Ni siquiera la muerte podrá separarnos ...

jueves, 12 de febrero de 2009

Tú eres Mijatovic, y sobre ti, Pedrag...

... edificaré mi iglesia, perdón, mi equipo. Así más o menos debió de ser lo que le dijo Calderón a su reciente y flamante candidato a Director Técnico del Real Madrid cuando decidió embarcarse en su particular aventura y en aguas no poco procelosas precisamente.

Aquí estamos de nuevo, y una vez más a petición popular. Se me pide que opine sobre la figura de Pedja Mijatovic, ex-jugador y en estos momentos Director Técnico del Real Madrid, puesto al que llegó de la mano del ya dimitido Ramón Calderón, pues formó parte de su candidatura desde el primer momento. De Mijatovic, en esta nueva etapa suya en el equipo, se ha dicho de todo, se le ha acusado de todo, y sobre él se ha hecho caer de todo. No conozco los entresijos del mundo futbolero (especialmente de su parte más oscura, la que se mueve en los despachos), como para poder decir sí o no a cuanto sale diariamente en la prensa. Así que lo que escriba sobre esta persona se basará, necesariamente, en lo que todos conocemos.

Mijatovic ha tenido errores y aciertos en su gestión deportiva al frente de la Casa Blanca. Empezando por los últimos, a nadie se le oculta que fichajes como Pepe, Robben, Higuaín, Van "the man" Nistelrooy, Gago, Sneijder, y otros han sido buenos para el equipo y, por lo tanto, habrá que atribuir este éxito a la Dirección Técnica, y apuntarlo entre sus haberes. En el verano de 2007 el fichaje de Pepe levantó no pocas suspicacias por lo abultado de la cuantía (nada menos que 5.000 millones de las antiguas pesetitas), pero hoy nadie se acuerda de ello, ni siquiera en el Principado, que ya es decir. Y esto debe ser tomado como muestra evidente de que estuvo bien hecho o, por lo menos, de que no estuvo mal hecho. Que parece lo mismo, pero no lo es exactamente. La mayoría de este conjunto de jugadores constituye lo que hoy se conoce como clase media. Es decir, se trata de buenos jugadores, currantes y comprometidos con el equipo, pendientes del fútbol y no de los spots publicitarios, pero que no forman parte de ese selectísimo grupo de hombres que marcan la diferencia, que permiten casi por sí solos ganar un partido, que asustan sólo con su nombre (a veces más de lo que de verdad demuestran sobre el campo), y capaces de inventarse una jugada diabólica que resuelve un trance complicado en un pis pas. Los cracks, como se suele decir. Hoy por hoy, CR7 y Leo Messi son los dos ejemplos más evidentes de esta case de megaestrellas.

La realidad demuestra que las plantillas altamente competitivas se basan en dos pilares fundamentales: una buena clase media que debe formar la columna vertebral, aportar solidez, consistencia, sentido colectivo del juego y compromiso común, y un par muy selecto de jugadores (las más de las veces delanteros o centrocampistas de clara vocación ofensiva) clasificables como megaestrellas. Los equipos que se construyen sólo a base de clase media y cantera pueden, desde luego, lograr éxitos importantes o muy importantes (ahí está el Sevilla reciente como ejemplo más inmediato), pero no los éxitos con mayúsculas: campeonatos de Liga y, por supuesto, ese pesado y brillante objeto de deseo que el Real Madrid atesora más veces que nadie: la Copa de Europa. Los equipos construidos a base de (o subordinados a) cracks están llamados al fracaso, a menos que se cuente con un entrenador y una Dirección Técnica capaces de conciliar tantos egos superlativos juntos y de no permitir que se pierda la noción colectiva, manteniendo la disciplina del vestuario, cosa harto difícil. Pregúntenle si no a Florentino Pérez, a ver qué opina sobre esto. O pregunten también a Laporta, en tiempos de Ronaldinho y compañía, cuando ese polvorín andante que se llama Samuel Eto'o rajó las suyas y las de un bombero en Vilafranca, y terminó de hacer añicos al entonces campeón de liga y Champions.

Y aquí precisamente es donde habría que buscar el debe de Mijatovic como Director Técnico merengue. No ha sido capaz de atraer al equipo, al menos en lo que lleva en el cargo, a ningún crack. Y esto se está notando. Una vez libre el equipo de las glorias galácticas, algunas de las cuales acabaron por ser auténticas rémoras (Ronaldo, osea), y ante el progresivo e inexorable declive futbolístico de Raúl (ley de vida), no ha habido recambio para los jugadores grandes de verdad, para los cracks, como lo fue el propio Mijatovic en su día. Robben no llega a esa categoría, y sólo Ruud Van Nistelrooy puede ser acreedor a ese rango, pero al igual que Raúl, estará disputando (si es que no lo ha hecho ya), sus últimos minutos como jugador de élite. Sólo queda como indudable megaestrella Iker Casillas, pero claro: por muy bueno que sea, que lo es, obviamente no mete goles. Y aún más preocupante es que el Real Madrid parece haber perdido atractivo como club de destino de grandes estrellas futboleras (salvo, parece ser, para CR7), en perjuicio de otros clubs, especialmente ingleses, quienes disponen ahora mismo de petrodólares en abundancia (ya sean ruskis o árabes) y también del eterno rival de la Ciutat Comtal. Peor aún, osea. Por eso mismo, y tras la dimisión de Calderón, el común de los aficionados madridistas echa de menos a Florentino Pérez, quien suena insistentemente en los mentideros como más que posible candidato a retomar las riendas del club de Concha Espina.

