Ni siquiera la muerte podrá separarnos ...

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martes, 29 de abril de 2014

Zama

Hace cosa de cinco años (mucho ha llovido desde entonces) el FC Barcelona se llevaba un triunfo memorable del santiago Benabéu: 2-6 nada menos. Ello certificaba el título de un equipo que entonces había firmado el mejor fútbol del campeonato y la defunción de otro cuyo modelo agonizaba, sepultado por su propia incapacidad y sostenido por una sola cosa: corazón. Nada más.

En aquellos momentos y tiempo más tarde, el que suscribe se permitía el lujo de vaticinar que la tortilla cambiaría, que Guardiola era Aníbal, y que su versión particular de Zama le estaba aguardando. No había ningún secreto: fútbol es fútbol, como decía el gran maestro Bujadin Boskov. Es decir, el fútbol es cíclico: hoy te toca estar en la sombra, mañana en el sol... y al revés. Por un momento pareció que Escipión se vestía de portugués, pero no: lo hizo como correspondía, es decir, de italiano.

Hoy, el Real Madrid C.F. ha firmado una de las páginas más brillantes de su larga trayectoria. Machacar al Bayern Munich, vigente campeón de Europa, en su casa, sin haberles dado el privilegio de encajar un solo gol,dirigidos por el Aníbal de 2009, es algo indudablemente histórico. Un motivo más que suficiente para que este blog rompa su silencio de varios años. Porque como cantaba el gran Alan Parsons en uno de sus temas del álbum "Pyramid": what goes up. must come down.

Ya tocaba.

miércoles, 27 de abril de 2011

Dios hecho diablo

La rajada de Guardiola en su rueda de prensa tiene tantos matices como lecturas. Para unos (entre los que me incluyo) significa que por fin el de Santpedor se ha quitado la careta de niño bueno y ha hecho lo que en su día Manolo Preciado: entrar al trapo, y encima con muy malos modos (el puto jefe, el puto amo son calificativos que no honran a su destinatario, pero tampoco a quien los pronuncia). Por otra parte, calificar a la prensa madrileña de central lechera tampoco me parece muy correcto, no tanto por los modos (que también) como por la parcialidad, pues olvida el entrenador culé que a su servicio ha tenido hasta ahora no una central lechera, sino un auténtico arsenal mediático (en absoluto limitado a la pendenciera prensa, deportiva o no, de "su país") que le ha practicado (figuradamente, claro) sexo oral hasta la saciedad. Y tampoco entiendo a cuento de qué viene la mención expresa al presidente del Real Madrid.

Luego están aquellos que jalean al técnico blaugrana. Dicen, por ejemplo, que esta reacción es humana, comprensible y elogiable. Estoy sin duda de acuerdo en lo primero, puedo estarlo en lo segundo, pero en modo alguno en lo tercero. No caben elogios para esta clase de manifestaciones, o al menos así lo veo yo. Que pueden ser convenientes para motivar a tus jugadores, vale. Pero esto tan sólo quiere decir que seguimos en el mismo juego, y que lo ocurrido ayer por la tarde no es más que otro episodio donde las reglas habituales, de repente, han cambiado para uno de sus protagonistas. Del otro ya sabemos a qué juega desde hace tiempo y cuáles son sus reglas. La diferencia entre uno y otro es que con Mourinho sabemos lo que hay; con Pep, visto lo visto, no tanto. De una cosa sí pretendo estar seguro: este no es el auténtico Guardiola, como tampoco lo es el del seny y la empalagosa moderación. Sólo ha habido un cambio de careta, nada más.

Coincido con Javier Mascherano cuando afirma que es una lástima que no se hable más de fútbol, como también con Víctor Fernández al decir que esto se ha convertido en una guerra sucia. No tengo ni idea de las consecuencias que esto puede traer sobre el terreno de juego, pero diría también que me importan, por usar la terminología guardiolera, un puto pimiento, un puto rábano. Como el resultado mismo de la eliminatoria, ya puestos. Sí que me importan, en cambio, las secuelas que lo sucedido estas semanas pueda dejar en la selección española, como bien apuntaba Del Bosque. Tan sólo deseo que se acabe toda esta asquerosa vaina cuanto antes.

He dicho.


lunes, 25 de abril de 2011

Cambio de registro

Si por algo se había distinguido hasta ahora el noi de Santpedor en sus ruedas de prensa era por encomiar al rival hasta el empalago y no comentar jamás aspectos relativos al trabajo de otros entrenadores (salvo para elogiarles también) o de los árbitros, con la única excepción de su rifirafe con Clos Gómez, a quien no vaciló en calificar de mentiroso, lo que le valió una multa de quince mil mortadelos. Dicho patrón de conducta, alabado por todos, le ha valido al entrenador del FC Barcelona un plus angelical y de representante genuino de las virtudes del buen catalán, construyendo a su alrededor una imagen de humildad, mesura, criterio y bondad que el propio Guardiola se ha encargado de gestionar con la máxima eficacia. Así, no es de extrañar que un escritor de renombre y al que (hasta ahora) admiraba y dedicaba simpatías como Juanjo Millás comparase a Guardiola con Dios y a Mourinho con Lucifer, ahí es nada. Pero claro, cuando vienen bien dadas todos somos amables, mostramos buena cara y, si somos inteligentes (y sin duda Pep lo es, y mucho) nos metemos en el bolsillo a cualquiera, hasta el más enconado de los rivales.

