Ni siquiera la muerte podrá separarnos ...

miércoles, 28 de abril de 2010

Fútbol es fútbol

El F.C. Barcelona ha cumplido hace apenas unos minutos la maldición de la Champions. Ya se sabe, ésa que dice que el campeón nunca repite. Así ha sido desde que la antigua Copa de Europa adoptó este nuevo formato, y ni siquiera el fútbol alegre, rápido, vistoso y avasallador del conjunto catalán ha podido deshacer el mal fario. Ohú, diría un calé. Mierda, dirá previsiblemente un culé. Y en estos momentos y desde estas líneas, quiero expresar mis condolencias a la familia de aficionados blaugranas. De verdad, sin cinismos ni medias tintas. Lo siento por ellos. Entiendo que ha sido un palo, a nadie le gusta caer eliminado en una competición como ésta, máxime cuando el premio era disputar la final en tu propio país, en España. Y en verdad era un premio apetecible. Pero el fútbol es así.
Mourinho le ha ganado tácticamente la partida a Guardiola. Ha planteado un partido de corte muy defensivo, sí, pero perfectamente ejecutado. Y se equivoca quien critique esta forma de jugar: tan lícito es plantear un partido a la defensiva con la opción del contraataque como quien lo hace desde el virtuosismo y la posesión. Fútbol es fútbol, decía Boskov. Y tanto vale uno como otro. El portugués ha aplicado el manual de cómo atenazar el tiqui-taca: dos líneas de presión, muy juntas, y dos puntas rápidos para sacar tajada de cualquier despiste de la zaga rival. Cuando el árbitro expulsó a Motta, las opciones del Inter se redujeron a sólo una: defender. Nada más. Y ha tenido éxito. Lo demás, han sido triquiñuelas para sacar al rival de quicio, para descentrarle, para romperle el ritmo. Mención aparte, entre col y col, para la triquiñuela teatrera de Busquets al provocar la expulsión del antiguo canterano del Barça, todo hay que decirlo. Pero así y todo le ha salido bien la cosa: sólo una baja para la final por tarjetas: precisamente la de Motta. Creo.
Vista desde la perspectiva del eliminado, la cosa adquiere otro cariz: que si no quisieron jugar, que si podemos irnos con la cabeza bien alta, que si no hemos sido nosotros mismos... Todo esto puede ser bien cierto. Lo es, de hecho, salvo por un pequeño detalle, comentado más arriba: el Inter no quiso jugar el partido que al Barça más le hubiese gustado. Jugó el suyo, y le salió bien. Y no todos los días se repiten milagros como el de Stamford Bridge, no todos los días hay un Iniesta que te sale al rescate cuando todo lo demás parece perdido. Y hoy no se vio al gigantesco Messi de otras noches, perfectamente secado por Cambiasso. Fútbol es fútbol, una vez más, y estas cosas pasan. Por lo demás, es verdad que han hecho de largo el mejor fútbol que se ha visto en la competición, sobre todo en la memorable eliminatoria frente al Arsenal. Y también es verdad que ese fútbol, que ha llegado a enamorar al mundo entero, brilló hoy por su ausencia: el Barcelona fue un equipo de balonmano, moviendo el balón de un extremo a otro sin apenas penetración e ideas para romper la bien ordenada defensa transalpina. El Barça del Arsenal hubiera hecho saltar esa defensa por los aires y habría barrido a su rival sin contemplaciones. El de hoy, no lo ha hecho. Una vez más, fútbol es fútbol.
Guardiola reaccionó, es verdad, quitando a un delantero referencia como Ibrahimovic y metiendo a más bajitos en el ajo (Jeffren y Bojan Krkic), con objeto de dar movilidad al ataque y así descolocar a la defensa rival. Sin embargo, mi paisano se quedó pegado a la banda donde no le pudo ganar a Maicon más que un balón, y el de Linyola se perdió entre Lucio y Walter Samuel, pese a haber desperdiciado una ocasión pintiparada para abrir el marcador. Pero repito: fútbol es fútbol, y la veleidosa Fortuna quiso que el balón se marchase fuera. En fin, al Barça sólo le resta la opción liguera en la que tiene fundadas opciones para repetir título, pese a tener al Madrid resoplándole en el pescuezo. Sin embargo, la experiencia de esta noche debería servir para recordarles a los azulgrana que no es necesariamente el que mejor juega quien termina por llevarse el gato al agua. Y que, mientras las matemáticas no digan lo contrario, la posibilidad de que la liga también se escape está ahí. Intacta.
Mis últimas palabras en esta entrada son para los adalides de la prensa culé: Casanovas, Vehils, Nolla, Carazo, Basté, Aguilar, Pérez de Rozas, Fonalleras, Mascaró, Frieros, Poquí, etcétera. Para aquellos que proclamaban anticipadamente que su equipo levantaría la Champions en el Bernabéu, relamiéndose ante lo que concebían como la máxima humillación al rival, más profunda aún que el 2-6 de hace un año. Tampoco quiero olvidarme de Caye, el viñestista del diario Sport, cuyo sentido del humor ciertamente no comparto en absoluto. Y mis palabras son sólo para mencionarlos, porque no voy a decirles nada. Sólo les dedico mi silencio, a cambio de todas las chuflas, befas y mofas que han hecho del Real Madrid cada vez que caía derrotado. Sólo mi silencio, verbal y mental. Nada más.
Porque aunque estuviesen leyendo esta entrada en los monitores de sus respectivos ordenadores no serían capaces de oír ni leer nada de cuanto yo dijese. Ninguna otra cosa que no fuesen sus propios discursos mentales, zumbándoles como un enjambre de moscas. Sin duda, es lo que deben estar escuchando, en éstéreo Dolby Surround, o como se diga. Así que es mejor estar callado y no decirles nada: ellos ya hablan consigo mismos. No me cabe la menor duda.
He dicho.

