Ni siquiera la muerte podrá separarnos ...

jueves, 28 de enero de 2010

Te conozco, bacalao...

A algunos periodistas se les ve el plumero a poco que uno les lea o les escuche (o ambas cosas, si son del tipo 4x4). Nada extraordinario, después de todo: como ya comentaba ayer, la prensa española en general se caracteriza por su falta de objetividad y neutralidad, cuando no por una manifiesta catetez. Personalmente, no me importa que cualquier periodista mantenga y defienda a capa y espada sus puntos de vista, sean los que sean. Con el respeto al prójimo por delante, claro, y siendo ésta la única cortapisa válida de la libertad de expresión tras la que más de uno se esconde para decir lo que le viene en gana de quien le sale de las narices. Y para luego protestar airadamente, a veces, si un tribunal de justicia le pone en su sitio por cacarear más de la cuenta. Lo que ya no me parece de recibo (y es algo que hago extensivo a nuestra deleznable clase política) es que me tomen por tonto y/o me traten como tal. Eso sí que no. Aunque a veces el que suscribe, como cualquier otro hijo de vecino, haga o diga tonterías (Forrest Gump dixit).

Anoche, en el programa radiofónico deportivo de la cadena SER El Larguero, su titular efectivo (José Ramón de La Morena) entrevistó al futuro candidato a la presidencia del FC Barcelona, Alfons Godall, hasta ahora vicepresidente del club a las órdenes del ínclito Joan Laporta. No me desagradó del todo el tal Godall, con independencia de sus puntos de vista particulares y sin entrar a valorar asuntos como la famosa fundación a la que pertenecía el cuñado ultra de Jan, o los espionajes a miembros de la junta directiva culé. No me desagradó, digo, en su forma de lidiar frente a la alcachofa y al alcachofador de la cadena de PRISA. Sin perder los buenos modales, no se dejó avasallar y mantuvo su opinión a pesar de la actitud a veces hostil del periodista que, fiel a su estilo, encadenaba las preguntas sin dar tiempo a terminar las respuestas. Una táctica que juzgo desagradable porque me sienta a cuerno quemado que me interrumpan cuando soy yo el que habla. Pero quien acude al programa debe conocer las reglas no escritas de antemano. Y seguramente Godall las conocía bien.

Como no podía ser de otro modo, De la Morena entró a saco y sin disimulo a la cuestión política. Cree usted que Cataluña es una nación, cree usted que Cataluña debe tener su propia selección de fútbol y jugar un Mundial contra España, etc. Y se plantearon los paralelismos estúpidos de siempre, rincón de refugio acostumbrado de los nacionalistas catalanes, perfecto para justificar sus puntos de vista. Que si no es preciso que Catalunya sea independiente para tener selección propia, pues Escocia y País de Gales la tienen, o que, aun siendo un país independiente, podría jugar la liga española, como hace el Mónaco en la liga francesa. Esto respondió el delfín de Jan.

Y aquí entro yo, porque este es mi blog y opino en él sobre lo que me viene en gana. A ver, senyor Godall, y aquellos que comparten su visión del asunto: entérense de una vez. El fútbol es, en principio un invento inglés. Luego británico, pero inicialmente inglés. Pues su práctica por equipos se gestó, como la del rugby (otro invento inglés, por cierto) en los Colleges de la época victoriana. Una vez establecidas las reglas del mismo en forma muy parecida a la actual, se crearon las primeras selecciones nacionales que fueron, cómo no, las de las Home Nations británicas: Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda. A comienzos del pasado siglo XX nació el germen de la asociación internacional de fútbol. La archiconocida FIFA, vamos. ¿Adivinan quién fue uno de sus fundadores? Fíjate por dónde: España, quién lo diría. ¿Y adivinan quiénes se negaron a entrar en ese germen? Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda, porque preferían seguir compitiendo, a nivel de selección, tal y como lo habían venido haciendo hasta la fecha. Tiempo después, las asociaciones de fútbol de las naciones que componen el Reino Unido acabaron por ingresar en la FIFA, pero eso sí: manteniendo cada una su identidad, excepción hecha de la irlandesa, que tras la independencia de la República de Irlanda, se escindió en Ulster por un lado y Eire por otro. Lo que, por otra parte, no sucedió en rugby, para el que sólo hay una selección irlandesa.

Es decir, que la decisión de competir por separado fue en todo caso man-co-mu-na-da. Todos estaban de acuerdo sobre ese punto, y tenían la autoridad siquiera simbólica de poder exigirlo así como inventores del deporte en cuestión. Lo que Jan Laporta y sus secuaces (políticos unos, periodistas otros, futboleros algunos más) persiguen es que la escisión de Cataluña a nivel de selección sea unilateral, con la voluntad del poble català como única justificación. Y al resto, que le den. Pues vale, buen rollito: si esa es la norma, deberá cumplirse también ésa otra (aprobada a nivel FIFA, dicho sea de paso, incluyendo a los británicos) que establece que una selección debe tener detrás y representar a su propia liga. Osea, que si hay selección catalana, deberá haber liga catalana, separada de la española. Sea o no sea Cataluña un estado independiente. Claro que si lo fuese, tampoco habría problema en jugar en la liga española. Y ahí fue donde Godall se acogió a otro ejemplo espúreo: el Mónaco juega en la liga francesa y no pertenece al estado francés.

