, no lamentaría. Para nada.

domingo, 24 de enero de 2010

Adiós a un señor futbolista

Rutgerius Johannes Martinjus Van Nistelrooy se ha ganado a pulso un lugar escrito con letras de oro en la historia del Real Madrid. No es ni de lejos el extranjero que ha disputado más partidos con la elástica merengue, ni el que más ni mejores goles ha marcado para el club de Concha Espina, pero se lo ha ganado. Llegó de la mano de Ramón Calderón y Pedja Mijatovic procedente del ManU, donde se había ganado justa fama como implacable killer del área. Y por cierto, ganándole la partida a los del Bayern de Munich, quienes también ansiaban hacerse con él. Sus credenciales: fuerte, anticipador, rápido y certero, con el físico perfecto para lidiar con rivales bien armados y buena visión de juego. Quizá no muy habilidoso con los pies, pero soberbio rematador por alto, algo que se echaba mucho en falta en el Real Madrid. Se comentaba, eso sí, que su fichaje podría ser rentable por un año a lo sumo, dado que en el momento de su llegada a la piel de toro contaba treinta años recién cumplidos. Y tampoco estaba muy claro hasta qué punto podría llegar a ser productiva su participación, pues en aquellos tiempos el otrora formidable Ronaldo Nazario seguía siendo el '9' blanco.

No eran tiempos para la lírica en la Casa Blanca: el Barça de Rijkaard, Eto'o y Ronaldinho se paseaba por España y Europa, las elecciones presidenciales en el Madrid estaban bajo sospecha de pucherazo, y aterrizaba en Madrid Fabio Capello para afrontar la misión de reflote de un equipo que veía hundirse los restos del primer mandato florentiniano en medio del estrépito y de la huida de su creador. Era un momento de transición, y sin muchos visos de éxito en el horizonte, con un máximo rival crecido y amedrentador. Los comienzos del holandés no fueron fáciles, pues él y Ronaldo no eran compatibles en el ataque, y Capello tenía a veces que optar entre uno y otro. Pero los momentos dorados del brasileño tocaban a su fin, y Ruud iba a lo suyo: marcar goles. Al principio con cierta irregularidad, más acertado fuera que en casa, incluyendo un memorable póker en el Reyno ante Osasuna. Nunca se le oyó una protesta cuando hubo de ser relegado al banquillo, jamás un gesto reprobable ante sus compañeros o sus rivales. No se le recuerda una frase altisonante, una salida de tono, nada. Cien por cien profesional.

En el invierno de 2007 llegaron al Real Madrid tres jóvenes promesas de Iberoamérica: Marcelo, Gago y el Pipita Higuaín, al tiempo que Ronaldo hacía las maletas rumbo al Milán (auténtico lugar de exilio dorado para jugadores de la liga española venidos a menos). El Barça aventajaba en cinco puntos a los merengues, cuyo juego a Capella despertaba críticas sulfúricas en la prensa de Madrid y chanzas despectivas en los tabloides del Principado, y todo parecía indicar que los blaugranas darían el golpe de gracia en su estadio recibiendo a un Madrid que, una vez más, aparecía como víctima propiciatoria.

Y ahí apareció de nuevo el gran Ruud. Matador, gigante, resolutivo e implacable, para azotar a los culés y dejarles su sello en la frente por dos veces. Lo demás fue la lenta remontada que encontró al holandés como protagonista en momentos memorables: alzando al público la camiseta de Higuaín tras su gol agónico ante el Espanyol del rifle Pandiani, machacando al Sevilla en el Bernabéu, clavando un golazo de volea ante el Valencia después de una jugada de tiralíneas, o perforando la meta del Zaragoza en el decisivo minuto del Tamudazo en el Camp Nou. No pudo aportar nada en el momento definitivo ante el Mallorca, pues cayó lesionado a las primeras de cambio. Pero en aquellos momentos no importaba ya: Higuaín, Diarrá y Reyes remataron la faena por él. Así y todo, cosechó un fruto importante para cualquier jugador: el Pichichi, gracias a sus 25 dianas. Y con ello, entraba en el selecto club de jugadores máximos goleadores en tres campeonatos de otros tantos países.