viernes, 9 de abril de 2010

Un chulo frente a un imbécil

Escribe Joan Vehils, director del SPORT de Barcelona la siguiente columna acerca de CR9:

Escuché con atención y varias veces las declaraciones que Cristiano Ronaldo realizó ayer en Madrid. Creo que no tenía ninguna intención de provocar ni de faltar a nadie. Es más, en sus primeras frases, utilizó una prudencia inusual en este personaje. Sin embargo, el que es chulo, lo es por naturaleza. La chulería no se aprende ni se hereda. Uno nace chulo y muere así, sin más. Y miren, Cristiano es uno de esos. Un futbolista vacilón por naturaleza. Luego existen diferentes tipos de prepotentes. Los que además son faltones y provocadores o los que piensan solo en sí mismos. Ayer, Ronaldo actuó con buena fe pero en todas sus declaraciones, serias o irónicas, se desprende esa chulería que siempre acompaña al portugués. No piensen que estoy criticando a Ronaldo por ser su manera de ser, es más, en algunas ocasiones esa actitud puede ayudar a su equipo.

Escribo yo esto en mi blog, porque es el mío como su periódico es el suyo:

He leído con atención y varias veces la columna que Joan Vehils escribió para el SPORT. Creo que no tenía ninguna intención de provocar ni de faltar a nadie. Es más, en sus primeras respuestas utilizó una prudencia inusual en este personaje. Sin embargo, el que es imbécil, lo es por naturaleza. La imbecilidad no se aprende ni se hereda. Uno nace imbécil y muere así, sin más. Y miren, Vehils es uno de esos. Un periodista tontorrón por naturaleza. Luego existen diferentes tipos de imbéciles. Los que además son faltones y provocadores o los que piensan solo en vender periódicos. Hoy, Vehils puede haber actuado de buena fe pero en todas sus declaraciones, serias o irónicas, se desprende esa imbecilidad que siempre acompaña al barcelonés. No piensen que estoy criticando a Vehils por ser su manera de ser, es más, en algunas ocasiones esa actitud puede ayudar a su periódico.

Y si algún lector sabe cuál de los dos textos es el más gratuito, por favor me lo explique. Con las razones oportunas, claro.

He dicho.

martes, 9 de marzo de 2010

Fuera de quicio

Llevamos apenas un par de días desde la jornada del fin de semana pasado, y las consecuencias no se han hecho esperar. Por un lado, la euforia desatada con el asalto al liderato y, por otro, el negro pesimismo derivado de la circunstancia opuesta, amén de no pocas estupideces de una parte y de la otra. Estupideces que, naturalmente, el común de los lectores consume de forma voraz al comprar su diario favorito.

La victoria madridista ante el Sevilla en el Bernabéu tiene varias lecturas. En ella, hay elementos que se han mantenido invariables con respecto a otras ocasiones, mientras que otros son sin duda novedosos. Entre los primeros: que se logró el triunfo de modo agónico y en el último suspiro, que Guti volvió motivado al campo desde el banquillo y dio un recital (se vistió de Doctor Gutiérrez, vamos) para que su equipo le hiciera un roto al Sevilla, y que el Madrid arrinconó y acongojó al rival, llevado por su afición y haciendo gala de su férrea convicción. Los elementos novedosos fueron que, en esta ocasión, la testiculina se mezcló con el buen juego durante buena parte del partido, que esta vez el Pipita Higuaín no sumó goles y que los jugadores, al final del partido, formaron una piña en el centro del campo, ante el delirio del público del Bernabéu. Este último hecho es mucho más importante de lo que parece a simple vista, pues podría significar a las claras que existe verdadero espíritu de equipo y no sólo una buena colección de individualidades. Como para hacer reflexionar a aquellos (el que suscribe incluido) que pensaban (pensábamos) que semejante colección de onerosos egos se descomprondría bajo su propio peso. El último detalle significativo es que, a diferencia de lo que sucedía el año pasado, esta vez nadie ha cuestionado la justicia de la victoria merengue, más allá de que si hubo falta previa en el gol de Van der Waart, o si el córner que precedió al gol de Sergio Ramos lo fue o no.

La inyección de moral ante el próximo compromiso de Champions es obvia, pero los periódicos capitalinos se están desmadrando, y no poco: que si ganaremos por 3-0, que si en el Bernabéu mandamos nosotros, y cosas por el estilo. Se olvida que el Madrid no podrá contar con Xabi Alonso como canalizador de su juego y que deberá confiarse una vez más a la motivación de Guti, lo que equivale a jugar a la ruleta rusa (si tiene un mal día, adiós), y también se olvida que el Madrid ya ha pinchado en el Bernabéu ante el Milán, aunque aquello suene hoy a pretérito. Todo ello, naturalmente, sin olvidar la motivación extra que las portadas altisonantes pueden suponer para los rivales, a coste cero.

