Ni siquiera la muerte podrá separarnos ...

martes, 29 de diciembre de 2009

El día en que peregriné a La Meca

Ya sé que esta entrada debería haberla escrito semanas atrás, pero es sólo ahora, en medio de estas fiestas, que puedo hallar el sosiego necesario. Por lo que he visto, oído y leído acerca de la religión islámica, tengo entendido que es obligación de todo musulmán peregrinar a la ciudad santa de La Meca al menos una vez en su vida, siempre que su salud y recursos se lo permitan. Viviendo en el archipiélago del Jardín de las Hespérides de Hesíodo, me resulta un poco complicado cumplir con el precepto... pero no el musulmán, lógicamente, sino otro particular. Porque si un creyente en la fe de Mahoma debe visitar la ciudad del profeta y dar las vueltas de rigor ante la Kaaba, un madridista de pro debería, análogamente, visitar el Santiago Bernabéu pues tal es el lugar de peregrinación de los creyentes en la fe merengue.

Por eso, el 21 de noviembre pasado quedará inscrito con letras de oro en la historia de la vida del abajo firmante pues, aprovechando una estancia de fin de semana largo en la capital de este nuestro país, me animé a acudir al coliseo blanco para ver a mi equipo que a la sazón disputaría su encuentro liguero frente al Real Racing Club de Santander. La entrada costó saladita, (puestos a ir, bien está elegir una buena ubicación) pero los medios de este creyente, a día de hoy, le permiten una alegría semejante. Así que allí me dirigí.

Fue una lástima no haber podido filmarme a mí mismo, pues me habría encantado ver mi cara al asomarme al césped, tras haber dado con la localización de mi asiento. Seguramente tuvo que ser la de un niño que contempla boquiabierto un gran parque de atracciones o algo así. Porque la boca se me abrió, involuntariamente, de par en par. De haber sido hijo del Tío Sam, se me habría escapado un guau (escrito wow) de esos con los que ellos expresan admiración (en mi tierra decimos Ño o Ños, habitualmente prolongando la o, tanto más cuanto mayor es la sorpresa o la estupefacción). A mí hasta me faltó la voz al contemplar aquella enormidad, y me asaltó la emoción al contemplar el césped donde Puskas, Gento, Di Stefano, Pirri, Santillana, Camacho, Juanito, Butragueño y tantos otros habían dado tardes y noches de gloria al deporte del balompié y a la historia del club más laureado del mundo.

¿El partido? Bueno, eso fue lo de menos. No es que no fuese importante, sino que no era lo principal. Por supuesto, deseaba una victoria del Madrid, que fue lo que ocurrió. Y también quería ver marcar al Pipita Higuaín, ese héroe casi anómino que llegó por la puerta de atrás en un frío mes de enero de 2007. Y así, precisamente, sucedió. Porque ése fue el resultado del encuentro: un corto 1-0 que a mí me supo bien. O por lo menos no me supo mal. El juego del conjunto estuvo bastante bien durante la primera media hora, para complicarse después. Eso sí: el rival dio muy pocas sensaciones de peligro y no mereció más de lo que se llevó, pues apenas hizo méritos frente a un Casillas que prácticamente no tuvo trabajo.

Desde entonces hasta ahora, el juego del Madrid ha cambiado, y para mejor. Pero esa es otra historia que habrá que analizar en otra entrada. Concluiré ésta recordando que cuando el Pipita batió la meta de los cántabros me levanté brazos en alto como la mayoría de los casi ochenta mil asistentes, a celebrar el tanto del argentino, mientras exclamaba, como dándole las gracias:

- ¡¡Tenías que ser TÚ!!

Así que gracias, Gonzalo. A ti y a tus compañeros por haberme dado una tarde feliz en el día en que visité La Meca.

He dicho.


lunes, 2 de noviembre de 2009

Como para no caer en saco roto

Franco Baresi es, por derecho propio y sin discusión, uno de los mejores jugadores que ha dado el fútbol transalpino a la ya larga historia de este deporte. Capo incuestionable de su equipo (A.C. Milan) y, más particularmente, de su defensa, ha sido uno de los mejores centrales de todos los tiempos. Sobrio, inteligente, rápido y decidido, le sobraba capacidad para leer partidos y jugadas. Por eso la suya es, indudablemente, una voz bien autorizada en esto del fútbol. Suyas fueron algunas de las tardes de mayor gloria de la squadra rossonera, en la que brillaron con luz propia los Gullit, Rijkaard y Van Basten primero, y los Boban, Savicevic y Desailly después. Acompañados, naturalmente, por los Ancelotti, Maldini, Donadoni, Massaro, y tantos otros. Al frente, la batuta de Arrigo Sacchi primero y de Fabio Capello después. Casi nada.

