Ni siquiera la muerte podrá separarnos ...

martes, 9 de marzo de 2010

Fuera de quicio

Llevamos apenas un par de días desde la jornada del fin de semana pasado, y las consecuencias no se han hecho esperar. Por un lado, la euforia desatada con el asalto al liderato y, por otro, el negro pesimismo derivado de la circunstancia opuesta, amén de no pocas estupideces de una parte y de la otra. Estupideces que, naturalmente, el común de los lectores consume de forma voraz al comprar su diario favorito.

La victoria madridista ante el Sevilla en el Bernabéu tiene varias lecturas. En ella, hay elementos que se han mantenido invariables con respecto a otras ocasiones, mientras que otros son sin duda novedosos. Entre los primeros: que se logró el triunfo de modo agónico y en el último suspiro, que Guti volvió motivado al campo desde el banquillo y dio un recital (se vistió de Doctor Gutiérrez, vamos) para que su equipo le hiciera un roto al Sevilla, y que el Madrid arrinconó y acongojó al rival, llevado por su afición y haciendo gala de su férrea convicción. Los elementos novedosos fueron que, en esta ocasión, la testiculina se mezcló con el buen juego durante buena parte del partido, que esta vez el Pipita Higuaín no sumó goles y que los jugadores, al final del partido, formaron una piña en el centro del campo, ante el delirio del público del Bernabéu. Este último hecho es mucho más importante de lo que parece a simple vista, pues podría significar a las claras que existe verdadero espíritu de equipo y no sólo una buena colección de individualidades. Como para hacer reflexionar a aquellos (el que suscribe incluido) que pensaban (pensábamos) que semejante colección de onerosos egos se descomprondría bajo su propio peso. El último detalle significativo es que, a diferencia de lo que sucedía el año pasado, esta vez nadie ha cuestionado la justicia de la victoria merengue, más allá de que si hubo falta previa en el gol de Van der Waart, o si el córner que precedió al gol de Sergio Ramos lo fue o no.

La inyección de moral ante el próximo compromiso de Champions es obvia, pero los periódicos capitalinos se están desmadrando, y no poco: que si ganaremos por 3-0, que si en el Bernabéu mandamos nosotros, y cosas por el estilo. Se olvida que el Madrid no podrá contar con Xabi Alonso como canalizador de su juego y que deberá confiarse una vez más a la motivación de Guti, lo que equivale a jugar a la ruleta rusa (si tiene un mal día, adiós), y también se olvida que el Madrid ya ha pinchado en el Bernabéu ante el Milán, aunque aquello suene hoy a pretérito. Todo ello, naturalmente, sin olvidar la motivación extra que las portadas altisonantes pueden suponer para los rivales, a coste cero.

Y como era previsible, en el Principado tampoco andan mancos precisamente. En un principio, algunos se quedaron en estado de shock, y valga como muestra la columna de Joan María Batlle del domingo pasado, en la que repite por dos veces la expresión a bote pronto, como si se le hubiesen embotado las neuronas, perdido como estaba entre síntomas de barra de bar (se ha perdido frescura y chispa, las causas pueden ser tácticas, físicas o incluso arbitrales, el Barça no está fino). Tan preciso como un bisturí eléctrico, o sea. Atrás quedan sus pontificados y cartas pastorales del año pasado (no teman, no se engañen). Parece más bien que precisa de auxilio espiritual. Hoy, Martí Perarnau analiza el estado de ánimo de unos y otros en función de la dualidad optimista/pesimista que caracteriza a las aficiones a ambos lados del puente aéreo. El Bene Gesserit Casanovas prefiere, por su parte, centrar su diagnóstico en la ineficacia goleadora de jugadores como Ibrahimovic y Henry. Y de nuevo Batlle, presuntamente más repuesto en relación al sábado por la noche, se centra en la dependencia excesiva del buen estado de forma de Gerard Piqué, sobre todo al compararle con Márquez o Chygrynskiy. Me ha sorprendido no haber leído nada de mi querido Pepelu. Pero es que por la tarde tiene charla digital con sus lectores, y eso requiere un esfuerzo y una preparación ciertamente extenuantes.

En el Mundo Deportivo, más de lo mismo: Santi Nolla (quizá el más lúcido hoy, que no ayer) hace hincapié sobre el bajo estado de forma de algunos jugadores azulgrana (Ibra, Touré y Henry) aunque esto suene a poner los nombres y apellidos que Johann Cruyff no quiso mencionar ayer en el Periódico de Catalunya. Y los demás, a lo suyo: diagnosticar y diagnosticar. Que si la defensa, que si el centro del campo, que si el ataque. Menos mal que a Víctor Valdés no se le cuestiona. De momento.

Pero sí que me ha llamado la atención, y mucho, la columna de Lluís Foix, ex director de la Vanguardia y colaborador habitual en MD, quejándose amargamente de la a su juicio vergonzosa hostilidad que se respira contra el Barça y de la que acusa a la prensa de Madrid. Afirma Foix que se ha llegado a atemorizar al cuerpo arbitral, que se pretende acabar con la paciencia de Guardiola, que se realiza desde algunos medios una persecución meticulosa de lo que hacen los jugadores azulgrana en el terreno de juego... etcétera. Supongo que se refiere también a los gritos de ¡Villarato, villarato! que el público de Almería dedicó a los suyos en algunas fases del partido. Pero la memoria, como siempre, es flaca cuando conviene. Y se olvida muy convenientemente el señor Foix de que durante décadas la prensa deportiva de su ciudad ha sido en extremo hostil hacia el Real Madrid y sus triunfos, fueran estos merecidos o no. Olvida el señor Foix las también vergonzosas portadas sobre la vida privada de Guti aparecidas en el medio para el que escribe que, por cierto, vuelve hoy mismo erre que erre contra el '14'. Y, para no extenderme demasiado, pasa también por alto las informaciones que hoy mismo publica MD sobre el supuesto pánico en Madrid ante la posibilidad de una eliminación en Champions, o las presuntas tretas del Real Madrid (atención: no de la prensa de Madrid) para desestabilizar al Barcelona y ganar jugando sucio. Esto, por supuesto, no es hostilidad sino información objetiva. Con semejantes argumentos, señor Foix, ¿cree usted de verdad que tiene la más mínima credibilidad? Yo no niego que exista hostilidad en Madrid hacia el Barça, pero usted y su entorno carecen de la fuerza moral necesaria para reprochar algo semejante: no están para dar lecciones de objetividad y concordia a nadie.