La otra parte de los errores de Mijatovic está en sus elecciones desafortunadas. Bernd Schuster hizo al equipo campeón, sí, pero también cometió varios pecados mortales, uno de los cuales fue el de echar el candado a la cantera y olvidarse de la llave., lo que ha motivado la salida de muchos y buenos jugadores de Valdebebas con otros destinos. Y para más INRI, la mayoría de ellos delanteros: Negredo, Mata, Barral, Callejón, y bastantes más. El problema empieza a tener tintes dramáticos, pues en la última convocatoria de la sub-19 no ha aparecido ni un solo jugador procedente del Real Madrid, mientras que el FC Barcelona aporta casi un cuarto del equipo. Y en cuanto a fichajes, Rafael Van der Waart sigue sin encajar, lo mismo que Drenthe. Huntelaar venía como delantero salvador, pero no juega mucho y está descontento. Parejo ha vuelto al equipo, pero no se sabe muy bien para qué. Faubert es de momento una incógnita absoluta (su estreno ha sido, además, bastante mediocre). Sólo Lass parece aportar algo valioso y útil. Y encima, a nivel de despachos, ha habido conflictos internos con Miguel Angel Portugal o Míchel González, en los que la figura de Mijatovic ha planeado muy de cerca, o eso se ha dicho en la prensa escrita y radiada.

En algún lugar leí que el propio montenegrino declaró que se marcharía del club si este año no se conseguía la Champions. Ya veremos si lo cumple. Esta vez no estará él en el campo, para quebrar a Peruzzi primero y sortear a Pessotto después. Otros deberán hacer algo semejante. precisamente los que él mismo ha elegido. ¿Podrán? En poco tiempo, la respuesta. El Liverpool de Benítez aguarda.

He dicho.

lunes, 9 de febrero de 2009

Guerra de medios en Madrid

Desde hace meses, parece que el deporte favorito (nunca mejor dicho) de AS y MARCA es pelearse por todo, ningunearse mutuamente y confundir a la masa de lectores, que no sabe a ciencia cierta con quién quedarse. Quizá la mejor opción sea, como siempre, la expresada por el más anciano de los Ents, Bárbol, en El Señor de los Anillos: No estoy del todo de parte de nadie, porque nadie está del todo de mi parte. Porque visto el percal...

Esta guerra puede entenderse mejor a raíz de dos circunstancias. La primera, la pertenecia del diario AS al grupo PRISA, tradicionalmente afín a la izquierda política española, especialmente al PSOE. La segunda, el desembarco de Unedisa en el Grupo Recoletos (propietario del Diario MARCA), de cuya fusión nació el grupo Unidad Editorial en 2007. Conviene recordar que uno de los abanderados de este grupo editorial es el periódico El Mundo, afín a la derecha política española y, por ende, extremadamente crítico hacia la izquierda. Justo al revés que el grupo del que el AS forma parte. La guerra parece, pues, servida. Y lo inquietante de esta guerra es que, una vez declarada, lo que menos cuenta es el interés de aquél sobre quien se informa, pues queda automáticamente subordinado al pedazo de tarta que un grupo u otro persiguen conseguir, con idéntico afán, y al precio que sea. Los perjudicados son, indudablemente, los dos equipos madrileños. Quizá en mayor medida el Real Madrid, pues las noticias relacionadas con el club de Concha Espina tienen mayor repercusión que las que afectan a los vecinos del Manzanares, sobre todo si son negativas.

Valgan dos ejemplos para ilustrarlo. El primero ocurre durante el cese de Javier Aguirre como entrenador del Atlético de Madrid tras su derrota liguera frente al Valladolid (1 de febrero de 2009, pues). En su programa El Larguero, José Ramón de la Morena entrevista al nuevo técnico colchonero, Abel Resino (feliz estreno el suyo, por cierto), destapando que la decisión de su contratación, así como el cese del técnico mejicano la habría tomado Miguel Angel Gil, Consejero Delegado y dueño de facto del club colchonero desde Dubai, sin contar para ello con el criterio de Enrique Cerezo, presidente del club. Todo ello, según el locutor de la SER, habría provocado el enfado mayúsculo del teórico mandatario rojiblanco, máxime al saber por conversación telefónica que el propio Aguirre estaba al tanto de las conversaciones con Abel. ¿La razón? No haber sido consultado. Sin embargo, y a medianoche de ese mismo día, los ánimos contrariados de Cerezo habrían sido aplacados y habría acabado, de mejor o peor talante, dando su visto bueno a la operación. Pero lo cierto es que, según la cadena COPE, la decisión la habría tomado, en caliente, el propio Cerezo, convenciendo de la necesidad del relevo a un remiso Gil Marín (¿ein?). Los micrófonos de la COPE registrarían el monumental gazapo de Cerezo, al afirmar que la derrota frente a los pucelanos habría sido el vaso que colmaba la gota de agua.

Me pregunto: ¿Y qué? ¿Qué más da que Cerezo se enfade o no? ¿Qué influencia tiene o puede tener? ¿Qué más da que la negociación la llevara él o Gil Marín, si de lo que se trataba, en definitiva, era de enderezar el torcido rumbo de la escuadra rojiblanca? Al final, lo que importa de verdad es lo de siempre: que la pelotita entre o no. El propósito de La Morena es claro, pues lo ha expresado de viva voz: los males atléticos son culpa de la familia Gil, y ha aprovechado este incidente para argumentar en este sentido. Pero eso no le hace ningún bien al club (presuntamente) de sus amores, todo lo contrario.

