Ni siquiera la muerte podrá separarnos ...

martes, 3 de febrero de 2009

Crematorio de ilusiones

Por una vez, y quizá sirviendo de precedente, no voy a dedicar tiempo a los tabloides de Barcelona. Ya va siendo hora de ampliar un poco las miras. El tema del post de hoy viene marcado por el aún candente cese de Javier Aguirre como técnico del Atlético de Madrid, después de un inicio de año con muchas más decepciones que alegrías para la parroquia rojiblanca. No es mi propósito ensañarme con los atléticos, pues no suelo guardar hacia ellos profundas animadversiones. Me gustaría que la cosa también funcionase al revés, pero algo semejante sería como pedirle a un cocotero que dé almendras, a un olivo que rinda dátiles o, como todos estamos más acostumbrados a oír, solicitar peras de un olmo. Tan sólo expresar aquí algunos hechos, y alguna que otra pequeña reflexión que, no por conocida, deja de ser menos intrigante.

Los hechos no son difíciles de describir. Pocas veces en la historia reciente del fútbol se ha visto un caso como el del club de la ribera del Manzanares, con un equipo de fútbol capaz de defraudar tantas y tan sonadas veces, una temporada tras otra, las expectativas de su afición. Hay, desde luego, quien supera sus registros negativos. El Inter de Milán, por ejemplo, cosechó en Italia y fuera de ella aún muchos y más importantes fracasos durante décadas (ahora vuelve a ser alguien, eso sí: aprovechando el hueco dejado por los escándalos de la Juve y el envejecimiento de la plantilla del A.C. Milan), con una diferencia: normalmente los neroazzurri no faltaban a la pomada europea, mientras que el Atlético se ha visto abocado incluso al pozo de la segunda división. Pero vamos a lo que vamos.

No hace falta recorrer toda la historia del club colchonero, tan sólo basta con centrarse en lo que han dado de sí las últimas dos décadas, coincidiendo con la llegada de las televisiones privadas al escenario futbolístico y la brutal inyección monetaria que supuso para los clubes de fútbol. Las grandes estrellas balompédicas dejaron, pues, de ser patrimonio exclusivo de los dos de siempre, y la crecida capacidad adquisitiva de los equipos de la primera división convirtió paulatinamente a la competición liguera patria en la más importante del mundo, superando a las ligas inglesa e italiana. Eso también supuso, lógicamente, la presencia de más comensales serios al pastel liguero. Primero el Deportivo de la Coruña, de la mano de los Lendoiro, Bebeto, Mauro Silva, Donato, Fran, y el Bruxo Iglesias en el banquillo. Luego, el Valencia de Mendieta, Piojo López, Cañizares, Pellegrino, Aimar y otros, llevado al éxito sucesivamente por Cúper, Ranieri (que luego ocuparía el banquillo rojiblanco) y Rafa Benítez. Y, más recientemente, el papel de tercero en discordia ha sido brillantísimamente desempeñado por el Sevilla que parieron entre el ínclito Del Nido, el eficacísimo Monchi y el diligente Juande Ramos, y cuyas figuras siguen, en su mayoría, aún en el primer equipo.

Cualquiera de estas tres escuadras ha acumulado en los últimos dos decenios más éxitos que el conjunto atlético, tanto dentro como fuera de España y, lo que es más importante, realizando esfuerzos económicos mucho menos onerosos, aplicando con tino la política del compra barato, vende caro, y sin despilfarrar los recursos brindados por los derechos de televisión, u otros salidos de la fortuna de la familia Gil, cuya procedencia desconozco. El equipo del Manzanares, desde 1990, se ha alzado con una liga y tres copas del Rey, pasando inédito por Europa. Sevilla y Valencia han ganado en este período títulos europeos, además de ligas (sólo Valencia) y Copas del Rey y supercopas (de España y de Europa).

La pléyade de jugadores y entrenadores (más de treinta) que han desfilado por el Vicente Calderón sí que es, en verdad, galáctica, por lo rutilante y por lo extensa a la vez: mérito íntegro de Jesús Gil, quien condenó al club, una vez desmanteladas sus categorías inferiores (de las que salió un tal Raúl, a la postre pesadilla atlética), a ser comprador a perpetuidad (la más sonada excepción, para más INRI, ha sido Fernando Torres, perla canterana y buque insignia, uno de los mejores delanteros del continente... desde que emigró al Liverpool de Benítez). Pero el rendimiento dado a cambio ha resultado ser (no ya sólo en relación a Real Madrid y Barcelona, sino al resto), con perdón del adjetivo, paupérrimo. Quizá no tanto en términos absolutos, pues al fin y al cabo se han logrado varios títulos importantes, sino relativos a la gigantesca inversión realizada (¿de dónde ha salido tantísimo dinero?). Y ojo, no hay que olvidar que los éxitos rojiblancos se remontan a los tiempos del mejor Paulo Futre, de los últimos años de Bernd Schuster, o del mejor momento de jugadores como Kiko Narváez, José Luis Pérez Caminero (una perlita de la cantera merengue), Pantic, Simeone, Abel Resino (ahora llamado a sacar las castañas del fuego) y otros, en el año del doblete con Radomir Antic en el banquillo. Desde entonces, rien de rien.

