Ni siquiera la muerte podrá separarnos ...

miércoles, 16 de junio de 2010

El inicio de la gran cita

Una vez iniciado el periplo mundialista, y a las puertas del debut de la selección española, regreso a mi pequeño espacio virtual para dejar constancia de mis primeras impresiones acerca de lo visto hasta ahora. No es que dé para mucho, pero siempre hay algo que comentar después de tantos partidos disputados. Mal caso si lo contrario fuese cierto.

Lo primero que salta a la vista es que los pequeños se rebelan cada vez más y con más insistencia ante equipos que, sólo por oficio y experiencia, deberían como mínimo ganarles. Quién si no iba a pensar que los surcoreanos (qué lejos queda aquel rebaño de pulgas corretonas vestidas de rojo) iban a raparles la cabellera a los siempre correosos griegos, o que sus hermanastros del norte, esgrimiendo apenas cuatro rudimentos balompédicos, iban a obligar a la pentacampeona Brasil a pedir la hora, o que los samurais japoneses iban a dejar a los gallitos de Camerún sin plumas ni crestas (me imagino las caras de decepción del león Roger Milla y sus ilustres y veteranos compañeros al ver el pobre espectáculo ofrecido por los Webó, Eto´o y compañía). Quién se atrevería a predecir que Nueva Zelanda iba por fin a sumar un resultado mundialista decente ante una Eslovaquia presuntamente más curtida. Lo de Sudáfrica frente a México no me resulta tan extraño, como tampoco el empate logrado por los norteamericanos frente a los ingleses capellianos. Antecedentes hay, y en este país los tenemos claritos y recientes, con unos y otros. O deberíamos. Tan sólo Australia, barrida por la caballería pesada teutónica, ha hecho honor a la condición que se le presumía. No deja ser irónico que el paladín de la resurrección germana sea otomano de origen, y que los neandertales centroeuropeos (por cierto, el valle de Neanderthal está en Alemania, y no por casualidad) hayan incorporado sangre foránea (española, brasileña y turca) para poder, por fin, jugar al fútbol con algo más que Panzers, la Gran Bertha y los obuses Leopold. Así que el primer punto consistiría en resaltar el tópico de que no hay enemigo pequeño, porque así lo parece.

Y digo que lo parece, porque la jornada inicial es siempre muy engañosa. La consigna universal es no perder, y quizá por eso precisamente el resultado más repetido haya sido el empate. En cuatro ocasiones a un gol, y en otras dos, tablas nulas. No hablemos ya de juego bonito y espectacular, ese gran sacrificado. Al contrario, predomina la estrategia de tablero de ajedrez, así como el equipo bien conjuntado, disciplinado, plantado y solidario, a veces obrero a veces soldado, pero siempre atento y dedicado. Y a estas alturas, tras unos cuantos mundiales ya vistos, nadie debería creer que resultados como el de Italia presagian males para los transalpinos, expertos como nadie en llegar hasta el final en perfectas condiciones y ganar contra pronóstico, de forma rácana y artesanal, pero con un oficio envidiable y una eficacia más allá de toda duda. De la misma manera, nadie debería creer que la evidente descompensación del conjunto argentino (una defensa de acero y una delantera que, por sus solos nombres, sería capaz de provocar la micción involuntaria del mismísimo Capitán Trueno) les excluye de los pronósticos. Un razonamiento muy similar cabe hacer respecto a la canarihna, tras el pobre espectáculo ofrecido ayer frente a los estalinistas pero disciplinados norcoreanos. Mal haya quien así de mal piense.

Sí que me aventuro a ser agorero en lo tocante a Portugal, de la mano de un Queiroz que, como segundo de Ferguson en el ManU puede haber sido la milk (o leite), pero que como capitán de navío aún no ha demostrado nada de nada. Nuestros hermanos ibéricos carecen de buenos pasadores en largo, algo que sus delanteros necesitan como agua de mayo para hacer buenas sus innegables cualidades. Las selecciones africanas son aún una incógnita (lo de Ghana está cogido por los pelos, Costa de Marfil tiene mucho músculo pero escaso instinto asesino con Drogba a medio gas y Camerún deberá andarse con mucho tiento). En cuanto a los sudamericanos, y a la espera de lo que pueda mostrar Chile, Uruguay y Paraguay han demostrado más oficio que talento.

Ya sé que el talento, por sí solo no dice nada. ¡Que se lo digan a los italianos! Pero tampoco vendría mal que se lo recordaran a los nuestros. No a los jugadores españoles, ojo, sino a los insensatos de siempre que dan a los nuestros como favoritos por el solo hecho de la Eurocopa y la brillante fase de clasificación, ignorando que todo eso ya no sirve a estas alturas para nada, que hay que hacer borrón y cuenta nueva, que empezamos de cero, y que los suizos se parecerán más a un grupo de piratas cuchillo en boca (mucho cuidado con los cánticos aduladores de ese viejo zorro tudesco llamado Ottmar Hitzfeld) que a una fundue. Un resultado aceptable para este que suscribe: un 1-0. Lo suficiente para ganar sin despertar euforias desatadas, para mantener la concentración de los jugadores, y también para recordar a los especialistas en intoxicación informativa (yujuuuu, De La Morenaaaa...) que hay muchísimo pescado por vender, que esto no ha hecho más que comenzar, y que es mucho más importante el final que el inicio.