Hoy mismo, segunda versión de la guerra de medios, esta vez más nítida y con el Real Madrid de por medio. La portada (tanto en papel como en la versión digital) del diario AS es ésta:en la que el delantero holandés, recientemente fichado del Ajax en el mercado de invierno, lo dice bien claro: está harto de su suplencia y desea marcharse del equipo tras haber transcurrido poco más de un mes desde su incorporación al equipo blanco. Naturalmente, los diarios de la capital del Principado han tardado menos que lo que le lleva a un crío mascar un caramelo en hacerse eco de la noticia, añadiéndole, claro está, su particular y exquisito aderezo. Hacia el mediodía, sin embargo, la edición en la red del diario MARCA (hasta entonces en completo silencio sobre el tema) sacó esta imagen:
Esta última afirmación se basaría en las declaraciones del agente del jugador, quien habría precisado que, en efecto, Klaas-Jan Huntelaar no es ahora mismo feliz en el equipo, debido a su suplencia y a haber quedado fuera de las convocatorias para la Champions. Pero que eso es una cosa, y otra es querer marcharse ya, tal y como el AS indica a toda página. Los de la COPE, más cuidadosos, señalan en su web en este mismo instante que el jugador se quiere ir, pero que su agente lo niega: la táctica del que no sabe bien a qué carta quedarse (por ahora) y que prefiere, más sabiamente, no pillarse los dedos.

¿Qué beneficio persigue el AS con una noticia así? Si tiene alguno, éste sólo puede ser vender. ¿Qué beneficio persigue Huntelaar? Si es verdad que ha dicho lo que ha dicho, sólo puede ser uno: contar con más minutos y/o ser titular, como lo ha sido Lass Diarrà desde su llegada. ¿Es cierto lo que se dice? ¿Hasta qué punto son literales estas palabras, puestas en boca del jugador? Hasta ahora, la web del Real Madrid no dice nada sobre el particular, y es lógico: este asunto sólo le perjudica. Pero el interés que Relaño y los suyos puedan tener en publicar una noticia semejante como una bomba informativa es tan oscuro que no puedo ni imaginármelo. Y en el Principado, como siempre comprensivos y solidarios, la saliva les gotea por los colmillos ante la perspectiva de sangre. Ellos, que cuando se trata de tapar asuntos comprometedores en Can Barça, son ejemplares e intachables. Eso sí: no dudan en sacarlos a la luz todos juntitos cuando creen que ha llegado el momento. No sé qué es peor. Ni quién.

Ya veremos en qué queda todo esto. Pero no me gusta. No me gusta nada.

He dicho.

martes, 3 de febrero de 2009

Crematorio de ilusiones

Por una vez, y quizá sirviendo de precedente, no voy a dedicar tiempo a los tabloides de Barcelona. Ya va siendo hora de ampliar un poco las miras. El tema del post de hoy viene marcado por el aún candente cese de Javier Aguirre como técnico del Atlético de Madrid, después de un inicio de año con muchas más decepciones que alegrías para la parroquia rojiblanca. No es mi propósito ensañarme con los atléticos, pues no suelo guardar hacia ellos profundas animadversiones. Me gustaría que la cosa también funcionase al revés, pero algo semejante sería como pedirle a un cocotero que dé almendras, a un olivo que rinda dátiles o, como todos estamos más acostumbrados a oír, solicitar peras de un olmo. Tan sólo expresar aquí algunos hechos, y alguna que otra pequeña reflexión que, no por conocida, deja de ser menos intrigante.

Los hechos no son difíciles de describir. Pocas veces en la historia reciente del fútbol se ha visto un caso como el del club de la ribera del Manzanares, con un equipo de fútbol capaz de defraudar tantas y tan sonadas veces, una temporada tras otra, las expectativas de su afición. Hay, desde luego, quien supera sus registros negativos. El Inter de Milán, por ejemplo, cosechó en Italia y fuera de ella aún muchos y más importantes fracasos durante décadas (ahora vuelve a ser alguien, eso sí: aprovechando el hueco dejado por los escándalos de la Juve y el envejecimiento de la plantilla del A.C. Milan), con una diferencia: normalmente los neroazzurri no faltaban a la pomada europea, mientras que el Atlético se ha visto abocado incluso al pozo de la segunda división. Pero vamos a lo que vamos.

No hace falta recorrer toda la historia del club colchonero, tan sólo basta con centrarse en lo que han dado de sí las últimas dos décadas, coincidiendo con la llegada de las televisiones privadas al escenario futbolístico y la brutal inyección monetaria que supuso para los clubes de fútbol. Las grandes estrellas balompédicas dejaron, pues, de ser patrimonio exclusivo de los dos de siempre, y la crecida capacidad adquisitiva de los equipos de la primera división convirtió paulatinamente a la competición liguera patria en la más importante del mundo, superando a las ligas inglesa e italiana. Eso también supuso, lógicamente, la presencia de más comensales serios al pastel liguero. Primero el Deportivo de la Coruña, de la mano de los Lendoiro, Bebeto, Mauro Silva, Donato, Fran, y el Bruxo Iglesias en el banquillo. Luego, el Valencia de Mendieta, Piojo López, Cañizares, Pellegrino, Aimar y otros, llevado al éxito sucesivamente por Cúper, Ranieri (que luego ocuparía el banquillo rojiblanco) y Rafa Benítez. Y, más recientemente, el papel de tercero en discordia ha sido brillantísimamente desempeñado por el Sevilla que parieron entre el ínclito Del Nido, el eficacísimo Monchi y el diligente Juande Ramos, y cuyas figuras siguen, en su mayoría, aún en el primer equipo.