¿Causas? Ay, si fueran sencillas, no existirían los males atléticos. Me limitaré, pues, a opinar desde mi humildísimo criterio. Y éste me sugiere, a bote pronto, tres explicaciones, en absoluto excluyentes, siendo consciente el arriba firmante de que, con toda seguridad, la realidad será muchísimo más compleja.

La primera es la moral. No hablo de la afición, sobradamente merecedora de matrícula de honor en el aspecto anímico, sino de los futbolistas, que parecen, desde hace años, incapaces de creerse grandes y llamados a hacer cosas importantes. Ranieri, por ejemplo, ya se quejaba airadamente de ello en sus ruedas de prensa, en las que afirmaba que sin c...s no era posible ganar. Y este mal se mantiene, tómese si no esta temporada como ejemplo: arranque espectacular en España y en Europa, aupados por los goles de una delantera temible, de nuevo respetados por todos, y de pronto: ¡pum! las derrotas ante Barcelona y Real Madrid, inapelable la primera, irritante (supongo) la segunda, dejan al equipo groggy. Y así sigue. Sin levantar cabeza, eliminado de la Copa y con los octavos de Champions a la inquietante vuelta de la esquina.

La segunda, el anhelo de resultados inmediatos, la urgencia propia de un club comprador, que tiene la imperiosa (sin segundas intenciones) necesidad de rentabilizar a muy corto plazo los fichajes realizados y el dinero invertido. Paciencia cero, perspectiva cero, no se deja hacer a los entrenadores o a los jugadores. Y sin confianza es muy difícil progresar. Cruyff necesitó dos largos años para convertir al Barcelona en un equipo campeón, pero tuvo a su lado la fe y la confianza inquebrantables de quienes creyeron en su proyecto. Y ahí quedarán sus números de 1990 a 1994, con todas las matizaciones que se les quiera (y pueda) poner. El vasco Aguirre ha sido uno de los técnicos atléticos que han contado con mayor margen de crédito en ese sentido, pero otros apenas han durado semanas en el banquillo o, peor aún, han sido cesados sólo porque la marcha del equipo no era todo lo buena que se esperaba (en esto, y en Madrid, el Atlético no tiene la exclusiva, ciertamente). Sin embargo, y en términos puramente estadísticos, es más que probable que la impaciencia haya truncado más de una buena oportunidad de alcanzar logros acordes con la historia del equipo y con los esfuerzos realizados.

Y por fin, la política de cantera también puede tener su parte de culpa, especialmente la ya comentada decisión de Jesús Gil. ¿Qué habría pasado si Raúl hubiese sido atlético? ¿Habría triunfado como lo ha hecho en el Madrid, o se habría visto forzado a hacer las maletas, como Torres? Se admiten apuestas. Yo me callo. A todo esto, naturalmente, habría que añadir lo que pudo ocurrir a nivel institucional en los tiempos del emblemático y difunto Gil. Eso queda en manos de jueces y letrados, pero sin duda puede tener su parte de culpa para explicar un panorama tan inestable y, a la vez, desestabilizador.

En cualquier caso, y sea como sea, el Atlético de Madrid es lo más parecido que conozco a un insaciable horno crematorio donde se reducen a cenizas, año tras año, las ilusiones y esperanzas de la más fiel, sufrida y sufridora, y por ello meritoria, afición de este país. La hinchada del atleti es la única en España que da verdadero sentido y significado a la palabra FE, con mayúsculas, tal y como proclama Sabina en su nuevo himno (Motivos de un sentimiento), pues siempre está ahí, al lado de los suyos, incondicional, devota, y entregada, pese a lo que pese (que no es poco pesar). Y esa fe, como el Ave Fénix o el Espíritu del Bosque (en Fantasia 2000 y a los acordes de Stravinsky), increíblemente, toma cuerpo cada año a partir de sus propias cenizas. De otra manera, y posiblemente, ni siquiera existiría ya el club. Quizá sea un buen momento para reflexionar, para cuestionarse de verdad, y por encima de intereses particulares, qué demonios está pasando junto al río Manzanares. Por más que ya han habido demasiadas ocasiones para ello.

Lo peor de todo es que los seguidores colchoneros, víctimas de su eterna blancofobia, se han visto obligados a recurrir a ella como principal fuente de satisfacciones, limitados a disfrutar más y mejor con las desdichas del eterno rival capitalino (cuando las ha habido) que con sus propios éxitos. Entiendo que sería mucho más provechoso, y sobre todo útil, canalizar esas energías en el bien propio que en el mal ajeno, por muy odiado y odioso que pueda resultar el oponente, pero no soy yo quién para decirle al prójimo lo que debe hacer con su testosterona y su adrenalina. Que cada cual las emplee como quiera, faltaría más. Eso sí: si algo semejante no es triste de verdad, que venga Dios y lo vea.

He dicho.

lunes, 2 de febrero de 2009

¡Otra perlita!