Ahora bien, todos absolutamente, unos más y otros menos, llevamos dentro al doctor Jeckyll y a Mr. Hyde. Esa es la gran genialidad de la inmortal obra de Stevenson. El último suele aflorar en momentos de tensión, rompiendo la cáscara de convencionalidad de la que todos nos rodeamos cuando sopla la bonanza, cosa que no sismpre ocurre en la vida. No quiere esto decir que sea nuestro auténtico yo, simplemente que es una bestia dormida, más o menos temible según cada cual, que todos llevamos dentro y que sacamos a relucir a poco que se presente la ocasión, de modo inconsciente.

Llegados a este punto, me pregunto cuál habrá sido el motivo del cambio de discurso del entrenador culé en la rueda de prensa posterior al choque frente a Osasuna y que su equipo resolvió en dos llegadas al área rival. No hay halagos al rival, aparece el tradicional victimismo blaugrana (¡fíjate tú, pitarle un orsay a Pedro por dos centímetros!), una más que desacostumbrada ironía y ¡pásmense ustedes!, críticas hacia la posible designación de un árbitro portugués para el siguiente choque contra los blancos. En otras palabras: uso indisimulado del Manual para las Ruedas de Prensa, edición de siempre. Y el chico bueno que se esfuma... o se coge unas vacaciones, quejándose abiertamente en su lugar Mr. Hyde de que ¡todo el mundo da por favorito al archirrival! cosa que (y eso lo sabe bien él mejor que nadie) es absolutamente falsa. Vivir para ver: no es ahora Clos Gómez quien miente. ¿Es inconsciente Guardiola de su cambio de rol y ha dejado que su bestia particular salga a flote? ¿U obedece su aparente despotrique a lo de siempre (tácticas de comunicación, o sea)? Hace ya tiempo que dejé de creer en el buenismo del entrenador blaugrana, y lo atribuyo a una mise-en-scene perfectamente calculada y ejecutada. Una máscara, un personaje. Convincente, desde luego, y más vendible que un póster de Marilyn Monroe en paños menores... pero nada más. Por eso mismo pienso que lo de ahora es sólo un cambio de estrategia y que su discurso de ahora sigue siendo tan falso como lo era el de antes: no me creo enteramente ni uno ni otro. Ya no.

Y por cierto: también sigo pensando que su equipo es archifavorito para pasar la eliminatoria y llevarse la Champions, y que está uno o más peldaños por encima del resto. Esa misma es la razón por la que el reciente triunfo blanco en la Copa del Rey tiene más valor: la inmensa categoría del rival. Pero de ahí a desbancar a los culés del papel de favorito, media un abismo.

He dicho.

jueves, 7 de abril de 2011

Guardiolada II

Pues que no se baja del burro el noi. Después de que su equipo le endosara una manita a su rival, todavía tiene redaños como para aparecer en rueda de prensa post-partido y echar en cara a los periodistas que no creyeran sus valoraciones previas sobre el equipo de Lucescu. ¿Os ha gustado el Shakhtar? ¿Me creeis ahora?, preguntaba Guardiola. A mi modo de ver, es una poco sutil forma de insultar la inteligencia mental del auditorio. Personalmente, yo me sentiría ofendido por semejante tomadura de pelo, tan imposible de creer como que los pajaritos se quedan embarazados. O las pajaritas, que lo mismo me da.

Vale que los delanteros del equipo ucraniano perdonaron a la contra ocasiones claras de gol, y vale que, de los goles locales, ninguno fue logrado ni por Messi ni Pedro ni por Villa. Pero de ahí a justificar los funestos presagios de la víspera media un abismo. Cada vez son más las voces (fuera de la Ciutat Comtal, naturalmente) que se están mosqueando con la actitud guardiolesca de cantar en ópera, zarzuela o sardana las excelencias del rival sea quien sea, de modo que llega un momento en el que no es posible distinguirlos porque todos, desde el Ceuta al Madrid, juegan muy bien, son peligrosos, provocan malas sensaciones, y sepa Dios qué más. Si el de Santpedor quiere motivar a sus chicos, que haga lo que le dé la gana. Pero por favor, hombre: ¡que no somos gilip...s! Que una cosa es ser humilde y otra bien distinta pensar que quien te escucha no tiene ni dos dedos de frente.

Claro que, ya puestos, para frase lapidaria la que se marcó el entrenador rumano tras el partido: no ganaron ellos, hemos perdido nosotros. Con un par, el hombre. Otro que...

miércoles, 6 de abril de 2011

Guardiolada

Que Pep es un buen entrenador, nadie lo duda y yo tampoco. Sus éxitos hablan por sí solos. Y que también es un buen motivador, de acuerdo. Desde que Benito Floro hablase de la importancia del trabajo psicológico dentro de las plantillas de fútbol, allá por finales del siglo pasado, esta componente ha ido ganando peso específico en la preparación de los equipos, tanto más cuanto más está en juego. Pero en lugar de dejarla en manos de profesionales, han sido los propios entrenadores quienes han asumido el reto de animar y motivar a sus hombres, con métodos y resultados muy desiguales: desde el tú eres mejor que ese negro, de Luis Aragonés a José Antonio Reyes a los métodos más sutiles del noi de Santpedor o el demonio lusitano (léase Mou).

Pero estábamos con Guardiola. Ya he comentado antes que las declaraciones del entrenador blaugrana no me suenan sinceras, siendo como son fuera de lo corriente y moliente (del tipo es un partido muy difícil, tenemos que hacer nuestro juego, y bla, bla, bla). A fuerza de repetirlas, sin embargo, uno deja de creerse que Pep piense de verdad, en su fuero interno, que el Almería, el Hércules o el Levante son rivales formidables, por ejemplo. Porque no pueden serlo al lado del Barça actual, y ahí están los resultados y los marcadores para demostrarlo. Se trata, en mi opinión, de una solución para evitar que sus hombres se lo crean demasiado. Pero nada más. Fuera de esa finalidad concreta, para mí que tienen más de mentira que de verdad. Porque por definición, quien no dice la verdad, a sabiendas de lo que hace, miente. No importa lo loables que sean sus verdaderas intenciones.