El Principado de Mónaco tiene 1.9 kilómetros cuadrados de superficie, siendo por tanto el estado más pequeño en extensión del mundo, tras la Ciudad del Vaticano. Así las cosas, una liga monegasca es inviable: ni tienen cabida los estadios de fútbol necesarios para ello, ni hay jugadores suficientes para armarla. Por esas razones, entre otras, el equipo de fútbol local (la AS Monaco) disputa la liga francesa. Podríamos pensar, sin embargo, que este equipo vendría a ser una especie de selección nacional monegasca. Nada más lejos de la realidad. En la actual plantilla del club no hay un solo jugador del principado de los Grimaldi. Ni uno solo. Y la mayoría, más de la tercera parte son, como cabría esperar, franceses. Por lo tanto, no juegue a los engaños una vez más, senyor Godall (algo extensivo a los voceros catalanistas): por muy monegasco que sea en origen el club, en la práctica, la AS Monaco es un equipo francés, pues está dirigido por franceses, financiado por franceses e integrado mayoritariamente por franceses. Eso sí: tiene sede en Mónaco, pero la representación del estado que le acoge y denomina es meramente simbólica. No sé si eso sería equiparable a equipos catalanes jugando como invitados en la liga española. Imagino que no.

Y claro, en el caso de una hipotética liga catalana segregada de la española, no hay que ser profeta para darse cuenta de que el gran perjudicado sería el FC Barcelona. Catalunya podría armar excelentes equipos de primer orden en waterpolo, hockey sobre patines o hierba, balonmano, baloncesto, fútbol y otros. Pero con una diferencia fundamental: mientras que para los primeros existe amplia representación de clubes catalanes de primerísimo nivel, no ocurre lo mismo con los segundos, especialmente con el fútbol, donde el predominio del Barça sobre el resto es abrumador. Conclusión: una liga catalana de fútbol se devaluaría estrepitosamente en cuestión de una década (una generación de futbolistas, más o menos) por pérdida de competitividad, y el FC Barcelona, privado de su implantación actual, más pronto o más tarde sería un segundo Ajax de Amsterdam. Llamado a hacer grandes cosas fuera de su país... muy de vez en cuando. Y cada vez más raramente. Eso sin contar, por supuesto, el daño que sufriría la formidable cantera del equipo, cuyos jugadores serían cada vez con más frecuencia artículos de exportación, pues su club original perdería capacidad económica para retenerles. El resto de la liga española sufriría también, claro, pero proporcionalmente mucho menos. Y con el tiempo el Sevilla, Atlético de Madrid o, cómo no, el Real Madrid (por no hablar de equipos italianos o ingleses) podrían hacerse con las perlas de la cantera catalana. Un panorama sin duda aterrador para los futboleros catalanistas (que no catalanes, ojo) de pata negra. El desastre. Como para pensárselo, creo yo, y admitir aquello de que no se puede tener todo en esta vida. O una cosa o la otra. Pretender las dos es tener el morro prognato de Carlos V. De caraduras.

Claro que De la Morena no se quedó atrás en cuanto a disparates. No bien hubo mencionado Godall la soplagaitez del Monaco, al locutor madrileño no se le ocurrió sino decir que Cataluña no es un principado. Con dos cojones. Y claro, a su interlocutor no le costó nada ponerle en su sitio (el de un ignorante puro y duro) de inmediato. Ignorante, no sólo por desconocer que Catalunya es en efecto un principado, sino por argüir que eso no sería motivo suficiente para incluir a los equipos catalanes en la liga española. Lamentablemente, no puedo reproducir aquí la entrevista, pero se puede escuchar en la fonoteca de la Cadena SER.

Es decir, que tanto a uno como a otro les cantaría yo aquella vieja canción que reza Te conozco bacalao, aunque vengas disfrazao. Al uno, por sus argumentos de patio de colegio sobre la cuestión de la selección catalana. Al otro, por su parcialísima manera de conducir una entrevista y por su demostrada ignorancia cateta.

He dicho.



martes, 26 de enero de 2010

A su modo de siempre

A estas alturas del cuento, hace ya mucho que el abajo firmante dejó de creer en eso que con tanta frecuencia se nos repite a la gente de a pie: la objetividad de la prensa. O quizás, para ser más exactos, habría que decir la presunta objetividad de la prensa. Española, por supuesto. Y el matiz es importante toda vez que, visto lo visto, español y objetivo se me antojan términos de todo punto irreconciliables. No se puede ser español e imparcial al mismo tiempo: que si sociatas o peperos, intolerantes o liberticidas, derechosos o ecologetas, fachas o rojos. Igual me da. Cuando el genial Francisco de Goya pintó su archiconocido cuadro Riña a bastonazos, posiblemente ignoraba el alcance del simbolismo de su obra, retrato fiel de esta España nuestra, para nuestra vergüenza y oprobio ante el resto del mundo. Y ojo, que cuando digo España y españoles, incluyo en el saco a aquellos que en lugar de la ñ usan la ny, tan española la primera como espanyola la segunda (o la segona). Que también me da igual. No me importa lo más mínimo que algunos entre ellos cacareen su presunta distinción del resto, la socorrida excusa del seny o que, llegados al extremo, digan no sentirse ni ser lo que, por sus actos y actitudes y más allá de toda duda razonable, son. Tan cazurros o cassurros como el común de los mortales en este país que todavía se llama España.