Durante la temporada siguiente, su aportación fue más modesta por las lesiones que ya comenzaron a cebarse en él. Afortunadamente, el proyecto de Schuster demostró ser más sólido que el de Capello y el Madrid renovó el título liguero. El gigante de Oss volvió a dejar su impronta ante el Barça la mágica noche del 4-1 en el Bernabéu, y recuperó la forma física a tiempo de contribuir a los excelentes números de su equipo.

Pero llegó la temporada aciaga del 2008-09. Y Ruud se lesionó de gravedad en la rodilla frente a la Juventus. Ese fue el fin anticipado de su trayectoria en el Real Madrid. Ya sólo jugaría tres partidos más con la camiseta blanca, uno de ellos amistoso.

Ahora, sabiéndose el quinto delantero del equipo, ante la posibilidad de no volver a jugar y apremiado como tantos otros por la cercanía del Mundial de Sudáfrica y la posibilidad de disputarlo, ha decidido poner fin prematuramente a su vínculo contractual con el Real Madrid, aceptando una oferta del HSV Hamburgo alemán. El holandés disfrutará así de los minutos que ahora le niegan CR9, Higuaín, Benzema y Raúl. Para el recuerdo quedará la cerrada y unánime ovación que le ha obsequiado el exigente público del coliseo merengue en su despedida, tal día como hoy.

Así pues, adiós Ruud. Adiós, holandés dandy y matador, azote de herejes culés y defensor de la fe blanca. Vete en paz, con nuestra eterna gratitud por tu entrega, lucha y sacrificio, tu exquisita profesionalidad, tus goles de maestro. Que tu nueva etapa te sea tan propicia como las anteriores y que la fortuna vuelva a sonreirte para volver a ser el de siempre: Van The Man, Van Gol, Van Nistelrooy. Adiós y gracias mil. De un caballero a otro.

He dicho.

martes, 29 de diciembre de 2009

El día en que peregriné a La Meca

Ya sé que esta entrada debería haberla escrito semanas atrás, pero es sólo ahora, en medio de estas fiestas, que puedo hallar el sosiego necesario. Por lo que he visto, oído y leído acerca de la religión islámica, tengo entendido que es obligación de todo musulmán peregrinar a la ciudad santa de La Meca al menos una vez en su vida, siempre que su salud y recursos se lo permitan. Viviendo en el archipiélago del Jardín de las Hespérides de Hesíodo, me resulta un poco complicado cumplir con el precepto... pero no el musulmán, lógicamente, sino otro particular. Porque si un creyente en la fe de Mahoma debe visitar la ciudad del profeta y dar las vueltas de rigor ante la Kaaba, un madridista de pro debería, análogamente, visitar el Santiago Bernabéu pues tal es el lugar de peregrinación de los creyentes en la fe merengue.

Por eso, el 21 de noviembre pasado quedará inscrito con letras de oro en la historia de la vida del abajo firmante pues, aprovechando una estancia de fin de semana largo en la capital de este nuestro país, me animé a acudir al coliseo blanco para ver a mi equipo que a la sazón disputaría su encuentro liguero frente al Real Racing Club de Santander. La entrada costó saladita, (puestos a ir, bien está elegir una buena ubicación) pero los medios de este creyente, a día de hoy, le permiten una alegría semejante. Así que allí me dirigí.

Fue una lástima no haber podido filmarme a mí mismo, pues me habría encantado ver mi cara al asomarme al césped, tras haber dado con la localización de mi asiento. Seguramente tuvo que ser la de un niño que contempla boquiabierto un gran parque de atracciones o algo así. Porque la boca se me abrió, involuntariamente, de par en par. De haber sido hijo del Tío Sam, se me habría escapado un guau (escrito wow) de esos con los que ellos expresan admiración (en mi tierra decimos Ño o Ños, habitualmente prolongando la o, tanto más cuanto mayor es la sorpresa o la estupefacción). A mí hasta me faltó la voz al contemplar aquella enormidad, y me asaltó la emoción al contemplar el césped donde Puskas, Gento, Di Stefano, Pirri, Santillana, Camacho, Juanito, Butragueño y tantos otros habían dado tardes y noches de gloria al deporte del balompié y a la historia del club más laureado del mundo.