En resumen: que los unos harían bien en no abandonarse a la euforia y soltar las campanas al vuelo de modo prematuro, pues la piel del oso se cobra cuando éste está muerto, no antes. Y los otros, ¿por qué no sacan a relucir ese seny del que tanto presumen y se dejan del victimismo habitual? Todo está por decidir, para unos y para otros. De aquí a dos meses y medio, la solución a todos los enigmas.

He dicho.

domingo, 7 de marzo de 2010

Y Pepelu se quedó con tres palmos de narices

Esta es una de esas entradas que te da sumo gustazo escribir. No gusto, repito: gustazo. Placer, o sea. Y de los grandes, de los que te saben y te dejan buen regusto. Dulcito y sabroso. Y además, a costa del de casi siempre: José Luis Carazo, a quien (cariñosamente, por supuesto) me permito llamar Pepelu o Pepe Carazote desde estas humildes páginas. Tal vez sea porque el ílustre periodista (es un decir) de sienes plateadas y expresión permanentemente zorruna tiene casi siempre a bien meter la pajita en el ojo ajeno como forma de ganarse la diaria pitanza. En tiempos recientes, ya tuve ocasión de señalar su gusto por la escatología. Pero el buen señor no para, como el rayo que no cesa. Será por eso por lo que le pagan: para seguir segregando humores de difícil digestión y hacer gala de su cateta, permanente y contumaz blancofobia. Ya es sobradamente conocido el personaje, así como el medio para el que trabaja, así que las presentaciones sobran.
Pues bien, a propósito de la victoria (sufrida y trabajada, pero al final merecida y culminada por una brillantísima jugada rematada por Messi) del Barça sobre el Málaga el fin de semana pasado, Pepelu Carazote nos honró a los lectores de bien con una columna en la que, fiel a su estilo, se mofaba de los madridistas afirmando de ellos que "... tenían incluso las portadas preparadas con titulares rimbombantes como 'Madrid líder', pero al final se han tenido que quedar con dos palmos de narices". Se supone que un palmo por cada uno de los dos goles del Barça. De otro modo la cosa no cuadra, pero no es sino un suponer.
Pero a estas alturas, algo así no sorprende a nadie: si por algo se caracteriza Pepelu es por su incomprensible manía de repetirse a sí mismo, señal evidente de que está algo reñido con la creatividad. Es posible que adore las plantillas de documento y tenga unas cuantas preparadas para según qué ocasión: ley del mínimo esfuerzo. O quizás, puestos a imaginar, en el fondo más profundo de su personalidad subyace un afán narcisista que le llevaría compulsivamente a reiterarse, quién sabe si convencido de que su genialidad no halla parangón en el panorama periodístico-deportivo español. Quién sabe. Y por cierto: si alguien tiene alguna duda al respecto, hará bien en tirar de hemeroteca y comprobar cómo le encanta, a poco que la ocasión lo propicie, repetir la cantinela de que Ea, ea, ea, el Madrid se (...)ea. Los "palmos de narices" tampoco son en absoluto nuevos. Ya los repitió en vísperas de Reyes, en una columna de título sospechosamente similar a la del domingo pasado. La variedad ante todo, oiga, que dicen que en ella reside el buen gusto. ¿O no, ilustre? Pero un detalle llama poderosamente la atención: si en enero eran tres los palmos, el fin de semana pasado se reducían, por arte de magia, a dos. ¿Acaso tu inconsciente te jugó una mala pasada, Pepelu?
Tal día como hoy, y en vísperas del encuentro que el Real Madrid había de disputarle al Sevilla en el Bernabéu, nuestro zorro plateado volvía de nuevo a la carga, emulando a la Brigada Ligera en Balaclava. Sin miedo a la artillería, y derechito a alancear al malo, al acostumbrado grito de ¡Tiro al blanco! Su objetivo, doble: por un lado, denostar a CR9 por manifestar (siempre según el diario MARCA, su mejor y más fidedigna fuente, ¡manda gónadas!) que le tenía ganas al Sevilla y, por el otro, vaticinar que el Real Madrid palmaría frente a los hispalenses, tirando de casuística (mucho me temo que el equipo blanco puede llevarse un disgusto, afirmaba). Concluía el erudito culé, pluma privilegiada del Sport (¡ya lo he dicho!), que la razón de dicho disgusto sería que el Barça miraría por el retrovisor al Real Madrid a mayor distancia que la existente antes de los partidos respectivos. Esto equivalía a afirmar que el Barça, a su juicio, solventaría sin problemas su duelo frente al Almería y que el Real Madrid sería incapaz de hacer lo propio ante el Sevilla. Y ya que estamos, tiene santos bemoles que alguien que acusa a Cristiano Ronaldo de dar cosas por sentadas se permite a renglón seguido el mismo lujo, y como siempre, sin la menor señal de sonrojo. O dicho de otro modo: qué caradura eres, Pepote...
Pero fíjate, rey: no se puede hablar demasiado, no sea que las cosas se revuelvan en tu contra. O, como decimos en esta tierra, no escupas al aire, no sea que te caiga el lapo encima. Harías bien en tomar nota, carísimo zote (Caro-zote, ¿viste qué ingenio?). Porque eso mismo ha pasado hoy. Tu querido Barça no ha pasado del empate en Almería, ha terminado con diez jugadores, con Guardiola expulsado del banquillo y lanzando en rueda de prensa un mensaje sospechosamente victimista. Y el Real Madrid, ese blanco, objeto de tu odio cafre y furibundo, ha sido capaz de remontar un 0-2 frente al Sevilla para acabar imponiéndose por 3-2 en el tiempo extra. Como más duele, y eso lo sabes más que bien, ¿eh, oráculo? Porque bien te gusta jugar a ventajista cuando se cumplen tus vaticinios. De otro modo, no titularías tus columnas con esas frases tan... ¿rimbombantes, has dicho? No obstante, cómo sería de meritoria la remontada cuando hasta tus propios colegas han optado por elogiarla, algo asimismo muy raro de leer.
Mi queridísimo Pepelu: al igual que tú, el que suscribe no sabe qué va a pasar al final del campeonato (la única verdad que has sido capaz de escribir en medio de tanta estulticia). De veras que no. Aunque las matemáticas aún dicen lo contrario, todo parece indicar que la Liga será cosa de dos: los tuyos y los míos. Y todo puede suceder. Incluso que los tuyos vuelvan a vapulear a los míos en el Bernabéu. O no. Quién sabe. Pero apostaría cualquier cosa a que esta noche estabas bien apoltronado frente al televisor, seguro de que pese a todo, el Real Madrid no podría remontar y que tu equipo se acostaría una vez más como líder solitario de la competición patria.
Pero no.
Esta vez, maestro, el que se ha quedado con tres palmos de narices has sido tú. Uno de parte de ese "bocazas" llamado CR9, otro de la cabeza de Sergio Ramos, y el tercero del pie de Rafael Van der Waart. Tres eran tres, los palmos de Carazote. Tres eran tres, todos dados en el cogote. Puede que la semana que viene el panorama cambie. Pero esta vez, el turno es todo tuyo. Asi que, que tengas buenas noche, arroz. Ah, y que te aproveche el Vega Sicilia. Las penas, con sopitas y buen vino, menos mal saben. Finalmente, no olvides leer las portadas de los periódicos deportivos, creo que podrían decir algo así como Madrid líder, pero no me hagas mucho caso.
He dicho.