Pero hablaba de la objetividad de la prensa. Pues sí. Y de todo tipo, oiga: general o especializada y, dentro de este último segmento, la prensa deportiva no iba a irse de rositas. Claro que no. La última polvareda nacional se ha armado a propósito de la reciente expulsión de CR9 en el Santiago Bernabéu frente al Málaga por romperle la nariz a Mtiliga. En principio, las culpas recayeron exclusivamente sobre el jugador luso, con denominador común en la prensa madrileña y algunas webs de deportes: ángel (por sus goles) y demonio (por la expulsión). Pero casi al momento, se dispararon las especulaciones sobre la sanción que le podía caer a resultas de lo sucedido. Sobre este punto hay dos realidades meridianamente claras: la primera, que el árbitro del encuentro, pese a expulsar al jugador, no consignó en ningún momento la palabra agresión en el acta; y la segunda que, enterado del sucedido, CR9 fue al vestuario del Málaga a disculparse con el rival (si lo hizo de motu propio o no, que cada cual crea lo que le salga).

Como no podía ser de otro modo, los periódicos de un lado y de otro se lanzaron a la guerra particular. La riña a bastonazos, o sea. Los de Madrid, con la esquizofrenia del villarato como estandarte, a defender al jugador blanco. Y los de Barcelona, claro está, a echarle basura encima, clamando por una agresión que ni siquiera el árbitro, situado a pocos metros del lance, fue capaz de ver. Luego salieron las inevitables comparaciones entre lo sucedido en el Bernabéu y el lance vivido no hacía mucho entre Leo Messi y el jugador sevillista Marc Valiente, que sujetó al astro argentino mientras éste hacía por zafarse (brazos incluidos) y seguía corriendo entre las vivas aclamaciones del público culé, hasta que el árbitro detuvo definitivamente la jugada, señalando la correspondiente falta y amonestando a Valiente. Con tarjeta amarilla.

No tienen razón. Ni unos ni otros. La cartulina roja no tiene nada que ver con una agresión, y valga como prueba el acta arbitral. Sí que está relacionada con el daño infligido al jugador del Málaga, que fue golpeado por Cristiano, pero nunca agredido, toda vez que en cualquier agresión hay una componente de intencionalidad que en este caso brilla por su ausencia. Cuando alguien te agrede es porque ha ido expresamente a por ti, a partirte los morros sin contemplaciones. Puede parecer baladí, pero es tanto como acusar a alguien de homicidio o de asesinato. Suena igual, pero no significa lo mismo, y por idénticas razones. El Comité de Competición ha tenido en cuenta esto, y por ello ha sancionado al portugués con dos partidos. En caso de agresión, la pena mínima habrían sido cuatro encuentros y la máxima, doce.

Pero claro, en la capital del Principado las cosas no se ven de idéntico modo. Y por ello no han dudado en sacar a flote su psicopatología particular: Madrid. No el Real Madrid, ni la ciudad de Madrid, el Gobierno de Madrid o la Comunidad de Madrid. Madrid, a secas. Ese ente amorfo y sin identidad pero fácilmente señalable, culpable inequívoco de todas las injusticias cometidas con Cataluña desde los tiempos de Rafael Casanovas. Madrid presiona al Comité, dicen. Y tampoco dudan en insultar y despreciar al portugués en sus portadas, más propias de un pasquín filonazi de principios de la década de los 30 que de los tiempos que corren. He aquí la prueba:
CR9 Agresor
¿Por qué no es más fácil admitir lo más simple? ¿Por qué no reconocer que en el fondo CR9 les importa un pimiento y que lo único que desean es presionar a su vez para privar al Real Madrid de su concurso en dos partidos trascendentes como los que están por llegar, especialmente el de Riazor, un lugar históricamente muy poco propicio para los merengues en las últimas dos décadas? ¿Por qué montarse este numerito tan patético, victimista, hipócrita, falso, amarillo y sobre todo y por encima de todo, despreciable?

Pero así lo han mamado desde críos, y así tienen que conducirse. A su modo de siempre, claro. Los hijos de la gran puta.