Y fuera de asunto (off-topic): mis felicitaciones al Caja Laboral de Vitoria por la conquista de la Liga ACB de baloncesto contra todo pronóstico y tras dejar en cueros al todopoderoso eurocampeón Barça (yujuuuu, Caraazoooo....). No simpatizo con el histriónico montenegrino Dusko Ivanovic, pero hay que reconocer que darle la vuelta a los pronósticos (que apuntaban en no pocos casos un 3-0 favorable a los catalanes, yujuuuuu, Treceeeet) tiene mucho, mucho mucho mérito. Y de paso, sirve de ejemplo para otros.

He dicho

viernes, 28 de mayo de 2010

Aviso a navegantes

Un antiguo proverbio francés reza que aquellos que ignoran la historia están condenados a repetirla. Por más que los destinatarios primeros del mensaje sean aquellas personas en cuyas manos descansa (muchas veces esto es un decir) el destino de otros muchos, miles o millones, la frase resulta también aplicable al entorno futbolero. En este concreto y particular sentido, el abajo firmante entiende que sirve de aviso para los que no atajan la euforia antes de tiempo, dejándose seducir por los cantos de sirena que, tal y como relató el insigne Homero, estuvieron a punto de dar con Ulises y los suyos en el fondo del mar para una vez allí, ser cumplidamente servidos como guarnición quién sabe si de un plato de ostras o de percebes.

Porque las euforias son siempre malas compañeras de viaje. Adormecen la atención, entorpecen la puesta a punto y narcotizan el cerebro de jugadores y técnicos, haciéndoles creer que los campeonatos se ganan poco menos que saltando al terreno de juego y dando un par de patadas al balón. Y hete aquí que, de pronto y cuando menos te lo esperas, salta un rival al campo sobrado de motivación, perfectamente concentrado en su propósito, con la mente y el cuerpo puestos en un solo objetivo, los jugadores unidos en un propósito, con la lección sobre el rival perfectamente aprendida y resoplando ansiosos mientras saltan sobre el césped. Y hete aquí que el rival presuntamente inferior empieza a asfixiarte, a robarte la pelota, a moverla con velocidad, a anticiparse a los tuyos, aún adormecidos por los cantos de las mujeres pez. Y de pronto, cuando menos lo esperas, ¡zas! Te cae un gol en contra. Y se te queda cara de gilipuertas. Ah, pero... ¿cómo es posible? Nosotros, tan buenos y tan guays, doblegados por esta murga carnavalera... No, no puede ser. Tenemos que reaccionar. Y a veces la vergüenza torera es capaz de despertar el instinto asesino, el oficio y las ganas, y los presuntamente superiores acaban por imponerse... eso sí: después de sudar bien duro.

Pero a veces no. Llega el final del partido y David ha dejado a Goliath como el gallo de Morón: sin plumas y cacareando. Y será entonces cuando los chuzos lloverán de punta, afilados como la navaja de Sweeney Todd. Porque serán precisamente los que te han drogado a base de elogios quienes, en caso de fracasar, te acuchillarán sin piedad alguna. Que cómo se te ocurrió saltar al campo con este esquema, que por qué jugó fulano en lugar de ciclano que, claramente, estaba mucho más fresco y descansado, que por qué forzaste a pepito de los palotes, que si el árbitro es un sinvergüenza, que si la conspiración en la REF, la UEFA, la FIFA, la FUFA, y bla, bla, bla... Una mezcla barata de aceite de baratillo, victimismo y ventajismo. Agitada, no mezclada. En la memoria del año pasado quedará el fracaso ante Estados Unidos en las semifinales de la Copa Confederaciones, o la fase de clasificación del Eurobasket, en la que nuestros Chicos de Oro estuvieron a punto de caer eliminados frente una desconocida como Gran Bretaña, ante el estupor incrédulo de los de siempre, los profetas que habían vaticinado que poco menos que con la puntita serían Pau Gasol y los suyos capaces de fornicar a todos los rivales.

En este nuestro país, hemos visto tantas veces este mismo espectáculo que aún me sorprende que los principales responsables no hayan tomado nota y sigan, erre que erre, con la misma batallita del abuelo Cebolleta, ese entrañable personaje de historieta a quien todos en su familia rehuían, sabedores de que cada vez que se les acercaba era para contarles una de sus eternas e interminables experiencias bélicas. No es que la experiencia fuese aburrida, su relato era lo verdaderamente insoportable.

El Mundial de fútbol de Sudáfrica está a la vuelta de la esquina. Poco más de dos semanas, y el balón empezará a rodar para delicia y fruición de los millones de aficionados de este planeta. Nuestra selección nacional parte a la aventura después de una fase de clasificación impecable e inmaculada, ganando todos y cada uno de sus encuentros, unos de mejor manera que otros. Sale como la actual campeona continental, con un equipo de ensueño a las órdenes de un buen entrenador. Suenan pífanos, trompetas y percusiones diversas. Más o menos lo mismo que hace un par de años denominé Garry Owen, en alusión al himno oficioso del Séptimo de caballería de Michigan.