Y como era previsible, en el Principado tampoco andan mancos precisamente. En un principio, algunos se quedaron en estado de shock, y valga como muestra la columna de Joan María Batlle del domingo pasado, en la que repite por dos veces la expresión a bote pronto, como si se le hubiesen embotado las neuronas, perdido como estaba entre síntomas de barra de bar (se ha perdido frescura y chispa, las causas pueden ser tácticas, físicas o incluso arbitrales, el Barça no está fino). Tan preciso como un bisturí eléctrico, o sea. Atrás quedan sus pontificados y cartas pastorales del año pasado (no teman, no se engañen). Parece más bien que precisa de auxilio espiritual. Hoy, Martí Perarnau analiza el estado de ánimo de unos y otros en función de la dualidad optimista/pesimista que caracteriza a las aficiones a ambos lados del puente aéreo. El Bene Gesserit Casanovas prefiere, por su parte, centrar su diagnóstico en la ineficacia goleadora de jugadores como Ibrahimovic y Henry. Y de nuevo Batlle, presuntamente más repuesto en relación al sábado por la noche, se centra en la dependencia excesiva del buen estado de forma de Gerard Piqué, sobre todo al compararle con Márquez o Chygrynskiy. Me ha sorprendido no haber leído nada de mi querido Pepelu. Pero es que por la tarde tiene charla digital con sus lectores, y eso requiere un esfuerzo y una preparación ciertamente extenuantes.

En el Mundo Deportivo, más de lo mismo: Santi Nolla (quizá el más lúcido hoy, que no ayer) hace hincapié sobre el bajo estado de forma de algunos jugadores azulgrana (Ibra, Touré y Henry) aunque esto suene a poner los nombres y apellidos que Johann Cruyff no quiso mencionar ayer en el Periódico de Catalunya. Y los demás, a lo suyo: diagnosticar y diagnosticar. Que si la defensa, que si el centro del campo, que si el ataque. Menos mal que a Víctor Valdés no se le cuestiona. De momento.

Pero sí que me ha llamado la atención, y mucho, la columna de Lluís Foix, ex director de la Vanguardia y colaborador habitual en MD, quejándose amargamente de la a su juicio vergonzosa hostilidad que se respira contra el Barça y de la que acusa a la prensa de Madrid. Afirma Foix que se ha llegado a atemorizar al cuerpo arbitral, que se pretende acabar con la paciencia de Guardiola, que se realiza desde algunos medios una persecución meticulosa de lo que hacen los jugadores azulgrana en el terreno de juego... etcétera. Supongo que se refiere también a los gritos de ¡Villarato, villarato! que el público de Almería dedicó a los suyos en algunas fases del partido. Pero la memoria, como siempre, es flaca cuando conviene. Y se olvida muy convenientemente el señor Foix de que durante décadas la prensa deportiva de su ciudad ha sido en extremo hostil hacia el Real Madrid y sus triunfos, fueran estos merecidos o no. Olvida el señor Foix las también vergonzosas portadas sobre la vida privada de Guti aparecidas en el medio para el que escribe que, por cierto, vuelve hoy mismo erre que erre contra el '14'. Y, para no extenderme demasiado, pasa también por alto las informaciones que hoy mismo publica MD sobre el supuesto pánico en Madrid ante la posibilidad de una eliminación en Champions, o las presuntas tretas del Real Madrid (atención: no de la prensa de Madrid) para desestabilizar al Barcelona y ganar jugando sucio. Esto, por supuesto, no es hostilidad sino información objetiva. Con semejantes argumentos, señor Foix, ¿cree usted de verdad que tiene la más mínima credibilidad? Yo no niego que exista hostilidad en Madrid hacia el Barça, pero usted y su entorno carecen de la fuerza moral necesaria para reprochar algo semejante: no están para dar lecciones de objetividad y concordia a nadie.

En resumen: que los unos harían bien en no abandonarse a la euforia y soltar las campanas al vuelo de modo prematuro, pues la piel del oso se cobra cuando éste está muerto, no antes. Y los otros, ¿por qué no sacan a relucir ese seny del que tanto presumen y se dejan del victimismo habitual? Todo está por decidir, para unos y para otros. De aquí a dos meses y medio, la solución a todos los enigmas.

He dicho.