He dicho.
P.D.: Tal día como ayer, en el programa de la Cadena SER El Larguero e interrogado sobre la cuestión de la sanción, Emilio Pérez de Rozas, presunto periodista deportivo del diario SPORT, calificó a CR9 de chulito -sic-. Naturalmente, no disparó el elogio en presencia del jugador del Real Madrid, sino que lo lanzó a las ondas, por toda España, bien parapetado tras la alcachofa amarilla de la cadena en Barcelona. Todo un ejemplo de valentía, eso de insultar sin que el otro tenga la oportunidad de contestarte... o de romperte los piños, ya que hablamos de ello. Algo que yo, desde luego, no lamentaría. Para nada.

domingo, 24 de enero de 2010

Adiós a un señor futbolista

Rutgerius Johannes Martinjus Van Nistelrooy se ha ganado a pulso un lugar escrito con letras de oro en la historia del Real Madrid. No es ni de lejos el extranjero que ha disputado más partidos con la elástica merengue, ni el que más ni mejores goles ha marcado para el club de Concha Espina, pero se lo ha ganado. Llegó de la mano de Ramón Calderón y Pedja Mijatovic procedente del ManU, donde se había ganado justa fama como implacable killer del área. Y por cierto, ganándole la partida a los del Bayern de Munich, quienes también ansiaban hacerse con él. Sus credenciales: fuerte, anticipador, rápido y certero, con el físico perfecto para lidiar con rivales bien armados y buena visión de juego. Quizá no muy habilidoso con los pies, pero soberbio rematador por alto, algo que se echaba mucho en falta en el Real Madrid. Se comentaba, eso sí, que su fichaje podría ser rentable por un año a lo sumo, dado que en el momento de su llegada a la piel de toro contaba treinta años recién cumplidos. Y tampoco estaba muy claro hasta qué punto podría llegar a ser productiva su participación, pues en aquellos tiempos el otrora formidable Ronaldo Nazario seguía siendo el '9' blanco.

No eran tiempos para la lírica en la Casa Blanca: el Barça de Rijkaard, Eto'o y Ronaldinho se paseaba por España y Europa, las elecciones presidenciales en el Madrid estaban bajo sospecha de pucherazo, y aterrizaba en Madrid Fabio Capello para afrontar la misión de reflote de un equipo que veía hundirse los restos del primer mandato florentiniano en medio del estrépito y de la huida de su creador. Era un momento de transición, y sin muchos visos de éxito en el horizonte, con un máximo rival crecido y amedrentador. Los comienzos del holandés no fueron fáciles, pues él y Ronaldo no eran compatibles en el ataque, y Capello tenía a veces que optar entre uno y otro. Pero los momentos dorados del brasileño tocaban a su fin, y Ruud iba a lo suyo: marcar goles. Al principio con cierta irregularidad, más acertado fuera que en casa, incluyendo un memorable póker en el Reyno ante Osasuna. Nunca se le oyó una protesta cuando hubo de ser relegado al banquillo, jamás un gesto reprobable ante sus compañeros o sus rivales. No se le recuerda una frase altisonante, una salida de tono, nada. Cien por cien profesional.

En el invierno de 2007 llegaron al Real Madrid tres jóvenes promesas de Iberoamérica: Marcelo, Gago y el Pipita Higuaín, al tiempo que Ronaldo hacía las maletas rumbo al Milán (auténtico lugar de exilio dorado para jugadores de la liga española venidos a menos). El Barça aventajaba en cinco puntos a los merengues, cuyo juego a Capella despertaba críticas sulfúricas en la prensa de Madrid y chanzas despectivas en los tabloides del Principado, y todo parecía indicar que los blaugranas darían el golpe de gracia en su estadio recibiendo a un Madrid que, una vez más, aparecía como víctima propiciatoria.

Y ahí apareció de nuevo el gran Ruud. Matador, gigante, resolutivo e implacable, para azotar a los culés y dejarles su sello en la frente por dos veces. Lo demás fue la lenta remontada que encontró al holandés como protagonista en momentos memorables: alzando al público la camiseta de Higuaín tras su gol agónico ante el Espanyol del rifle Pandiani, machacando al Sevilla en el Bernabéu, clavando un golazo de volea ante el Valencia después de una jugada de tiralíneas, o perforando la meta del Zaragoza en el decisivo minuto del Tamudazo en el Camp Nou. No pudo aportar nada en el momento definitivo ante el Mallorca, pues cayó lesionado a las primeras de cambio. Pero en aquellos momentos no importaba ya: Higuaín, Diarrá y Reyes remataron la faena por él. Así y todo, cosechó un fruto importante para cualquier jugador: el Pichichi, gracias a sus 25 dianas. Y con ello, entraba en el selecto club de jugadores máximos goleadores en tres campeonatos de otros tantos países.

Durante la temporada siguiente, su aportación fue más modesta por las lesiones que ya comenzaron a cebarse en él. Afortunadamente, el proyecto de Schuster demostró ser más sólido que el de Capello y el Madrid renovó el título liguero. El gigante de Oss volvió a dejar su impronta ante el Barça la mágica noche del 4-1 en el Bernabéu, y recuperó la forma física a tiempo de contribuir a los excelentes números de su equipo.

Pero llegó la temporada aciaga del 2008-09. Y Ruud se lesionó de gravedad en la rodilla frente a la Juventus. Ese fue el fin anticipado de su trayectoria en el Real Madrid. Ya sólo jugaría tres partidos más con la camiseta blanca, uno de ellos amistoso.

Ahora, sabiéndose el quinto delantero del equipo, ante la posibilidad de no volver a jugar y apremiado como tantos otros por la cercanía del Mundial de Sudáfrica y la posibilidad de disputarlo, ha decidido poner fin prematuramente a su vínculo contractual con el Real Madrid, aceptando una oferta del HSV Hamburgo alemán. El holandés disfrutará así de los minutos que ahora le niegan CR9, Higuaín, Benzema y Raúl. Para el recuerdo quedará la cerrada y unánime ovación que le ha obsequiado el exigente público del coliseo merengue en su despedida, tal día como hoy.