En mi última entrada, comentaba que en estos meses de silencio por mi parte, los de la prensa (es un decir) culé no han parado de lanzar lindezas y exabruptos por la bocaza. Como hoy es festivo en las islas (festividad de la patrona de Canarias, virgen morena de Candelaria) y dispongo de algo de tiempo, dedicaré unas líneas a las simplonadas con las que Josep "Coldplay" González, subdirector del Sport, y fiel secuaz del siempre "verdadero" (y, by the way, racista) Josep María Casanovas, ha tenido a bien obsequiarnos tal día como hoy. Su columna, como todas las suyas rebosante de literatura y buen gusto, lleva por título Barcelonismo, barcelonitis y madriditis. Entresacaré las siguientes frases:

* Cuesta horrores (...) no mirar de reojo a nuestro acérrimo enemigo de Concha Espina y disfrutar al ver cómo deportivamente están varios pasos atrás y cómo reina el caos directivo e institucional.

* ... debemos dar muestras de señorío y respeto, (...) y no de apuntillar a un Madrid que yace agonizante y de rodillas en el ruedo.

* Cuesta horrores morderse la lengua y (...) no responder a los ataques de barcelonitis ni a las campañas fantasmas para fichar a tal o cual jugador.

Ante las cuales comentaré lo siguiente:

* Las dos primeras frases constituyen sendos y prístinos ejemplos de madriditis, preñadas hasta la obscenidad de desprecio y, por lo tanto, carentes del respeto que se pretende simular. En este sentido, el señor González se comporta como (es un ejemplo como otro cualquiera) el cura pederasta que desde el púlpito predica aquello de dejad que los niños se acerquen a mí.

* Las campañas fantasmas para fichar a jugadores del Barcelona (Messi ha sido el caso más reciente) han sido invención de la prensa culé (consúltese la columna donde Casanovas lanza su gitanada), las cuales fueron recogidas por la prensa de Madrid, y ello bastó para desatar los truenos en la capital del Principado. Consúltese también la entrada del 27 de enero pasado en La Libreta de Van Gaal. La culminación de tanta solemne soplagaitez fue obra del ínclito Joan Laporta quien, como buen y ejemplar nacionalista, tuvo que lanzar su famosa y victimista perorata en la que acusaba al Real Madrid (¿¿??) de intentos de desestabilización, empleando para ello dinero de todos los españoles, especialmente de los catalanes. ¡Con dos gónadas!

* Una última reflexión obligada: si el Real Madrid está poco menos que a las puertas de la muerte, siendo segundo clasificado de la Liga española, y a seis puntos del tercero (Sevilla F.C.), entonces... ¿qué cabe decir del resto de equipos (Sevilla, Villareal, Atlético, Valencia, etc.)? ¿La Santa Compaña, quizás?

Tan sólo al final de su ejemplar columna, el señor González se cura un poco en salud:

* Sabemos, por experiencia, que las crisis Barça-Madrid, Madrid-Barça van y vienen como el Puente Aéreo y que, como ha dicho el propio Guardiola, el prestigio cuesta mucho ganarlo y poco perderlo. (...) Y algún día volveremos a ser feos...

En resumidas cuentas, el poco sentido común de Josep González depende directamente del que demuestra Pep Guardiola, bastante más sensato, mesurado y ecuánime que el columnista, por extensión y en contra de su propio criterio, afectado de madriditis galopante, enfermo hasta la médula de barcelonitis profunda, y completamente exento del barcelonismo con seny que reclama para sí y que encima, y desvergonzadamente, recomienda a sus lectores. Todo esto lo dice alguien que ni es, ni al parecer nunca será, guapo.

He dicho.

viernes, 30 de enero de 2009

El presidente maldito

Hacía tanto tiempo que no me asomaba a estas páginas, que casi ni me acuerdo de cómo se escribe. Los motivos de la inactividad hans sido tres: (i) si tuviera que meterme con la sobrada prepotencia de que están haciendo gala los medios culés, saldría a entrada diaria, y hay quien eso lo hace mucho mejor que yo (léanse si no La Libreta de Van Gaal); (ii) la falta de comentarios a este blog van quitando, poco a poco, las ganas de decir cosas nuevas, y (iii) he estado ocupado, si bien éste último es el menor de los motivos. Haré, no obstante, el esfuerzo, siempre a petición popular (siempre procedente de la misma persona), de dejar constancia de mi opinión acerca de Ramón Calderón, hasta hace bien poco presidente del Real Madrid, sacrificado, muerto, y cuando parecía que sepultado, de nuevo resucitado de entre los muertos por la mano mágica de Angel María Villar, dios todopoderoso, que no eterno. Gracias a Dios.