El signore Baresi, a punto ya de entrar en la cincuentena, ha concedido una entrevista al diario El País, en la que analiza al Real Madrid actual, su esquema, virtudes y carencias, en vísperas del encuentro que ha de medir de nuevo a madrileños y a lombardos en San Siro, en la próxima jornada de Champions. No sé lo que puede salir de ahí (casi me inquieta pensarlo), pero creo sinceramente que una voz sobradamente autorizada como la del gran defensa italiano no debería caer en saco roto. Como no es mi deseo reproducir la entrevista entera, destacaré aquí los aspectos que me parecen más importantes en ella.

Y empiezo por el titular: Raúl lastra el equipo. De acuerdo por completo. Raúl ya no debe ser titular en lo sucesivo. Profesional intachable, sí. Personificación del espíritu de lucha del madridismo, también. Amor a la camiseta, todo el del mundo. Nada de eso es discutible, y merece todos los honores por parte del club: todos. Pero el tiempo de colgar las botas llega inexorable para cualquiera, también para él. Raúl desencaja a otros jugadores llamados a desempeñar tareas grandes en este equipo y -lo que es peor- fichados a golpe de talonario, como Kaká y Benzema. Sus movimientos crean caos en la delantera, estorban a otros y les obligan a jugar fuera de sus posiciones, como no saben o no están acostumbrados, y su ascendente en el vestuario le convierte en intocable o lo que, a día de hoy es lo mismo, perjudicial para el equipo. A pesar de su entrega y sus goles. Todo ello, naturalmente, sin contar el hecho de que su situación tapona el ascenso del jugador con mayor progresión que tiene hoy el Real Madrid: Gonzalo Pipita Higuaín, máximo goleador en liga de los merengues el ejercicio pasado, y salvador el pasado sábado frente a un inoperante Getafe.

Segundo punto: Sergio Ramos no defiende como lateral, y es mucho mejor como central. Totalmente de acuerdo una vez más. Las carencias del sevillano en la banda quedaron de manifiesto la temporada pasada, en la que muchos equipos hicieron una autopista de las bandas merengues (Marcelo, por la otra, tampoco es una garantía ni mucho menos). Y atención, siguen haciéndolo (Alcorcón que te crío). Algunas de las pifias monumentales de Ramos dieron origen a los goles del Milan en el pasado encuentro del Bernabeu. Jugadores como Miguel Torres (hoy, cedido) o Arbeloa deberían ocupar su puesto, y ya puestos, supongo que el de Camas no lo haría peor que Metzelder o Pepe en el centro de la defensa. Y en cuanto a que con la marcha de Robben, la banda derecha merengue se ha quedado huérfana, bueno... Tan obvio como la gasolina en una estación de servicio.

Tercer punto: Xabi Alonso sobra en el medio campo, y otro tipo de centrocampista es necesario como pareja de Lass Diarrà. Preferiblemente Guti. Opinable. Entiendo que Lass y Alonso no son una pareja de baile adecuada cuando se trata de construir juego, pues se estorban mutuamente, cada uno desplazado de su posición ideal. Sí que pueden, en cambio, mejorar su aportación cuando el equipo juega fuera del Bernabeu, pues el donostiarra es un magnífico pasador en largo, ideal para servir balones a delanteros verticales, rápidos e incisivos, esos de los que el Madrid ahora mismo puede presumir (Benzema, Higuaín, CR9), en tanto que el francés es un buen stopper, capaz de recuperar balones a mansalva en el centro del campo. Por lo que respecta a Guti, disiento en lo más profundo y radical, signore mio. Al de Torrejón le sobra talento, pero le faltan mentalidad, personalidad futbolística y sentido común (el ego también le sobra). Justamente las cualidades que le hubieran permitido convertirse en un crack mundial. Guti es excesivamente comodón, y carece de mentalidad. Por eso rinde mejor como suplente, cuando su desmedido orgullo resulta picado por la indiferencia del entrenador de turno. Entonces da lo mejor de sí mismo. Y ojo: lo ha hecho incluso como delantero centro, ahí es nada. Pero cuando se cree titular, se convierte casi indefectiblemente en Mary Guti. Un señorito, o sea. Y el Madrid no necesita señoritos hoy.

En resumen, no anda muy desencaminado Baresi. Al menos, en mi humilde opinión. Este equipo tiene carencias. Menos que las del año pasado, sin duda. Pero las sigue teniendo. Y mientras sus máximos responsables no sean capaces de ver lo evidente o, habiéndolo visto, de tomar las medidas oportunas, habrá un nuevo batacazo merengue este año. Si no, al tiempo.

He dicho.


miércoles, 28 de octubre de 2009

¡Que te pego, leche!