Y tal día como hoy, Vicente Del Bosque, técnico de la Roja ha dado una rueda de prensa avisando a los navegantes de las perniciosas consecuencias de la euforia desatada por anticipado. La frase lo dice absolutamente todo: la confianza es la primera piedra del fracaso. Algo que suscribo al 200%. Las victorias, como la de la Euro de hace dos años, se construyen sobre la base del trabajo y el esfuerzo. Entonces, nadie apostó por Luis Aragonés y los suyos, y el abajo firmante sostiene que eso mismo dio a los nuestros la tranquilidad necesaria para ir dejando atrás a los contrincantes, uno después de otro. ¿O quizás necesito recordar que a Suecia se le ganó casi sobre el pitido final? ¿Tal vez nos hemos olvidado de la lotería de los penalties frente a Italia? ¿O de lo que hubo que sudar para doblegar a una Grecia siempre correosa y difícil?

Ojalá quienes entonan los cánticos hayan aprendido algo de lecciones pretéritas. La memoria es flaca, pero debe estar siempre ahí. Ah, y a todas estas: supongo que no necesito decir quiénes son las sirenas, ¿verdad?

He dicho.

(P.D.: Y como me temía, siempre hay quienes no aprenden, así los apaleen. También los hay que no hacen ni caso: mejor así).

martes, 18 de mayo de 2010

Fin de la liga escocesa

Colorín colorado, este cuento se ha terminado. Y lo ha hecho de nuevo con el FC Barcelona campeón, logrando números de récord, superando a todos sus rivales, pero esta vez sin poder cantar el alirón hasta el último suspiro. El equipo de Guardiola ha tenido en este sentido un mérito tremendo, pues no lo tenía fácil para aguantar la presión de la necesidad de victoria, semana tras semana, acogotados por el máximo rival a sólo un punto de distancia. Así que felicitaciones a los culés, pues no queda otra sino reconocer lo que ha terminado por ocurrir, y aceptarlo sin más.

A la vista de los resultados, se me ocurren varias reflexiones. La primera y más evidente es la reedición de una entrada que ya escribí el año pasado, allá por abril, a propósito de una columna que Juanma Trueba, a su vez, escribía para el AS en vísperas del Clásico del Bernabéu que a la postre acabaría por decidir la liga y hundir a los blancos. En ella, el periodista del grupo PRISA afirmaba que la liga española había dejado de ser la más importante de Europa a la vista de la distancia entre los dos primeros clasificados y el resto. Y el abajo firmante suscribía sin reparos esta opinión. Lo sucedido este año no ha hecho sino confirmar este parecer, y ahí están los números para demostrarlo. Los dos primeros han sumado la friolera de 195 puntos y se han jugado el campeonato entre ellos, ganando 31 partidos de 38: escalofriante. Los demás, al fin y a la postre, no han pasado de ser meros comparsas, y han terminado por jugar otro campeonato distinto, muy alejado del triunfo liguero final.

Y ello aun cuando en algunos casos hayan hecho cifras excelentes. Por ejemplo, el Valencia ha firmado el tercer puesto con números de campeón: 71 puntos. nada menos. Allá por el año 2000, el Deportivo de La Coruña de Jabo Irureta se proclamó campeón de liga con 69 puntos, algo impensable hoy día. El Madrid de Capello y el Barça de Rijkaard empataban a 76 puntos hace sólo tres años. Todos estos logros, importantes en su momento, aparecen hoy como hazañas liliputienses ante las cifras de los dos grandes, que han ahondado más aún la distancia entre ellos y el resto. El margen de error para lograr el título liguero se ha tornado estrechísimo y cualquier error a lo largo de la temporada se ha pagado muy caro. Es el caso de las derrotas merengues en Sevilla y Bilbao, por ejemplo. Todo esto recuerda muy sospechosamente a la liga escocesa, donde los dos equipos de Glasgow (los católicos del Celtic y los protestantes del Rangers) se juegan año tras año la liga entre ellos, sin que el resto (Dundee United, Hibernians, Aberdeen y otros menos conocidos) tenga apenas nada que decir y mucho menos que objetar. Por cierto, este año la cosa ha caído de lado de los protestantes, a seis puntos de los máximos rivales y a veinticuatro del Dundee, tercer clasificado. ¿Les suena familiar?