domingo, 28 de febrero de 2010

Plato frío

Los años han ido desvaneciendo el ansia feroz de revancha que guardaba después de que el CD Tenerife, en la primera mitad de los 90, pusiera en bandeja dos ligas al FC Barcelona tras derrotar al Real Madrid en la última jornada de liga disputada en el Heliodoro Rodríguez López. Más amargo fue el primer mal trago, en el que los blancos desperdiciaron un 0-2 para acabar sucumbiendo por 3-2 al final. Y lo fue porque así contribuyeron a forjar un mito a mi juicio excesivamente inflado: el del (mal llamado, a mi juicio) Dream Team blaugrana. Un conjunto que jugaba al fútbol como nadie entonces, pero que cosechó buena parte de sus éxitos gracias a los deméritos de otros (además de lo sucedido en el Heliodoro, recuerdo el famoso penalty fallado por Djukic, gracias a la cobardía de Bebeto, y que habría hecho campeón al Depor en 1994), cuando no fue milagrosamente salvado por la campana (el gol in extremis de Bakero que permitió jugar la final de la que sería primera Champions League para los culés). El mito acabó vapuleado por el Milan de Capello en Atenas, y sólo en los últimos años (particularmente en 2009) ha encontrado digna sucesión y reedición en el conjunto del año pasado, que ganó todo cuanto disputó y en la inmensa mayoría de los casos (mención aparte el encuentro de vuelta de semifinales de Champions en Stamford Bridge), de modo absolutamente convincente y sin dejar margen para la duda.
Pero hablaba del CD Tenerife, del Real Madrid y del Heliodoro. Tal día como hoy, diecisiete años después del último fiasco en estas tierras, el Real Madrid ha vuelto como el ángel vengador: enfundado en ropas negras, anunciadoras de desgracia para su rival. Y vaya si fue así, pues el resultado final de 1-5 lo dice todo. Y el abajo firmante, bien que se alegra de ello. Sin tapujos, remilgos, o recato. Abierta, total y completamente. Infinidad, para entendernos. Como también me llena de satisfacción que el martillo vengador que esta noche destripó por partida doble la puerta local fuese ese muchacho de Buenos Aires que vio la luz en la lejana Bretaña francesa, de nombre Gonzalo Pipita Higuaín. Lo dije después de reseñar el partido frente al Racing, y lo repito ahora: eres mi ídolo, Pipita, tenías que ser TÚ.
Habrá, naturalmente, quien piense que esta muestra de satisfacción es una deslealtad hacia los colores que deberían ser míos, hacia mis gentes paisanas o hacia mi tierra. Nada más lejos de la realidad, toda vez que los colores futbolísticos no vienen impuestos. Uno los elige libremente, como elige la marca de coche que conduce, el lugar donde desea vivir o la compañía que tiene, si es que la tiene. Y desde luego, mucho menos aceptaría semejante recriminación si, puestos al caso, llegase de boca de algún forofo local, pues creo firmemente que la afición blanquiazul es una de las más catetas, ignorantes, resultadistas e interesadas que hay en este país: cuando las cosas van bien, todos se suman al carro. Cuando no es así, ahí te quiero ver, Manuel. Estamos en primera, escribían no pocos en sitios como Facebook hace cosa de un año. Baño de multitudes en la Plaza de España después del ascenso, el entrenador José Luis Oltra (un señor que sabe un rato de fútbol, condenado a capear el temporal con una plantilla muy corta de recursos) poco menos que nombrado hijo adoptivo y chicharrero de honor, cánticos, algarabía ... ¿Estamos?, me preguntaba yo entonces. Estaban y aún están quienes de verdad lo merecieron (directivos, técnicos y jugadores), después de un duro y árido peregrinaje por la segunda división, faltos de recursos, jugadores y del cariño y apoyo de esa misma afición veleta que entonces se debatía entre la indiferencia hacia los colores locales o el continuo abucheo al equipo por no regresar inmediatamente a lo más alto y jugar otra vez copas de la UEFA. No, definitivamente no. Nadie de entre ellos tendría la más mínima fuerza moral (doy por sentado que nadie tiene el derecho) para reprocharme fidelidad y devoción hacia los que sí son (y siempre han sido) mis colores: los del club de Concha Espina.
Después de todo, no es tan extraño. Muchos de mi generación crecieron con el CD Tenerife casi permanentemente estacionado en segunda división o incluso algún peldaño más abajo. A diferencia de nuestros vecinos canariones, quienes sí llevaban muchos años disfrutando del mejor fútbol nacional, los tinerfeños eran (éramos) mayoritariamente del Madrid, del Barça, de alguno de los atléticos o incluso del Betis. Y, secundariamente, del Tenerife. Secundariamente. Ese fue y es mi caso. Y lo que son las cosas: he hecho mayor esfuerzo por el Tenerife que por el Madrid, pues durante varios años fui abonado y me daba cita cada quince días en el estadio de Santa Cruz, a ver lo poquito que los jugadores de entonces tenían que ofrecer. Eso me costó unos buenos dineros. De modo que, por esa parte, entiendo que tampoco hay razón de queja.
Así que lo dicho: me alegro infinito por la goleada, por el desquite sabrosón, por la paliza dada a los locales, por los goles del Pipita, de Kaká, CR9 y Raúl. Por haber quitado ese clavo que llevaba en las entrañas desde hacía tantos años. Puede que esta liga española nuestra haya perdido mucho del atractivo de hace unos pocos años, cuando las posibilidades estaban más abiertas y era más concebible que un equipo como el de Oltra pudiera dar un susto a alguno de los grandes. Pero así están las cosas entre el Madrid y el Tenerife hoy. Atrás, perdido ya de vista, queda el antiguo azote de los blancos. Me alegro de ello y de la goleada, y me siento cómodamente satisfecho. Serenamente satisfecho. Tranquilamente satisfecho.
Porque, como bien reza el antiguo proverbio Klingon, la venganza es un plato que se sirve mejor frío. Eso lo sabía muy bien Tarantino cuando gestó su inmortal epopeya Kill Bill. Y dejó nítida constancia de ello. Como hago yo, ahora y aquí.
He dicho.