Así pues, adiós Ruud. Adiós, holandés dandy y matador, azote de herejes culés y defensor de la fe blanca. Vete en paz, con nuestra eterna gratitud por tu entrega, lucha y sacrificio, tu exquisita profesionalidad, tus goles de maestro. Que tu nueva etapa te sea tan propicia como las anteriores y que la fortuna vuelva a sonreirte para volver a ser el de siempre: Van The Man, Van Gol, Van Nistelrooy. Adiós y gracias mil. De un caballero a otro.

He dicho.

martes, 29 de diciembre de 2009

El día en que peregriné a La Meca

Ya sé que esta entrada debería haberla escrito semanas atrás, pero es sólo ahora, en medio de estas fiestas, que puedo hallar el sosiego necesario. Por lo que he visto, oído y leído acerca de la religión islámica, tengo entendido que es obligación de todo musulmán peregrinar a la ciudad santa de La Meca al menos una vez en su vida, siempre que su salud y recursos se lo permitan. Viviendo en el archipiélago del Jardín de las Hespérides de Hesíodo, me resulta un poco complicado cumplir con el precepto... pero no el musulmán, lógicamente, sino otro particular. Porque si un creyente en la fe de Mahoma debe visitar la ciudad del profeta y dar las vueltas de rigor ante la Kaaba, un madridista de pro debería, análogamente, visitar el Santiago Bernabéu pues tal es el lugar de peregrinación de los creyentes en la fe merengue.

Por eso, el 21 de noviembre pasado quedará inscrito con letras de oro en la historia de la vida del abajo firmante pues, aprovechando una estancia de fin de semana largo en la capital de este nuestro país, me animé a acudir al coliseo blanco para ver a mi equipo que a la sazón disputaría su encuentro liguero frente al Real Racing Club de Santander. La entrada costó saladita, (puestos a ir, bien está elegir una buena ubicación) pero los medios de este creyente, a día de hoy, le permiten una alegría semejante. Así que allí me dirigí.

Fue una lástima no haber podido filmarme a mí mismo, pues me habría encantado ver mi cara al asomarme al césped, tras haber dado con la localización de mi asiento. Seguramente tuvo que ser la de un niño que contempla boquiabierto un gran parque de atracciones o algo así. Porque la boca se me abrió, involuntariamente, de par en par. De haber sido hijo del Tío Sam, se me habría escapado un guau (escrito wow) de esos con los que ellos expresan admiración (en mi tierra decimos Ño o Ños, habitualmente prolongando la o, tanto más cuanto mayor es la sorpresa o la estupefacción). A mí hasta me faltó la voz al contemplar aquella enormidad, y me asaltó la emoción al contemplar el césped donde Puskas, Gento, Di Stefano, Pirri, Santillana, Camacho, Juanito, Butragueño y tantos otros habían dado tardes y noches de gloria al deporte del balompié y a la historia del club más laureado del mundo.

¿El partido? Bueno, eso fue lo de menos. No es que no fuese importante, sino que no era lo principal. Por supuesto, deseaba una victoria del Madrid, que fue lo que ocurrió. Y también quería ver marcar al Pipita Higuaín, ese héroe casi anómino que llegó por la puerta de atrás en un frío mes de enero de 2007. Y así, precisamente, sucedió. Porque ése fue el resultado del encuentro: un corto 1-0 que a mí me supo bien. O por lo menos no me supo mal. El juego del conjunto estuvo bastante bien durante la primera media hora, para complicarse después. Eso sí: el rival dio muy pocas sensaciones de peligro y no mereció más de lo que se llevó, pues apenas hizo méritos frente a un Casillas que prácticamente no tuvo trabajo.

Desde entonces hasta ahora, el juego del Madrid ha cambiado, y para mejor. Pero esa es otra historia que habrá que analizar en otra entrada. Concluiré ésta recordando que cuando el Pipita batió la meta de los cántabros me levanté brazos en alto como la mayoría de los casi ochenta mil asistentes, a celebrar el tanto del argentino, mientras exclamaba, como dándole las gracias:

- ¡¡Tenías que ser TÚ!!

Así que gracias, Gonzalo. A ti y a tus compañeros por haberme dado una tarde feliz en el día en que visité La Meca.

He dicho.


lunes, 2 de noviembre de 2009

Como para no caer en saco roto

Franco Baresi es, por derecho propio y sin discusión, uno de los mejores jugadores que ha dado el fútbol transalpino a la ya larga historia de este deporte. Capo incuestionable de su equipo (A.C. Milan) y, más particularmente, de su defensa, ha sido uno de los mejores centrales de todos los tiempos. Sobrio, inteligente, rápido y decidido, le sobraba capacidad para leer partidos y jugadas. Por eso la suya es, indudablemente, una voz bien autorizada en esto del fútbol. Suyas fueron algunas de las tardes de mayor gloria de la squadra rossonera, en la que brillaron con luz propia los Gullit, Rijkaard y Van Basten primero, y los Boban, Savicevic y Desailly después. Acompañados, naturalmente, por los Ancelotti, Maldini, Donadoni, Massaro, y tantos otros. Al frente, la batuta de Arrigo Sacchi primero y de Fabio Capello después. Casi nada.