Cualquiera de estas tres escuadras ha acumulado en los últimos dos decenios más éxitos que el conjunto atlético, tanto dentro como fuera de España y, lo que es más importante, realizando esfuerzos económicos mucho menos onerosos, aplicando con tino la política del compra barato, vende caro, y sin despilfarrar los recursos brindados por los derechos de televisión, u otros salidos de la fortuna de la familia Gil, cuya procedencia desconozco. El equipo del Manzanares, desde 1990, se ha alzado con una liga y tres copas del Rey, pasando inédito por Europa. Sevilla y Valencia han ganado en este período títulos europeos, además de ligas (sólo Valencia) y Copas del Rey y supercopas (de España y de Europa).

La pléyade de jugadores y entrenadores (más de treinta) que han desfilado por el Vicente Calderón sí que es, en verdad, galáctica, por lo rutilante y por lo extensa a la vez: mérito íntegro de Jesús Gil, quien condenó al club, una vez desmanteladas sus categorías inferiores (de las que salió un tal Raúl, a la postre pesadilla atlética), a ser comprador a perpetuidad (la más sonada excepción, para más INRI, ha sido Fernando Torres, perla canterana y buque insignia, uno de los mejores delanteros del continente... desde que emigró al Liverpool de Benítez). Pero el rendimiento dado a cambio ha resultado ser (no ya sólo en relación a Real Madrid y Barcelona, sino al resto), con perdón del adjetivo, paupérrimo. Quizá no tanto en términos absolutos, pues al fin y al cabo se han logrado varios títulos importantes, sino relativos a la gigantesca inversión realizada (¿de dónde ha salido tantísimo dinero?). Y ojo, no hay que olvidar que los éxitos rojiblancos se remontan a los tiempos del mejor Paulo Futre, de los últimos años de Bernd Schuster, o del mejor momento de jugadores como Kiko Narváez, José Luis Pérez Caminero (una perlita de la cantera merengue), Pantic, Simeone, Abel Resino (ahora llamado a sacar las castañas del fuego) y otros, en el año del doblete con Radomir Antic en el banquillo. Desde entonces, rien de rien.

¿Causas? Ay, si fueran sencillas, no existirían los males atléticos. Me limitaré, pues, a opinar desde mi humildísimo criterio. Y éste me sugiere, a bote pronto, tres explicaciones, en absoluto excluyentes, siendo consciente el arriba firmante de que, con toda seguridad, la realidad será muchísimo más compleja.

La primera es la moral. No hablo de la afición, sobradamente merecedora de matrícula de honor en el aspecto anímico, sino de los futbolistas, que parecen, desde hace años, incapaces de creerse grandes y llamados a hacer cosas importantes. Ranieri, por ejemplo, ya se quejaba airadamente de ello en sus ruedas de prensa, en las que afirmaba que sin c...s no era posible ganar. Y este mal se mantiene, tómese si no esta temporada como ejemplo: arranque espectacular en España y en Europa, aupados por los goles de una delantera temible, de nuevo respetados por todos, y de pronto: ¡pum! las derrotas ante Barcelona y Real Madrid, inapelable la primera, irritante (supongo) la segunda, dejan al equipo groggy. Y así sigue. Sin levantar cabeza, eliminado de la Copa y con los octavos de Champions a la inquietante vuelta de la esquina.

La segunda, el anhelo de resultados inmediatos, la urgencia propia de un club comprador, que tiene la imperiosa (sin segundas intenciones) necesidad de rentabilizar a muy corto plazo los fichajes realizados y el dinero invertido. Paciencia cero, perspectiva cero, no se deja hacer a los entrenadores o a los jugadores. Y sin confianza es muy difícil progresar. Cruyff necesitó dos largos años para convertir al Barcelona en un equipo campeón, pero tuvo a su lado la fe y la confianza inquebrantables de quienes creyeron en su proyecto. Y ahí quedarán sus números de 1990 a 1994, con todas las matizaciones que se les quiera (y pueda) poner. El vasco Aguirre ha sido uno de los técnicos atléticos que han contado con mayor margen de crédito en ese sentido, pero otros apenas han durado semanas en el banquillo o, peor aún, han sido cesados sólo porque la marcha del equipo no era todo lo buena que se esperaba (en esto, y en Madrid, el Atlético no tiene la exclusiva, ciertamente). Sin embargo, y en términos puramente estadísticos, es más que probable que la impaciencia haya truncado más de una buena oportunidad de alcanzar logros acordes con la historia del equipo y con los esfuerzos realizados.

Y por fin, la política de cantera también puede tener su parte de culpa, especialmente la ya comentada decisión de Jesús Gil. ¿Qué habría pasado si Raúl hubiese sido atlético? ¿Habría triunfado como lo ha hecho en el Madrid, o se habría visto forzado a hacer las maletas, como Torres? Se admiten apuestas. Yo me callo. A todo esto, naturalmente, habría que añadir lo que pudo ocurrir a nivel institucional en los tiempos del emblemático y difunto Gil. Eso queda en manos de jueces y letrados, pero sin duda puede tener su parte de culpa para explicar un panorama tan inestable y, a la vez, desestabilizador.