Naturalmente, esa clase de mensajes termina por perder fuerza a medida que se recurre a ellos como herramienta de motivación, toda vez que los tuyos ganan, ganan y vuelven a ganar. Así que no queda otra que elevar de tono el discurso si se quiere mantener la tensión en el equipo. Tras la reciente jornada liguera en la que el Barça se ha asegurado prácticamente el título liguero por tercer año consecutivo, viene el desafío de la Champions frente a un Shakhtar Donetsk ucraniano que se ha convertido en el equipo revelación de la máxima competición europea. Y para evitar euforias prematuras, al bueno de Guardiola no se le ha ocurrido sino afirmar que por primera vez no tiene buenas sensaciones y que se ve más fuera de la eliminatoria que dentro.

Y yo que leo esa frase, así, tan tremebunda y de mal agüero, y me echo a reír. De verdad, ¿se creerá lo que está diciendo? Lo dudo tanto, tanto, tanto...

lunes, 6 de diciembre de 2010

El valor del Silencio

Han pasado siete días desde el Clásico contra el Barcelona. Y es ahora, una semana después del, para mí y otros tantos madridistas infausto partido del Camp Nou que vuelvo a asomarme al teclado. Del partido no tengo nada que comentar. El resultado final lo dice todo, así que no queda más que rendirse ante la evidencia y seguir peleando, luchando hasta el último aliento y el último minuto. Esa es la obligación de los jugadores, del cuadro técnico y de la directiva. Sin rendirse nunca, jamás. Han perdido una batalla. Estrepitosamente, sí. Pero la guerra sigue, y en varios frentes. Por lo pronto, la difícil victoria del pasado sábado ante el Valencia habrá servido, espero, para tomar un poco de aire, restañar las heridas aún sangrantes y recobrar algo de una moral que adivino barrida, aniquilada y destrozada.

Durante estos días de difícil trago, la mayoría de mis amigos (y familiares) culés o, en el mejor de los casos, antimadridistas furibundos ha sido la de guardar silencio. Lo aprecio y lo valoro, porque es justamente lo que deseaba. No ya sólo por el estado de ánimo, que también, sino porque estimo que es la justa correspondencia a mi política de siempre en casos deportivos: vive y deja vivir. Disfruta de lleno de las victorias de los tuyos con aquellos que comparten tus simpatías, y deja a los demás en paz. No me cabe duda de que algunas personas cercanas habrán disfrutado como niños viendo el recital de los chicos de Guardiola. Pero en lo que a mí respecta, ya fuese en presencia o en la distancia, si te he visto no me acuerdo. Gracias pues.

Otros, los menos, no. De un modo u otro me recordaron lo sucedido, con insistencia en algún caso. Bien, nada que objetar. Libres somos. Pero ante un estímulo así tenía varias salidas. Y al final, opté por la que me pareció mejor: negarles lo que me habían dado y regalarles lo que hubiese querido para mí, y que no era otra cosa que silencio, silencio absoluto. El mismo silencio que observaré escrupulosamente cuando las tornas se viren, siempre fiel a mí mismo. Una opinión que, por cierto, no es la primera vez que expreso en este mismo espacio, cuando la diosa Fortuna sonreía, no hace tanto, a mis colores.

Porque las tornas, con total certeza, cambiarán. No sé cuándo, ni cómo o por qué, pero lo harán porque siempre lo han hecho. Es ley de vida: los triunfos nunca son permanentes y el viento siempre cambia de dirección, ya sea por lesiones, defecciones, por la llegada de alguna oveja negra o la ambición incontrolada de algún jugador o (más corriente de ver) de su representante; por el hastío de los triunfos, por imprevisión o exceso de confianza, por la soberbia, por la mala gestión de los directivos (que le pregunten al Valencia) o, más simplemente, por el paso inexorable de la edad y la pérdida irreparable de ciertos jugadores, técnicos o directivos clave. O por cualquier otra circunstancia impredecible e imprevisible. Aníbal cruzó los Alpes en lo que parecía una empresa irrealizable, machacó a la caballería romana de Publio Cornelio Escipión padre en el río Tesino, destrozó a las legiones de Sempronio en Trebia, aniquiló al ejército consular de Flaminio en el lago Trasimeno y, finalmente, masacró cuatro ejércitos consulares al mando de los cónsules Emilio Paulo y Terencio Varrón en Cannas, en una auténtica orgía de sangre y muerte. Pero Aníbal se enfrentó a Publio Cornelio Escipión hijo en Zama, donde acabó siendo descalabrado, y ése fue el principio de su fin. Los suyos, los cartagineses, hicieron el resto. Como los mismos romanos con su general, por cierto. Guardiola y los suyos verán el día en que llegue su Zama particular. Su Escipión les aguarda. Sólo es cuestión de dónde y cuándo.

Y cuando llegue ese día, insisto, sólo habrá silencio por mi parte hacia las personas cercanas que profesen los colores blaugrana. El silencio, ese valioso, agradable y elocuente compañero de viaje. Guardaré mis palabras para los de siempre, para nada cercanos en lo personal, deportivo o geográfico. Y mientras tanto, paciencia y a recordar el viejo proverbio Klingon con el que Tarantino abriera hace años su inmortal epopeya Kill Bill. Hoy he roto el silencio. Porque he querido, por pura y simple voluntad.