Ramón Calderón, otrora especialista en reventar asambleas contrarias a los intereses de los presidentes a cuyo amparo medró, se ha visto (ironías de la vida) puesto de patitas en la calle por una asamblea de socios que ha resultado ser el oprobio del madridismo, con personajes salidos de sabe-Dios-dónde, muy dignos del pseudoperiodismo basura que tanto encandila hoy a muchos de nuestros borregos conciudadanos, pero absolutamente indignos de un club que (por ahora) pertenece a sus socios y cuyo buque insignia, la primera plantilla de fútbol, ha sido distinguido con la calificación de mejor equipo del siglo XX. La llegada a la presidencia del Real Madrid fue producto de la denuncia del voto por correo, que habría dado la victoria a Juan Palacios, mi favorito en 2006, no por él mismo, sino por llevar a su lado a José Antonio Camacho, y por ser la única candidatura cuyos posibles fichajes no sonaban a cuento de hadas. Eso puso desde el primer día a Calderón y a su equipo en el punto de mira de algunos, que confiaban en dirigir al Madrid desde la sombra y que vieron sus esperanzas frustradas.

Y lo curioso del asunto es que, después de todo y en lo estrictamente deportivo, Calderón y los suyos no lo hicieron mal del todo. Dos ligas en dos años no es precisamente mérito despreciable. La primera a la heroica, por méritos propios y ayudados generosamente por la indolencia del FC Barcelona, vigente campeón de Liga y Champions por aquel entonces. Y la segunda con muchísima más autoridad, y con un juego a ratos brillante, a ratos decepcionante, pero sin duda muy efectivo. A esto hay que sumar el haber hecho una buena limpieza de vestuario y haberse desprendido de las últimas rémoras de la época de las "vedettes" florentinas. En su lugar llegaban jugadores de clase media, currantes de la camiseta, con todo por ganar, y dueños del entusiasmo que habían perdido los "galácticos", ya de vuelta de todo. Los principales deméritos de este bienio también han sido, no obstante, importantes, con sendos ridículos en la Copa del Rey y con una sensación de impotencia en Europa no vista desde hacía más de un década. Y así llegamos a la temporada actual, en la que la gestión de la plantilla ha sido nefasta, apostando a CR7 ganador y fallando en el empeño, sin un plan alternativo y reforzando hasta la saturación la parcela de la plantilla en teoría más solvente: el medio campo. Y peor aún, sin desprenderse de algunas rémoras importantes (verbigracia Cannavaro, Saviola o Míchel Salgado, todo un ejemplo éste último de amor al club, pero ya demasiado mayorcito). Resultado: lesionados Van "the man" Nistelrooy y Mahmadou Diarrà (no digamos el susto de De la Red), el equipo se ha visto cojo y manco y, lo que es peor aún, en manos de un entrenador (Schuster) muy ducho en navegar con viento da de popa, pero cuando es al revés... Cuatro partidos bastaron para destapar la Caja de Pandora en Concha Espina. Y Schuster fue el primero en coger las maletas. Merecidamente.

Pero claro, hasta aquí lo estrictamente deportivo. Calderón es responsable de ello en tanto que último mandatario del club, pero no directamente, pues no fue él quien tomó las decisiones exclusivamente deportivas. Un mérito por su parte, vale. Pero hay más, claro está. En la parcela presidencial, a Calderón le ha perdido su propia bocaza. Ingenua hasta la ñoñez para unos, malvada y mentirosa para otros. Si se trata de una u otra, no lo sé. Pero calladito habría estado infinitamente más guapo. Desde las promesas incumplidas de Kaká y Cesc (Robben sí que vino, aunque con retraso y lesionado), hasta el cabreo por la foto de Florentino Pérez con Zidane y Ronaldo (¿a cuenta de qué salir en la radio vociferando por eso?), concluyendo en sus inútiles protestas de inocencia a propósito de la famosa asamblea de socios que acabó siendo su cadalso. Todo ello sin duda por la necesidad de reivindicarse ante aquellos que le ponían en la picota por la forma en que accedió al cargo de presidente. Pero haciendo siempre gala de una torpeza evidente para todos, menos, al parecer, para él mismo. Sus patéticas intervenciones en "El Larguero" a requerimiento de José Ramón de la Morena acababan siendo como el duelo culminante a espada de Stewart Granger y Mel Ferrer en Scaramouche: a estocada limpia el primero, retrocediendo y sangrante el segundo, cubriéndose como buenamente podía. Y encima, dando las gracias por ello. ¡Toma ya!

Claro que a todo esto ha contribuido el dulce momento que atraviesa el F.C. Barcelona de la mano de Pep Guardiola (que no de Laporta, siempre victimista, esperpéntico y patético), jaleado, loado e incluso ladrado hasta la náusea por los tabloides del Principado. Los números del Real Madrid a día de hoy no son malos, en absoluto, pese al pobre juego exhibido. Tan sólo ocurre que los del Barcelona son extraordinarios, absolutamente fuera de lo corriente. Y aunque la consecución de la Liga de fútbol por parte del Madrid parece hoy irrealizable, salvo hecatombre blaugrana, este equipo está obligado a poner la vista en miras altas, siempre. Cuando el Real Madrid ganó las Ligas de Campeones en los años 1998 y 2000, lo hizo contra todo pronóstico, acuciado en la liga doméstica con muchos y no pocos problemas, y en manos de un presidente infame, bastante más que el recién dimitido. Lo mejor que le puede pasar a este equipo es que se le dé por muerto, que no esté en el ojo del huracán, que no llame la atención, que sea la víctima propiciatoria, ya que es entonces cuando saca lo mejor de sí mismo, libre de presiones mayores.