domingo, 7 de marzo de 2010

Y Pepelu se quedó con tres palmos de narices

Esta es una de esas entradas que te da sumo gustazo escribir. No gusto, repito: gustazo. Placer, o sea. Y de los grandes, de los que te saben y te dejan buen regusto. Dulcito y sabroso. Y además, a costa del de casi siempre: José Luis Carazo, a quien (cariñosamente, por supuesto) me permito llamar Pepelu o Pepe Carazote desde estas humildes páginas. Tal vez sea porque el ílustre periodista (es un decir) de sienes plateadas y expresión permanentemente zorruna tiene casi siempre a bien meter la pajita en el ojo ajeno como forma de ganarse la diaria pitanza. En tiempos recientes, ya tuve ocasión de señalar su gusto por la escatología. Pero el buen señor no para, como el rayo que no cesa. Será por eso por lo que le pagan: para seguir segregando humores de difícil digestión y hacer gala de su cateta, permanente y contumaz blancofobia. Ya es sobradamente conocido el personaje, así como el medio para el que trabaja, así que las presentaciones sobran.
Pues bien, a propósito de la victoria (sufrida y trabajada, pero al final merecida y culminada por una brillantísima jugada rematada por Messi) del Barça sobre el Málaga el fin de semana pasado, Pepelu Carazote nos honró a los lectores de bien con una columna en la que, fiel a su estilo, se mofaba de los madridistas afirmando de ellos que "... tenían incluso las portadas preparadas con titulares rimbombantes como 'Madrid líder', pero al final se han tenido que quedar con dos palmos de narices". Se supone que un palmo por cada uno de los dos goles del Barça. De otro modo la cosa no cuadra, pero no es sino un suponer.
Pero a estas alturas, algo así no sorprende a nadie: si por algo se caracteriza Pepelu es por su incomprensible manía de repetirse a sí mismo, señal evidente de que está algo reñido con la creatividad. Es posible que adore las plantillas de documento y tenga unas cuantas preparadas para según qué ocasión: ley del mínimo esfuerzo. O quizás, puestos a imaginar, en el fondo más profundo de su personalidad subyace un afán narcisista que le llevaría compulsivamente a reiterarse, quién sabe si convencido de que su genialidad no halla parangón en el panorama periodístico-deportivo español. Quién sabe. Y por cierto: si alguien tiene alguna duda al respecto, hará bien en tirar de hemeroteca y comprobar cómo le encanta, a poco que la ocasión lo propicie, repetir la cantinela de que Ea, ea, ea, el Madrid se (...)ea. Los "palmos de narices" tampoco son en absoluto nuevos. Ya los repitió en vísperas de Reyes, en una columna de título sospechosamente similar a la del domingo pasado. La variedad ante todo, oiga, que dicen que en ella reside el buen gusto. ¿O no, ilustre? Pero un detalle llama poderosamente la atención: si en enero eran tres los palmos, el fin de semana pasado se reducían, por arte de magia, a dos. ¿Acaso tu inconsciente te jugó una mala pasada, Pepelu?
Tal día como hoy, y en vísperas del encuentro que el Real Madrid había de disputarle al Sevilla en el Bernabéu, nuestro zorro plateado volvía de nuevo a la carga, emulando a la Brigada Ligera en Balaclava. Sin miedo a la artillería, y derechito a alancear al malo, al acostumbrado grito de ¡Tiro al blanco! Su objetivo, doble: por un lado, denostar a CR9 por manifestar (siempre según el diario MARCA, su mejor y más fidedigna fuente, ¡manda gónadas!) que le tenía ganas al Sevilla y, por el otro, vaticinar que el Real Madrid palmaría frente a los hispalenses, tirando de casuística (mucho me temo que el equipo blanco puede llevarse un disgusto, afirmaba). Concluía el erudito culé, pluma privilegiada del Sport (¡ya lo he dicho!), que la razón de dicho disgusto sería que el Barça miraría por el retrovisor al Real Madrid a mayor distancia que la existente antes de los partidos respectivos. Esto equivalía a afirmar que el Barça, a su juicio, solventaría sin problemas su duelo frente al Almería y que el Real Madrid sería incapaz de hacer lo propio ante el Sevilla. Y ya que estamos, tiene santos bemoles que alguien que acusa a Cristiano Ronaldo de dar cosas por sentadas se permite a renglón seguido el mismo lujo, y como siempre, sin la menor señal de sonrojo. O dicho de otro modo: qué caradura eres, Pepote...
Pero fíjate, rey: no se puede hablar demasiado, no sea que las cosas se revuelvan en tu contra. O, como decimos en esta tierra, no escupas al aire, no sea que te caiga el lapo encima. Harías bien en tomar nota, carísimo zote (Caro-zote, ¿viste qué ingenio?). Porque eso mismo ha pasado hoy. Tu querido Barça no ha pasado del empate en Almería, ha terminado con diez jugadores, con Guardiola expulsado del banquillo y lanzando en rueda de prensa un mensaje sospechosamente victimista. Y el Real Madrid, ese blanco, objeto de tu odio cafre y furibundo, ha sido capaz de remontar un 0-2 frente al Sevilla para acabar imponiéndose por 3-2 en el tiempo extra. Como más duele, y eso lo sabes más que bien, ¿eh, oráculo? Porque bien te gusta jugar a ventajista cuando se cumplen tus vaticinios. De otro modo, no titularías tus columnas con esas frases tan... ¿rimbombantes, has dicho? No obstante, cómo sería de meritoria la remontada cuando hasta tus propios colegas han optado por elogiarla, algo asimismo muy raro de leer.
Mi queridísimo Pepelu: al igual que tú, el que suscribe no sabe qué va a pasar al final del campeonato (la única verdad que has sido capaz de escribir en medio de tanta estulticia). De veras que no. Aunque las matemáticas aún dicen lo contrario, todo parece indicar que la Liga será cosa de dos: los tuyos y los míos. Y todo puede suceder. Incluso que los tuyos vuelvan a vapulear a los míos en el Bernabéu. O no. Quién sabe. Pero apostaría cualquier cosa a que esta noche estabas bien apoltronado frente al televisor, seguro de que pese a todo, el Real Madrid no podría remontar y que tu equipo se acostaría una vez más como líder solitario de la competición patria.
Pero no.
Esta vez, maestro, el que se ha quedado con tres palmos de narices has sido tú. Uno de parte de ese "bocazas" llamado CR9, otro de la cabeza de Sergio Ramos, y el tercero del pie de Rafael Van der Waart. Tres eran tres, los palmos de Carazote. Tres eran tres, todos dados en el cogote. Puede que la semana que viene el panorama cambie. Pero esta vez, el turno es todo tuyo. Asi que, que tengas buenas noche, arroz. Ah, y que te aproveche el Vega Sicilia. Las penas, con sopitas y buen vino, menos mal saben. Finalmente, no olvides leer las portadas de los periódicos deportivos, creo que podrían decir algo así como Madrid líder, pero no me hagas mucho caso.
He dicho.