He dicho.

domingo, 3 de octubre de 2010

Los más listos de la clase

Ignoro si Florentino Pérez sabía lo que hacía cuando fichó a José Mourinho para dirigir los destinos de la primera plantilla del Real Madrid. Quiero decir, más precisamente, que desconozco si se hacía cargo del alcance del fichaje, en todos los sentidos. El portugués está demostrando ser un personaje sumamente astuto. Y las plumas de nuestra ilustre prensa deportiva están cayendo tan bajo que no se adivina el fondo del pozo. En el panorama futbolístico patrio, ya teníamos un chico muy listo: Pep Guardiola, el noi de Santpedor. Pero ahora le ha salido un digno competidor en la figura del controvertido entrenador luso, más allá de lo meramente deportivo y mucho más allá de su particular histrionismo.

Ambos tienen aspectos en común. Ya imagino a los culés más recalcitrantes protestando por esta blasfemia: ¡cómo se van a parecer, tan buen chico el uno y tan borde y chuleta el otro! Pero que Mou sea ahora mismo el mismísimo Demonio del Mediodía para los blaugrana no debe ser obstáculo para fijarnos un poco. Guardiola asumió como norma no conceder entrevistas a los medios de comunicación, hablados o escritos. Hizo muy bien, porque dedicarle más tiempo que el estrictamente necesario a los periodistas deportivos es simplemente desperdiciarlo. Y más aún cuando, tal y como hacía el catalán desde su etapa como jugador, rompía los tópicos habituales en las ruedas de prensa: es un partido muy difícil, un rival complicado, tenemos que hacer nuestro juego, y bla, bla, bla. Ahora, en esta brillantísima etapa como técnico, controla todos y cada uno de los aspectos de su equipo, al que gobierna con puño de hierro en guante de seda. Además tampoco habla por hablar: su mensaje nunca es repetitivo, y sí finamente calculado, diseñado, predigerido, y por último, lanzado a los tiburones con la sutil precisión de un misil. Jamás queda al azar. Su objetivo último: motivar a sus hombres y nublar al rival. Así de claro. Los éxitos son siempre de sus jugadores, mientras que asume como propios los escasos fracasos cosechados hasta hoy. Como en aquella frase memorable tras la eliminación copera ante el Sevilla, a comienzos de este mismo año: siento que he fallado a mis jugadores. Algo que, entiendo yo, ni él mismo se podía creer. Ni de coña. Pero como motivador de sus jugadores en la derrota, perfecto e impecable. Sus modales de colegial británico, su aparente humildad, su cuidada imagen, todo contribuye a hacer de sí el chico perfecto. A lo mejor meo colonia, decía no hace mucho. No lo creo en absoluto, más bien pienso que es muy, muy listo.

El portugués también controla todos y cada uno de los aspectos del equipo al que entrena y, al igual que Pep, jamás concende entrevistas a las radios ni se rinde ante los jugadores, especialmente si no trabajan como a él le gusta. No se presta al juego de la prensa y, tal y como hace su antagonista, se sirve de ella, aprovechándose de su cateta estulticia. Y aquí se acaban las semejanzas. Mourinho no tiene pelos en la lengua y no duda en lanzar aspavientos. Pero sus desplantes nunca resultan de una pérdida de nervios o de cabeza: al contrario, también persiguen una finalidad. Hace poco más o menos un año, el Real Madrid ganaba partidos, pero el juego bonito que se prometía bajo la batuta de Pellegrini (una apuesta de Valdano como antes lo fue el infausto Carlos Queiroz) no terminaba de llegar. El chileno tenía que justificarse una y otra vez, reclamando una paciencia que nadie le concedería, y menos aún tras la penosa eliminación copera ante el Alcorcón. Hoy pocos se fijan en las carencias que, hasta el momento, ha mostrado el juego madridista. Nadie hace gala de la impaciencia del año anterior. En lugar de ello, los periodistas (especialmente los de Barcelona, claro está) se han lanzado como cerdos tras las trufas, siguiendo el resto de pólvora de los fuegos de artificio que ha lanzado el luso. Que si dejo en el banquillo a Benzema, que si Pedro León no es Maradona, que si me marcho de la rueda de prensa, que si los rivales del Barça entregan los partidos de antemano, etcétera. Todo eso ha convertido a nuestra paupérrima prensa deportiva en un triste sucedáneo de Crema Rosa y otra telebasura similar. Pero nadie habla del juego del Madrid. Objetivo cumplido. Otro chico listo.

Entiendo que muchos de los directores de periódicos y radios de este país se frotaron las manos cuando supieron que Mourinho vendría al Real Madrid. Y éste, generoso, no les ha decepcionado: les está haciendo ganar mucho dinero y genera una portada tras otra. A cambio, se ha convertido en el gigante Atlas, ése mismo que fue condenado a soportar sobre sus hombros el peso de la bóveda celeste. Porque no se requiere menos para lidiar con los mismos medios que han contribuido a triturar y deshauciar a un entrenador tras otro, especialmente en el Real Madrid. José Mourinho tiene muy buenas espaldas, y los periodistas deportivos muy poco seso. Salvo para hacer dinero, claro. Al chico más listo (Pep Guardiola) le ha salido un rival a su altura, no sólo en lo deportivo. Ahora, falta por ver si además se convierte por segunda vez en su Némesis particular.

He dicho.