lunes, 22 de febrero de 2010

Juegos (escatológicos) de palabras

Poco tiempo faltó a los carroñeros de los tabloides del Principado para, fieles a su estilo de siempre, regodearse lo suyo después de la derrota del Real Madrid el jueves pasado ante el Olympique de Lyon. El Real Madrid firmó, ciertamente, uno de los peores encuentros de la temporada, superado en negatividad solamente por el Alcorconazo. Y lo mejor que se puede decir del resultado es que fue una derrota mínima. El Lyon jugó un partido físico, de presión constante y agobiante, sin dejar resquicios para la creatividad de las estrellas merengues. No obstante, todos los equipos realizan partidos malos o muy malos a lo largo de la temporada (aunque el momento elegido por el Real Madrid no pudo ser más inoportuno) y en este caso, el resultado deja abiertas las opciones de clasificación de cara al encuentro de vuelta. Fallaron los jugadores, quién sabe si convencidos de que el encuentro iba a ser poco menos que un paseo militar ante un rival muy venido a menos. Falló también el entrenador Pellegrini, y en mi opinión no tanto por alinear a Mahmadou Diarrà como por situar a Marcelo en el lateral izquierdo, creando una autopista que Govou supo aprovechar a la perfección, llevando peligro constante por la misma. Los hechos son muy tozudos, y demuestran erre que erre que el brasileño es mejor atacante que defensor. Finalmente, los caros fichajes veraniegos tampoco estuvieron a la altura, incluyendo a Benzema, al que se le presuponía una motivación especial al enfrentarse a su ex equipo.

Pero como decía, los carroñeros del nordeste de España lo vieron de otro modo, naturalmente. Entre ellos, uno de los mayores saprófagos, auténtico paradigma del pseudoperiodismo deportivo español, siempre tan presto a afilar su lengua culebrera (nunca mejor dicho) ante las desgracias ajenas (léase merengues) como proclive a destapar la caja de los truenos ante las propias (casi siempre al grito de guerra de Intolerable). Me refiero a José Luis Carazo, adalid del talibanismo culé más recalcitrante, casposo y cínico, adecuadamente sazonado de estulticia sopladora de vidrio. Se marcó el caballerete una de sus columnas ad hoc, al sonsonete consabido de "Ea, ea, ea, el Madrid se (soplagaitez)-ea". El lugar de publicación, como no podía ser de otro modo, esa lóbrega mazmorra intelectual dirigida al alimón por Joan Vehils y Josep María Casanovas, llamada diario SPORT, refugio de comentaristas cuyo conocimiento futbolístico es digno de la barra de bar más cutre de este país y donde sólo brilla, desde la distancia y una o dos veces por semana, la luz de Martí Perarnau, un elfo de los bosques en medio de la pestilente inmundicia mordoriana.

Entre las delicatessen con las que el comentarista de níveas sienes tuvo a bien obsequiar a lectores propios y extraños, figura la sugerencia de identificar a Ricardo Izecson dos Santos (más conocido como Kaká) con un excremento, valiéndose para ello de la sutil y brillante argucia de suprimir la tilde de su apelativo. Citamos al perpetrador:

(...) ni Kaká, a quien ya hay que comenzar a llamar por su nombre, quitándole la tilde (...)

La cosa va tanto más lejos cuanto que el ínclito asume que el apelativo, desprovisto de la tilde, es el nombre del jugador. Nada menos.

Sigue siendo penoso y lamentable que individuos como éste puedan llenar su plato de comida publicando semejante basura, que es tan digna de su autor como el autor de ella. Por desgracia, el periodismo deportivo español, que debería centrarse exclusivamente en contar lo que sucede en los encuentros y eventos deportivos, lleva mucho tiempo adornándose con estas plumas, más acordes en la cola de un buitre (por aquello de que se ubican cerca del lugar por donde el animal evacúa los restos de la digestión de la carroña que le sirve de fuente de energía) que a tono con un periódico mínimamente serio. Individuos como Carazo son más frecuentes en Barcelona que en Madrid, aunque desde hace ya un tiempo, el diario MARCA bajo la vara del mago Saruman-Inda, está criando a sus propios orcos (léase Miguel Serrano, Roberto Gómez o el infumable José Vicente Hernaiz), acaso porque la fórmula de la escatología periodístico-deportiva es, pese a todo, rentable en este país. Pues si estos señores (un decir) son el reflejo fiel de nuestra sociedad (¿suciedad, zoociedad, como sugería Mafalda?), entonces el abajo firmante debería plantearse mudar su nacionalidad. Aún mantengo mis dudas sobre ello, pero cada vez menos.