domingo, 28 de febrero de 2010

Plato frío

Los años han ido desvaneciendo el ansia feroz de revancha que guardaba después de que el CD Tenerife, en la primera mitad de los 90, pusiera en bandeja dos ligas al FC Barcelona tras derrotar al Real Madrid en la última jornada de liga disputada en el Heliodoro Rodríguez López. Más amargo fue el primer mal trago, en el que los blancos desperdiciaron un 0-2 para acabar sucumbiendo por 3-2 al final. Y lo fue porque así contribuyeron a forjar un mito a mi juicio excesivamente inflado: el del (mal llamado, a mi juicio) Dream Team blaugrana. Un conjunto que jugaba al fútbol como nadie entonces, pero que cosechó buena parte de sus éxitos gracias a los deméritos de otros (además de lo sucedido en el Heliodoro, recuerdo el famoso penalty fallado por Djukic, gracias a la cobardía de Bebeto, y que habría hecho campeón al Depor en 1994), cuando no fue milagrosamente salvado por la campana (el gol in extremis de Bakero que permitió jugar la final de la que sería primera Champions League para los culés). El mito acabó vapuleado por el Milan de Capello en Atenas, y sólo en los últimos años (particularmente en 2009) ha encontrado digna sucesión y reedición en el conjunto del año pasado, que ganó todo cuanto disputó y en la inmensa mayoría de los casos (mención aparte el encuentro de vuelta de semifinales de Champions en Stamford Bridge), de modo absolutamente convincente y sin dejar margen para la duda.
Pero hablaba del CD Tenerife, del Real Madrid y del Heliodoro. Tal día como hoy, diecisiete años después del último fiasco en estas tierras, el Real Madrid ha vuelto como el ángel vengador: enfundado en ropas negras, anunciadoras de desgracia para su rival. Y vaya si fue así, pues el resultado final de 1-5 lo dice todo. Y el abajo firmante, bien que se alegra de ello. Sin tapujos, remilgos, o recato. Abierta, total y completamente. Infinidad, para entendernos. Como también me llena de satisfacción que el martillo vengador que esta noche destripó por partida doble la puerta local fuese ese muchacho de Buenos Aires que vio la luz en la lejana Bretaña francesa, de nombre Gonzalo Pipita Higuaín. Lo dije después de reseñar el partido frente al Racing, y lo repito ahora: eres mi ídolo, Pipita, tenías que ser TÚ.
Habrá, naturalmente, quien piense que esta muestra de satisfacción es una deslealtad hacia los colores que deberían ser míos, hacia mis gentes paisanas o hacia mi tierra. Nada más lejos de la realidad, toda vez que los colores futbolísticos no vienen impuestos. Uno los elige libremente, como elige la marca de coche que conduce, el lugar donde desea vivir o la compañía que tiene, si es que la tiene. Y desde luego, mucho menos aceptaría semejante recriminación si, puestos al caso, llegase de boca de algún forofo local, pues creo firmemente que la afición blanquiazul es una de las más catetas, ignorantes, resultadistas e interesadas que hay en este país: cuando las cosas van bien, todos se suman al carro. Cuando no es así, ahí te quiero ver, Manuel. Estamos en primera, escribían no pocos en sitios como Facebook hace cosa de un año. Baño de multitudes en la Plaza de España después del ascenso, el entrenador José Luis Oltra (un señor que sabe un rato de fútbol, condenado a capear el temporal con una plantilla muy corta de recursos) poco menos que nombrado hijo adoptivo y chicharrero de honor, cánticos, algarabía ... ¿Estamos?, me preguntaba yo entonces. Estaban y aún están quienes de verdad lo merecieron (directivos, técnicos y jugadores), después de un duro y árido peregrinaje por la segunda división, faltos de recursos, jugadores y del cariño y apoyo de esa misma afición veleta que entonces se debatía entre la indiferencia hacia los colores locales o el continuo abucheo al equipo por no regresar inmediatamente a lo más alto y jugar otra vez copas de la UEFA. No, definitivamente no. Nadie de entre ellos tendría la más mínima fuerza moral (doy por sentado que nadie tiene el derecho) para reprocharme fidelidad y devoción hacia los que sí son (y siempre han sido) mis colores: los del club de Concha Espina.
Después de todo, no es tan extraño. Muchos de mi generación crecieron con el CD Tenerife casi permanentemente estacionado en segunda división o incluso algún peldaño más abajo. A diferencia de nuestros vecinos canariones, quienes sí llevaban muchos años disfrutando del mejor fútbol nacional, los tinerfeños eran (éramos) mayoritariamente del Madrid, del Barça, de alguno de los atléticos o incluso del Betis. Y, secundariamente, del Tenerife. Secundariamente. Ese fue y es mi caso. Y lo que son las cosas: he hecho mayor esfuerzo por el Tenerife que por el Madrid, pues durante varios años fui abonado y me daba cita cada quince días en el estadio de Santa Cruz, a ver lo poquito que los jugadores de entonces tenían que ofrecer. Eso me costó unos buenos dineros. De modo que, por esa parte, entiendo que tampoco hay razón de queja.
Así que lo dicho: me alegro infinito por la goleada, por el desquite sabrosón, por la paliza dada a los locales, por los goles del Pipita, de Kaká, CR9 y Raúl. Por haber quitado ese clavo que llevaba en las entrañas desde hacía tantos años. Puede que esta liga española nuestra haya perdido mucho del atractivo de hace unos pocos años, cuando las posibilidades estaban más abiertas y era más concebible que un equipo como el de Oltra pudiera dar un susto a alguno de los grandes. Pero así están las cosas entre el Madrid y el Tenerife hoy. Atrás, perdido ya de vista, queda el antiguo azote de los blancos. Me alegro de ello y de la goleada, y me siento cómodamente satisfecho. Serenamente satisfecho. Tranquilamente satisfecho.
Porque, como bien reza el antiguo proverbio Klingon, la venganza es un plato que se sirve mejor frío. Eso lo sabía muy bien Tarantino cuando gestó su inmortal epopeya Kill Bill. Y dejó nítida constancia de ello. Como hago yo, ahora y aquí.
He dicho.