Y por fin, mención aparte el entorno propio. Los que, camuflados en el palco del Bernabéu, esperaban como buitres a que Calderón y su junta cayesen víctimas de sus propios errores para retomar lo que nunca quisieron perder. Esos mismos que, según parece, son los preferidos del socio, recogerán como fruta madura el favor perdido, gracias a la torpeza infinita de Calderón (sólo igualada, y a veces largamente superada, por la del presidente del gobierno de España), a sus manejos para llegar a la presidencia, y a la mala gestión deportiva en el presente curso. Miedo me da de volver a repetir errores galácticos del pasado. Mucho miedo. Tan sólo me aferro a la esperanza de que, en caso de regresar, algo hayan aprendido del pasado. Pero por lo pronto, ya tienen lo que deseaban: sus pecados en el olvido, y la nostalgia galáctica, como suave bálsamo que lo perdona todo. Muy propio de ésta nuestra naturaleza española, tan irremediablemente suicida, cateta, olvidadiza, acrítica, resultadista y veleidosa.

Todo ello, además de venirle de perlas a los mencionados plumíferos, ha servido para que el diario MARCA, cuyos números iban en picado un día sí y otro también a manos de su competencia del grupo PRISA (cuyo ridículo, dicho sea de paso, ha sido mayúsculo, empezando por el propio de la Morena), haya cogido aire; para que periódico El Mundo haga tres cuartos de lo mismo, y para la reivindicación de José Antonio Abellán, director de deportes de la cadena COPE (asistido en sus tertulias nocturnas por otro avechucho de cuidado: Pepe Carazote, ahí es nada), quienes desde el primer momento se alinearon en contra de Calderón. Me queda la oscura duda de a quién servían sus intereses. Tengo meridianamente claro que el bien del madridismo les importaba y les importa bien poco, y no porque Calderón haya sido el paradigma del buen presidente, ni muchísimo menos, reléase si no este post desde el comienzo.

¿Qué será de este club? Sólo Dios lo sabe. Porque, para empezar, al interino Vicente Boluda (más valenciano imposible) no se le ha ocurrido sino convocar las elecciones para finales de julio, en lugar de hacerlo para mayo, condenando así al presidente entrante, a su junta y, por supuesto, al primer equipo de fútbol a la más absoluta incertidumbre y a la pura y simple improvisación. No está mal para empezar. Pero en fin, en esto como en todo, el tiempo dirá.

He dicho.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Dos caras

De pequeño, como cualquier otro hijo de vecino, devoraba los cómics con la pasión propia de la edad... y de la época, todo hay que decirlo (porque eso de leer, lamentablemente, ha caído en desuso, así les va a las generaciones de nuevos estudiantes, véase informe PISA, por ejemplo). Desde Pumby y los personajes de Disney en la más tierna infancia, pasando por Mortadelo y Filemón, Anacleto (agente secreto), el Capitán Trueno y el Jabato después, y desembocar luego en el universo Marvel (Thor, La Masa, Patrulla X, Conan, etc.). Las posibilidades para elegir eran muchas, muchísimas. Tristemente (o no), bastantes más que el dinero necesario para poder comprar todo aquello por lo que uno suspiraba. A estas alturas de la vida, complace ver que muchos de aquellos héroes de entonces han saltado, y siguen haciéndolo, a la gran pantalla. Gracias a ello, entre otras cosas, uno puede, bien que tardíamente, conocer otros mitos del papel (ahora del celuloide) y el mundo en el que se movían. Batman es uno de esos casos. No me atrajo mucho en su día, pero las películas (unas mejores que otras, ciertamente) me han permitido vislumbrar lo que me perdí entonces.

Uno de los aspectos más fascinantes de las historias del Hombre-murciélago es, sin duda, la maravillosa construcción de sus antagonistas, esa colección de villanos, cada uno con su propio savoir faire, su estilo, su método, su terrible eficacia. O no tan terrible, después de todo, porque ahí está el héroe alado para desbaratar sus más arteros planes. De todos ellos, (Joker, Pingüino, Poison Ivy, Ed Nygma...) me llama poderosamente la atención la figura de Two-face/Dos Caras, interpretado por Tommy Lee Jones en Batman Forever (1995) y más recientemente por Aaron Eckhart en El Caballero Oscuro (2007). Las dos caras de la moneda como arma, el azar como rector del destino, la dicotomía asesina, la elección diabólica... Fascinante.