Y les pegaron. No una ni dos, ni aún tres, sino cuatro leches como cuatro soles, que igualmente pudieron ser, a tenor de lo comentado en la radio, el doble. La noche del 27 de octubre de 2009 quedará en la memoria colectiva merengue como la más vergonzosa y bochornosa vivida por este club, nombrado mejor del siglo XX, sí, pero que a día de hoy está a años luz de emular o evocar siquiera las glorias de antaño. Bien por el Alcorcón, un equipo modesto pero con idea de fútbol y ampliamente sobrado de motivación. Nada que objetar a su trabajo, a su entrega y su entusiasmo, antes bien, aplausos y más aplausos para ellos, ovación de gala que el Bernabéu debería dispensarles en el encuentro de vuelta, según pisen el césped. Da igual el resultado, poco importa si los de Pellegrini (me resisto a llamarles equipo) consiguen la improbable hazaña de remontar el tanteo adverso. Porque meterle cuatro o cinco goles a un Alcorcón es lo menos que se espera de un Real Madrid que, si bien anoche dejó muchos titulares de peso en la reserva, estaba plagado de internacionales, de jugadores con amplia experiencia a sus espaldas, curtidos en mil batallas, y que anoche fueron manejados como bailarinas de salón, como peleles de feria o, como bien decía el bueno de J.B. Toshack, como pollos sin cabeza. La vergüenza, el oprobio y la humillación quedarán ahí para siempre, como una mancha indeleble en el debe de estos jugadores y de este club.

Cuánto han cambiado las cosas desde que uno tiene uso de razón y ha visto fútbol. No es la primera vez que el Madrid se lleva un varapalo de aúpa, ni siquiera en la Copa del Rey (antes del Generalísimo). Pero aún cuando así fuese, el equipo al menos era capaz de sacar adelante situaciones complicadas por casta, por orgullo torero y por amor propio. Esos valores parecen haberse perdido por completo, hasta el punto de que ni siquiera algunos canteranos ilustres (nótese la ironía) muestran el más mínimo asomo de las virtudes que encumbraron a sus predecesores. Un ejemplo: nada más terminar el encuentro de anoche, y ante los micrófonos de la cadena SER, José María Gutiérrez (anoche, por enésima vez, Mari Guti) valoró el mal resultado con un "bueno, así parece, ¿no?". No, amigo mío, no es que parezca que os han dado las vuestras y las de un bombero, es que os las han dado. Todas. Añadió luego el susodicho que de lo sucedido anoche no deberían derivarse consecuencias. Es posible. Las decisiones complicadas no deben tomarse en caliente, pues en estas situaciones es fácil dejarse llevar por el enojo, aun estando plenamente justificado.

Pero si el que suscribe estuviese en el pellejo de Manuel Pellegrini, mi primera decisión, aún en caliente, estaría más que clara: salvo lesiones, sacaría en el Bernabéu exactamente el mismo once que anoche hizo el estruendoso ridículo de Alcorcón. A los mismos. Ellos frente a los patricios de la grada y frente a los leones del vecino pobre de la periferia. Y a ver si son en verdad gladiadores, a ver si demuestran orgullo, casta y saber hacer. Si consiguen remontar el resultado, al menos habrán lavado su propia imagen. Si no, se habrán hecho acreedores a un bochorno aún mayor... si cabe.

Claro que el propio técnico chileno no debe irse de rositas en todo esto. Suya es la organización del equipo que le ha llevado a un fútbol mediocre y a una completa desorganización, con un centro del campo inexistente y atascado (Ay, Sneijder, cuánto te eché de menos), sin juego por las bandas (ay, Robben, ídem de ídem), nulo en la motivación y, al parecer, en la disciplina. Esto salpica también más arriba, a la dirección técnica (es decir, directo a las testas de Jorge Valdano y Miguel Pardeza) que ha demostrado que su proyecto presenta notables fisuras que empiezan a parecer grietas. El pasado sábado, en una entrevista concedida al diario AS, Xabi Alonso dejaba bien claro a los navegantes que una de las carencias más graves del equipo era el juego por las bandas. No lo dijo exactamente así, claro, pero sus palabras no podían hallar otra interpretación en una mente medianamente capaz. Ayer, el técnico del Alcorcón hizo buena la apreciación del tolosarra: hizo un traje a su rival por las bandas, que fueron, una vez más, absolutamente inexistentes en los blancos. El problema es que, tras la marcha de Robben al Bayern, al Madrid sólo le quedan dos jugadores de banda: CR9 y Drenthe. Nadie más.

Perder en liga contra el Sevilla en el Pizjuán entra dentro de lo lógico y lo asumible. Hacerlo frente al Milan en el Bernabéu entra de lleno en lo estrambótico, pues no se puede explicar el derrumbe y la descomposición de la segunda parte. Pero perder de ese modo frente al Alcorcón, aun sin las grandes figuras, entra de lleno en lo inexcusable, en lo incalificable o, como diría el microcéfalo de Pepe Carazote, en lo intolerable.

Vergüenza. Esa es la palabra.

He dicho.


miércoles, 7 de octubre de 2009

Pepe Carazote suma y sigue: ¡Intolerable!

José Luis Carazo, subdirector del diario deportivo Sport de Barcelona y miembro de honor del séquito de forofos que (con alguna honrosa excepción) rodea a Joan Vehils y Josep María Casanovas, parece saltar a la palestra con sus columnas, modelo de gracia y fino estilo periodístico donde las haya, cuando concurren una de estas dos circunstancias: (i) el Real Madrid pierde algún partido (como mínimo), o (ii) el Barcelona atraviesa un período de crisis deportiva y/o institucional. En el segundo caso, sus columnas son proclamas encendidas en las que protesta airadamente contra aquello que, sea lo que sea, daña al club de sus amores. O, más simplemente aún, contra todo aquello con lo que no está de acuerdo. Casi siempre, además, al son de la misma palabra: intolerable.