lunes, 22 de febrero de 2010

Juegos (escatológicos) de palabras

Poco tiempo faltó a los carroñeros de los tabloides del Principado para, fieles a su estilo de siempre, regodearse lo suyo después de la derrota del Real Madrid el jueves pasado ante el Olympique de Lyon. El Real Madrid firmó, ciertamente, uno de los peores encuentros de la temporada, superado en negatividad solamente por el Alcorconazo. Y lo mejor que se puede decir del resultado es que fue una derrota mínima. El Lyon jugó un partido físico, de presión constante y agobiante, sin dejar resquicios para la creatividad de las estrellas merengues. No obstante, todos los equipos realizan partidos malos o muy malos a lo largo de la temporada (aunque el momento elegido por el Real Madrid no pudo ser más inoportuno) y en este caso, el resultado deja abiertas las opciones de clasificación de cara al encuentro de vuelta. Fallaron los jugadores, quién sabe si convencidos de que el encuentro iba a ser poco menos que un paseo militar ante un rival muy venido a menos. Falló también el entrenador Pellegrini, y en mi opinión no tanto por alinear a Mahmadou Diarrà como por situar a Marcelo en el lateral izquierdo, creando una autopista que Govou supo aprovechar a la perfección, llevando peligro constante por la misma. Los hechos son muy tozudos, y demuestran erre que erre que el brasileño es mejor atacante que defensor. Finalmente, los caros fichajes veraniegos tampoco estuvieron a la altura, incluyendo a Benzema, al que se le presuponía una motivación especial al enfrentarse a su ex equipo.

Pero como decía, los carroñeros del nordeste de España lo vieron de otro modo, naturalmente. Entre ellos, uno de los mayores saprófagos, auténtico paradigma del pseudoperiodismo deportivo español, siempre tan presto a afilar su lengua culebrera (nunca mejor dicho) ante las desgracias ajenas (léase merengues) como proclive a destapar la caja de los truenos ante las propias (casi siempre al grito de guerra de Intolerable). Me refiero a José Luis Carazo, adalid del talibanismo culé más recalcitrante, casposo y cínico, adecuadamente sazonado de estulticia sopladora de vidrio. Se marcó el caballerete una de sus columnas ad hoc, al sonsonete consabido de "Ea, ea, ea, el Madrid se (soplagaitez)-ea". El lugar de publicación, como no podía ser de otro modo, esa lóbrega mazmorra intelectual dirigida al alimón por Joan Vehils y Josep María Casanovas, llamada diario SPORT, refugio de comentaristas cuyo conocimiento futbolístico es digno de la barra de bar más cutre de este país y donde sólo brilla, desde la distancia y una o dos veces por semana, la luz de Martí Perarnau, un elfo de los bosques en medio de la pestilente inmundicia mordoriana.

Entre las delicatessen con las que el comentarista de níveas sienes tuvo a bien obsequiar a lectores propios y extraños, figura la sugerencia de identificar a Ricardo Izecson dos Santos (más conocido como Kaká) con un excremento, valiéndose para ello de la sutil y brillante argucia de suprimir la tilde de su apelativo. Citamos al perpetrador:

(...) ni Kaká, a quien ya hay que comenzar a llamar por su nombre, quitándole la tilde (...)

La cosa va tanto más lejos cuanto que el ínclito asume que el apelativo, desprovisto de la tilde, es el nombre del jugador. Nada menos.