Claro que hay otras personas (reales y ficticias) que muy bien podrían encajar en un perfil análogo. Una de ellas es Josep Pedrerol. Hasta el año pasado, presentador del programa "Club de Fútbol" en la 2 de TVE, junto a Hugo "Loco" Gatti, para ofrecer los resúmenes de los partidos de la jornada. Me gustaba su estilo, que combinaba el desenfadado con el análisis, con frecuencia no muy riguroso, a cargo del propio Loco o de los invitados al programa. Como presentador de un programa de ámbito nacional, se le exigía que cumpliese con el guión mínimo: exquisita neutralidad y corrección. Y el hombre, hasta ese punto, cumplió con su cometido. Pero el susodicho tiene otra cara que es, cómo no, la de colaborador del diario Sport de Barcelona, donde escribe su columna que lleva por título Punto pelota.

Como columnista, no dice las verdades de Casanovas, ni posee la fina elegancia de Carazo, o la gentil sutileza de Batlle; no sentencia con la firmeza de un Pérez de Rozas, o es tan frío como Mascaró, ¡qué va! Tampoco se apunta al tele-trabajo, como Fonalleras. Lo suyo, en el más puro sentido de la palabra, es ser pajillero, es decir, meter la pajita en el ojo ajeno, entiéndase ojo madridista. Porque el amigo Pedrerol, tan exquisito en la pantalla doméstica (lo de pequeña pantalla también va quedando atrás) nos regala joyas como su columa de hoy en su tabloide favorito, titulada (¡oh, sublime inspiración!) El Barça y la crisis del Madrid. Original, ¿verdad? En ella, escribe un hermoso cuentito que implica al presidente de Esquerra Republicana de Catalunya (otro fino estilista, él) y sus apetitos futboleros, así como su patología crónica, común a casi todos los culés: la blancofobia obsesivo-compulsiva. ¡Oh, qué mal lo están pasando! Me gusta, ¡sí, me encanta!

Así que el rostro que muestra Pedrerol depende del medio en el que se nos aparece a los mortales, como la moneda del villano de Gotham. Si sale cara, no pasa nada, si sale cruz, odio la luz. ¿Qué camino elegiré? Y yo qué sé. Según quien me paga, así pondré la cara. ¿Qué lado te gusta más, santo Tomás? Estoy quemado por una parte, y no entiendo de arte, así que ¿qué haré? Ah, ya lo sé: tiraré la moneda, y veremos en qué queda. Como presentador, seré todo un amor. En mi columna de opinión, todo un histrión.

Que siga la fiesta, ¿verdad, "Dos Caras"? Por si lo has olvidado, recuerda, Josep: el Hombre-murciélago nunca descansa. Y siempre vence.

He dicho.

sábado, 8 de noviembre de 2008

¡Qué asco!

Si me quedaba alguna pizca de respeto por el, llamémosle así, periódico "Mundo Deportivo" de Barcelona, esta mañana ha saltado en añicos, como si hubiera sufrido el impacto directo de un misil tierra-tierra, ¡Bum! De camino al mercado local, tirando de mi carrito de la compra, me he asomado al estanco de revistas que me pilla de camino. Como ya he dicho en alguna ocasión, raramente compro la prensa deportiva, pero siempre echo una ojeada rápida a las portadas. Y hoy, en el susodicho tabloide aparece esto, en primera página:

¿Que de qué va? Pues sencillo. A José María Gutiérrez, "Guti", centrocampista del Real Madrid, le da por celebrar su cumpleaños en compañía de su legítima y de algunos amigos. La cosa acaba a altas horas de la madrugada. El jugador es cazado por los reporteros de la prensa rosa y escapa apresuradamente de ellos, entre fogonazos de flashes, y profiriendo alguna que otra palabra subida de tono.

El vídeo del evento ha sido, cómo no, puesto a la entera disposición de los internautas en ambos medios de la ciudad condal, en sus respectivas ediciones digitales. Y los señores del Mundo Deportivo han hecho de esto nada menos que su portada. Nada más ni menos.

La cosa sorprende hasta dejar atónito, y por variadas razones. La primera y más evidente es: ¿qué interés hay en presentar (o, como dirían en su jerga, hacerse eco de) esta "noticia"? Evidentemente, dañar al propio jugador y al club para el que juega, el eterno y acérrimo enemigo. Queda, pues, de manifiesto que en esto todo vale, que los medios de Barcelona no son sino meras extensiones de un club de fútbol, y que no dudan en hacer el trabajo más sucio, miserable y rastrero que, quizás, el propio club de procedencia desearía pero no se atrevería a hacer. El momento es, sin duda, inmejorable: el Barça acaba de alcanzar el liderato de la liga (por sus propios méritos, indudablemente), el Real Madrid acaba de sufrir dos malos resultados: empate en Almería y derrota en casa ante la Juve de Turín en Champions, dos de sus jugadores clave (Van Nistelrooy y Robben) sufren sendas lesiones que les tendrán varias semanas apartados de los terrenos de juego, justo cuando llegan momentos cruciales de la temporada y Schuster comienza a ser cuestionado dentro y fuera del club. Más a güevo, imposible. Momento oportuno para echar mano del camión de estiércol.