¿El partido? Bueno, eso fue lo de menos. No es que no fuese importante, sino que no era lo principal. Por supuesto, deseaba una victoria del Madrid, que fue lo que ocurrió. Y también quería ver marcar al Pipita Higuaín, ese héroe casi anómino que llegó por la puerta de atrás en un frío mes de enero de 2007. Y así, precisamente, sucedió. Porque ése fue el resultado del encuentro: un corto 1-0 que a mí me supo bien. O por lo menos no me supo mal. El juego del conjunto estuvo bastante bien durante la primera media hora, para complicarse después. Eso sí: el rival dio muy pocas sensaciones de peligro y no mereció más de lo que se llevó, pues apenas hizo méritos frente a un Casillas que prácticamente no tuvo trabajo.

Desde entonces hasta ahora, el juego del Madrid ha cambiado, y para mejor. Pero esa es otra historia que habrá que analizar en otra entrada. Concluiré ésta recordando que cuando el Pipita batió la meta de los cántabros me levanté brazos en alto como la mayoría de los casi ochenta mil asistentes, a celebrar el tanto del argentino, mientras exclamaba, como dándole las gracias:

- ¡¡Tenías que ser TÚ!!

Así que gracias, Gonzalo. A ti y a tus compañeros por haberme dado una tarde feliz en el día en que visité La Meca.

He dicho.


lunes, 2 de noviembre de 2009

Como para no caer en saco roto

Franco Baresi es, por derecho propio y sin discusión, uno de los mejores jugadores que ha dado el fútbol transalpino a la ya larga historia de este deporte. Capo incuestionable de su equipo (A.C. Milan) y, más particularmente, de su defensa, ha sido uno de los mejores centrales de todos los tiempos. Sobrio, inteligente, rápido y decidido, le sobraba capacidad para leer partidos y jugadas. Por eso la suya es, indudablemente, una voz bien autorizada en esto del fútbol. Suyas fueron algunas de las tardes de mayor gloria de la squadra rossonera, en la que brillaron con luz propia los Gullit, Rijkaard y Van Basten primero, y los Boban, Savicevic y Desailly después. Acompañados, naturalmente, por los Ancelotti, Maldini, Donadoni, Massaro, y tantos otros. Al frente, la batuta de Arrigo Sacchi primero y de Fabio Capello después. Casi nada.

El signore Baresi, a punto ya de entrar en la cincuentena, ha concedido una entrevista al diario El País, en la que analiza al Real Madrid actual, su esquema, virtudes y carencias, en vísperas del encuentro que ha de medir de nuevo a madrileños y a lombardos en San Siro, en la próxima jornada de Champions. No sé lo que puede salir de ahí (casi me inquieta pensarlo), pero creo sinceramente que una voz sobradamente autorizada como la del gran defensa italiano no debería caer en saco roto. Como no es mi deseo reproducir la entrevista entera, destacaré aquí los aspectos que me parecen más importantes en ella.

Y empiezo por el titular: Raúl lastra el equipo. De acuerdo por completo. Raúl ya no debe ser titular en lo sucesivo. Profesional intachable, sí. Personificación del espíritu de lucha del madridismo, también. Amor a la camiseta, todo el del mundo. Nada de eso es discutible, y merece todos los honores por parte del club: todos. Pero el tiempo de colgar las botas llega inexorable para cualquiera, también para él. Raúl desencaja a otros jugadores llamados a desempeñar tareas grandes en este equipo y -lo que es peor- fichados a golpe de talonario, como Kaká y Benzema. Sus movimientos crean caos en la delantera, estorban a otros y les obligan a jugar fuera de sus posiciones, como no saben o no están acostumbrados, y su ascendente en el vestuario le convierte en intocable o lo que, a día de hoy es lo mismo, perjudicial para el equipo. A pesar de su entrega y sus goles. Todo ello, naturalmente, sin contar el hecho de que su situación tapona el ascenso del jugador con mayor progresión que tiene hoy el Real Madrid: Gonzalo Pipita Higuaín, máximo goleador en liga de los merengues el ejercicio pasado, y salvador el pasado sábado frente a un inoperante Getafe.

Segundo punto: Sergio Ramos no defiende como lateral, y es mucho mejor como central. Totalmente de acuerdo una vez más. Las carencias del sevillano en la banda quedaron de manifiesto la temporada pasada, en la que muchos equipos hicieron una autopista de las bandas merengues (Marcelo, por la otra, tampoco es una garantía ni mucho menos). Y atención, siguen haciéndolo (Alcorcón que te crío). Algunas de las pifias monumentales de Ramos dieron origen a los goles del Milan en el pasado encuentro del Bernabeu. Jugadores como Miguel Torres (hoy, cedido) o Arbeloa deberían ocupar su puesto, y ya puestos, supongo que el de Camas no lo haría peor que Metzelder o Pepe en el centro de la defensa. Y en cuanto a que con la marcha de Robben, la banda derecha merengue se ha quedado huérfana, bueno... Tan obvio como la gasolina en una estación de servicio.