Sigue siendo penoso y lamentable que individuos como éste puedan llenar su plato de comida publicando semejante basura, que es tan digna de su autor como el autor de ella. Por desgracia, el periodismo deportivo español, que debería centrarse exclusivamente en contar lo que sucede en los encuentros y eventos deportivos, lleva mucho tiempo adornándose con estas plumas, más acordes en la cola de un buitre (por aquello de que se ubican cerca del lugar por donde el animal evacúa los restos de la digestión de la carroña que le sirve de fuente de energía) que a tono con un periódico mínimamente serio. Individuos como Carazo son más frecuentes en Barcelona que en Madrid, aunque desde hace ya un tiempo, el diario MARCA bajo la vara del mago Saruman-Inda, está criando a sus propios orcos (léase Miguel Serrano, Roberto Gómez o el infumable José Vicente Hernaiz), acaso porque la fórmula de la escatología periodístico-deportiva es, pese a todo, rentable en este país. Pues si estos señores (un decir) son el reflejo fiel de nuestra sociedad (¿suciedad, zoociedad, como sugería Mafalda?), entonces el abajo firmante debería plantearse mudar su nacionalidad. Aún mantengo mis dudas sobre ello, pero cada vez menos.

Y ya puestos, Carazo, Caracete, Carazote... ¿Por qué no hacer juegos de palabras con tu, por otra parte, poco agraciado apellido? Al fin y al cabo es gratis: tú mismo lo haces y no te cuesta un chavo. Y supongo que no te importará que otros hagamos aquello que tanto te mola, ¿verdad? No irás a creer que el agudo ingenio, la centella sutil y la chispa son patrimonio exclusivamente tuyo, ¿eh? Veamos... la primera y más obvia opción podría ser cambiar la "z" de tu apellido por una "j", pero esto no tiene nada de ingenioso, es demasiado ramplón, incluso para ti. Además, hay razones objetivas para no hacerlo, ya que según la RAE, eso transformaría tu apellido en una designación del miembro viril, algo quizás inadecuado, pues intuyo que a tus añitos ya irás echando mano de la pastilla azul. Así que no. Tentador, pero definitivamente no va contigo.

Claro que hay una segunda posibilidad, y es reemplazar la "r" por una "c". Y así, obtendríamos Cacazo, algo sin duda más acorde con tu estilo. ¿Verdad, maestro? Además, con terminación de aumentativo, reforzando la idea de que el montón es ciertamente grande, quién sabe si resultado de una digestión en extremo larga y penosa, arruinada por ese Vega Sicilia con el que te obsequias cada vez que los tuyos la... pifian. O, ya puestos, tampoco desentonaría sustituir la "r" por una "g", y de este modo saldría Cagazo. Consuélate pensando que así más o menos pronunciaría tu apellido un francés y por tanto pondría el énfasis (que no la tilde) en la última sílaba, disimulando un poco el resultado final y, de paso, el hedor. En español, esa lengua que tanto ofendes cada vez que te sientas frente a un teclado, la cosa tendría otros matices, sin duda más oscuros, quizá debidos a alguna incontinencia de esfínter, lo que probablemente derivaría en la necesidad, transitoria o permanente, de llevar pañales que nos librasen a los demás de la inevitable incomodidad olfativa que, muy a tu pesar, irías esparciendo al moverte.

Pues ya ves, Pepelu: no hace falta tener apelativo brasileiro para hacer jueguecitos escatológicos de palabras. Basta con tener un apellido como el tuyo, así como la suficiente dosis de mala leche y falta de respeto, algo de lo que pocos saben tanto como tú, fiera. Pero de eso nos sobra en esta piel de toro, ¿no es cierto, genio?

¡Ay...! Cuándo llegará el día en que alguien te grape los labios...

He dicho.

lunes, 8 de febrero de 2010

Un buen ejemplo de autocensura

¡Lo que hay que ver, leer y oír! Tanta soplagaitez junta no se había leído en nuestra deplorable prensa deportiva en mucho, muchísimo tiempo. La funesta invención del Villarato, término acuñado por Alfredo Relaño, director del AS, para explicar supuestos y sistemáticos favores arbitrales al Barça, está envenenando la competición liguera patria, y peor aún: puede destapar una caja de pandora de consecuencia imprevisibles. Haría bien el susodicho en olvidar toda esa patraña, pues con ello lo único que está consiguiendo es ponerse al nivel de la prensa culé no ha mucho, cuando era el Real Madrid el que alzaba trofeos. Pero claro, hay que vender periódicos, y hay que recortarle el pastel de ventas al rival. Que no es el Barça, claro, sino el MARCA, embarcado desde hace tiempo en su propia línea tabernera, mugrienta y amarilla, relegando los buenos modales y el periodismo serio al olvido más remoto. En otras palabras, una carrera a ver quién cae más bajo. El perjudicado de todo esto, como ya sucediera el año pasado, no será el Barça... sino que puede ser el Real Madrid. Si ya durante la campaña anterior los cagómetros y canguelos no sirvieron más que para espolear a los blaugranas, con las consecuencias vistas en el Bernabéu, ahora podría suceder otro tanto. Pero en esta ocasión, el ataque es notablemente más sibilino, y por tanto insidioso, pues se dirige al colectivo siempre más expuesto: los árbitros. Los mismos que durante decenios fueron sistemáticamente acusados de favorecer a los merengues.