Sin embargo las penurias económicas aprietan de lo lindo, y también a los equipos de fútbol. Así, el Valencia tendrá que desprenderse muy probablemente de sus dos davides. El Guaje (aunque ya no tanto) Villa tiene un pie en el Barça, mientras que Silva es objeto de deseo del Madrid, que busca reforzar el centro del campo cara a la próxima temporada. El Sevilla, cuarto en discordia del campeonato patrio (a más de treinta puntos de los dos de cabeza, atención) tendrá que deshacerse probablemente de algunos veteranos ilustres (pienso en Kanouté, por ejemplo), y seguir adelante con su fórmula de comprar bueno, bonito y barato. Getafe y Mallorca pueden darse por bien satisfechos: el primero ha construido una buena escuadra con descartes del Madrid (Miguel Torres, Parejo, Soldado, Adrián González y algún otro) y el gran Pedro León, bajo la batuta firme de Míchel. El segundo ha logrado puestos europeos a pesar de hallarse al borde de la quiebra (hasta el punto de que han ofrecido gratis a su delantero Aduriz a su club de origen, el Athletic de Bilbao, por no poder terminar de pagar su traspaso) de la mano de ese sabio llamado Gregorio Manzano y de jugadores como Julio Alvarez, Rubén González, Borja Valero (todos ex madridistas, por cierto), Pep Martí o Pierre Webó. Sólo el Sevilla está lo suficientemente saneado y es lo bastante solvente como para mantener el armazón de la plantilla de esta temporada. Los demás carecen de recursos para ello. Así, todo parece indicar que Borja Valero regresará muy a su pesar a la liga inglesa, porque el club balear no puede abonar la cuantía de su traspaso, y varios jugadores del Getafe también podrían cambiar de aires pronto.

Otros gallitos tradicionales de la liga española como el Atlético de Madrid y el Villareal han hecho un campeonato bastante discreto. Los primeros han salvado los muebles gracias a su reciente triunfo en la Europa League (antigua UEFA), y pueden hacerlo más aún si vencen al Sevilla en la próxima final copera. Además, tienen el honor de poder decir que son los únicos que han batido a los blaugranas en la liga. Pero así y todo, su tránsito liguero ha conocido más sombras que luces y durante una buena parte de la temporada coquetearon peligrosamente con la segunda división. Los segundos se quedan fuera de Europa por primera vez en bastante tiempo pese a tener una de las mejores plantillas del campeonato.

¿La mejor liga de Europa? En mi opinión, definitivamente no. Uno: la liga española se ha escotizado; dos: la crisis económica se ha cebado en aquellos que no supieron gestionar su tesorería en tiempos de bonanza; y tres: en general, ha castigado a aquellos que han tenido que negociar de modo conjunto la venta de sus derechos televisivos (osea, todos menos dos, y me imagino que ya se adivina quiénes son). Nada de esto es bueno ni presagia algo bueno. Todo lo contrario.

La segunda reflexión es para la tropelía que el Real Madrid está a punto de cometer con un gran entrenador: Manuel Pellegrini. Si ya el año pasado el sacrificado fue Juande Ramos, este año le toca al chileno, que según parece sufrirá en sus carnes las consecuencias de un pecado mortal: no haber ganado un título este año. Craso error. Sigo creyendo que el Real Madrid se está atletizando, que está copiando las peores maneras de sus vecinos del sur en los tiempos desbocados (cual imperioso galope) de un Jesús Gil (descanse en paz) que no dudaba en destituir entrenadores incluso en las pretemporadas. Si de verdad se quiere dar sentido a la palabra proyecto, esto pasa necesariamente por asumir con todas las consecuencias la posibilidad de que las cosas no salgan bien desde un principio. Si se cae en las garras de la urgencia, si se pierde el sentido de la realidad y se incurre en la neurosis futbolera con el único espejo de los logros del máximo rival, es muy poco probable que la empresa de Florentino pueda llegar a buen puerto.

Y no quiero olvidar que semejante ejercicio de esquizofrenia ha sido abanderado, de modo absolutamente abyecto y despreciable, por el diario MARCA, que hace un año concedía al chileno todo el crédito que ahora le niega para gran satisfacción del ego desmedido y la catetez futbolística de su director. Triste, triste de veras. Triste es la campaña en sí (tan digna del periódico como éste de aquélla) como más triste aún es que este medio sea el más leído de España. Esto ya es sencillamente pavoroso.

En fin. Un cuento que se acaba. Bien podría haberlo escrito Robert Louis Stevenson que, como ya habrán adivinado los más ilustrados, nació en el país de los pictos y escotos.

He dicho.