Así, por ejemplo, el año pasado por estas fechas calificaba de intolerables unas supuestas declaraciones de Touré Yayá en las que el jugador de Costa de Marfil apreciaba la posibilidad de fichar por la Juve, abogando por el traspaso fulminante del jugador. No habían pasado cinco meses, y el propio Carazo le daba la vuelta a la tortilla y, sin el menor asomo de sonrojo, afirmaba en una entrevista en línea que le parecía intolerable que a Touré aún no se le hubiese mejorado su contrato. Intolerable le pareció también la supuesta campaña emprendida por el (afortunadamente) extinto programa de Tele5 Aquí hay tomate contra Ronaldinho y sus noches de diversión. Claro que no mucho tiempo después, se convirtió en fiscal y se sumó al carro de los que censuraron agriamente al jugador brasileño. Intolerable le resulta que el Barça no haya homenajeado como se merecen a Xavi, Iniesta y Puyol (en esto, al menos, puede que le asista algo de razón). Como intolerable fue también en su momento el adelanto de las vacaciones de Eto'o y Ronaldinho. El intolerable más recientito ha sido el, a su juicio, intento de torpedeo del mejor Barça de la historia por los espionajes de la dirección del club a cuatro de sus vicepresidentes. En resumen: con razón o sin ella, el calificativo de intolerable acompaña siempre a Carazo.

Otro rasgo llamativo de su buen hacer es su agudo olfato para las primicias periodísticas. Suele el ínclito hacer gala de un conocimiento anticipado realmente asombroso. En impersonal unas veces (nos consta), personal otras (me aseguran), e incluso recurriendo a la sabiduría popular (cuando el río suena...). Eso sí: como buen periodista, nunca cita sus fuentes. Faltaría más. Eso es secreto, lo contrario sería un atentado a la ética profesional. Antes muerto que decir de qué río se trata. Claro que en este mundo de las tecnologías de la información en el que vivimos, es muy fácil que alguien te saque los colores a la cara cuando las circunstancias sugieren que tu fuente anónima no es otra que la prensa deportiva diaria, limitándose tu supuesto olfato a copiar alevosamente lo que otros han escrito antes. También es cierto, no obstante, que para sonrojarse hace falta tener una noción, por pobre que sea, de lo que significa la palabra vergüenza.

Y parece, sí, que volvemos a las andadas. Porque el señor Carazo, desde el domingo por la mañana, auguraba que el Real Madrid perdería en Sevilla. Su buen olfato de siempre, claro. Dos días después, y visto que su percepción no le había fallado, escribió una columna (es un decir) regodeándose de la derrota merengue. Al menos, y en un arranque de sinceridad, reconocía abiertamente que no hacía falta ser un lince para ello. Bien está. Y hoy mismo, acaso porque con algo hay que justificar los garbanzos (o el Vega Sicilia) que uno se lleva al gaznate, vuelve erre que erre a su deporte favorito: meterse con el Real Madrid, en un párrafo, como todo él, ciertamente memorable

Señoras y señores (esto va dirigido a los ‘merengones’), que Pellegrini tiene los días contados en el Real Madrid. La pobre imagen que ofrecieron frente al Sevilla ha disgustado tanto a Florentino Pérez que ya ha hecho llegar a sus más allegados (Valdano y Pardeza) que, de repetirse semejante varapalo, el técnico chileno puede pasar a mejor vida a la voz de ya. Y me aseguran también que la dirección técnica del Real Madrid ya anda a la caza y captura para el mercado de invierno de un lateral izquierdo y de un cerebro que sepa mandar y maneje el ‘tempo’ de los partidos. Se han dado cuenta de que sin Cristiano Ronaldo el equipo pierde muchos enteros.

Las dudas sobre la continuidad de Manuel Pellegrini al frente del equipo blanco fueron expresadas ayer mismo en términos parecidos (salvando las estratosféricas distancias) por otro columnista del Sport, Martí Perarnau. Como siempre, vuelve a hacer uso de sus infalibles fuentes, que parecen llegar hasta lo más profundo e íntimo del sanctasantórum merengue (me aseguran...). Y, finalmente, diagnostica que parte de los males del Real Madrid provienen de la carencia de un lateral izquierdo de garantías. Me pregunto si esto también se lo sugirió su olfato periodístico o si, por el contrario, se inspiró en los comentarios de otros. Incluso, quién sabe, los de un servidor. Y ojo, que los de ayer no fueron los primeros míos sobre el particular. Será porque tampoco es necesario ser un lince.

Incluso, leyendo la prensa deportiva madrileña de hoy, me asalta la duda: ¿han sido casualidad las apreciaciones de Carazo sobre el lateral zurdo?

Nos consta que es posible... que no.