Add-on: Martí Perarnau en el Sport, martes 19 de octubre de 2010.

jueves, 23 de septiembre de 2010

¡Qué soberana estupidez!

Durante mucho tiempo he creído que el diario barcelonés Sport representaba lo peorcito de la prensa deportiva española, con la sola excepción de las columnas de Martí Perarnau. No es que el resto estuviese como para tirar cohetes, pero al menos no caían en el amarillismo recalcitrante teñido de oscuro forofismo y, a veces y según quién, de catalanismo hidrofóbico. Desde hace cosa de un par de años, sin embargo, debo reconocer que el diario MARCA ha conseguido lo que parecía imposible: desbancar al Sport del dudoso honor de dirigir la retaguardia de la prensa deportiva nacional. Al menos ante mis ojos. Y todo ello gracias a su director: Eduardo Inda. Un señor que de periodismo demuestra saber bastante poco (no digamos de fútbol), y sí manifiesta en cambio un desmesurado afán por el autobombo y un estilo de redacción que oscila entre lo chabacano y lo surrealista.

Hace unos meses, Inda afirmaba en un videoblog publicado en la edición digital de su periódico, y en referencia a Leo Messi, que había que pararle por lo civil o lo criminal, haciéndose eco de una frase a menudo empleada por Luis Aragonés. Añadía que habría que hacerlo dentro de los límites del reglamento, o eso parece. Porque en el video de marras no aparece alusión alguna en ese sentido. La frase quedó ahí. Por cierto, el aludido (osea, Messi) demostró que para frenarle no cabía una cosa o la otra, si estábamos dentro del reglamento.

Este fin de semana, tras la lesión del astro argentino a manos (o más bien a los pies) de Tomas Ujfalusi (fuera del reglamento, claro está), el siempre astuto Pep Guardiola resucitó la frase del director de MARCA, en lo que bien podría entenderse como aquellos polvos han traído estos lodos y, por tanto, descargando sobre el periodista (¿?) navarro parte de la responsabilidad por la lesión de su jugador. Una jugada, como digo, astuta, pues además de acusar a Inda de incitar al juego violento para frenar a Messi, reclama sutilmente más protección para él y aleja de paso los fantasmas del nefando Villarato. Aunque no sé qué más protección quería, ya que entiendo que el árbitro estuvo impecable en el castigo al jugador checo: más no se podía hacer. Pero a Pep Guardiola, por lo que estoy viendo, hay que leerle dos veces. Siempre.

E Inda, en lugar de hacer oídos sordos a las palabras del noi de Santpedor o, en todo caso, de poner las cosas en su sitio (si es que cabía hacer tal cosa), arremetió contra él como un morlaco, acusándole de actitudes fascistas y responsabilizándole de cualquier agresión que pudiera sufrir en el futuro. Semejante dislate mueve a la risa por patético, a la par que califica a su protagonista. Preguntado de nuevo sobre el tema, Guardiola se limitó a zanjar la polémica afirmando que no conocía a ese señor. Punto final.

Puede que en Catalunya estén por la labor de prohibir las corridas de toros, pero Guardiola ha demostrado una vez más que de toreo sabe mucho, mientras que el director del rotativo madrileño no ha resultado ser más temible que una vaquilla en una feria de pueblo.

He dicho.