Y ya puestos, Carazo, Caracete, Carazote... ¿Por qué no hacer juegos de palabras con tu, por otra parte, poco agraciado apellido? Al fin y al cabo es gratis: tú mismo lo haces y no te cuesta un chavo. Y supongo que no te importará que otros hagamos aquello que tanto te mola, ¿verdad? No irás a creer que el agudo ingenio, la centella sutil y la chispa son patrimonio exclusivamente tuyo, ¿eh? Veamos... la primera y más obvia opción podría ser cambiar la "z" de tu apellido por una "j", pero esto no tiene nada de ingenioso, es demasiado ramplón, incluso para ti. Además, hay razones objetivas para no hacerlo, ya que según la RAE, eso transformaría tu apellido en una designación del miembro viril, algo quizás inadecuado, pues intuyo que a tus añitos ya irás echando mano de la pastilla azul. Así que no. Tentador, pero definitivamente no va contigo.

Claro que hay una segunda posibilidad, y es reemplazar la "r" por una "c". Y así, obtendríamos Cacazo, algo sin duda más acorde con tu estilo. ¿Verdad, maestro? Además, con terminación de aumentativo, reforzando la idea de que el montón es ciertamente grande, quién sabe si resultado de una digestión en extremo larga y penosa, arruinada por ese Vega Sicilia con el que te obsequias cada vez que los tuyos la... pifian. O, ya puestos, tampoco desentonaría sustituir la "r" por una "g", y de este modo saldría Cagazo. Consuélate pensando que así más o menos pronunciaría tu apellido un francés y por tanto pondría el énfasis (que no la tilde) en la última sílaba, disimulando un poco el resultado final y, de paso, el hedor. En español, esa lengua que tanto ofendes cada vez que te sientas frente a un teclado, la cosa tendría otros matices, sin duda más oscuros, quizá debidos a alguna incontinencia de esfínter, lo que probablemente derivaría en la necesidad, transitoria o permanente, de llevar pañales que nos librasen a los demás de la inevitable incomodidad olfativa que, muy a tu pesar, irías esparciendo al moverte.

Pues ya ves, Pepelu: no hace falta tener apelativo brasileiro para hacer jueguecitos escatológicos de palabras. Basta con tener un apellido como el tuyo, así como la suficiente dosis de mala leche y falta de respeto, algo de lo que pocos saben tanto como tú, fiera. Pero de eso nos sobra en esta piel de toro, ¿no es cierto, genio?

¡Ay...! Cuándo llegará el día en que alguien te grape los labios...

He dicho.

lunes, 8 de febrero de 2010

Un buen ejemplo de autocensura

¡Lo que hay que ver, leer y oír! Tanta soplagaitez junta no se había leído en nuestra deplorable prensa deportiva en mucho, muchísimo tiempo. La funesta invención del Villarato, término acuñado por Alfredo Relaño, director del AS, para explicar supuestos y sistemáticos favores arbitrales al Barça, está envenenando la competición liguera patria, y peor aún: puede destapar una caja de pandora de consecuencia imprevisibles. Haría bien el susodicho en olvidar toda esa patraña, pues con ello lo único que está consiguiendo es ponerse al nivel de la prensa culé no ha mucho, cuando era el Real Madrid el que alzaba trofeos. Pero claro, hay que vender periódicos, y hay que recortarle el pastel de ventas al rival. Que no es el Barça, claro, sino el MARCA, embarcado desde hace tiempo en su propia línea tabernera, mugrienta y amarilla, relegando los buenos modales y el periodismo serio al olvido más remoto. En otras palabras, una carrera a ver quién cae más bajo. El perjudicado de todo esto, como ya sucediera el año pasado, no será el Barça... sino que puede ser el Real Madrid. Si ya durante la campaña anterior los cagómetros y canguelos no sirvieron más que para espolear a los blaugranas, con las consecuencias vistas en el Bernabéu, ahora podría suceder otro tanto. Pero en esta ocasión, el ataque es notablemente más sibilino, y por tanto insidioso, pues se dirige al colectivo siempre más expuesto: los árbitros. Los mismos que durante decenios fueron sistemáticamente acusados de favorecer a los merengues.

Un ejemplo de la caja de pandora antes mencionada sucedió en el Camp Nou el pasado sábado, durante el encuentro entre los locales y el Getafe. Una dura entrada a destiempo de Gerard Piqué le costó la expulsión (justa, a entender del que suscribe) cuando su equipo vencía por 1-0, merced a un espectacular gol de Messi. En los momentos finales del partido, un penalty inocente de Rafa Márquez a Kepa supuso asimismo la tarjeta roja para el mexicano, pues era el último defensor y el árbitro entendió que la internada del getafense era ocasión manifiesta de gol. Poco que objetar, pues, máxime si se tiene en cuenta el momento del partido y la nula repercusión que tuvo el lance, más allá del gol transformado por Soldado y del hecho de que el blaugrana se perderá el próximo partido.

Pero hete aquí que en Barcelona se abrió la caja de los truenos, aletargada durante mucho tiempo tras los éxitos deportivos culés. A la pañolada contra el colegiado Teixeira se unió, formando un coro tal como no se oía desde los tiempos del Ejército Rojo, el conjunto de tabloides del Principado. A quejarse del árbitro. Y por supuesto, a sacar pecho: Ni aun así nos ganan. Y vaya si hay voceros fanáticos en Barcelona dispuestos a levantar la voz cuando un árbitro les perjudica. Pero esta vez no fue Casabobas, perdón, Casanovas (siempre me confundo) el que alzó la enérgica proclama, no. Tampoco Lluís Mascaró, ni Pepe Carazote, ni Toni Frieros, ni Francesc Aguilar, ni ningún otro de los mastines de la bien entrenada jauría de plumillas de la Ciutat comtal.