En cualquier caso, y sea como sea, el Atlético de Madrid es lo más parecido que conozco a un insaciable horno crematorio donde se reducen a cenizas, año tras año, las ilusiones y esperanzas de la más fiel, sufrida y sufridora, y por ello meritoria, afición de este país. La hinchada del atleti es la única en España que da verdadero sentido y significado a la palabra FE, con mayúsculas, tal y como proclama Sabina en su nuevo himno (Motivos de un sentimiento), pues siempre está ahí, al lado de los suyos, incondicional, devota, y entregada, pese a lo que pese (que no es poco pesar). Y esa fe, como el Ave Fénix o el Espíritu del Bosque (en Fantasia 2000 y a los acordes de Stravinsky), increíblemente, toma cuerpo cada año a partir de sus propias cenizas. De otra manera, y posiblemente, ni siquiera existiría ya el club. Quizá sea un buen momento para reflexionar, para cuestionarse de verdad, y por encima de intereses particulares, qué demonios está pasando junto al río Manzanares. Por más que ya han habido demasiadas ocasiones para ello.

Lo peor de todo es que los seguidores colchoneros, víctimas de su eterna blancofobia, se han visto obligados a recurrir a ella como principal fuente de satisfacciones, limitados a disfrutar más y mejor con las desdichas del eterno rival capitalino (cuando las ha habido) que con sus propios éxitos. Entiendo que sería mucho más provechoso, y sobre todo útil, canalizar esas energías en el bien propio que en el mal ajeno, por muy odiado y odioso que pueda resultar el oponente, pero no soy yo quién para decirle al prójimo lo que debe hacer con su testosterona y su adrenalina. Que cada cual las emplee como quiera, faltaría más. Eso sí: si algo semejante no es triste de verdad, que venga Dios y lo vea.

He dicho.

lunes, 2 de febrero de 2009

¡Otra perlita!

En mi última entrada, comentaba que en estos meses de silencio por mi parte, los de la prensa (es un decir) culé no han parado de lanzar lindezas y exabruptos por la bocaza. Como hoy es festivo en las islas (festividad de la patrona de Canarias, virgen morena de Candelaria) y dispongo de algo de tiempo, dedicaré unas líneas a las simplonadas con las que Josep "Coldplay" González, subdirector del Sport, y fiel secuaz del siempre "verdadero" (y, by the way, racista) Josep María Casanovas, ha tenido a bien obsequiarnos tal día como hoy. Su columna, como todas las suyas rebosante de literatura y buen gusto, lleva por título Barcelonismo, barcelonitis y madriditis. Entresacaré las siguientes frases:

* Cuesta horrores (...) no mirar de reojo a nuestro acérrimo enemigo de Concha Espina y disfrutar al ver cómo deportivamente están varios pasos atrás y cómo reina el caos directivo e institucional.

* ... debemos dar muestras de señorío y respeto, (...) y no de apuntillar a un Madrid que yace agonizante y de rodillas en el ruedo.

* Cuesta horrores morderse la lengua y (...) no responder a los ataques de barcelonitis ni a las campañas fantasmas para fichar a tal o cual jugador.

Ante las cuales comentaré lo siguiente:

* Las dos primeras frases constituyen sendos y prístinos ejemplos de madriditis, preñadas hasta la obscenidad de desprecio y, por lo tanto, carentes del respeto que se pretende simular. En este sentido, el señor González se comporta como (es un ejemplo como otro cualquiera) el cura pederasta que desde el púlpito predica aquello de dejad que los niños se acerquen a mí.

* Las campañas fantasmas para fichar a jugadores del Barcelona (Messi ha sido el caso más reciente) han sido invención de la prensa culé (consúltese la columna donde Casanovas lanza su gitanada), las cuales fueron recogidas por la prensa de Madrid, y ello bastó para desatar los truenos en la capital del Principado. Consúltese también la entrada del 27 de enero pasado en La Libreta de Van Gaal. La culminación de tanta solemne soplagaitez fue obra del ínclito Joan Laporta quien, como buen y ejemplar nacionalista, tuvo que lanzar su famosa y victimista perorata en la que acusaba al Real Madrid (¿¿??) de intentos de desestabilización, empleando para ello dinero de todos los españoles, especialmente de los catalanes. ¡Con dos gónadas!

* Una última reflexión obligada: si el Real Madrid está poco menos que a las puertas de la muerte, siendo segundo clasificado de la Liga española, y a seis puntos del tercero (Sevilla F.C.), entonces... ¿qué cabe decir del resto de equipos (Sevilla, Villareal, Atlético, Valencia, etc.)? ¿La Santa Compaña, quizás?

Tan sólo al final de su ejemplar columna, el señor González se cura un poco en salud:

* Sabemos, por experiencia, que las crisis Barça-Madrid, Madrid-Barça van y vienen como el Puente Aéreo y que, como ha dicho el propio Guardiola, el prestigio cuesta mucho ganarlo y poco perderlo. (...) Y algún día volveremos a ser feos...

En resumidas cuentas, el poco sentido común de Josep González depende directamente del que demuestra Pep Guardiola, bastante más sensato, mesurado y ecuánime que el columnista, por extensión y en contra de su propio criterio, afectado de madriditis galopante, enfermo hasta la médula de barcelonitis profunda, y completamente exento del barcelonismo con seny que reclama para sí y que encima, y desvergonzadamente, recomienda a sus lectores. Todo esto lo dice alguien que ni es, ni al parecer nunca será, guapo.