El signore Baresi, a punto ya de entrar en la cincuentena, ha concedido una entrevista al diario El País, en la que analiza al Real Madrid actual, su esquema, virtudes y carencias, en vísperas del encuentro que ha de medir de nuevo a madrileños y a lombardos en San Siro, en la próxima jornada de Champions. No sé lo que puede salir de ahí (casi me inquieta pensarlo), pero creo sinceramente que una voz sobradamente autorizada como la del gran defensa italiano no debería caer en saco roto. Como no es mi deseo reproducir la entrevista entera, destacaré aquí los aspectos que me parecen más importantes en ella.

Y empiezo por el titular: Raúl lastra el equipo. De acuerdo por completo. Raúl ya no debe ser titular en lo sucesivo. Profesional intachable, sí. Personificación del espíritu de lucha del madridismo, también. Amor a la camiseta, todo el del mundo. Nada de eso es discutible, y merece todos los honores por parte del club: todos. Pero el tiempo de colgar las botas llega inexorable para cualquiera, también para él. Raúl desencaja a otros jugadores llamados a desempeñar tareas grandes en este equipo y -lo que es peor- fichados a golpe de talonario, como Kaká y Benzema. Sus movimientos crean caos en la delantera, estorban a otros y les obligan a jugar fuera de sus posiciones, como no saben o no están acostumbrados, y su ascendente en el vestuario le convierte en intocable o lo que, a día de hoy es lo mismo, perjudicial para el equipo. A pesar de su entrega y sus goles. Todo ello, naturalmente, sin contar el hecho de que su situación tapona el ascenso del jugador con mayor progresión que tiene hoy el Real Madrid: Gonzalo Pipita Higuaín, máximo goleador en liga de los merengues el ejercicio pasado, y salvador el pasado sábado frente a un inoperante Getafe.

Segundo punto: Sergio Ramos no defiende como lateral, y es mucho mejor como central. Totalmente de acuerdo una vez más. Las carencias del sevillano en la banda quedaron de manifiesto la temporada pasada, en la que muchos equipos hicieron una autopista de las bandas merengues (Marcelo, por la otra, tampoco es una garantía ni mucho menos). Y atención, siguen haciéndolo (Alcorcón que te crío). Algunas de las pifias monumentales de Ramos dieron origen a los goles del Milan en el pasado encuentro del Bernabeu. Jugadores como Miguel Torres (hoy, cedido) o Arbeloa deberían ocupar su puesto, y ya puestos, supongo que el de Camas no lo haría peor que Metzelder o Pepe en el centro de la defensa. Y en cuanto a que con la marcha de Robben, la banda derecha merengue se ha quedado huérfana, bueno... Tan obvio como la gasolina en una estación de servicio.

Tercer punto: Xabi Alonso sobra en el medio campo, y otro tipo de centrocampista es necesario como pareja de Lass Diarrà. Preferiblemente Guti. Opinable. Entiendo que Lass y Alonso no son una pareja de baile adecuada cuando se trata de construir juego, pues se estorban mutuamente, cada uno desplazado de su posición ideal. Sí que pueden, en cambio, mejorar su aportación cuando el equipo juega fuera del Bernabeu, pues el donostiarra es un magnífico pasador en largo, ideal para servir balones a delanteros verticales, rápidos e incisivos, esos de los que el Madrid ahora mismo puede presumir (Benzema, Higuaín, CR9), en tanto que el francés es un buen stopper, capaz de recuperar balones a mansalva en el centro del campo. Por lo que respecta a Guti, disiento en lo más profundo y radical, signore mio. Al de Torrejón le sobra talento, pero le faltan mentalidad, personalidad futbolística y sentido común (el ego también le sobra). Justamente las cualidades que le hubieran permitido convertirse en un crack mundial. Guti es excesivamente comodón, y carece de mentalidad. Por eso rinde mejor como suplente, cuando su desmedido orgullo resulta picado por la indiferencia del entrenador de turno. Entonces da lo mejor de sí mismo. Y ojo: lo ha hecho incluso como delantero centro, ahí es nada. Pero cuando se cree titular, se convierte casi indefectiblemente en Mary Guti. Un señorito, o sea. Y el Madrid no necesita señoritos hoy.

En resumen, no anda muy desencaminado Baresi. Al menos, en mi humilde opinión. Este equipo tiene carencias. Menos que las del año pasado, sin duda. Pero las sigue teniendo. Y mientras sus máximos responsables no sean capaces de ver lo evidente o, habiéndolo visto, de tomar las medidas oportunas, habrá un nuevo batacazo merengue este año. Si no, al tiempo.

He dicho.


miércoles, 28 de octubre de 2009

¡Que te pego, leche!