Un ejemplo de la caja de pandora antes mencionada sucedió en el Camp Nou el pasado sábado, durante el encuentro entre los locales y el Getafe. Una dura entrada a destiempo de Gerard Piqué le costó la expulsión (justa, a entender del que suscribe) cuando su equipo vencía por 1-0, merced a un espectacular gol de Messi. En los momentos finales del partido, un penalty inocente de Rafa Márquez a Kepa supuso asimismo la tarjeta roja para el mexicano, pues era el último defensor y el árbitro entendió que la internada del getafense era ocasión manifiesta de gol. Poco que objetar, pues, máxime si se tiene en cuenta el momento del partido y la nula repercusión que tuvo el lance, más allá del gol transformado por Soldado y del hecho de que el blaugrana se perderá el próximo partido.

Pero hete aquí que en Barcelona se abrió la caja de los truenos, aletargada durante mucho tiempo tras los éxitos deportivos culés. A la pañolada contra el colegiado Teixeira se unió, formando un coro tal como no se oía desde los tiempos del Ejército Rojo, el conjunto de tabloides del Principado. A quejarse del árbitro. Y por supuesto, a sacar pecho: Ni aun así nos ganan. Y vaya si hay voceros fanáticos en Barcelona dispuestos a levantar la voz cuando un árbitro les perjudica. Pero esta vez no fue Casabobas, perdón, Casanovas (siempre me confundo) el que alzó la enérgica proclama, no. Tampoco Lluís Mascaró, ni Pepe Carazote, ni Toni Frieros, ni Francesc Aguilar, ni ningún otro de los mastines de la bien entrenada jauría de plumillas de la Ciutat comtal.

Fue Josep Capdevila, redactor del Sport, quien se marcó una entrada en su blog digna de enmarcar. Su título lo decía todo: No nos vamos a callar. Aquí está la prueba:


Resaltamos algunas perlas constitutivas:
  • ¡Ya está bien! Hay que tener muy poca vergüenza para arbitrar como lo hizo el colegiado de este sábado en el Camp Nou...
  • Los barcelonistas tienen motivos, muchos motivos, para estar cabreados. Es de juzgado de guardia lo de los arbitrajes al Barça. Por cada uno que pueda levantar sospechas de que ha favorecido a los culés, hay veinte claramente comparables a atracos a mano armada. Como el del personaje que pitó este sábado el Barça-Getafe.
  • Vamos a seguir denunciando que al Barça se le atraca vilmente y que digan lo que digan desde Madrid.
No sé ustedes. Al abajo firmante le pareció una reacción de todo punto desproporcionada. Primero, porque no hay razón para quejarse: las dos expulsiones fueron correctas, y Teixeira dejó de pitar otros lances (un posible penalty de Abidal o un fuera de juego posicional de Ibrahimovic en el gol de Messi), simplemente porque consideró que no eran punibles. Naturalmente, Capdevila pasó de puntillas sobre esto e inmediatamente se dejó arrebatar por el recuerdo del Villarato. Supongo. En segundo lugar, porque media un abismo entre la expulsión justa de dos jugadores azulgranas en un único partido (que además no ha tenido influencia en el resultado) y clamar una presunta campaña en contra del Barça. Y tercero, porque no se tienen en cuenta los posibles errores arbitrales que han favorecido al Barça en el último año y medio. Osea, sencillamente kafkiano. O si lo prefieren, una reacción forofa. Me quedo con eso último.

Pero lo mejor viene ahora. Al bueno de Capdevila le cayó encima de todo por semejante exabrupto: de simpatizantes madridistas, sí (incluyendo al que suscribe), pero también de no pocos culés. Te has pasado, chaval, era en esencia el mensaje. Y se ve que el redactor, con los nervios más calmados y la cabeza en su sitio, se lo pensó mejor. Porque de un plumazo se cargó el post, de modo que ya no es posible acceder a él desde la web del diario Sport. Si se hace click sobre el vínculo correspondiente, el usuario es redirigido a una nueva entrada, publicada hoy mismo, alabando a Guardiola. El No nos vamos a callar, al Triángulo de las Bermudas.

¿Del todo?

Bueno, no exactamente. Si uno recurre al motor de búsqueda habitual en la red y le proporciona las pistas suficientes, éste desvela rápidamente el paradero del post perdido:

http://www.sport.es/BLOGS/blogs/desdelaweb/archive/2010/02/07/no-nos-vamos-a-callar.aspx

Osea, ha ido a parar al limbo. O al baúl de los recuerdos. Pero ya no es directamente accesible, pues si uno examina el calendario a la derecha del blog de Capdevila, que señala las fechas de publicación de las correspondientes entradas, descubre que el 7 de febrero del corriente no se publicó nada. En teoría, claro.

En fin, que rectificar es de sabios. Y desde estas páginas, quiero dejar constancia de que aplaudo el gesto de Josep Capdevila. Creo honesta y sinceramente que ha hecho lo correcto, lo que debía. Y creo también que ha hecho un favor al periodismo deportivo y quién sabe si a la salud de algún colegiado en el futuro. Me sabe un poco mal, eso sí, que haya censurado las felicitaciones que le di por ello en su blog, y por eso mismo escribo estas líneas en el mío, a salvo de la censura ajena. Ahora sólo falta que el sentido común arraigue en los medios de la capital de España. Aunque sobre este punto, en verdad, albergo muy serias dudas.

He dicho.

P.D.: Finalmente, el señor Capdevila dejó ver el comentario en el que este humilde autor aplaudía su decisión. Ya no me sabe nada mal, pues.