Tercer punto: Xabi Alonso sobra en el medio campo, y otro tipo de centrocampista es necesario como pareja de Lass Diarrà. Preferiblemente Guti. Opinable. Entiendo que Lass y Alonso no son una pareja de baile adecuada cuando se trata de construir juego, pues se estorban mutuamente, cada uno desplazado de su posición ideal. Sí que pueden, en cambio, mejorar su aportación cuando el equipo juega fuera del Bernabeu, pues el donostiarra es un magnífico pasador en largo, ideal para servir balones a delanteros verticales, rápidos e incisivos, esos de los que el Madrid ahora mismo puede presumir (Benzema, Higuaín, CR9), en tanto que el francés es un buen stopper, capaz de recuperar balones a mansalva en el centro del campo. Por lo que respecta a Guti, disiento en lo más profundo y radical, signore mio. Al de Torrejón le sobra talento, pero le faltan mentalidad, personalidad futbolística y sentido común (el ego también le sobra). Justamente las cualidades que le hubieran permitido convertirse en un crack mundial. Guti es excesivamente comodón, y carece de mentalidad. Por eso rinde mejor como suplente, cuando su desmedido orgullo resulta picado por la indiferencia del entrenador de turno. Entonces da lo mejor de sí mismo. Y ojo: lo ha hecho incluso como delantero centro, ahí es nada. Pero cuando se cree titular, se convierte casi indefectiblemente en Mary Guti. Un señorito, o sea. Y el Madrid no necesita señoritos hoy.

En resumen, no anda muy desencaminado Baresi. Al menos, en mi humilde opinión. Este equipo tiene carencias. Menos que las del año pasado, sin duda. Pero las sigue teniendo. Y mientras sus máximos responsables no sean capaces de ver lo evidente o, habiéndolo visto, de tomar las medidas oportunas, habrá un nuevo batacazo merengue este año. Si no, al tiempo.

He dicho.


miércoles, 28 de octubre de 2009

¡Que te pego, leche!

Y les pegaron. No una ni dos, ni aún tres, sino cuatro leches como cuatro soles, que igualmente pudieron ser, a tenor de lo comentado en la radio, el doble. La noche del 27 de octubre de 2009 quedará en la memoria colectiva merengue como la más vergonzosa y bochornosa vivida por este club, nombrado mejor del siglo XX, sí, pero que a día de hoy está a años luz de emular o evocar siquiera las glorias de antaño. Bien por el Alcorcón, un equipo modesto pero con idea de fútbol y ampliamente sobrado de motivación. Nada que objetar a su trabajo, a su entrega y su entusiasmo, antes bien, aplausos y más aplausos para ellos, ovación de gala que el Bernabéu debería dispensarles en el encuentro de vuelta, según pisen el césped. Da igual el resultado, poco importa si los de Pellegrini (me resisto a llamarles equipo) consiguen la improbable hazaña de remontar el tanteo adverso. Porque meterle cuatro o cinco goles a un Alcorcón es lo menos que se espera de un Real Madrid que, si bien anoche dejó muchos titulares de peso en la reserva, estaba plagado de internacionales, de jugadores con amplia experiencia a sus espaldas, curtidos en mil batallas, y que anoche fueron manejados como bailarinas de salón, como peleles de feria o, como bien decía el bueno de J.B. Toshack, como pollos sin cabeza. La vergüenza, el oprobio y la humillación quedarán ahí para siempre, como una mancha indeleble en el debe de estos jugadores y de este club.