miércoles, 28 de abril de 2010

Fútbol es fútbol

El F.C. Barcelona ha cumplido hace apenas unos minutos la maldición de la Champions. Ya se sabe, ésa que dice que el campeón nunca repite. Así ha sido desde que la antigua Copa de Europa adoptó este nuevo formato, y ni siquiera el fútbol alegre, rápido, vistoso y avasallador del conjunto catalán ha podido deshacer el mal fario. Ohú, diría un calé. Mierda, dirá previsiblemente un culé. Y en estos momentos y desde estas líneas, quiero expresar mis condolencias a la familia de aficionados blaugranas. De verdad, sin cinismos ni medias tintas. Lo siento por ellos. Entiendo que ha sido un palo, a nadie le gusta caer eliminado en una competición como ésta, máxime cuando el premio era disputar la final en tu propio país, en España. Y en verdad era un premio apetecible. Pero el fútbol es así.
Mourinho le ha ganado tácticamente la partida a Guardiola. Ha planteado un partido de corte muy defensivo, sí, pero perfectamente ejecutado. Y se equivoca quien critique esta forma de jugar: tan lícito es plantear un partido a la defensiva con la opción del contraataque como quien lo hace desde el virtuosismo y la posesión. Fútbol es fútbol, decía Boskov. Y tanto vale uno como otro. El portugués ha aplicado el manual de cómo atenazar el tiqui-taca: dos líneas de presión, muy juntas, y dos puntas rápidos para sacar tajada de cualquier despiste de la zaga rival. Cuando el árbitro expulsó a Motta, las opciones del Inter se redujeron a sólo una: defender. Nada más. Y ha tenido éxito. Lo demás, han sido triquiñuelas para sacar al rival de quicio, para descentrarle, para romperle el ritmo. Mención aparte, entre col y col, para la triquiñuela teatrera de Busquets al provocar la expulsión del antiguo canterano del Barça, todo hay que decirlo. Pero así y todo le ha salido bien la cosa: sólo una baja para la final por tarjetas: precisamente la de Motta. Creo.
Vista desde la perspectiva del eliminado, la cosa adquiere otro cariz: que si no quisieron jugar, que si podemos irnos con la cabeza bien alta, que si no hemos sido nosotros mismos... Todo esto puede ser bien cierto. Lo es, de hecho, salvo por un pequeño detalle, comentado más arriba: el Inter no quiso jugar el partido que al Barça más le hubiese gustado. Jugó el suyo, y le salió bien. Y no todos los días se repiten milagros como el de Stamford Bridge, no todos los días hay un Iniesta que te sale al rescate cuando todo lo demás parece perdido. Y hoy no se vio al gigantesco Messi de otras noches, perfectamente secado por Cambiasso. Fútbol es fútbol, una vez más, y estas cosas pasan. Por lo demás, es verdad que han hecho de largo el mejor fútbol que se ha visto en la competición, sobre todo en la memorable eliminatoria frente al Arsenal. Y también es verdad que ese fútbol, que ha llegado a enamorar al mundo entero, brilló hoy por su ausencia: el Barcelona fue un equipo de balonmano, moviendo el balón de un extremo a otro sin apenas penetración e ideas para romper la bien ordenada defensa transalpina. El Barça del Arsenal hubiera hecho saltar esa defensa por los aires y habría barrido a su rival sin contemplaciones. El de hoy, no lo ha hecho. Una vez más, fútbol es fútbol.
Guardiola reaccionó, es verdad, quitando a un delantero referencia como Ibrahimovic y metiendo a más bajitos en el ajo (Jeffren y Bojan Krkic), con objeto de dar movilidad al ataque y así descolocar a la defensa rival. Sin embargo, mi paisano se quedó pegado a la banda donde no le pudo ganar a Maicon más que un balón, y el de Linyola se perdió entre Lucio y Walter Samuel, pese a haber desperdiciado una ocasión pintiparada para abrir el marcador. Pero repito: fútbol es fútbol, y la veleidosa Fortuna quiso que el balón se marchase fuera. En fin, al Barça sólo le resta la opción liguera en la que tiene fundadas opciones para repetir título, pese a tener al Madrid resoplándole en el pescuezo. Sin embargo, la experiencia de esta noche debería servir para recordarles a los azulgrana que no es necesariamente el que mejor juega quien termina por llevarse el gato al agua. Y que, mientras las matemáticas no digan lo contrario, la posibilidad de que la liga también se escape está ahí. Intacta.
Mis últimas palabras en esta entrada son para los adalides de la prensa culé: Casanovas, Vehils, Nolla, Carazo, Basté, Aguilar, Pérez de Rozas, Fonalleras, Mascaró, Frieros, Poquí, etcétera. Para aquellos que proclamaban anticipadamente que su equipo levantaría la Champions en el Bernabéu, relamiéndose ante lo que concebían como la máxima humillación al rival, más profunda aún que el 2-6 de hace un año. Tampoco quiero olvidarme de Caye, el viñestista del diario Sport, cuyo sentido del humor ciertamente no comparto en absoluto. Y mis palabras son sólo para mencionarlos, porque no voy a decirles nada. Sólo les dedico mi silencio, a cambio de todas las chuflas, befas y mofas que han hecho del Real Madrid cada vez que caía derrotado. Sólo mi silencio, verbal y mental. Nada más.
Porque aunque estuviesen leyendo esta entrada en los monitores de sus respectivos ordenadores no serían capaces de oír ni leer nada de cuanto yo dijese. Ninguna otra cosa que no fuesen sus propios discursos mentales, zumbándoles como un enjambre de moscas. Sin duda, es lo que deben estar escuchando, en éstéreo Dolby Surround, o como se diga. Así que es mejor estar callado y no decirles nada: ellos ya hablan consigo mismos. No me cabe la menor duda.
He dicho.

viernes, 9 de abril de 2010

Un chulo frente a un imbécil

Escribe Joan Vehils, director del SPORT de Barcelona la siguiente columna acerca de CR9:

Escuché con atención y varias veces las declaraciones que Cristiano Ronaldo realizó ayer en Madrid. Creo que no tenía ninguna intención de provocar ni de faltar a nadie. Es más, en sus primeras frases, utilizó una prudencia inusual en este personaje. Sin embargo, el que es chulo, lo es por naturaleza. La chulería no se aprende ni se hereda. Uno nace chulo y muere así, sin más. Y miren, Cristiano es uno de esos. Un futbolista vacilón por naturaleza. Luego existen diferentes tipos de prepotentes. Los que además son faltones y provocadores o los que piensan solo en sí mismos. Ayer, Ronaldo actuó con buena fe pero en todas sus declaraciones, serias o irónicas, se desprende esa chulería que siempre acompaña al portugués. No piensen que estoy criticando a Ronaldo por ser su manera de ser, es más, en algunas ocasiones esa actitud puede ayudar a su equipo.