La segunda razón es que estos mismos medios que ahora airean, entre timbales y cornetas, una salida nocturna de un jugador del Madrid son exactamente los mismos que, tiempo atrás, apoyaron y taparon, con su zorruno silencio cómplice, el desenfreno nocturno de unos tales Ronaldinho y Deco. Desenfreno que, por supuesto, no dudaron en sacar a la luz pública, como las sábanas del niño que sufre de micciones nocturnas, cuando el rendimiento de los jugadores había caído por los suelos, arrastrando con ello al resto del equipo, y los afectados dejaron de ser los niños bonitos blaugranas para convertirse en foco de todos los ataques y causas de todas las desgracias del pobrecito Barça.

Vergonzoso. Y a la vez desvergonzado. O canalla. Que también.

Cuánta miseria, cuánta basura, Dios de mi vida. Qué asco me dan, ¡rediós!

¡Qué asco!

He dicho.

lunes, 20 de octubre de 2008

Derbyresaca

No podía faltar una entradita, aunque fuese breve, después del partido del sábado pasado en el Vicente Calderón. Victoria madridista in extremis, por la mínima, de penalty (justo) en el último suspiro del partido. Tres puntos. Y la maldición colchonera, que suma y sigue. A propósito de esto último, si yo fuera atlético estaría muy preocupado, porque es evidente que algo falla en la ribera del Manzanares. No es de recibo que un equipo que ha confeccionado una plantilla ganadora de verdad, y que tiene tantos y tan buenos mimbres (al menos en teoría) haya salido vapuleado de su visita al Camp Nou y trasquilado en su propio campo ante el eterno rival capitalino. Y, si como afirma Schuster, el árbitro fue decisivo para que el Madrid no ganase por 1-5, quizás ahora mismo Javier Aguirre no seguiría siendo el máximo responsable técnico del equipo rojiblanco. Más preocupante aún, creo yo.

De todos modos, errores arbitrales en un sentido u otro aparte, y centrándonos en el Real Madrid, me satisface comprobar que el equipo tiene multitud de recursos (y buenos) en el centro del campo, justamente donde "El Vasco" intentó plantar batalla renunciando a las bandas, pero sigo diciendo que adolece de rematadores, además de Van the Man (soberbio tanto el suyo, como siempre, dicho sea de paso). Higuaín aún no es un killer del área, y necesita muchas ocasiones para marcar. En eso, por cierto, recuerda a un tal Fernando Torres, quien, jugando con el equipo que le formó, solía fallar dos o tres ocasiones por cada una convertida. Al "Pipita", al menos, aún le queda algo de margen de mejora. La defensa, por su parte, flojeó un poco en la segunda parte, cuando el Atlético achuchó en busca del empate (¿dónde estaba Sinama? ¿Quizá purgado por Aguirre después del desastre de Barcelona?).

Un comentario para Gonzalo, mi "Pipita", también es obligatorio. Las imágenes televisivas demuestran claramente que el gol de Simao fue también culpa suya, al girar el cuerpo y permitir así que la pelota se colase entre los jugadores de la barrera. Quizá por eso se puso muy tieso delante de Rafa Van der Waart, reclamando para sí el lanzamiento del penalty definitivo: para redimirse del error. Y bien que lo hizo, aunque Leo Franco por poco no se consagra como héroe. Bien está, como en otras ocasiones, lo que bien acaba.

Mis últimas apreciaciones tienen que ver con el poco edificante vídeo, lamentable e impúdicamente difundido por el diario AS en su website, en el que aparecen Manuel Esteban "Manolete" y Tomás Roncero viendo el partido... peligrosamente juntos. El espectáculo dado por este último es tan lamentable que cuesta concebir que un forofo energúmeno de tan grosero calibre sea periodista deportivo y encima cobre, se supone, un buen dinero por ello. No tengo nada en contra de ver un partido con toda la pasión y el desenfreno que uno quiera, o que desee echar fuera, incluso empleando el lenguaje más soez, los aspavientos más desaforados, y los gritos que se estimen oportunos. Eso es, simplemente, humano, así que nada que objetar... siempre que sea en privado. O en compañía de unos pocos y cercanos. Nunca en público, y cuando hablamos de Internet, el público es el mundo mundial, largo ancho, y alto.

Ignoro pues qué pretendía el bueno de Alfredo Relaño al permitir la difusión de un show de tan baja categoría, muy apropiado para un bar de barrio, lleno de humo, whisky, y dentaduras roídas, o tal vez comprensible en la intimidad del hogar, ante una familia sorprendida (o más probablemente acostumbrada) ante la violenta metamorfosis del marido/papá. Semejante exhibición pública de malos modales (¡Esto es acojonante!, ¡A tomar por el culo!, ¡Me cago en la puta!, y otras lindezas verbales por el estilo) resulta a mi entender infamante para un periódico deportivo que presume de serlo. Creí que habría más categoría allí que en otros lugares de esta nuestra piel de toro.

Pero en esto, como en otras cosas, está claro que me equivoqué.

He dicho.

sábado, 11 de octubre de 2008

La última sandez culé

De nuevo en los ciberandurriales. Derechito al grano, porque no quiero abusar de la paciencia de nadie, y brevesito nomás, porque no dispongo de mucho tiempo.

