Hacer leña del árbol caído es siempre lo más fácil en estos casos. Y si ello sirve, naturalmente, para ocultar la propia responsabilidad tras lo sucedido, para qué contar. Ni Sergio ni Gago, titulares indiscutibles en sus respectivas selecciones nacionales, tienen la culpa de lo sucedido. Simplemente, su rival fue mucho mejor, y convirtió sus esfuerzos en baldíos. Aún así, el de Camas dio el primer gol a Higuaín y marcó el segundo, de modo que si no hubiera sido por él, el resultado habría sido aún peor. Pero claro, la culpa siempre es del otro.
Porque parece que el MARCA está particularmente empeñado en motivar al rival contra los intereses propios. Raymond Doménech no necesitó hacer uso de oratoria alguna para motivar a sus petits garçons cuando, en vísperas del partido de cuartos del Mundial de Alemania 2006, los buenos señores del rotativo madrileño tuvieron la felicísima idea de titular su portada: "¡Vamos a jubilar a Zidane!". ¡Ole con ole! Y tanto fue así que el divino calvo, aludido por los de Recoletos, se marcó un partido como el sombrero de un picador y anotó un golazo de los de época, tras dejar dos veces sentado a Carles Puyol. A la postre, dejaría un recadito para el recuerdo: Los grandes jugadores se jubilan cuando ellos quieren. A lo largo de este año, y plagiando a Tomás Guasch y su célebre invención del cagómetro, han machacado lo habido y por haber con el supuesto canguelo del Barça. Y claro, Guardiola no ha tenido que decir ni pío a sus muchachos. En vísperas del Clásico, la motivación les sobraba a los culés. Comenta Matallanas en su blog que Xavi Hernández gritaba como un poseso en la zona mixta "¡Toma canguelo! ¡Vamos, Barça!". Blaugrana y en botella... cóctel explosivo.
En resumidas cuentas, no estaría de más que en el Marca fuesen un poco más inteligentes, si es que el cociente intelectual da como para ello, y dejaran de servir a los intereses de los rivales del Real Madrid a base de motivarles con sus estupideces. Pero claro, con una tripulación formada por personajes como Eduardo Inda, Miguel Serrano, José Manuel Pipi Estrada, Roberto sapientísimo Gómez y el inefable e incalificable Jose Vicente Hernáiz en ese barco (señor Segurola, por Dios, ¿qué pinta usted ahí?), todo paralelismo con el Mary Celeste (ese pecio flotante que a finales del siglo XIX surgió de la bruma en las Azores, vacío y sin respuestas) deja de ser casual. Pero visto que ha comenzado la fumata, está más que claro que no han aprendido la lección. Ni, al parecer, lo harán jamás.
Lo peor de todo esto es que el trabajo de Juande Ramos puede quedar en el olvido, barrido de un plumazo, arrasado y aniquilado por el peso de la contundente derrota. Y creo que no debe ser así. Creo que se cometería un gravísimo error y una no menos grave injusticia. El manchego llegó al Real Madrid en un momento crítico como pocos se han visto en su historia reciente, con el club sacudido por el escándalo de la asamblea que nunca debió ser, el equipo física y anímicamente roto por las lesiones y las derrotas, y en vísperas de una encerrona en el Camp Nou en la que se presumía lo que ha terminado por suceder en el Bernabéu. Tras reponerse de una derrota-no-humillante ante el Barça, clasificó al equipo para los octavos de la Champions, y encadenó una de las rachas de victorias ligueras más prolongadas que se recuerdan. Todo ello con un equipo que él no compuso, tremendamente descompensado, y con carencias que en el mercado de invierno no se suplieron del todo (lo de traer a Faubert quedará en la memoria como un despropósito). El equipo hizo gala de lo único que tenía: garra, coraje y pundonor. Y ahí está el resultado: subcampeones, metidos por la vía directa en la Champions y con tranquilidad clasificatoria más que suficiente como para recomponer el equipo tras las próximas elecciones. ¿Es culpa de Juande lo sucedido? Claro que no. Calderón, Mijatovic y Portugal deberían aparecer como máximos responsables. El primero ya es historia, con lo bueno y lo malo. Faltan los otros dos.
En resumen: es necesario tener la cabeza fría, es necesario que se abandonen las líneas editoriales que perjudican los intereses del equipo (y a veces, como ya se ha visto, de la mismísima selección española), es necesario recomponer los ánimos y estudiar las necesidades de la plantilla, es necesario dar confianza a los que se la han ganado, es hora de planificar, de construir y regenerar, y no de crear ilusiones a base de talonario. O, lo que es peor, a base de humo.
He dicho.