He dicho.



martes, 6 de octubre de 2009

Ya empezamos...

No bien siguen aún calientes los rescoldos de la primera derrota madridista en competición oficial, la caja de los truenos ha sido abierta de nuevo. A un lado y a otro. Y lo peor es que lo ha sido sin razón alguna, sacando las cosas de madre, de quicio y de lugar. Perder en Sevilla es algo que entra dentro de lo comprensible y de lo esperable. Razones no faltan. El hispalense es un equipo muy bien armado y conjuntado, que salvo contadas excepciones ha mantenido más o menos constante su armazón, de modo que sus jugadores se conocen casi al dedillo, están maravillosamente acoplados y juegan casi de memoria. Si a eso añadimos que cuentan con una excelente condición física y que su delantera es una de las más letales del panorama futbolístico europeo actual, no hay que darle muchas vueltas para entender que pueden ganar a cualquier equipo que se les ponga delante. Eso sí: han atravesado un serio bache después de la trágica muerte de Antonio Puerta y los primeros y titubeantes meses de Manolo Jiménez en el banquillo. Más aún, dieron una pobre impresión en el arranque liguero, superados con todas las de la ley por el Valencia. A partir de ahí, no han hecho sino ganar y convencer.

Frente a esta máquina de hacer fútbol, se presenta un Madrid aún en construcción, que aún está intentando asimilar los métodos y esquemas que su entrenador pretende introducir en el equipo, a la búsqueda de su estilo de juego, y aprendiendo poco a poco a jugar en todos los sentidos. Y también, pese a todos los pesares, con numerosas carencias y lagunas, aún por corregir. Por ejemplo, insisto en la ausencia manifiesta de un lateral izquierdo capaz de defender: Roberto Carlos era mucho mejor atacante que defensor, y Marcelo es básicamente igual, sólo que su condición física es muy inferior a la de su prodigioso predecesor, lo que acentúa sus carencias para tapar a carrileros rápidos y vigorosos (frente a él, una mayoría). El otrora denostado Juande Ramos supo ver esta realidad, y adelantó al brasileño de posición, generalmente con buenos resultados, al aprovechar sus virtudes ofensivas y aliviar su, por otra parte casi nulo, aporte defensivo. Después del traspaso de Robben, el Madrid se ha quedado con CR9 como único jugador con capacidad clara de desborde por banda, siendo además su máximo goleador. Queda también la asignatura pendiente de Raúl, al que Pellegrini no se atreve a sentar en el banquillo con carácter más permanente. Y por último, hay un claro desacoplamiento de los creadores de juego (Lass, Xabi Alonso, Granero y Guti no terminan de encajar unos con otros). Por no mencionar los recurrentes errores de marca en las jugadas a balón parado.

Pero el Madrid, con todo, saca partidos adelante con rotunda pegada. Tiene jugadores excepcionales, que aún están por dar su mejor rendimiento. No manda en los partidos, pero los gana, y con marcadores contundentes. Es obvio que pretender que este equipo juegue de buenas a primeras como si interpretase la novena sinfonía de Beethoven es mucho pedir, peor aún, es pedir demasiado. Y la prensa de Madrid ya se ha puesto manos a la obra a criticar a Pellegrini cuando aún se llevan disputadas seis jornadas ligueras en las que el equipo, pese a sus inconvenientes, ha sacado adelante un inicio de temporada bastante más convincente que el del año pasado. Claro que los córvidos del Principado tampoco se han quedado calladitos, en especial sus más forofos e irredentos representantes, ahora convertidos en zahoríes futboleros (No, si ya lo decía yo...). No se puede esperar más de tan escasas mentes y de tan manoseados plumeros. Que no plumas.

La sombra del triplete culé es alargada, como bien apunta Perarnau. Y es un error tan garrafal como trágico ponerse a crucificar al técnico chileno, pues en la construcción de este equipo hace falta aún recorrer un largo camino, una trayectoria que no va a ser nada fácil. No hace falta echar la vista muy atrás y recordar como a un tal Frank Rijkaard estuvieron en un tris de echarle a los leones tras un primer trimestre decepcionante en el banquillo del Barça. De haberlo hecho, probablemente hoy los aficionados culés tendrían una Champions y dos ligas menos. Paciencia, paciencia, paciencia. Es el ingrediente necesario para poder llevar a cabo una labor profesional en el Real Madrid. En caso contrario, si el ingrediente básico falla, si el aficionado merengue se echa ciegamente en los brazos de los gurús mediáticos de la capital y exige sin razón alguna lo que no es razonable (excelencia futbolística ¡YA!), entonces la Casa Blanca terminará por convertirse en otro horno crematorio donde arderán como la yesca millones de ilusiones, el trabajo de docenas de técnicos del más variopinto corte, equipos de jugadores enteros y cientos de millones de euros. Y digo "otro", porque del primero ya he tenido ocasión de hablar. Todo ello por ignorar una verdad palmaria como pocas: que una fantástica colección de jugadores no hace a un buen equipo, y eso en Concha Espina lo saben muy, pero que muy bien.