Y les pegaron. No una ni dos, ni aún tres, sino cuatro leches como cuatro soles, que igualmente pudieron ser, a tenor de lo comentado en la radio, el doble. La noche del 27 de octubre de 2009 quedará en la memoria colectiva merengue como la más vergonzosa y bochornosa vivida por este club, nombrado mejor del siglo XX, sí, pero que a día de hoy está a años luz de emular o evocar siquiera las glorias de antaño. Bien por el Alcorcón, un equipo modesto pero con idea de fútbol y ampliamente sobrado de motivación. Nada que objetar a su trabajo, a su entrega y su entusiasmo, antes bien, aplausos y más aplausos para ellos, ovación de gala que el Bernabéu debería dispensarles en el encuentro de vuelta, según pisen el césped. Da igual el resultado, poco importa si los de Pellegrini (me resisto a llamarles equipo) consiguen la improbable hazaña de remontar el tanteo adverso. Porque meterle cuatro o cinco goles a un Alcorcón es lo menos que se espera de un Real Madrid que, si bien anoche dejó muchos titulares de peso en la reserva, estaba plagado de internacionales, de jugadores con amplia experiencia a sus espaldas, curtidos en mil batallas, y que anoche fueron manejados como bailarinas de salón, como peleles de feria o, como bien decía el bueno de J.B. Toshack, como pollos sin cabeza. La vergüenza, el oprobio y la humillación quedarán ahí para siempre, como una mancha indeleble en el debe de estos jugadores y de este club.

Cuánto han cambiado las cosas desde que uno tiene uso de razón y ha visto fútbol. No es la primera vez que el Madrid se lleva un varapalo de aúpa, ni siquiera en la Copa del Rey (antes del Generalísimo). Pero aún cuando así fuese, el equipo al menos era capaz de sacar adelante situaciones complicadas por casta, por orgullo torero y por amor propio. Esos valores parecen haberse perdido por completo, hasta el punto de que ni siquiera algunos canteranos ilustres (nótese la ironía) muestran el más mínimo asomo de las virtudes que encumbraron a sus predecesores. Un ejemplo: nada más terminar el encuentro de anoche, y ante los micrófonos de la cadena SER, José María Gutiérrez (anoche, por enésima vez, Mari Guti) valoró el mal resultado con un "bueno, así parece, ¿no?". No, amigo mío, no es que parezca que os han dado las vuestras y las de un bombero, es que os las han dado. Todas. Añadió luego el susodicho que de lo sucedido anoche no deberían derivarse consecuencias. Es posible. Las decisiones complicadas no deben tomarse en caliente, pues en estas situaciones es fácil dejarse llevar por el enojo, aun estando plenamente justificado.

Pero si el que suscribe estuviese en el pellejo de Manuel Pellegrini, mi primera decisión, aún en caliente, estaría más que clara: salvo lesiones, sacaría en el Bernabéu exactamente el mismo once que anoche hizo el estruendoso ridículo de Alcorcón. A los mismos. Ellos frente a los patricios de la grada y frente a los leones del vecino pobre de la periferia. Y a ver si son en verdad gladiadores, a ver si demuestran orgullo, casta y saber hacer. Si consiguen remontar el resultado, al menos habrán lavado su propia imagen. Si no, se habrán hecho acreedores a un bochorno aún mayor... si cabe.

Claro que el propio técnico chileno no debe irse de rositas en todo esto. Suya es la organización del equipo que le ha llevado a un fútbol mediocre y a una completa desorganización, con un centro del campo inexistente y atascado (Ay, Sneijder, cuánto te eché de menos), sin juego por las bandas (ay, Robben, ídem de ídem), nulo en la motivación y, al parecer, en la disciplina. Esto salpica también más arriba, a la dirección técnica (es decir, directo a las testas de Jorge Valdano y Miguel Pardeza) que ha demostrado que su proyecto presenta notables fisuras que empiezan a parecer grietas. El pasado sábado, en una entrevista concedida al diario AS, Xabi Alonso dejaba bien claro a los navegantes que una de las carencias más graves del equipo era el juego por las bandas. No lo dijo exactamente así, claro, pero sus palabras no podían hallar otra interpretación en una mente medianamente capaz. Ayer, el técnico del Alcorcón hizo buena la apreciación del tolosarra: hizo un traje a su rival por las bandas, que fueron, una vez más, absolutamente inexistentes en los blancos. El problema es que, tras la marcha de Robben al Bayern, al Madrid sólo le quedan dos jugadores de banda: CR9 y Drenthe. Nadie más.

Perder en liga contra el Sevilla en el Pizjuán entra dentro de lo lógico y lo asumible. Hacerlo frente al Milan en el Bernabéu entra de lleno en lo estrambótico, pues no se puede explicar el derrumbe y la descomposición de la segunda parte. Pero perder de ese modo frente al Alcorcón, aun sin las grandes figuras, entra de lleno en lo inexcusable, en lo incalificable o, como diría el microcéfalo de Pepe Carazote, en lo intolerable.

Vergüenza. Esa es la palabra.

He dicho.


miércoles, 7 de octubre de 2009

Pepe Carazote suma y sigue: ¡Intolerable!