miércoles, 28 de abril de 2010

Fútbol es fútbol

El F.C. Barcelona ha cumplido hace apenas unos minutos la maldición de la Champions. Ya se sabe, ésa que dice que el campeón nunca repite. Así ha sido desde que la antigua Copa de Europa adoptó este nuevo formato, y ni siquiera el fútbol alegre, rápido, vistoso y avasallador del conjunto catalán ha podido deshacer el mal fario. Ohú, diría un calé. Mierda, dirá previsiblemente un culé. Y en estos momentos y desde estas líneas, quiero expresar mis condolencias a la familia de aficionados blaugranas. De verdad, sin cinismos ni medias tintas. Lo siento por ellos. Entiendo que ha sido un palo, a nadie le gusta caer eliminado en una competición como ésta, máxime cuando el premio era disputar la final en tu propio país, en España. Y en verdad era un premio apetecible. Pero el fútbol es así.
Mourinho le ha ganado tácticamente la partida a Guardiola. Ha planteado un partido de corte muy defensivo, sí, pero perfectamente ejecutado. Y se equivoca quien critique esta forma de jugar: tan lícito es plantear un partido a la defensiva con la opción del contraataque como quien lo hace desde el virtuosismo y la posesión. Fútbol es fútbol, decía Boskov. Y tanto vale uno como otro. El portugués ha aplicado el manual de cómo atenazar el tiqui-taca: dos líneas de presión, muy juntas, y dos puntas rápidos para sacar tajada de cualquier despiste de la zaga rival. Cuando el árbitro expulsó a Motta, las opciones del Inter se redujeron a sólo una: defender. Nada más. Y ha tenido éxito. Lo demás, han sido triquiñuelas para sacar al rival de quicio, para descentrarle, para romperle el ritmo. Mención aparte, entre col y col, para la triquiñuela teatrera de Busquets al provocar la expulsión del antiguo canterano del Barça, todo hay que decirlo. Pero así y todo le ha salido bien la cosa: sólo una baja para la final por tarjetas: precisamente la de Motta. Creo.
Vista desde la perspectiva del eliminado, la cosa adquiere otro cariz: que si no quisieron jugar, que si podemos irnos con la cabeza bien alta, que si no hemos sido nosotros mismos... Todo esto puede ser bien cierto. Lo es, de hecho, salvo por un pequeño detalle, comentado más arriba: el Inter no quiso jugar el partido que al Barça más le hubiese gustado. Jugó el suyo, y le salió bien. Y no todos los días se repiten milagros como el de Stamford Bridge, no todos los días hay un Iniesta que te sale al rescate cuando todo lo demás parece perdido. Y hoy no se vio al gigantesco Messi de otras noches, perfectamente secado por Cambiasso. Fútbol es fútbol, una vez más, y estas cosas pasan. Por lo demás, es verdad que han hecho de largo el mejor fútbol que se ha visto en la competición, sobre todo en la memorable eliminatoria frente al Arsenal. Y también es verdad que ese fútbol, que ha llegado a enamorar al mundo entero, brilló hoy por su ausencia: el Barcelona fue un equipo de balonmano, moviendo el balón de un extremo a otro sin apenas penetración e ideas para romper la bien ordenada defensa transalpina. El Barça del Arsenal hubiera hecho saltar esa defensa por los aires y habría barrido a su rival sin contemplaciones. El de hoy, no lo ha hecho. Una vez más, fútbol es fútbol.
Guardiola reaccionó, es verdad, quitando a un delantero referencia como Ibrahimovic y metiendo a más bajitos en el ajo (Jeffren y Bojan Krkic), con objeto de dar movilidad al ataque y así descolocar a la defensa rival. Sin embargo, mi paisano se quedó pegado a la banda donde no le pudo ganar a Maicon más que un balón, y el de Linyola se perdió entre Lucio y Walter Samuel, pese a haber desperdiciado una ocasión pintiparada para abrir el marcador. Pero repito: fútbol es fútbol, y la veleidosa Fortuna quiso que el balón se marchase fuera. En fin, al Barça sólo le resta la opción liguera en la que tiene fundadas opciones para repetir título, pese a tener al Madrid resoplándole en el pescuezo. Sin embargo, la experiencia de esta noche debería servir para recordarles a los azulgrana que no es necesariamente el que mejor juega quien termina por llevarse el gato al agua. Y que, mientras las matemáticas no digan lo contrario, la posibilidad de que la liga también se escape está ahí. Intacta.
Mis últimas palabras en esta entrada son para los adalides de la prensa culé: Casanovas, Vehils, Nolla, Carazo, Basté, Aguilar, Pérez de Rozas, Fonalleras, Mascaró, Frieros, Poquí, etcétera. Para aquellos que proclamaban anticipadamente que su equipo levantaría la Champions en el Bernabéu, relamiéndose ante lo que concebían como la máxima humillación al rival, más profunda aún que el 2-6 de hace un año. Tampoco quiero olvidarme de Caye, el viñestista del diario Sport, cuyo sentido del humor ciertamente no comparto en absoluto. Y mis palabras son sólo para mencionarlos, porque no voy a decirles nada. Sólo les dedico mi silencio, a cambio de todas las chuflas, befas y mofas que han hecho del Real Madrid cada vez que caía derrotado. Sólo mi silencio, verbal y mental. Nada más.
Porque aunque estuviesen leyendo esta entrada en los monitores de sus respectivos ordenadores no serían capaces de oír ni leer nada de cuanto yo dijese. Ninguna otra cosa que no fuesen sus propios discursos mentales, zumbándoles como un enjambre de moscas. Sin duda, es lo que deben estar escuchando, en éstéreo Dolby Surround, o como se diga. Así que es mejor estar callado y no decirles nada: ellos ya hablan consigo mismos. No me cabe la menor duda.
He dicho.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Fiascanieves y los siete fiasquitos (Segunda parte)

La segunda parte de esta historia, como ya adelanté, tiene lugar en el Principado de Catalunya. Ningún lugar más adecuado para la conclusión de un cuento como éste, que versa sobre hadas y príncipes, que un principado, aunque algunos querrían verlo convertido en república. E independiente. Pero ésa es otra historia, y no viene a cuento aquí (una vez más, nunca mejor dicho). Los republicanos jamás tuvieron cabida en los cuentos de hadas. Por definición.

Como es lógico, el Real Madrid no fue el único que persiguió refuerzos durante la época estival, por mucho que concentrara sus baldíos esfuerzos en Fiascanieves. Érase que se era, que el máximo rival también se puso manos a la obra para remodelar su escuadra, maltrecha después de haber perdido (que no regalado, atención) dos ligas consecutivas frente al Madrid, amén del resto de trofeos a los que había optado entre agosto de 2006 y mayo de 2008, en algunos casos de modo estrepitoso: Supercopa de Europa (2006) a manos del Sevilla, Copa del Rey frente al Getafe (2007), y la guinda del pastel, auténtico abrelatas de la Caja de los Truenos Blaugranas, el pasillo ante un Real Madrid recién proclamado campeón de liga que, acto seguido, pasó por encima del antaño temido y admirado Barça (2008).

Y así comenzaron a pulular las serpientes de verano por Can Barça. Aún cuando el campeonato liguero no había llegado a su fin, los nombres empezaron a crecer como champiñones en un huerto... de hadas. El problema no era pequeño: deshacerse de una buena parte del equipo (en especial de los cracks, salvo Leo Messi), entrenador incluido, y construir un nuevo proyecto capaz de ilusionar a una parroquia soliviantada, a punto de tomar la Bastilla por las armas y hacer de Laporta una reencarnación de Luis XVI. El encargado del proyecto: Pep Guardiola. Y bajo su batuta y la de Txiki Begisristain, el baile arrancó.