Cuánto han cambiado las cosas desde que uno tiene uso de razón y ha visto fútbol. No es la primera vez que el Madrid se lleva un varapalo de aúpa, ni siquiera en la Copa del Rey (antes del Generalísimo). Pero aún cuando así fuese, el equipo al menos era capaz de sacar adelante situaciones complicadas por casta, por orgullo torero y por amor propio. Esos valores parecen haberse perdido por completo, hasta el punto de que ni siquiera algunos canteranos ilustres (nótese la ironía) muestran el más mínimo asomo de las virtudes que encumbraron a sus predecesores. Un ejemplo: nada más terminar el encuentro de anoche, y ante los micrófonos de la cadena SER, José María Gutiérrez (anoche, por enésima vez, Mari Guti) valoró el mal resultado con un "bueno, así parece, ¿no?". No, amigo mío, no es que parezca que os han dado las vuestras y las de un bombero, es que os las han dado. Todas. Añadió luego el susodicho que de lo sucedido anoche no deberían derivarse consecuencias. Es posible. Las decisiones complicadas no deben tomarse en caliente, pues en estas situaciones es fácil dejarse llevar por el enojo, aun estando plenamente justificado.

Pero si el que suscribe estuviese en el pellejo de Manuel Pellegrini, mi primera decisión, aún en caliente, estaría más que clara: salvo lesiones, sacaría en el Bernabéu exactamente el mismo once que anoche hizo el estruendoso ridículo de Alcorcón. A los mismos. Ellos frente a los patricios de la grada y frente a los leones del vecino pobre de la periferia. Y a ver si son en verdad gladiadores, a ver si demuestran orgullo, casta y saber hacer. Si consiguen remontar el resultado, al menos habrán lavado su propia imagen. Si no, se habrán hecho acreedores a un bochorno aún mayor... si cabe.

Claro que el propio técnico chileno no debe irse de rositas en todo esto. Suya es la organización del equipo que le ha llevado a un fútbol mediocre y a una completa desorganización, con un centro del campo inexistente y atascado (Ay, Sneijder, cuánto te eché de menos), sin juego por las bandas (ay, Robben, ídem de ídem), nulo en la motivación y, al parecer, en la disciplina. Esto salpica también más arriba, a la dirección técnica (es decir, directo a las testas de Jorge Valdano y Miguel Pardeza) que ha demostrado que su proyecto presenta notables fisuras que empiezan a parecer grietas. El pasado sábado, en una entrevista concedida al diario AS, Xabi Alonso dejaba bien claro a los navegantes que una de las carencias más graves del equipo era el juego por las bandas. No lo dijo exactamente así, claro, pero sus palabras no podían hallar otra interpretación en una mente medianamente capaz. Ayer, el técnico del Alcorcón hizo buena la apreciación del tolosarra: hizo un traje a su rival por las bandas, que fueron, una vez más, absolutamente inexistentes en los blancos. El problema es que, tras la marcha de Robben al Bayern, al Madrid sólo le quedan dos jugadores de banda: CR9 y Drenthe. Nadie más.

Perder en liga contra el Sevilla en el Pizjuán entra dentro de lo lógico y lo asumible. Hacerlo frente al Milan en el Bernabéu entra de lleno en lo estrambótico, pues no se puede explicar el derrumbe y la descomposición de la segunda parte. Pero perder de ese modo frente al Alcorcón, aun sin las grandes figuras, entra de lleno en lo inexcusable, en lo incalificable o, como diría el microcéfalo de Pepe Carazote, en lo intolerable.

Vergüenza. Esa es la palabra.

He dicho.


miércoles, 7 de octubre de 2009

Pepe Carazote suma y sigue: ¡Intolerable!

José Luis Carazo, subdirector del diario deportivo Sport de Barcelona y miembro de honor del séquito de forofos que (con alguna honrosa excepción) rodea a Joan Vehils y Josep María Casanovas, parece saltar a la palestra con sus columnas, modelo de gracia y fino estilo periodístico donde las haya, cuando concurren una de estas dos circunstancias: (i) el Real Madrid pierde algún partido (como mínimo), o (ii) el Barcelona atraviesa un período de crisis deportiva y/o institucional. En el segundo caso, sus columnas son proclamas encendidas en las que protesta airadamente contra aquello que, sea lo que sea, daña al club de sus amores. O, más simplemente aún, contra todo aquello con lo que no está de acuerdo. Casi siempre, además, al son de la misma palabra: intolerable.