Fue Josep Capdevila, redactor del Sport, quien se marcó una entrada en su blog digna de enmarcar. Su título lo decía todo: No nos vamos a callar. Aquí está la prueba:


Resaltamos algunas perlas constitutivas:
  • ¡Ya está bien! Hay que tener muy poca vergüenza para arbitrar como lo hizo el colegiado de este sábado en el Camp Nou...
  • Los barcelonistas tienen motivos, muchos motivos, para estar cabreados. Es de juzgado de guardia lo de los arbitrajes al Barça. Por cada uno que pueda levantar sospechas de que ha favorecido a los culés, hay veinte claramente comparables a atracos a mano armada. Como el del personaje que pitó este sábado el Barça-Getafe.
  • Vamos a seguir denunciando que al Barça se le atraca vilmente y que digan lo que digan desde Madrid.
No sé ustedes. Al abajo firmante le pareció una reacción de todo punto desproporcionada. Primero, porque no hay razón para quejarse: las dos expulsiones fueron correctas, y Teixeira dejó de pitar otros lances (un posible penalty de Abidal o un fuera de juego posicional de Ibrahimovic en el gol de Messi), simplemente porque consideró que no eran punibles. Naturalmente, Capdevila pasó de puntillas sobre esto e inmediatamente se dejó arrebatar por el recuerdo del Villarato. Supongo. En segundo lugar, porque media un abismo entre la expulsión justa de dos jugadores azulgranas en un único partido (que además no ha tenido influencia en el resultado) y clamar una presunta campaña en contra del Barça. Y tercero, porque no se tienen en cuenta los posibles errores arbitrales que han favorecido al Barça en el último año y medio. Osea, sencillamente kafkiano. O si lo prefieren, una reacción forofa. Me quedo con eso último.

Pero lo mejor viene ahora. Al bueno de Capdevila le cayó encima de todo por semejante exabrupto: de simpatizantes madridistas, sí (incluyendo al que suscribe), pero también de no pocos culés. Te has pasado, chaval, era en esencia el mensaje. Y se ve que el redactor, con los nervios más calmados y la cabeza en su sitio, se lo pensó mejor. Porque de un plumazo se cargó el post, de modo que ya no es posible acceder a él desde la web del diario Sport. Si se hace click sobre el vínculo correspondiente, el usuario es redirigido a una nueva entrada, publicada hoy mismo, alabando a Guardiola. El No nos vamos a callar, al Triángulo de las Bermudas.

¿Del todo?

Bueno, no exactamente. Si uno recurre al motor de búsqueda habitual en la red y le proporciona las pistas suficientes, éste desvela rápidamente el paradero del post perdido:

http://www.sport.es/BLOGS/blogs/desdelaweb/archive/2010/02/07/no-nos-vamos-a-callar.aspx

Osea, ha ido a parar al limbo. O al baúl de los recuerdos. Pero ya no es directamente accesible, pues si uno examina el calendario a la derecha del blog de Capdevila, que señala las fechas de publicación de las correspondientes entradas, descubre que el 7 de febrero del corriente no se publicó nada. En teoría, claro.

En fin, que rectificar es de sabios. Y desde estas páginas, quiero dejar constancia de que aplaudo el gesto de Josep Capdevila. Creo honesta y sinceramente que ha hecho lo correcto, lo que debía. Y creo también que ha hecho un favor al periodismo deportivo y quién sabe si a la salud de algún colegiado en el futuro. Me sabe un poco mal, eso sí, que haya censurado las felicitaciones que le di por ello en su blog, y por eso mismo escribo estas líneas en el mío, a salvo de la censura ajena. Ahora sólo falta que el sentido común arraigue en los medios de la capital de España. Aunque sobre este punto, en verdad, albergo muy serias dudas.

He dicho.

P.D.: Finalmente, el señor Capdevila dejó ver el comentario en el que este humilde autor aplaudía su decisión. Ya no me sabe nada mal, pues.

jueves, 28 de enero de 2010

Te conozco, bacalao...

A algunos periodistas se les ve el plumero a poco que uno les lea o les escuche (o ambas cosas, si son del tipo 4x4). Nada extraordinario, después de todo: como ya comentaba ayer, la prensa española en general se caracteriza por su falta de objetividad y neutralidad, cuando no por una manifiesta catetez. Personalmente, no me importa que cualquier periodista mantenga y defienda a capa y espada sus puntos de vista, sean los que sean. Con el respeto al prójimo por delante, claro, y siendo ésta la única cortapisa válida de la libertad de expresión tras la que más de uno se esconde para decir lo que le viene en gana de quien le sale de las narices. Y para luego protestar airadamente, a veces, si un tribunal de justicia le pone en su sitio por cacarear más de la cuenta. Lo que ya no me parece de recibo (y es algo que hago extensivo a nuestra deleznable clase política) es que me tomen por tonto y/o me traten como tal. Eso sí que no. Aunque a veces el que suscribe, como cualquier otro hijo de vecino, haga o diga tonterías (Forrest Gump dixit).

Anoche, en el programa radiofónico deportivo de la cadena SER El Larguero, su titular efectivo (José Ramón de La Morena) entrevistó al futuro candidato a la presidencia del FC Barcelona, Alfons Godall, hasta ahora vicepresidente del club a las órdenes del ínclito Joan Laporta. No me desagradó del todo el tal Godall, con independencia de sus puntos de vista particulares y sin entrar a valorar asuntos como la famosa fundación a la que pertenecía el cuñado ultra de Jan, o los espionajes a miembros de la junta directiva culé. No me desagradó, digo, en su forma de lidiar frente a la alcachofa y al alcachofador de la cadena de PRISA. Sin perder los buenos modales, no se dejó avasallar y mantuvo su opinión a pesar de la actitud a veces hostil del periodista que, fiel a su estilo, encadenaba las preguntas sin dar tiempo a terminar las respuestas. Una táctica que juzgo desagradable porque me sienta a cuerno quemado que me interrumpan cuando soy yo el que habla. Pero quien acude al programa debe conocer las reglas no escritas de antemano. Y seguramente Godall las conocía bien.

Como no podía ser de otro modo, De la Morena entró a saco y sin disimulo a la cuestión política. Cree usted que Cataluña es una nación, cree usted que Cataluña debe tener su propia selección de fútbol y jugar un Mundial contra España, etc. Y se plantearon los paralelismos estúpidos de siempre, rincón de refugio acostumbrado de los nacionalistas catalanes, perfecto para justificar sus puntos de vista. Que si no es preciso que Catalunya sea independiente para tener selección propia, pues Escocia y País de Gales la tienen, o que, aun siendo un país independiente, podría jugar la liga española, como hace el Mónaco en la liga francesa. Esto respondió el delfín de Jan.