¿El resultado? Ya conocido: Dani Alves y Seydou Keita (Sevilla), Gerard Piqué (Manchester United), Alexander Hleb (Arsenal) y Martín Cáceres (Villareal, cedido al Recreativo de Huelva). La lista de bajas fue más extensa, con nombres tan resonantes como Ronaldinho, Deco, Thuram, Zambrotta y Edmílson, entre otros. Fiesta. Tracas. ¡Pum, pum! Negocios redondos, ilusiones renovadas, confianza ilimitada en el noi de Santpedor, y por si fuera poco, una pretemporada en la que el equipo marcaba goles por medias docenas, sin apenas ver su meta batida. ¡Perfecto!

¿O no?

Pues... no tanto. Hete aquí que a las primeras de cambio, el Barça pierde en Soria ante un recién ascendido. Y los cánticos celestiales del verano dejan paso, por fin, a los escasos críticos que habían tenido la osadía de afirmar que el equipo estaba aún incompleto, y que tenía carencias. Carencias que, como era de temer, habían salido a relucir apenas comenzada la temporada regular, la competición en serio, o sea. Y fue entonces cuando los aficionados se acordaron de lo que pudo ser y no fue, las figuras que pudieron venir... y no vinieron. Siéntense pues, y contemplen la colección de fiasquitos blaugranas. Todos los enlaces les llevarán invariablemente al SPORT o al Mundo Deportivo.

Fiasquito número uno: Robinho
Pues sí: nada menos que Robson de Souza para empezar. Un cuento conocido: el de la lechera. Planteamiento: con lo que me paguen por Ronaldinho y Deco, me compro a Robinho, que está harto de que el Madrid lo maree como moneda de cambio del cuento de Fiascanieves. Y Guardiola, batiendo las palmas de contento. Responsable del fiasquito: Mundo Deportivo. En el SPORT, lo desmintieron al día siguiente. La causa: las relaciones institucionales son excelentes, a pesar de la rivalidad. Amén.


Fiasquito número dos: Benzema
Más sonado que el anterior. El joven jugador franco-argelino ha aparecido repetidamente en la portada de los medios barceloneses, quienes desvelaron supuestas negociaciones con el Olympique de Lyon para hacerse con sus servicios. El SPORT ya recogía el interés del FC Barcelona desde comienzos de año. Y hacia el final de la temporada, los esfuerzos de la secretaría técnica blaugrana arreciaron. Pero se encontraron con dos problemas: el primero, más inmediato, el propio presidente del equipo galo, Jean-Michel Aulas, quien afirmó que por cuarenta millones de euros vendería una oreja del jugador. El segundo problema, más grave, fue el propio interesado quien, hacia finales de agosto y con la liga francesa ya en marcha, manifestó que no consideraba probable la salida de su equipo en 2009 (el Mundo Deportivo había publicado una semana antes que Benzema estaba "listo para salir"). Así pues, todo ha quedado en nada. Y lo que es peor: sin visos aparentes de resolverse a favor del FC Barcelona a corto plazo.

Fiasquito número tres: David Villa
Arranca la Eurocopa 2008, y el delantero asturiano del Valencia se marca un hat-trick ante Rusia en el debut de la "Roja". La euforia se dispara por el contundente resultado, y en Barcelona se relamen, pensando en fichar al "Guaje". En el SPORT, todo son alabanzas hacia "Mara-villa", de parte de Casanovas, Batlle (patético, él), Carazo (eternamente inefable, como las nieves del Kilimanjaro) o Francesc de Haro, hasta el punto que el jugador se convierte en el "Objetivo número uno". En el Mundo Deportivo, sin embargo, la mano de Joan J. Pallàs pone un poco de sentido común en plena traca. Eso sí: no se recatan, como es la norma habitual en la Ciudad Condal, de atribuirle sentimientos culés. De toda la vida, oye. Tras una serie de tiras y aflojas a lo largo del verano, en los que el Madrid acaba complicándose de modo rocambolesco a finales de agosto, el jugador renueva contrato con su equipo. Fin del capítulo.

Fiasquito número cuatro: Adebayor
Junto a Ronaldinho y Deco, Samuel Eto'o había sido señalado por los medios barceloneses (y por el propio Guardiola en su presentación) como prescindible. Esto disparó la necesidad de contratar un nuevo delantero centro. Tras la pasión "mara-villosa", se barajaron otras opciones, entre ellas la de Emmanuel Adebayor, delantero del Arsenal. Pero Wenger nunca estuvo por la labor de dejar ir a su jugador, tras su brillante temporada en la Premier en la que por fin había destapado el tarro de las esencias, después de los años a la sombra de Henry. Otro cuento de la lechera: con lo que consiga por Eto'o, traigo a Adebayor. Pero el plan falló. Un detalle: el Barça, según el Mundo Deportivo, se aferró a la posibilidad de que el propio delantero togolés presionara a los gunners para forzar su salida del club londinense. Justo lo que se suponía que Fiascanieves haría con el ManU, lo cual suscitó no pocas, y ácidas, críticas hacia el eterno enemigo.

Fiasquito número cinco: Arshavin
El más estruendoso de todos. La historia ha sido ya explicada en este mismo blog. Resumen: Arshavin admira a todos tras su actuación ante Holanda en los cuartos de la Euro. Al día siguiente, la tierra tiembla en Barcelona, y buena parte de los columnistas, en tropel, exigen puño en alto su fichaje o fantasean imaginando una delantera en la que el ruso acompañaría al fiasquito anterior y a Messi. "Suena más que bien" (J.M. Artells). Más tarde, la secuencia habitual: el tovarich es culevich de toda la vida y espera al Barça con los brazos abiertos. La agitación dura hasta la semifinal frente a España. Rusia vuelve a ser vapuleada, y Puyol deja a Arshavin más seco que el esparto. Días más tarde, Albert Masnou escribe para SPORT su memorable columna en la que manifiesta dudas sobre Arshavin. Ante la ausencia de un jugador para la banda izquierda que supla la marcha de Ronaldinho, los rescoldos vuelven a reavivarse en agosto. En vano. El Zenit de San Petersburgo no vende barato... paisa.