Así, por ejemplo, el año pasado por estas fechas calificaba de intolerables unas supuestas declaraciones de Touré Yayá en las que el jugador de Costa de Marfil apreciaba la posibilidad de fichar por la Juve, abogando por el traspaso fulminante del jugador. No habían pasado cinco meses, y el propio Carazo le daba la vuelta a la tortilla y, sin el menor asomo de sonrojo, afirmaba en una entrevista en línea que le parecía intolerable que a Touré aún no se le hubiese mejorado su contrato. Intolerable le pareció también la supuesta campaña emprendida por el (afortunadamente) extinto programa de Tele5 Aquí hay tomate contra Ronaldinho y sus noches de diversión. Claro que no mucho tiempo después, se convirtió en fiscal y se sumó al carro de los que censuraron agriamente al jugador brasileño. Intolerable le resulta que el Barça no haya homenajeado como se merecen a Xavi, Iniesta y Puyol (en esto, al menos, puede que le asista algo de razón). Como intolerable fue también en su momento el adelanto de las vacaciones de Eto'o y Ronaldinho. El intolerable más recientito ha sido el, a su juicio, intento de torpedeo del mejor Barça de la historia por los espionajes de la dirección del club a cuatro de sus vicepresidentes. En resumen: con razón o sin ella, el calificativo de intolerable acompaña siempre a Carazo.

Otro rasgo llamativo de su buen hacer es su agudo olfato para las primicias periodísticas. Suele el ínclito hacer gala de un conocimiento anticipado realmente asombroso. En impersonal unas veces (nos consta), personal otras (me aseguran), e incluso recurriendo a la sabiduría popular (cuando el río suena...). Eso sí: como buen periodista, nunca cita sus fuentes. Faltaría más. Eso es secreto, lo contrario sería un atentado a la ética profesional. Antes muerto que decir de qué río se trata. Claro que en este mundo de las tecnologías de la información en el que vivimos, es muy fácil que alguien te saque los colores a la cara cuando las circunstancias sugieren que tu fuente anónima no es otra que la prensa deportiva diaria, limitándose tu supuesto olfato a copiar alevosamente lo que otros han escrito antes. También es cierto, no obstante, que para sonrojarse hace falta tener una noción, por pobre que sea, de lo que significa la palabra vergüenza.

Y parece, sí, que volvemos a las andadas. Porque el señor Carazo, desde el domingo por la mañana, auguraba que el Real Madrid perdería en Sevilla. Su buen olfato de siempre, claro. Dos días después, y visto que su percepción no le había fallado, escribió una columna (es un decir) regodeándose de la derrota merengue. Al menos, y en un arranque de sinceridad, reconocía abiertamente que no hacía falta ser un lince para ello. Bien está. Y hoy mismo, acaso porque con algo hay que justificar los garbanzos (o el Vega Sicilia) que uno se lleva al gaznate, vuelve erre que erre a su deporte favorito: meterse con el Real Madrid, en un párrafo, como todo él, ciertamente memorable

Señoras y señores (esto va dirigido a los ‘merengones’), que Pellegrini tiene los días contados en el Real Madrid. La pobre imagen que ofrecieron frente al Sevilla ha disgustado tanto a Florentino Pérez que ya ha hecho llegar a sus más allegados (Valdano y Pardeza) que, de repetirse semejante varapalo, el técnico chileno puede pasar a mejor vida a la voz de ya. Y me aseguran también que la dirección técnica del Real Madrid ya anda a la caza y captura para el mercado de invierno de un lateral izquierdo y de un cerebro que sepa mandar y maneje el ‘tempo’ de los partidos. Se han dado cuenta de que sin Cristiano Ronaldo el equipo pierde muchos enteros.

Las dudas sobre la continuidad de Manuel Pellegrini al frente del equipo blanco fueron expresadas ayer mismo en términos parecidos (salvando las estratosféricas distancias) por otro columnista del Sport, Martí Perarnau. Como siempre, vuelve a hacer uso de sus infalibles fuentes, que parecen llegar hasta lo más profundo e íntimo del sanctasantórum merengue (me aseguran...). Y, finalmente, diagnostica que parte de los males del Real Madrid provienen de la carencia de un lateral izquierdo de garantías. Me pregunto si esto también se lo sugirió su olfato periodístico o si, por el contrario, se inspiró en los comentarios de otros. Incluso, quién sabe, los de un servidor. Y ojo, que los de ayer no fueron los primeros míos sobre el particular. Será porque tampoco es necesario ser un lince.

Incluso, leyendo la prensa deportiva madrileña de hoy, me asalta la duda: ¿han sido casualidad las apreciaciones de Carazo sobre el lateral zurdo?

Nos consta que es posible... que no.

He dicho.