Y en cuanto a la prensa madrileña, también tengo cada día las cosas un poco más claras: no buscan en modo alguno echar una mano (estrictamente hablando, no tienen por qué hacerlo, pero no es de recibo que se dediquen a meter palitos entre las ruedas), sino sólo hacer astillas para alimentar su propio fuego, el que alimenta la Encuesta General de Medios año tras año, y en el que esperan sacar la mejor tajada posible a costa de la estupidez visceral de aquéllos entre sus lectores que se creen a pies juntillas todo cuanto publican en sus páginas. Cuando su mensaje va dirigido a una afición tan exquisitamente resultadista, impaciente e incomprensiva como la del club merengue, es como regar un terreno fértil: no hace falta abonar para que crezcan las malas hierbas.

¡Paciencia, por Dios! Esto no ha hecho más que empezar.

He dicho.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Va por ustedes, ¡toreros!

Por esta vez, no voy a dedicar páginas y letras al fútbol. Hoy mismo, otros deportistas españoles se merecen, con todas las letras, que les dedique atención en éste mi modestísimo espacio para la reflexión: la selección española de baloncesto. Acaba de firmar una proeza histórica al proclamarse campeona de Europa en Katowice, Polonia. Es la primera vez que un equipo de baloncesto de este país consigue algo así. ¡Y de qué manera, morera! Para ello ha tenido que echar mano de la mejor generación de jugadores de toda su historia, y una de las más brillantes de todos los tiempos. Este 20 de septiembre de 2009 es sin duda alguna un día grande, grandísimo, colosal, para el deporte español. Un día para recordar, para disfrutar, para saborear, para sacar pecho. Que ya nos tocaba. Como lo fue el 29 de junio del año pasado. Pero no adelantemos nada aún, todo a su tiempo.

La cosa tiene tanto más mérito cuanto que los comienzos fueron harto decepcionantes. Después de una preparación engañosa ante rivales de poca monta, España comenzaba su participación con una derrota (66-57) ante Serbia. Las cosas parecieron enderezarse, sólo un poco, al vencer a Eslovenia por escaso margen y una defensa de risa (90-84). Poco después, los nuestros estuvieron a un tris de caer eliminados ante la débil Gran Bretaña (84-76). Y que no se me enfaden sus hijos (los de la Gran Bretaña, claro): los británicos tienen excelentes deportistas y equipos en otras disciplinas, y el mérito de haber jugado un Eurobásket es grandísimo para ellos, pero la distancia que les separa de los nuestros es, hoy por hoy, estelar, sideral, estratosférica. Luego, segunda derrota ante Turquía (63-60), final polémico incluido, con Sergio Llull jugándosela en la última posesión en una entrada suicida frente a las torres otomanas. Vamos, que más jodido que en Lepanto. Y Marc Gasol, poniendo en duda la sensatez de la idea ante las alcachofas radiofónicas. Se tocó fondo. A partir de ese momento, todos los partidos eran finales. En caso de derrota, tocaba hacer las maletas y volver con el rabito entre las piernas.

Aquí, en el terruño patrio, se dispararon las críticas, a cada cual más amarga y virulenta. No tanto contra los jugadores como contra el entrenador, Sergio Scariolo. Juan Mora, subdirector del diario AS, fue particularmente ácido con el seleccionador tras los partidos ante los británicos y los turcos, llegando incluso a exigir la destitución del transalpino en vísperas del encuentro contra Lituania, el primer ser-o-no-ser para los nuestros. Se especuló de todo y con todo: que si malos rollos con el entrenador, que si alguna movida subterránea contra la Federación, que si lesiones, cualquier cosa valía para explicar el desaguisado y, en la mejor y más genuina tradición cainita que tan bien nos define a los españoles, hacer leña del árbol caído... cuando ni siquiera había caído aún. Juan Carlos Navarro, capitán del equipo tras la marcha del gran Carlos Jiménez, tuvo que enfrentarse a los micrófonos de las fieras rugientes para reclamar el beneficio de la duda para el equipo, cuando menos, pues se lo había ganado.

Y lo que siguió fue lo que tenía que seguir. Se impusieron la lógica y, sobre todo, la calidad humana del grupo que son, por encima de todo, grandes amigos. Hubo cónclaves, con Scariolo y sin él. Se habló, se discutió, se analizó, se hizo terapia de grupo... Y tras ello, a afrontar las corridas restantes ante los sucesivos morlacos que nos aguardaban, quién sabe si frotándose las pezuñas por el mal momento de los nuestros.