Y aquí entro yo, porque este es mi blog y opino en él sobre lo que me viene en gana. A ver, senyor Godall, y aquellos que comparten su visión del asunto: entérense de una vez. El fútbol es, en principio un invento inglés. Luego británico, pero inicialmente inglés. Pues su práctica por equipos se gestó, como la del rugby (otro invento inglés, por cierto) en los Colleges de la época victoriana. Una vez establecidas las reglas del mismo en forma muy parecida a la actual, se crearon las primeras selecciones nacionales que fueron, cómo no, las de las Home Nations británicas: Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda. A comienzos del pasado siglo XX nació el germen de la asociación internacional de fútbol. La archiconocida FIFA, vamos. ¿Adivinan quién fue uno de sus fundadores? Fíjate por dónde: España, quién lo diría. ¿Y adivinan quiénes se negaron a entrar en ese germen? Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda, porque preferían seguir compitiendo, a nivel de selección, tal y como lo habían venido haciendo hasta la fecha. Tiempo después, las asociaciones de fútbol de las naciones que componen el Reino Unido acabaron por ingresar en la FIFA, pero eso sí: manteniendo cada una su identidad, excepción hecha de la irlandesa, que tras la independencia de la República de Irlanda, se escindió en Ulster por un lado y Eire por otro. Lo que, por otra parte, no sucedió en rugby, para el que sólo hay una selección irlandesa.

Es decir, que la decisión de competir por separado fue en todo caso man-co-mu-na-da. Todos estaban de acuerdo sobre ese punto, y tenían la autoridad siquiera simbólica de poder exigirlo así como inventores del deporte en cuestión. Lo que Jan Laporta y sus secuaces (políticos unos, periodistas otros, futboleros algunos más) persiguen es que la escisión de Cataluña a nivel de selección sea unilateral, con la voluntad del poble català como única justificación. Y al resto, que le den. Pues vale, buen rollito: si esa es la norma, deberá cumplirse también ésa otra (aprobada a nivel FIFA, dicho sea de paso, incluyendo a los británicos) que establece que una selección debe tener detrás y representar a su propia liga. Osea, que si hay selección catalana, deberá haber liga catalana, separada de la española. Sea o no sea Cataluña un estado independiente. Claro que si lo fuese, tampoco habría problema en jugar en la liga española. Y ahí fue donde Godall se acogió a otro ejemplo espúreo: el Mónaco juega en la liga francesa y no pertenece al estado francés.

El Principado de Mónaco tiene 1.9 kilómetros cuadrados de superficie, siendo por tanto el estado más pequeño en extensión del mundo, tras la Ciudad del Vaticano. Así las cosas, una liga monegasca es inviable: ni tienen cabida los estadios de fútbol necesarios para ello, ni hay jugadores suficientes para armarla. Por esas razones, entre otras, el equipo de fútbol local (la AS Monaco) disputa la liga francesa. Podríamos pensar, sin embargo, que este equipo vendría a ser una especie de selección nacional monegasca. Nada más lejos de la realidad. En la actual plantilla del club no hay un solo jugador del principado de los Grimaldi. Ni uno solo. Y la mayoría, más de la tercera parte son, como cabría esperar, franceses. Por lo tanto, no juegue a los engaños una vez más, senyor Godall (algo extensivo a los voceros catalanistas): por muy monegasco que sea en origen el club, en la práctica, la AS Monaco es un equipo francés, pues está dirigido por franceses, financiado por franceses e integrado mayoritariamente por franceses. Eso sí: tiene sede en Mónaco, pero la representación del estado que le acoge y denomina es meramente simbólica. No sé si eso sería equiparable a equipos catalanes jugando como invitados en la liga española. Imagino que no.

Y claro, en el caso de una hipotética liga catalana segregada de la española, no hay que ser profeta para darse cuenta de que el gran perjudicado sería el FC Barcelona. Catalunya podría armar excelentes equipos de primer orden en waterpolo, hockey sobre patines o hierba, balonmano, baloncesto, fútbol y otros. Pero con una diferencia fundamental: mientras que para los primeros existe amplia representación de clubes catalanes de primerísimo nivel, no ocurre lo mismo con los segundos, especialmente con el fútbol, donde el predominio del Barça sobre el resto es abrumador. Conclusión: una liga catalana de fútbol se devaluaría estrepitosamente en cuestión de una década (una generación de futbolistas, más o menos) por pérdida de competitividad, y el FC Barcelona, privado de su implantación actual, más pronto o más tarde sería un segundo Ajax de Amsterdam. Llamado a hacer grandes cosas fuera de su país... muy de vez en cuando. Y cada vez más raramente. Eso sin contar, por supuesto, el daño que sufriría la formidable cantera del equipo, cuyos jugadores serían cada vez con más frecuencia artículos de exportación, pues su club original perdería capacidad económica para retenerles. El resto de la liga española sufriría también, claro, pero proporcionalmente mucho menos. Y con el tiempo el Sevilla, Atlético de Madrid o, cómo no, el Real Madrid (por no hablar de equipos italianos o ingleses) podrían hacerse con las perlas de la cantera catalana. Un panorama sin duda aterrador para los futboleros catalanistas (que no catalanes, ojo) de pata negra. El desastre. Como para pensárselo, creo yo, y admitir aquello de que no se puede tener todo en esta vida. O una cosa o la otra. Pretender las dos es tener el morro prognato de Carlos V. De caraduras.

Claro que De la Morena no se quedó atrás en cuanto a disparates. No bien hubo mencionado Godall la soplagaitez del Monaco, al locutor madrileño no se le ocurrió sino decir que Cataluña no es un principado. Con dos cojones. Y claro, a su interlocutor no le costó nada ponerle en su sitio (el de un ignorante puro y duro) de inmediato. Ignorante, no sólo por desconocer que Catalunya es en efecto un principado, sino por argüir que eso no sería motivo suficiente para incluir a los equipos catalanes en la liga española. Lamentablemente, no puedo reproducir aquí la entrevista, pero se puede escuchar en la fonoteca de la Cadena SER.

Es decir, que tanto a uno como a otro les cantaría yo aquella vieja canción que reza Te conozco bacalao, aunque vengas disfrazao. Al uno, por sus argumentos de patio de colegio sobre la cuestión de la selección catalana. Al otro, por su parcialísima manera de conducir una entrevista y por su demostrada ignorancia cateta.