He dicho.

viernes, 30 de enero de 2009

El presidente maldito

Hacía tanto tiempo que no me asomaba a estas páginas, que casi ni me acuerdo de cómo se escribe. Los motivos de la inactividad hans sido tres: (i) si tuviera que meterme con la sobrada prepotencia de que están haciendo gala los medios culés, saldría a entrada diaria, y hay quien eso lo hace mucho mejor que yo (léanse si no La Libreta de Van Gaal); (ii) la falta de comentarios a este blog van quitando, poco a poco, las ganas de decir cosas nuevas, y (iii) he estado ocupado, si bien éste último es el menor de los motivos. Haré, no obstante, el esfuerzo, siempre a petición popular (siempre procedente de la misma persona), de dejar constancia de mi opinión acerca de Ramón Calderón, hasta hace bien poco presidente del Real Madrid, sacrificado, muerto, y cuando parecía que sepultado, de nuevo resucitado de entre los muertos por la mano mágica de Angel María Villar, dios todopoderoso, que no eterno. Gracias a Dios.

Ramón Calderón, otrora especialista en reventar asambleas contrarias a los intereses de los presidentes a cuyo amparo medró, se ha visto (ironías de la vida) puesto de patitas en la calle por una asamblea de socios que ha resultado ser el oprobio del madridismo, con personajes salidos de sabe-Dios-dónde, muy dignos del pseudoperiodismo basura que tanto encandila hoy a muchos de nuestros borregos conciudadanos, pero absolutamente indignos de un club que (por ahora) pertenece a sus socios y cuyo buque insignia, la primera plantilla de fútbol, ha sido distinguido con la calificación de mejor equipo del siglo XX. La llegada a la presidencia del Real Madrid fue producto de la denuncia del voto por correo, que habría dado la victoria a Juan Palacios, mi favorito en 2006, no por él mismo, sino por llevar a su lado a José Antonio Camacho, y por ser la única candidatura cuyos posibles fichajes no sonaban a cuento de hadas. Eso puso desde el primer día a Calderón y a su equipo en el punto de mira de algunos, que confiaban en dirigir al Madrid desde la sombra y que vieron sus esperanzas frustradas.

Y lo curioso del asunto es que, después de todo y en lo estrictamente deportivo, Calderón y los suyos no lo hicieron mal del todo. Dos ligas en dos años no es precisamente mérito despreciable. La primera a la heroica, por méritos propios y ayudados generosamente por la indolencia del FC Barcelona, vigente campeón de Liga y Champions por aquel entonces. Y la segunda con muchísima más autoridad, y con un juego a ratos brillante, a ratos decepcionante, pero sin duda muy efectivo. A esto hay que sumar el haber hecho una buena limpieza de vestuario y haberse desprendido de las últimas rémoras de la época de las "vedettes" florentinas. En su lugar llegaban jugadores de clase media, currantes de la camiseta, con todo por ganar, y dueños del entusiasmo que habían perdido los "galácticos", ya de vuelta de todo. Los principales deméritos de este bienio también han sido, no obstante, importantes, con sendos ridículos en la Copa del Rey y con una sensación de impotencia en Europa no vista desde hacía más de un década. Y así llegamos a la temporada actual, en la que la gestión de la plantilla ha sido nefasta, apostando a CR7 ganador y fallando en el empeño, sin un plan alternativo y reforzando hasta la saturación la parcela de la plantilla en teoría más solvente: el medio campo. Y peor aún, sin desprenderse de algunas rémoras importantes (verbigracia Cannavaro, Saviola o Míchel Salgado, todo un ejemplo éste último de amor al club, pero ya demasiado mayorcito). Resultado: lesionados Van "the man" Nistelrooy y Mahmadou Diarrà (no digamos el susto de De la Red), el equipo se ha visto cojo y manco y, lo que es peor aún, en manos de un entrenador (Schuster) muy ducho en navegar con viento da de popa, pero cuando es al revés... Cuatro partidos bastaron para destapar la Caja de Pandora en Concha Espina. Y Schuster fue el primero en coger las maletas. Merecidamente.

Pero claro, hasta aquí lo estrictamente deportivo. Calderón es responsable de ello en tanto que último mandatario del club, pero no directamente, pues no fue él quien tomó las decisiones exclusivamente deportivas. Un mérito por su parte, vale. Pero hay más, claro está. En la parcela presidencial, a Calderón le ha perdido su propia bocaza. Ingenua hasta la ñoñez para unos, malvada y mentirosa para otros. Si se trata de una u otra, no lo sé. Pero calladito habría estado infinitamente más guapo. Desde las promesas incumplidas de Kaká y Cesc (Robben sí que vino, aunque con retraso y lesionado), hasta el cabreo por la foto de Florentino Pérez con Zidane y Ronaldo (¿a cuenta de qué salir en la radio vociferando por eso?), concluyendo en sus inútiles protestas de inocencia a propósito de la famosa asamblea de socios que acabó siendo su cadalso. Todo ello sin duda por la necesidad de reivindicarse ante aquellos que le ponían en la picota por la forma en que accedió al cargo de presidente. Pero haciendo siempre gala de una torpeza evidente para todos, menos, al parecer, para él mismo. Sus patéticas intervenciones en "El Larguero" a requerimiento de José Ramón de la Morena acababan siendo como el duelo culminante a espada de Stewart Granger y Mel Ferrer en Scaramouche: a estocada limpia el primero, retrocediendo y sangrante el segundo, cubriéndose como buenamente podía. Y encima, dando las gracias por ello. ¡Toma ya!