Primero los lituanos. Paliza al canto (84-70), eso sí: tras un primer cuarto calamitoso que hacía presagiar todos los males. Luego los polacos. No hubo color (90-68) y las diferencias entre los dos equipos quedaron meridianamente claras desde el primer minuto de juego, acallando a la hinchada local y convirtiendo el encuentro en un paseo militar. Más adelante vendría el temible cruce de cuartos, que habría que disputar ante nuestros vecinos del norte, quienes hasta entonces habían hecho un campeonato impecable: 6 de 6 victorias, oh la lá les enfants de la patrie, con la figura Tony Parker a la cabeza. Y a Parker y a los suyos, las suyas y las de un bombero (86-66) con un Pau Gasol sensacional, que destrozó a sus rivales bajo canasta. Las medallas ya estaban a tiro. El primer escollo era la Grecia del genial Spanoulis y de los gigantones Bousouris y Schortsanitis. Sin opciones: otro paseo militar marcando distancias desde el comienzo y ganando en promedio cinco puntos por cuarto al rival, para acabar dieciocho arriba (82-64). Y por fin, la gran final ante los mismos serbios que nos habían majado bien al comienzo del campeonato, y con un jugador (Teodosic) del que preocuparse, después de que el angelito le endosara 30 puntos a los eslovenos en semifinales. Y tampoco hubo color: revancha y paliza (85-63) que al final quedó maquillada por la relajación de los nuestros en el último cuarto, pero que llegó a rozar los 30 puntos. Un primer cuarto para enmarcar (24-14) y un segundo para apabullar (52-29), el tercero y el último, casi sobraron. En realidad, esta descripción del partido es perfectamente aplicable a los choques frente a franceses y griegos, pues los pesos pesados de la selección sólo disputaron poco más de medio encuentro y el desarrollo de los partidos, así como los marcadores finales, fueron casi idénticos. España, literalmente, trituró a sus cuatro últimos rivales, sin encajar en ningún momento más de 70 puntos. No se había visto nada semejante desde que, allá por 1634, los tercios del Cardenal Infante don Fernando masacraran a los ejércitos suecos y alemanes en Nordlingen. A nuestros pies yacen los morlacos, con el estoque bien clavado en la cerviz.

Naturalmente, ahora todo son parabienes. Merecidos, por supuesto, pero quizá no del todo exentos de hipocresía. Porque, me pregunto yo: ¿cuántos de los que ahora se felicitan se apuntaron al degüello cuando las cosas iban mal? ¿Cuántos de los elogiadores de hoy fueron los críticos sulfúrico-perclóricos de ayer? Me pregunto qué pasará por la cabeza de Scariolo y compañía al leer los titulares y las columnas de nuestra insigne, sapientísima, e infatigable prensa deportiva. Esa misma prensa deportiva que, sospecho yo, es co-responsable del mal inicio de campeonato después de una extensa campaña de intoxicación psicológica de los nuestros, haciéndoles creer que con sólo saltar a la cancha, ya estaban ganados los partidos, y que eran campeones con sólo acariciarse la flor. La característica falta de humildad y exceso de euforia, el Garry Owen anticipado, el menosprecio al rival. Jorge Garbajosa, segundo capitán, declaraba tal noche como ésta ante los micrófonos de la SER que una de las causas del mal comienzo había sido creer que con el talento ya era suficiente. Craso , craso, craso error. Menos mal que se pudo remediar a tiempo. Felizmente.

Es un momento, como decía antes, para sacar pecho. España manda en Europa en fútbol y en baloncesto, lo cual es completa y absolutamente histórico. Europa entera nos respeta y nos teme. Esto hay que saborearlo, hay que disfrutarlo, porque antes o después alguien nos bajará del trono. Tan sólo hay que sacar las lecciones oportunas, las mismas que espero que se saquen del fracaso-a-medias de nuestros chicos de fútbol en la reciente Copa Confederaciones. Siempre con la humildad por delante, respetando a los rivales, sin considerarles en ningún momento inferiores, sabedores de que para superarles no basta sólo con el talento, como bien apuntaba Garbajosa. Hay que ponerse el mono y trabajar. Sólo entonces aflora el talento.

Como el que tienen nuestros toreros, nuestros grandísimos matadores de la canasta. Enhorabuena, campeones, va por ustedes. Y gracias por hacernos sentir orgullosos de ser españoles.

He dicho.

jueves, 27 de agosto de 2009

Dudas

Recientemente, la "Operación salida" en el Real Madrid se ha saldado con los traspasos de Wesley Sneijder y (esta misma mañana) el de Arjen Robben con destinos dispares: Inter de Milán y Bayern de Munich, respectivamente. Quedan pendientes los del canterano Miguel Torres y Rafael Van der Waart, y con ello se daría por cerrada la plantilla para este ejercicio, si las informaciones publicadas en la prensa deportiva no van mal encaminadas. Desde el punto de vista económico, el club necesitaba hacer caja después del dispendio veraniego (sobre todo por la compra de CR9 a un precio desorbitado), así como ajustar la plantilla a un número de jugadores razonable. Esto completa una lista bastante larga de bajas, que comprende también a Codina, Cannavaro, Faubert, Saviola, Javi García, Huntelaar, Parejo, Negredo, Heinze y el gran Míchel Salgado, justamente homenajeado antes de la disputa del trofeo Santiago Bernabéu. Es decir, han salido (o pueden salir en total) catorce jugadores del equipo, y se han incorporado siete, más la repesca de los lesionados Van Nistelrooy y Mahamadou Diarrá. Los cambios respecto al año anterior ascienden a la quincena larga, si se tiene en cuenta la baja federativa de Rubén de la Red, por problemas de salud. Osea, una purga estaliniana en toda regla.