Fiasquito número seis: Drogba
El origen de la historia es idéntico a la de Adebayor: la necesidad de un recambio para Samuel Eto'o, a quien por descontado se ubica fuera del club. Como no podía ser menos, al jugador marfileño se le cae la baba ante la idea de recalar en Barcelona. Y como también cabía esperar, el traspaso estaba hecho allá por el mes de julio. Incluso se reveló el montante del traspaso: 25 millones. Cifra elevada, mas no descabellada. De nuevo, la cosa quedó en nada, quien sabe si por desacuerdo económico o por las condiciones del contrato ofrecido por el Barça. O, simplemente, porque el Chelsea dijo "no, y punto". Quién sabe. Por cierto: al igual que Adebayor, el Barça esperaba que el jugador pusiera de su parte para forzar su salida. Y tampoco sucedió tal cosa.

Fiasquito número siete: Silva
Otro posible fichaje con historia ya vista: hace falta un jugador que ocupe la banda izquierda. Y visto que lo de Arshavin no se movía ni con palanca, las miradas se dirigieron hacia mi paisano grancanario. Para ser justos, en el Mundo Deportivo ya habían apuntado tal posibilidad allá por mayo, conscientes de que la Euro podría elevar la cotización del centrocampista, tal y como sucedió, en efecto. A lo largo del verano, sin embargo, la situación parecía favorable: a finales de julio, el Valencia estaba sumido en el caos, traído de la mano del ilustre Villalonga, el ex-compi de Ansar y antiguo jefazo de Telefonica. Y en río revuelto, ya se sabe. Pero Vicente Soriano consiguió que el nefasto Juan Soler le nombrase presidente del Valencia y se aplicó, entre otras cosas, a atar definitivamente a sus mejores jugadores. Villa y Silva, los dos davides, no cambiarían de aires.

Más de un lector ya habrá adivinado que la lista de posibles fiasquitos fue mucho más amplia. A lo largo del verano sonaron otros nombres: Ibrahimovic, Trezeguet, Diego, Mario Gómez, Berbatov, Coloccini, Malouda, y sabe Dios. La más estrambótica de esta larga serie de fantasías (pues estos son fiasquitos menores, en relación a los descritos) se la marcó Lluís Mascaró cuando apuntó la posibilidad de cambiar el final del cuento de Fiascanieves... ¡a favor del Barça! Vivir para ver. O para leer.

El cuento de los fiasquitos demuestra una cosa: las expectativas desatadas por los periódicos deportivos son, en su mayoría, puros espejismos. Cinco fichajes hizo el Barcelona en el verano, lo cual nos deja un saldo de un fichaje por cada tres fiasquitos, más o menos viables. Y si en Barcelona se han refocilado de lo lindo (no sorprende) por el fracaso de Calderón en atar a CR7, bien harían ellos mismos en recordar cuánto humo han acabado por vender este verano. Una vez más, si de vender y ganar dinero se trata, nada que objetar. Pero si hablamos de informar, son tan mediocres o peores aún que sus colegas de la capital del reino.

Por otra parte, y esto es más grave aún, semejante colección de fracasos, por mucho que uno a uno carezcan de la resonancia del affaire CR7, deja también a los pies de los caballos al propio FC Barcelona, pues de los cinco fichajes realizados, sólo tres (Alves, Keyta y Hleb) tienen opciones reales de disfrutar de minutos en abundancia, mientras que Piqué y Cáceres suenan a recambios de Puyol y Márquez... o de Gabi Milito, cuando se reincorpore. Los siete fiasquitos son, todos ellos, jugadores de ataque. Y ante tanto fiasquito, no hubo más tu tía que plegar velas, volver a echarle flores a Eto'o, a quien se había puesto a escurrir por su bajo rendimiento (condicionado por las lesiones y por la Copa de Africa), por borrarse del partido en el Bernabéu provocando una tarjeta ante el Valencia y, recordaban algunos, por cargarse la unidad del vestuario azulgrana tras su inmortal "rajada" en Vilafranca, y readmitirle sin más como delantero centro del equipo.

Fiasquitos. Sin paliativos. Se hicieron esfuerzos más o menos reales por traerles, y ninguno acabó por llegar. Y eso que todos, unos más o otros menos, soñaban con ser culés (condición indispensable para ser querido por la afición, més que un blub, i tot això). Pero no bastó. Así como el ManU convirtió a CR7 en Fiascanieves, el Arsenal, el Chelsea, el Zenit, el Lyon o el Valencia (lo de Robinho fue más una alucinación) hicieron de esta colección los fiasquitos del Barça, bien exigiendo dinero por sus estrellas, sin aceptar rebajas o jugadores devaluados a cambio (lógico), bien renovando y blindando a sus jugadores más emblemáticos (más lógico aún).

Si el equipo encadena una racha de malos resultados, o su marcha se tuerce, o (no digamos ya) si Eto'o y/o Messi se vuelven a lesionar (especialmente el argentino, muy proclive a las dolencias musculares por sobrecargas) creo probable que alguien acabe por acordarse de los fiasquitos.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado... por ahora.

He dicho.