Escribo yo esto en mi blog, porque es el mío como su periódico es el suyo:

He leído con atención y varias veces la columna que Joan Vehils escribió para el SPORT. Creo que no tenía ninguna intención de provocar ni de faltar a nadie. Es más, en sus primeras respuestas utilizó una prudencia inusual en este personaje. Sin embargo, el que es imbécil, lo es por naturaleza. La imbecilidad no se aprende ni se hereda. Uno nace imbécil y muere así, sin más. Y miren, Vehils es uno de esos. Un periodista tontorrón por naturaleza. Luego existen diferentes tipos de imbéciles. Los que además son faltones y provocadores o los que piensan solo en vender periódicos. Hoy, Vehils puede haber actuado de buena fe pero en todas sus declaraciones, serias o irónicas, se desprende esa imbecilidad que siempre acompaña al barcelonés. No piensen que estoy criticando a Vehils por ser su manera de ser, es más, en algunas ocasiones esa actitud puede ayudar a su periódico.

Y si algún lector sabe cuál de los dos textos es el más gratuito, por favor me lo explique. Con las razones oportunas, claro.

He dicho.

martes, 9 de marzo de 2010

Fuera de quicio

Llevamos apenas un par de días desde la jornada del fin de semana pasado, y las consecuencias no se han hecho esperar. Por un lado, la euforia desatada con el asalto al liderato y, por otro, el negro pesimismo derivado de la circunstancia opuesta, amén de no pocas estupideces de una parte y de la otra. Estupideces que, naturalmente, el común de los lectores consume de forma voraz al comprar su diario favorito.

La victoria madridista ante el Sevilla en el Bernabéu tiene varias lecturas. En ella, hay elementos que se han mantenido invariables con respecto a otras ocasiones, mientras que otros son sin duda novedosos. Entre los primeros: que se logró el triunfo de modo agónico y en el último suspiro, que Guti volvió motivado al campo desde el banquillo y dio un recital (se vistió de Doctor Gutiérrez, vamos) para que su equipo le hiciera un roto al Sevilla, y que el Madrid arrinconó y acongojó al rival, llevado por su afición y haciendo gala de su férrea convicción. Los elementos novedosos fueron que, en esta ocasión, la testiculina se mezcló con el buen juego durante buena parte del partido, que esta vez el Pipita Higuaín no sumó goles y que los jugadores, al final del partido, formaron una piña en el centro del campo, ante el delirio del público del Bernabéu. Este último hecho es mucho más importante de lo que parece a simple vista, pues podría significar a las claras que existe verdadero espíritu de equipo y no sólo una buena colección de individualidades. Como para hacer reflexionar a aquellos (el que suscribe incluido) que pensaban (pensábamos) que semejante colección de onerosos egos se descomprondría bajo su propio peso. El último detalle significativo es que, a diferencia de lo que sucedía el año pasado, esta vez nadie ha cuestionado la justicia de la victoria merengue, más allá de que si hubo falta previa en el gol de Van der Waart, o si el córner que precedió al gol de Sergio Ramos lo fue o no.

La inyección de moral ante el próximo compromiso de Champions es obvia, pero los periódicos capitalinos se están desmadrando, y no poco: que si ganaremos por 3-0, que si en el Bernabéu mandamos nosotros, y cosas por el estilo. Se olvida que el Madrid no podrá contar con Xabi Alonso como canalizador de su juego y que deberá confiarse una vez más a la motivación de Guti, lo que equivale a jugar a la ruleta rusa (si tiene un mal día, adiós), y también se olvida que el Madrid ya ha pinchado en el Bernabéu ante el Milán, aunque aquello suene hoy a pretérito. Todo ello, naturalmente, sin olvidar la motivación extra que las portadas altisonantes pueden suponer para los rivales, a coste cero.

Y como era previsible, en el Principado tampoco andan mancos precisamente. En un principio, algunos se quedaron en estado de shock, y valga como muestra la columna de Joan María Batlle del domingo pasado, en la que repite por dos veces la expresión a bote pronto, como si se le hubiesen embotado las neuronas, perdido como estaba entre síntomas de barra de bar (se ha perdido frescura y chispa, las causas pueden ser tácticas, físicas o incluso arbitrales, el Barça no está fino). Tan preciso como un bisturí eléctrico, o sea. Atrás quedan sus pontificados y cartas pastorales del año pasado (no teman, no se engañen). Parece más bien que precisa de auxilio espiritual. Hoy, Martí Perarnau analiza el estado de ánimo de unos y otros en función de la dualidad optimista/pesimista que caracteriza a las aficiones a ambos lados del puente aéreo. El Bene Gesserit Casanovas prefiere, por su parte, centrar su diagnóstico en la ineficacia goleadora de jugadores como Ibrahimovic y Henry. Y de nuevo Batlle, presuntamente más repuesto en relación al sábado por la noche, se centra en la dependencia excesiva del buen estado de forma de Gerard Piqué, sobre todo al compararle con Márquez o Chygrynskiy. Me ha sorprendido no haber leído nada de mi querido Pepelu. Pero es que por la tarde tiene charla digital con sus lectores, y eso requiere un esfuerzo y una preparación ciertamente extenuantes.