José Luis Carazo, subdirector del diario deportivo Sport de Barcelona y miembro de honor del séquito de forofos que (con alguna honrosa excepción) rodea a Joan Vehils y Josep María Casanovas, parece saltar a la palestra con sus columnas, modelo de gracia y fino estilo periodístico donde las haya, cuando concurren una de estas dos circunstancias: (i) el Real Madrid pierde algún partido (como mínimo), o (ii) el Barcelona atraviesa un período de crisis deportiva y/o institucional. En el segundo caso, sus columnas son proclamas encendidas en las que protesta airadamente contra aquello que, sea lo que sea, daña al club de sus amores. O, más simplemente aún, contra todo aquello con lo que no está de acuerdo. Casi siempre, además, al son de la misma palabra: intolerable.

Así, por ejemplo, el año pasado por estas fechas calificaba de intolerables unas supuestas declaraciones de Touré Yayá en las que el jugador de Costa de Marfil apreciaba la posibilidad de fichar por la Juve, abogando por el traspaso fulminante del jugador. No habían pasado cinco meses, y el propio Carazo le daba la vuelta a la tortilla y, sin el menor asomo de sonrojo, afirmaba en una entrevista en línea que le parecía intolerable que a Touré aún no se le hubiese mejorado su contrato. Intolerable le pareció también la supuesta campaña emprendida por el (afortunadamente) extinto programa de Tele5 Aquí hay tomate contra Ronaldinho y sus noches de diversión. Claro que no mucho tiempo después, se convirtió en fiscal y se sumó al carro de los que censuraron agriamente al jugador brasileño. Intolerable le resulta que el Barça no haya homenajeado como se merecen a Xavi, Iniesta y Puyol (en esto, al menos, puede que le asista algo de razón). Como intolerable fue también en su momento el adelanto de las vacaciones de Eto'o y Ronaldinho. El intolerable más recientito ha sido el, a su juicio, intento de torpedeo del mejor Barça de la historia por los espionajes de la dirección del club a cuatro de sus vicepresidentes. En resumen: con razón o sin ella, el calificativo de intolerable acompaña siempre a Carazo.

Otro rasgo llamativo de su buen hacer es su agudo olfato para las primicias periodísticas. Suele el ínclito hacer gala de un conocimiento anticipado realmente asombroso. En impersonal unas veces (nos consta), personal otras (me aseguran), e incluso recurriendo a la sabiduría popular (cuando el río suena...). Eso sí: como buen periodista, nunca cita sus fuentes. Faltaría más. Eso es secreto, lo contrario sería un atentado a la ética profesional. Antes muerto que decir de qué río se trata. Claro que en este mundo de las tecnologías de la información en el que vivimos, es muy fácil que alguien te saque los colores a la cara cuando las circunstancias sugieren que tu fuente anónima no es otra que la prensa deportiva diaria, limitándose tu supuesto olfato a copiar alevosamente lo que otros han escrito antes. También es cierto, no obstante, que para sonrojarse hace falta tener una noción, por pobre que sea, de lo que significa la palabra vergüenza.

Y parece, sí, que volvemos a las andadas. Porque el señor Carazo, desde el domingo por la mañana, auguraba que el Real Madrid perdería en Sevilla. Su buen olfato de siempre, claro. Dos días después, y visto que su percepción no le había fallado, escribió una columna (es un decir) regodeándose de la derrota merengue. Al menos, y en un arranque de sinceridad, reconocía abiertamente que no hacía falta ser un lince para ello. Bien está. Y hoy mismo, acaso porque con algo hay que justificar los garbanzos (o el Vega Sicilia) que uno se lleva al gaznate, vuelve erre que erre a su deporte favorito: meterse con el Real Madrid, en un párrafo, como todo él, ciertamente memorable

Señoras y señores (esto va dirigido a los ‘merengones’), que Pellegrini tiene los días contados en el Real Madrid. La pobre imagen que ofrecieron frente al Sevilla ha disgustado tanto a Florentino Pérez que ya ha hecho llegar a sus más allegados (Valdano y Pardeza) que, de repetirse semejante varapalo, el técnico chileno puede pasar a mejor vida a la voz de ya. Y me aseguran también que la dirección técnica del Real Madrid ya anda a la caza y captura para el mercado de invierno de un lateral izquierdo y de un cerebro que sepa mandar y maneje el ‘tempo’ de los partidos. Se han dado cuenta de que sin Cristiano Ronaldo el equipo pierde muchos enteros.

Las dudas sobre la continuidad de Manuel Pellegrini al frente del equipo blanco fueron expresadas ayer mismo en términos parecidos (salvando las estratosféricas distancias) por otro columnista del Sport, Martí Perarnau. Como siempre, vuelve a hacer uso de sus infalibles fuentes, que parecen llegar hasta lo más profundo e íntimo del sanctasantórum merengue (me aseguran...). Y, finalmente, diagnostica que parte de los males del Real Madrid provienen de la carencia de un lateral izquierdo de garantías. Me pregunto si esto también se lo sugirió su olfato periodístico o si, por el contrario, se inspiró en los comentarios de otros. Incluso, quién sabe, los de un servidor. Y ojo, que los de ayer no fueron los primeros míos sobre el particular. Será porque tampoco es necesario ser un lince.

Incluso, leyendo la prensa deportiva madrileña de hoy, me asalta la duda: ¿han sido casualidad las apreciaciones de Carazo sobre el lateral zurdo?

Nos consta que es posible... que no.

He dicho.