A lo largo de estas páginas, se han puesto numerosos ejemplos que dejan en evidencia a la prensa deportiva culé, colocándola al nivel de un mero organismo de propaganda que poco o nada tiene que ver con el periodismo deportivo serio y medianamente riguroso. En un mundo como el futbolístico, apelar al rigor parece casi un absurdo, de modo que podríamos ser un poco comprensivos en este sentido. Pero cuando se carece de la más mínima seriedad o, lo que es más frecuente, se cae en el recurso de despreciar al máximo rival (los ejemplos salen a diario), estos medios se convierten en lo que, para desgracia de sus lectores, son. Porque pagar por leer lo que en ellos se escribe parece insensato, pero allá cada cual, oiga. Menos mal que la red es otra cosa. Al menos en apariencia.

Viene esta intro al hilo de las recientes declaraciones de Joan Laporta, máximo mandatario del FC Barcelona pero, más especialmente, de las reacciones que sus palabras han despertado en Madrid y en Barcelona. Dijo el ínclito Jan en la capital de este reino que el Barça le había regalado las dos últimas ligas al Real Madrid. En realidad, la frase no es originalmente suya, sino que ha venido siendo repetida hasta la saciedad por algunas renombradas plumas al servicio de los órganos de propaganda blaugrana. Ya he comentado en alguna ocasión la opinión que semejante aserto me merece, pero lo repetiré: nadie, ningún equipo que se considere a sí mismo como profesional, regala algo semejante.

El Barça no ganó la liga 2006-2007 por sus errores, sobre todo en el tramo final de la competición, sí, pero también por los aciertos del Madrid, condición esta última absolutamente imprescindible para que los blancos se alzaran con el triunfo final. Se puede opinar (de hecho, ya se han vertido ríos de tinta al respecto) sobre el mal juego exhibido por el Madrid a lo largo de dicha temporada, de la fortuna, o como se quiera llamar, de algunas remontadas blancas en los últimos suspiros (Espanyol y Recreativo de Huelva fueron los casos más evidentes), de la injusticia del goal-average (sólo injusto cuando juega en tu contra, claro), y así hasta el rosario de la aurora. El caso es que por mucho que le haya dolido a la parroquia blaugrana (algunas buenas razones tienen para ello), el Real Madrid se alzó con el título liguero. Punto.

Y si calificar la temporada 2006-07 de regalo es, cuando menos, incorrecto, hacer lo propio con la temporada pasada es sencillamente demencial. Cuando el equipo al que desprecias te ha sacado al final la friolera de 18 puntos de ventaja (logrando para sí mismo un récord de puntuación, dicho sea de paso), cuando tú no has podido sino optar al tercer puesto (y gracias), requiriendo así tener que jugar la ronda previa de la Liga de Campeones, cuando ese mismo rival te gana los dos partidos ligueros, dándote en el segundo de ellos un repaso de aquí te espero y en toda regla, afirmar que, con todo, eso ha sido un regalo por tu parte no es propio sino de un caradura. O de un fanático. O de un arrogante. Todos los calificativos son aquí compatibles.

Semejante dislate verbal no podía sino tener la apropiada respuesta: Ramón Calderón invitó a Laporta a seguir haciendo tales regalos, y Mijatovic se pronunció en términos semejantes. Los periódicos deportivos de la capital apenas han hecho caso de la perorata laportista, recogida en portada por el diario MARCA anteayer.

Pero en Barcelona, como no podía ser de otro modo, han tenido que saltar al ruedo. Y hete aquí que a la indefensa Ginebra (Laporta) le han salido al rescate Sir Gawain (Joan María Batlle) y Sir Lancelot (Alejandro Alcázar). Ambos cofrades de la Tabla Redonda del SPORT, por supuesto. Afirma el primero (y peor aún, hace un burdo intento por justificarlo) que en Madrid no entienden a Laporta. Como si los madrileños fueran tontos, ¡no te joroba! Las palabras están claras, han sido pronunciadas (se supone) en completa sobriedad, y no admiten segundas lecturas. Nacen del prepotente sentimiento de quien, aun frente a la más abrumadora evidencia, se cree superior al rival. O lo que es lo mismo, del desprecio. Y nadie con entendederas precisa de la mente siempre ágil y despierta de Batlle para comprender el mensaje de Laporta.

Pero si lo del primer espada es absurdo, lo del segundo raya el esperpento: en un mágico ejercicio de birlibirloque, intenta convertir las palabras de Calderón y Mijatovic en un presunto cabreo por parte de los mandatarios madridistas. Y no se recata el susodicho en comenzar su panfletaria columna así: Las verdades duelen. Si fuesen tales verdades no habría sino que reconocerlas y aceptarlas, que es lo justo y necesario. Sin embargo, cuando se pretende hacer pasar por verdades lo que no son sino fantasías animadas de ayer y hoy, entonces no cabe sino tener lástima por aquellos que, una vez comprado el ejemplar y leídas las páginas, creen en ellas como si se tratara de la palabra divina. Pues demuestran escaso sentido crítico, y encima pagan por ello.

De verdad, qué lástima dan. Todos ellos.

He dicho.