En el Mundo Deportivo, más de lo mismo: Santi Nolla (quizá el más lúcido hoy, que no ayer) hace hincapié sobre el bajo estado de forma de algunos jugadores azulgrana (Ibra, Touré y Henry) aunque esto suene a poner los nombres y apellidos que Johann Cruyff no quiso mencionar ayer en el Periódico de Catalunya. Y los demás, a lo suyo: diagnosticar y diagnosticar. Que si la defensa, que si el centro del campo, que si el ataque. Menos mal que a Víctor Valdés no se le cuestiona. De momento.

Pero sí que me ha llamado la atención, y mucho, la columna de Lluís Foix, ex director de la Vanguardia y colaborador habitual en MD, quejándose amargamente de la a su juicio vergonzosa hostilidad que se respira contra el Barça y de la que acusa a la prensa de Madrid. Afirma Foix que se ha llegado a atemorizar al cuerpo arbitral, que se pretende acabar con la paciencia de Guardiola, que se realiza desde algunos medios una persecución meticulosa de lo que hacen los jugadores azulgrana en el terreno de juego... etcétera. Supongo que se refiere también a los gritos de ¡Villarato, villarato! que el público de Almería dedicó a los suyos en algunas fases del partido. Pero la memoria, como siempre, es flaca cuando conviene. Y se olvida muy convenientemente el señor Foix de que durante décadas la prensa deportiva de su ciudad ha sido en extremo hostil hacia el Real Madrid y sus triunfos, fueran estos merecidos o no. Olvida el señor Foix las también vergonzosas portadas sobre la vida privada de Guti aparecidas en el medio para el que escribe que, por cierto, vuelve hoy mismo erre que erre contra el '14'. Y, para no extenderme demasiado, pasa también por alto las informaciones que hoy mismo publica MD sobre el supuesto pánico en Madrid ante la posibilidad de una eliminación en Champions, o las presuntas tretas del Real Madrid (atención: no de la prensa de Madrid) para desestabilizar al Barcelona y ganar jugando sucio. Esto, por supuesto, no es hostilidad sino información objetiva. Con semejantes argumentos, señor Foix, ¿cree usted de verdad que tiene la más mínima credibilidad? Yo no niego que exista hostilidad en Madrid hacia el Barça, pero usted y su entorno carecen de la fuerza moral necesaria para reprochar algo semejante: no están para dar lecciones de objetividad y concordia a nadie.

En resumen: que los unos harían bien en no abandonarse a la euforia y soltar las campanas al vuelo de modo prematuro, pues la piel del oso se cobra cuando éste está muerto, no antes. Y los otros, ¿por qué no sacan a relucir ese seny del que tanto presumen y se dejan del victimismo habitual? Todo está por decidir, para unos y para otros. De aquí a dos meses y medio, la solución a todos los enigmas.

He dicho.