Claro que a todo esto ha contribuido el dulce momento que atraviesa el F.C. Barcelona de la mano de Pep Guardiola (que no de Laporta, siempre victimista, esperpéntico y patético), jaleado, loado e incluso ladrado hasta la náusea por los tabloides del Principado. Los números del Real Madrid a día de hoy no son malos, en absoluto, pese al pobre juego exhibido. Tan sólo ocurre que los del Barcelona son extraordinarios, absolutamente fuera de lo corriente. Y aunque la consecución de la Liga de fútbol por parte del Madrid parece hoy irrealizable, salvo hecatombre blaugrana, este equipo está obligado a poner la vista en miras altas, siempre. Cuando el Real Madrid ganó las Ligas de Campeones en los años 1998 y 2000, lo hizo contra todo pronóstico, acuciado en la liga doméstica con muchos y no pocos problemas, y en manos de un presidente infame, bastante más que el recién dimitido. Lo mejor que le puede pasar a este equipo es que se le dé por muerto, que no esté en el ojo del huracán, que no llame la atención, que sea la víctima propiciatoria, ya que es entonces cuando saca lo mejor de sí mismo, libre de presiones mayores.

Y por fin, mención aparte el entorno propio. Los que, camuflados en el palco del Bernabéu, esperaban como buitres a que Calderón y su junta cayesen víctimas de sus propios errores para retomar lo que nunca quisieron perder. Esos mismos que, según parece, son los preferidos del socio, recogerán como fruta madura el favor perdido, gracias a la torpeza infinita de Calderón (sólo igualada, y a veces largamente superada, por la del presidente del gobierno de España), a sus manejos para llegar a la presidencia, y a la mala gestión deportiva en el presente curso. Miedo me da de volver a repetir errores galácticos del pasado. Mucho miedo. Tan sólo me aferro a la esperanza de que, en caso de regresar, algo hayan aprendido del pasado. Pero por lo pronto, ya tienen lo que deseaban: sus pecados en el olvido, y la nostalgia galáctica, como suave bálsamo que lo perdona todo. Muy propio de ésta nuestra naturaleza española, tan irremediablemente suicida, cateta, olvidadiza, acrítica, resultadista y veleidosa.

Todo ello, además de venirle de perlas a los mencionados plumíferos, ha servido para que el diario MARCA, cuyos números iban en picado un día sí y otro también a manos de su competencia del grupo PRISA (cuyo ridículo, dicho sea de paso, ha sido mayúsculo, empezando por el propio de la Morena), haya cogido aire; para que periódico El Mundo haga tres cuartos de lo mismo, y para la reivindicación de José Antonio Abellán, director de deportes de la cadena COPE (asistido en sus tertulias nocturnas por otro avechucho de cuidado: Pepe Carazote, ahí es nada), quienes desde el primer momento se alinearon en contra de Calderón. Me queda la oscura duda de a quién servían sus intereses. Tengo meridianamente claro que el bien del madridismo les importaba y les importa bien poco, y no porque Calderón haya sido el paradigma del buen presidente, ni muchísimo menos, reléase si no este post desde el comienzo.

¿Qué será de este club? Sólo Dios lo sabe. Porque, para empezar, al interino Vicente Boluda (más valenciano imposible) no se le ha ocurrido sino convocar las elecciones para finales de julio, en lugar de hacerlo para mayo, condenando así al presidente entrante, a su junta y, por supuesto, al primer equipo de fútbol a la más absoluta incertidumbre y a la pura y simple improvisación. No está mal para empezar. Pero en fin, en esto como en todo, el tiempo dirá.

He dicho.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Dos caras

De pequeño, como cualquier otro hijo de vecino, devoraba los cómics con la pasión propia de la edad... y de la época, todo hay que decirlo (porque eso de leer, lamentablemente, ha caído en desuso, así les va a las generaciones de nuevos estudiantes, véase informe PISA, por ejemplo). Desde Pumby y los personajes de Disney en la más tierna infancia, pasando por Mortadelo y Filemón, Anacleto (agente secreto), el Capitán Trueno y el Jabato después, y desembocar luego en el universo Marvel (Thor, La Masa, Patrulla X, Conan, etc.). Las posibilidades para elegir eran muchas, muchísimas. Tristemente (o no), bastantes más que el dinero necesario para poder comprar todo aquello por lo que uno suspiraba. A estas alturas de la vida, complace ver que muchos de aquellos héroes de entonces han saltado, y siguen haciéndolo, a la gran pantalla. Gracias a ello, entre otras cosas, uno puede, bien que tardíamente, conocer otros mitos del papel (ahora del celuloide) y el mundo en el que se movían. Batman es uno de esos casos. No me atrajo mucho en su día, pero las películas (unas mejores que otras, ciertamente) me han permitido vislumbrar lo que me perdí entonces.

Uno de los aspectos más fascinantes de las historias del Hombre-murciélago es, sin duda, la maravillosa construcción de sus antagonistas, esa colección de villanos, cada uno con su propio savoir faire, su estilo, su método, su terrible eficacia. O no tan terrible, después de todo, porque ahí está el héroe alado para desbaratar sus más arteros planes. De todos ellos, (Joker, Pingüino, Poison Ivy, Ed Nygma...) me llama poderosamente la atención la figura de Two-face/Dos Caras, interpretado por Tommy Lee Jones en Batman Forever (1995) y más recientemente por Aaron Eckhart en El Caballero Oscuro (2007). Las dos caras de la moneda como arma, el azar como rector del destino, la dicotomía asesina, la elección diabólica... Fascinante.

Claro que hay otras personas (reales y ficticias) que muy bien podrían encajar en un perfil análogo. Una de ellas es Josep Pedrerol. Hasta el año pasado, presentador del programa "Club de Fútbol" en la 2 de TVE, junto a Hugo "Loco" Gatti, para ofrecer los resúmenes de los partidos de la jornada. Me gustaba su estilo, que combinaba el desenfadado con el análisis, con frecuencia no muy riguroso, a cargo del propio Loco o de los invitados al programa. Como presentador de un programa de ámbito nacional, se le exigía que cumpliese con el guión mínimo: exquisita neutralidad y corrección. Y el hombre, hasta ese punto, cumplió con su cometido. Pero el susodicho tiene otra cara que es, cómo no, la de colaborador del diario Sport de Barcelona, donde escribe su columna que lleva por título Punto pelota.