No sé exactamente qué es lo que se esconde detrás de la venta de los dos jugadores holandeses. Con la de Sneijder, el Real Madrid pierde a un buen centrocampista (y no es que disponga de muchos con talento), así como a un excelente lanzador de faltas, y con Robben pierde velocidad y capacidad de desborde, ahora centradas casi exclusivamente en CR9 y, en menor medida, en Kaká y Benzema. Bien podría suceder que la marcha de Robben (Calderón debe estar tirándose de los pelos, después de lo que le costó traerle) traiga aparejado un compromiso para la incorporación de Ribéry el año próximo. Si es así, poco que objetar, pues en el cambio el Real Madrid gana claramente, y mucho. El francés tiene mucha más capacidad de sacrificio y juega para el equipo más que para su lucimiento personal. Por otra parte, es menos proclive a las lesiones que el holandés, cuyas veloces piernas son de cristal. Y por si todo esto fuera poco, es de los pocos jugadores de banda capaz de hacérselo pasar realmente mal a cualquiera. Y el Real Madrid, ahora más aún, se queda pidiendo un jugador con desborde por la derecha a gritos.

Pero si no es así, la jugada es nefasta. Además de las carencias derivadas de su ausencia, sus traspasos refuerzan directamente a dos posibles rivales de Champions. Y ya se sabe que no hay peor astilla que la de la propia madera. Para colmo de males, la defección de estos jugadores se efectúa en contra del criterio de Manuel Pellegrini, quien manifestó de viva voz contar con ellos. Es decir, la opinión del entrenador en asuntos deportivos cuenta menos que la del director general o el del presidente y, como bien apunta Javier Gómez Matallanas en la edición impresa del MARCA de hoy, le pone en solfa delante de sus jugadores, visto su nulo margen de maniobra para defenderles. Esto empieza a recordar tiempos pasados que se suponía bien enterrados y de los que se decía haber extraído las lecciones pertinentes: gestión presidencial, fichajes de relumbrón, acumulación de egos superlativos en el vestuario, un entrenador dócil y complaciente y eliminación sistemática de la llamada clase media en aras del beneficio económico por derechos de imagen.

Y además, si esta situación va acompañada de un acoso como el que se ha sometido a Sneijder, humillándole al privarle de su taquilla (en eso también tenía razón el bueno de Sergi Solé) para forzarle a fichar por el Inter, peor aún. La experiencia es buena consejera, y un día no muy lejano se quiso forzar de modo semejante a un tal Steve McManaman para que saliera del club, se supone que por no encajar en el perfil galáctico estándar, entonces al uso. Pareció por momentos que el inglés se vería obligado a entrenar con los chicos del filial, pero le importó poco y así lo manifestó de viva voz. Resultado: se ganó incondicionalmente el respeto de sus compañeros y el cariño inquebrantable de la afición. Volvió al primer equipo, y hizo lo que sabía: jugar y marcar goles, como el segundo frente al Barça en el Camp Nou que dejaba a los culés listos de papeles y al Madrid en la final de Glasgow. ¿Cuáles eran los verdaderos motivos de Sneijder para querer quedarse? ¿Amor al club o a Madrid la nuit (como sibilinamente han dejado caer en MARCA)? En el primer caso, razón de más para que la venta sea un disparate. En el segundo, no hay discusión.

La venta de estos jugadres, claramente debilita al equipo en zonas en las que no anda muy sobrado (banda y medio campo) para una temporada que se prevé larga y complicada, y en la que figura el reto de llegar a la final de la Champions, a disputar en el coliseo merengue. Esto significa menos recambios para Xabi Alonso (quien se convierte así en pieza casi insustituible en el esquema blanco), CR9 y otros rutilantes fichajes, sobre los que recaerá un peso que al final de la temporada puede ser decisivo.

Y dicen por ahí que Miguel Torres es víctima de un acoso (o mobbing, como se dice ahora) similar al sufrido por Sneijder. Espero fervientemente que no sea el caso. Torres ha demostrado sobradamente su utilidad, apoyada en el hecho de que puede jugar en las dos bandas y de que es mucho mejor defensor que Marcelo (algo no demasiado difícil) y que Drenthe (cuesta menos aún). Hacerle eso al chico después de los oscuros pero eficientes servicios prestados a su club de toda la vida sería verderamente canallesco. Sin paños calientes.

Osea, que si ayer defendí a Valdano a propósito de sus declaraciones sobre el frustrado fichaje de Gabi Milito, hoy tengo que atizarle y a base de bien a él, a Miguel Pardeza y al propio FP, por la forma en que están llevando a cabo la salida de jugadores del Real Madrid. Por lo que supone en términos deportivos para el equipo y, sobre todo, por la pésima imagen que se da del club, convertido de nuevo en una sociedad mercantilista, más que en un club de fútbol.

He dicho.