domingo, 7 de marzo de 2010

Y Pepelu se quedó con tres palmos de narices

Esta es una de esas entradas que te da sumo gustazo escribir. No gusto, repito: gustazo. Placer, o sea. Y de los grandes, de los que te saben y te dejan buen regusto. Dulcito y sabroso. Y además, a costa del de casi siempre: José Luis Carazo, a quien (cariñosamente, por supuesto) me permito llamar Pepelu o Pepe Carazote desde estas humildes páginas. Tal vez sea porque el ílustre periodista (es un decir) de sienes plateadas y expresión permanentemente zorruna tiene casi siempre a bien meter la pajita en el ojo ajeno como forma de ganarse la diaria pitanza. En tiempos recientes, ya tuve ocasión de señalar su gusto por la escatología. Pero el buen señor no para, como el rayo que no cesa. Será por eso por lo que le pagan: para seguir segregando humores de difícil digestión y hacer gala de su cateta, permanente y contumaz blancofobia. Ya es sobradamente conocido el personaje, así como el medio para el que trabaja, así que las presentaciones sobran.
Pues bien, a propósito de la victoria (sufrida y trabajada, pero al final merecida y culminada por una brillantísima jugada rematada por Messi) del Barça sobre el Málaga el fin de semana pasado, Pepelu Carazote nos honró a los lectores de bien con una columna en la que, fiel a su estilo, se mofaba de los madridistas afirmando de ellos que "... tenían incluso las portadas preparadas con titulares rimbombantes como 'Madrid líder', pero al final se han tenido que quedar con dos palmos de narices". Se supone que un palmo por cada uno de los dos goles del Barça. De otro modo la cosa no cuadra, pero no es sino un suponer.
Pero a estas alturas, algo así no sorprende a nadie: si por algo se caracteriza Pepelu es por su incomprensible manía de repetirse a sí mismo, señal evidente de que está algo reñido con la creatividad. Es posible que adore las plantillas de documento y tenga unas cuantas preparadas para según qué ocasión: ley del mínimo esfuerzo. O quizás, puestos a imaginar, en el fondo más profundo de su personalidad subyace un afán narcisista que le llevaría compulsivamente a reiterarse, quién sabe si convencido de que su genialidad no halla parangón en el panorama periodístico-deportivo español. Quién sabe. Y por cierto: si alguien tiene alguna duda al respecto, hará bien en tirar de hemeroteca y comprobar cómo le encanta, a poco que la ocasión lo propicie, repetir la cantinela de que Ea, ea, ea, el Madrid se (...)ea. Los "palmos de narices" tampoco son en absoluto nuevos. Ya los repitió en vísperas de Reyes, en una columna de título sospechosamente similar a la del domingo pasado. La variedad ante todo, oiga, que dicen que en ella reside el buen gusto. ¿O no, ilustre? Pero un detalle llama poderosamente la atención: si en enero eran tres los palmos, el fin de semana pasado se reducían, por arte de magia, a dos. ¿Acaso tu inconsciente te jugó una mala pasada, Pepelu?
Tal día como hoy, y en vísperas del encuentro que el Real Madrid había de disputarle al Sevilla en el Bernabéu, nuestro zorro plateado volvía de nuevo a la carga, emulando a la Brigada Ligera en Balaclava. Sin miedo a la artillería, y derechito a alancear al malo, al acostumbrado grito de ¡Tiro al blanco! Su objetivo, doble: por un lado, denostar a CR9 por manifestar (siempre según el diario MARCA, su mejor y más fidedigna fuente, ¡manda gónadas!) que le tenía ganas al Sevilla y, por el otro, vaticinar que el Real Madrid palmaría frente a los hispalenses, tirando de casuística (mucho me temo que el equipo blanco puede llevarse un disgusto, afirmaba). Concluía el erudito culé, pluma privilegiada del Sport (¡ya lo he dicho!), que la razón de dicho disgusto sería que el Barça miraría por el retrovisor al Real Madrid a mayor distancia que la existente antes de los partidos respectivos. Esto equivalía a afirmar que el Barça, a su juicio, solventaría sin problemas su duelo frente al Almería y que el Real Madrid sería incapaz de hacer lo propio ante el Sevilla. Y ya que estamos, tiene santos bemoles que alguien que acusa a Cristiano Ronaldo de dar cosas por sentadas se permite a renglón seguido el mismo lujo, y como siempre, sin la menor señal de sonrojo. O dicho de otro modo: qué caradura eres, Pepote...
Pero fíjate, rey: no se puede hablar demasiado, no sea que las cosas se revuelvan en tu contra. O, como decimos en esta tierra, no escupas al aire, no sea que te caiga el lapo encima. Harías bien en tomar nota, carísimo zote (Caro-zote, ¿viste qué ingenio?). Porque eso mismo ha pasado hoy. Tu querido Barça no ha pasado del empate en Almería, ha terminado con diez jugadores, con Guardiola expulsado del banquillo y lanzando en rueda de prensa un mensaje sospechosamente victimista. Y el Real Madrid, ese blanco, objeto de tu odio cafre y furibundo, ha sido capaz de remontar un 0-2 frente al Sevilla para acabar imponiéndose por 3-2 en el tiempo extra. Como más duele, y eso lo sabes más que bien, ¿eh, oráculo? Porque bien te gusta jugar a ventajista cuando se cumplen tus vaticinios. De otro modo, no titularías tus columnas con esas frases tan... ¿rimbombantes, has dicho? No obstante, cómo sería de meritoria la remontada cuando hasta tus propios colegas han optado por elogiarla, algo asimismo muy raro de leer.
Mi queridísimo Pepelu: al igual que tú, el que suscribe no sabe qué va a pasar al final del campeonato (la única verdad que has sido capaz de escribir en medio de tanta estulticia). De veras que no. Aunque las matemáticas aún dicen lo contrario, todo parece indicar que la Liga será cosa de dos: los tuyos y los míos. Y todo puede suceder. Incluso que los tuyos vuelvan a vapulear a los míos en el Bernabéu. O no. Quién sabe. Pero apostaría cualquier cosa a que esta noche estabas bien apoltronado frente al televisor, seguro de que pese a todo, el Real Madrid no podría remontar y que tu equipo se acostaría una vez más como líder solitario de la competición patria.
Pero no.
Esta vez, maestro, el que se ha quedado con tres palmos de narices has sido tú. Uno de parte de ese "bocazas" llamado CR9, otro de la cabeza de Sergio Ramos, y el tercero del pie de Rafael Van der Waart. Tres eran tres, los palmos de Carazote. Tres eran tres, todos dados en el cogote. Puede que la semana que viene el panorama cambie. Pero esta vez, el turno es todo tuyo. Asi que, que tengas buenas noche, arroz. Ah, y que te aproveche el Vega Sicilia. Las penas, con sopitas y buen vino, menos mal saben. Finalmente, no olvides leer las portadas de los periódicos deportivos, creo que podrían decir algo así como Madrid líder, pero no me hagas mucho caso.
He dicho.