Como columnista, no dice las verdades de Casanovas, ni posee la fina elegancia de Carazo, o la gentil sutileza de Batlle; no sentencia con la firmeza de un Pérez de Rozas, o es tan frío como Mascaró, ¡qué va! Tampoco se apunta al tele-trabajo, como Fonalleras. Lo suyo, en el más puro sentido de la palabra, es ser pajillero, es decir, meter la pajita en el ojo ajeno, entiéndase ojo madridista. Porque el amigo Pedrerol, tan exquisito en la pantalla doméstica (lo de pequeña pantalla también va quedando atrás) nos regala joyas como su columa de hoy en su tabloide favorito, titulada (¡oh, sublime inspiración!) El Barça y la crisis del Madrid. Original, ¿verdad? En ella, escribe un hermoso cuentito que implica al presidente de Esquerra Republicana de Catalunya (otro fino estilista, él) y sus apetitos futboleros, así como su patología crónica, común a casi todos los culés: la blancofobia obsesivo-compulsiva. ¡Oh, qué mal lo están pasando! Me gusta, ¡sí, me encanta!

Así que el rostro que muestra Pedrerol depende del medio en el que se nos aparece a los mortales, como la moneda del villano de Gotham. Si sale cara, no pasa nada, si sale cruz, odio la luz. ¿Qué camino elegiré? Y yo qué sé. Según quien me paga, así pondré la cara. ¿Qué lado te gusta más, santo Tomás? Estoy quemado por una parte, y no entiendo de arte, así que ¿qué haré? Ah, ya lo sé: tiraré la moneda, y veremos en qué queda. Como presentador, seré todo un amor. En mi columna de opinión, todo un histrión.

Que siga la fiesta, ¿verdad, "Dos Caras"? Por si lo has olvidado, recuerda, Josep: el Hombre-murciélago nunca descansa. Y siempre vence.

He dicho.

sábado, 8 de noviembre de 2008

¡Qué asco!

Si me quedaba alguna pizca de respeto por el, llamémosle así, periódico "Mundo Deportivo" de Barcelona, esta mañana ha saltado en añicos, como si hubiera sufrido el impacto directo de un misil tierra-tierra, ¡Bum! De camino al mercado local, tirando de mi carrito de la compra, me he asomado al estanco de revistas que me pilla de camino. Como ya he dicho en alguna ocasión, raramente compro la prensa deportiva, pero siempre echo una ojeada rápida a las portadas. Y hoy, en el susodicho tabloide aparece esto, en primera página:

¿Que de qué va? Pues sencillo. A José María Gutiérrez, "Guti", centrocampista del Real Madrid, le da por celebrar su cumpleaños en compañía de su legítima y de algunos amigos. La cosa acaba a altas horas de la madrugada. El jugador es cazado por los reporteros de la prensa rosa y escapa apresuradamente de ellos, entre fogonazos de flashes, y profiriendo alguna que otra palabra subida de tono.

El vídeo del evento ha sido, cómo no, puesto a la entera disposición de los internautas en ambos medios de la ciudad condal, en sus respectivas ediciones digitales. Y los señores del Mundo Deportivo han hecho de esto nada menos que su portada. Nada más ni menos.

La cosa sorprende hasta dejar atónito, y por variadas razones. La primera y más evidente es: ¿qué interés hay en presentar (o, como dirían en su jerga, hacerse eco de) esta "noticia"? Evidentemente, dañar al propio jugador y al club para el que juega, el eterno y acérrimo enemigo. Queda, pues, de manifiesto que en esto todo vale, que los medios de Barcelona no son sino meras extensiones de un club de fútbol, y que no dudan en hacer el trabajo más sucio, miserable y rastrero que, quizás, el propio club de procedencia desearía pero no se atrevería a hacer. El momento es, sin duda, inmejorable: el Barça acaba de alcanzar el liderato de la liga (por sus propios méritos, indudablemente), el Real Madrid acaba de sufrir dos malos resultados: empate en Almería y derrota en casa ante la Juve de Turín en Champions, dos de sus jugadores clave (Van Nistelrooy y Robben) sufren sendas lesiones que les tendrán varias semanas apartados de los terrenos de juego, justo cuando llegan momentos cruciales de la temporada y Schuster comienza a ser cuestionado dentro y fuera del club. Más a güevo, imposible. Momento oportuno para echar mano del camión de estiércol.

La segunda razón es que estos mismos medios que ahora airean, entre timbales y cornetas, una salida nocturna de un jugador del Madrid son exactamente los mismos que, tiempo atrás, apoyaron y taparon, con su zorruno silencio cómplice, el desenfreno nocturno de unos tales Ronaldinho y Deco. Desenfreno que, por supuesto, no dudaron en sacar a la luz pública, como las sábanas del niño que sufre de micciones nocturnas, cuando el rendimiento de los jugadores había caído por los suelos, arrastrando con ello al resto del equipo, y los afectados dejaron de ser los niños bonitos blaugranas para convertirse en foco de todos los ataques y causas de todas las desgracias del pobrecito Barça.

Vergonzoso. Y a la vez desvergonzado. O canalla. Que también.

Cuánta miseria, cuánta basura, Dios de mi vida. Qué asco me dan, ¡rediós!

¡Qué asco!

He dicho.