He dicho.



martes, 26 de enero de 2010

A su modo de siempre

A estas alturas del cuento, hace ya mucho que el abajo firmante dejó de creer en eso que con tanta frecuencia se nos repite a la gente de a pie: la objetividad de la prensa. O quizás, para ser más exactos, habría que decir la presunta objetividad de la prensa. Española, por supuesto. Y el matiz es importante toda vez que, visto lo visto, español y objetivo se me antojan términos de todo punto irreconciliables. No se puede ser español e imparcial al mismo tiempo: que si sociatas o peperos, intolerantes o liberticidas, derechosos o ecologetas, fachas o rojos. Igual me da. Cuando el genial Francisco de Goya pintó su archiconocido cuadro Riña a bastonazos, posiblemente ignoraba el alcance del simbolismo de su obra, retrato fiel de esta España nuestra, para nuestra vergüenza y oprobio ante el resto del mundo. Y ojo, que cuando digo España y españoles, incluyo en el saco a aquellos que en lugar de la ñ usan la ny, tan española la primera como espanyola la segunda (o la segona). Que también me da igual. No me importa lo más mínimo que algunos entre ellos cacareen su presunta distinción del resto, la socorrida excusa del seny o que, llegados al extremo, digan no sentirse ni ser lo que, por sus actos y actitudes y más allá de toda duda razonable, son. Tan cazurros o cassurros como el común de los mortales en este país que todavía se llama España.

Pero hablaba de la objetividad de la prensa. Pues sí. Y de todo tipo, oiga: general o especializada y, dentro de este último segmento, la prensa deportiva no iba a irse de rositas. Claro que no. La última polvareda nacional se ha armado a propósito de la reciente expulsión de CR9 en el Santiago Bernabéu frente al Málaga por romperle la nariz a Mtiliga. En principio, las culpas recayeron exclusivamente sobre el jugador luso, con denominador común en la prensa madrileña y algunas webs de deportes: ángel (por sus goles) y demonio (por la expulsión). Pero casi al momento, se dispararon las especulaciones sobre la sanción que le podía caer a resultas de lo sucedido. Sobre este punto hay dos realidades meridianamente claras: la primera, que el árbitro del encuentro, pese a expulsar al jugador, no consignó en ningún momento la palabra agresión en el acta; y la segunda que, enterado del sucedido, CR9 fue al vestuario del Málaga a disculparse con el rival (si lo hizo de motu propio o no, que cada cual crea lo que le salga).

Como no podía ser de otro modo, los periódicos de un lado y de otro se lanzaron a la guerra particular. La riña a bastonazos, o sea. Los de Madrid, con la esquizofrenia del villarato como estandarte, a defender al jugador blanco. Y los de Barcelona, claro está, a echarle basura encima, clamando por una agresión que ni siquiera el árbitro, situado a pocos metros del lance, fue capaz de ver. Luego salieron las inevitables comparaciones entre lo sucedido en el Bernabéu y el lance vivido no hacía mucho entre Leo Messi y el jugador sevillista Marc Valiente, que sujetó al astro argentino mientras éste hacía por zafarse (brazos incluidos) y seguía corriendo entre las vivas aclamaciones del público culé, hasta que el árbitro detuvo definitivamente la jugada, señalando la correspondiente falta y amonestando a Valiente. Con tarjeta amarilla.

No tienen razón. Ni unos ni otros. La cartulina roja no tiene nada que ver con una agresión, y valga como prueba el acta arbitral. Sí que está relacionada con el daño infligido al jugador del Málaga, que fue golpeado por Cristiano, pero nunca agredido, toda vez que en cualquier agresión hay una componente de intencionalidad que en este caso brilla por su ausencia. Cuando alguien te agrede es porque ha ido expresamente a por ti, a partirte los morros sin contemplaciones. Puede parecer baladí, pero es tanto como acusar a alguien de homicidio o de asesinato. Suena igual, pero no significa lo mismo, y por idénticas razones. El Comité de Competición ha tenido en cuenta esto, y por ello ha sancionado al portugués con dos partidos. En caso de agresión, la pena mínima habrían sido cuatro encuentros y la máxima, doce.

Pero claro, en la capital del Principado las cosas no se ven de idéntico modo. Y por ello no han dudado en sacar a flote su psicopatología particular: Madrid. No el Real Madrid, ni la ciudad de Madrid, el Gobierno de Madrid o la Comunidad de Madrid. Madrid, a secas. Ese ente amorfo y sin identidad pero fácilmente señalable, culpable inequívoco de todas las injusticias cometidas con Cataluña desde los tiempos de Rafael Casanovas. Madrid presiona al Comité, dicen. Y tampoco dudan en insultar y despreciar al portugués en sus portadas, más propias de un pasquín filonazi de principios de la década de los 30 que de los tiempos que corren. He aquí la prueba:
CR9 Agresor
¿Por qué no es más fácil admitir lo más simple? ¿Por qué no reconocer que en el fondo CR9 les importa un pimiento y que lo único que desean es presionar a su vez para privar al Real Madrid de su concurso en dos partidos trascendentes como los que están por llegar, especialmente el de Riazor, un lugar históricamente muy poco propicio para los merengues en las últimas dos décadas? ¿Por qué montarse este numerito tan patético, victimista, hipócrita, falso, amarillo y sobre todo y por encima de todo, despreciable?

Pero así lo han mamado desde críos, y así tienen que conducirse. A su modo de siempre, claro. Los hijos de la gran puta.

He dicho.
P.D.: Tal día como ayer, en el programa de la Cadena SER El Larguero e interrogado sobre la cuestión de la sanción, Emilio Pérez de Rozas, presunto periodista deportivo del diario SPORT, calificó a CR9 de chulito -sic-. Naturalmente, no disparó el elogio en presencia del jugador del Real Madrid, sino que lo lanzó a las ondas, por toda España, bien parapetado tras la alcachofa amarilla de la cadena en Barcelona. Todo un ejemplo de valentía, eso de insultar sin que el otro tenga la oportunidad de contestarte... o de romperte los piños, ya que hablamos de ello. Algo que yo, desde luego, no lamentaría. Para nada.